Negación islamista en Gran Bretaña

por Robert Spencer, 23 de julio de 2007

(Publicado en FrontPageMagazine, 3 de julio de 2007)

Como consecuencia de los dos coches bomba descubiertos en Londres y el jeep en llamas que se empotró contra una terminal del aeropuerto de Glasgow, el nivel de amenaza del terror en Gran Bretaña se ha elevado a crítico. Las autoridades británicas siguen buscando sospechosos, y no han descartado la posibilidad de que se estén planeando más ataques catastróficos, y podrían ser inminentes. Las autoridades vienen observando parecidos razonables entre estos acontecimientos y anteriores conspiraciones de la jihad, y están investigando un probable vínculo entre uno de los presuntos terroristas del coche y el terrorista jihadista islámico Dhiren Barot, que cumple cadena perpetua por conspiración para atentar contra la sede del Banco Mundial, la bolsa de Nueva York y las oficinas del Fondo Monetario Internacional, entre otros blancos.
 
Como se ha convertido en el patrón de tales casos, las autoridades se cerraron en banda y rehusaron considerar las implicaciones de las pruebas en torno a que los sucesos de Londres y Glasgow estuvieron motivados por la ideología de la jihad islámica. Daud Abdaláh, el secretario general en funciones del Consejo Musulmán de Gran Bretaña (MCB), sugería que la religión de los atacantes era fortuita con respecto a sus acciones, al decir: “No creemos un problema hipotético… que puede ser trabajo de musulmanes, cristianos, judíos o budistas”. El nuevo primer ministro británico, Gordon Brown, comparecía para convenir, diciendo que deben hacerse nuevos esfuerzos para ganar los “corazones y las mentes” de los musulmanes. “Hemos de separar”, añadía, “a esos grandes miembros moderados de nuestra comunidad de unos cuantos extremistas que deseen practicar la violencia y causar el máximo número de víctimas mortales en interés de una perversión de su religión”. El nuevo primer ministro de Escocia, Alex Salmond, aseguraba a musulmanes de Escocia que no hay comunidad “que vaya a ser culpada” como consecuencia del ataque contra el aeropuerto de Glasgow. “En Escocia”, mantenía, “la comunidad musulmana es parte del tejido social, y es enormemente importante para la vida social, y este vínculo con la comunidad seguirá siendo fuerte”. El alcalde de Londres Ken Livingstone fue aún más lejos, afirmando: “En esta ciudad, es más probable que los musulmanes sean respetuosos con la ley que los no musulmanes, y es menos probable que apoyen el uso de la violencia para alcanzar fines políticos”.
 
Estas palabras fueron sin duda tranquilizadoras para Mohammad Sarwar, político de Glasgow y miembro del Parlamento hasta que tuvo que dimitir a finales de junio tras recibir amenazas de muerte de musulmanes a causa de su colaboración para detener a un grupo de asesinos musulmanes. A pesar de este desagradable encuentro cercano con el fundamentalismo islámico, Sarwar parecía más preocupado por las acciones de los no musulmanes contra musulmanes. Anunciando que los líderes musulmanes de Escocia se iban a reunir en una cumbre precipitada en Glasgow, explicaba: “Les preocupa las represalias, y es por lo que se ha convocado la reunión de emergencia”.
 
Osama Said, de la Asociación Musulmana de Gran Bretaña, mientras tanto expresaba exasperación por el hecho de que los no musulmanes esperasen que los musulmanes fueran activos oponiéndose a las actividades del terror dentro de la comunidad islámica: “Estamos enfurecidos con esto”, decía - es decir, por la idea de que los complots jihadistas deberían verse como un desafío a la comunidad islámica en general a hacer más contra el terrorismo, no por la idea de las propias conspiraciones jihadistas. “Como comunidad”, decía, “no solamente es igual de probable que seamos tan víctimas como cualquier otro, sino que también se nos pide que proporcionemos información y que en alguna medida asumamos la responsabilidad de esto. Nos pone enfermos ser definidos como comunidad por el terrorismo y tener que responder a ello”.
 
La cólera de Said era irónica a la luz de la rapidez con la que Brown, Livingstone, y Salmond trazaban distinciones entre la comunidad musulmana de Gran Bretaña y los que estaban detrás de los planes jihadistas de Londres y Glasgow. A medida que las investigaciones progresaban a lo largo del fin de semana, ningún funcionario británico decía nada en absoluto sobre la necesidad de que los musulmanes de Gran Bretaña redoblen sus esfuerzos para enseñar contra la ideología de la jihad de la supremacía islámica, formular una nueva interpretación del Corán y la Sunnah, rechazar interpretaciones legales literales y corrientes de una gran cantidad de pasajes, renunciar a cualquier intención de imponer la sharia en Gran Bretaña en algún momento del futuro, y de trabajar mucho más íntimamente con las autoridades británicas para extirpar a los jihadistas de entre sus filas. En Gran Bretaña, solamente el ex-jihadista Hassán Butt, que ahora se denomina musulmán moderado, hablaba de manera más realista sobre lo que es necesario hacer: “No es bastante que los musulmanes digan que porque se sienten en casa en Gran Bretaña, simplemente pueden ignorar esos pasajes del Corán que les dan instrucciones de matar a los infieles. Al rechazar poner en duda argumentos teológicos de siglos de antigüedad, las tensiones entre teología islámica y mundo moderno crecen a diario”.
 
El silencio sepulcral oficial sobre el elemento islámico de los ataques fue más cómico a la luz de las revelaciones de que las autoridades británicas estaba profundamente preocupadas por el hecho de que los conspiradores de Londres y Glasgow no tenían ningún vínculo claro o fácilmente discernible con grupos terroristas: pasaban 'desapercibidos'. Uno comentaba: “Si no hay rastro entonces esto significa que la situación del terrorismo en el Reino Unido es mucho peor de lo que habíamos pensado”. Realmente lo es, porque ningún colectivo musulmán ni del Reino Unido ni de ninguna parte ha trazado alguna distinción entre los jihadistas y ellos que sea lo bastante clara como para evitar que esos jihadistas se muevan libremente entre los musulmanes pacíficos. No han expulsado de las mezquitas a los jihadistas, y no han instituido programas integrales y obligatorios para enseñar contra la ideología de la jihad. Y puesto que la amenaza no se está desafiada a nivel ideológico, es enteramente posible que un musulmán pacífico se vuelta jihadista en las narices de las autoridades -- como ha pasado con Mike Hawash y otros en Estados Unidos.
 
El problema es, por tanto, mucho mayor de lo que las autoridades británicas piensan, y mucho mayor de lo que están dispuestas a admitir al menos. Hasta que estén dispuestas a hacer frente al hecho de que los atacantes como los que venimos viendo en Gran Bretaña en los últimos días simplemente no podrían haber sido budistas, sino que proceden de la comunidad islámica y que basan sus acciones en principios islámicos, no se ocuparán de la raíz de este problema de manera realista, y vamos a ver muchos más ataques. “Creo”, dice Butt, “que el tema del terrorismo puede ser desmitificado fácilmente si musulmanes y no musulmanes comienzan a debatir abiertamente las ideas que alimentan el terrorismo”. ¿Tienen Brown, Livingstone, Salmond o el resto el valor para hacer esto?


 

 
 
Robert Spencer es director de Jihad Watch y autor de 5 libros, 7 monografías y numerosos artículos acerca del terrorismo islamista. Licenciado con honores en Estudios Religiosos por la Universidad de Carolina en Chapel Hill, lleva desde 1980 estudiando teología, derecho e historia islámicos en profundidad. Es adjunto de la Free Congress Foundation, y sus artículos acerca del islam aparecen en el New York Post, Washington Times, Dallas Morning News, el National Post de Canadá, FrontPage Magazine, WorldNet Daily, Insight in the News, Human Events o National Review Online entre otros. Entre sus textos se encuentran algunos de los libros más conocidos acerca del terrorismo islámico, como “El mito de la tolerancia islámica” (Prometheus Books, 2005. ISBN 1591022495), “La guía políticamente incorrecta del islam” (Regnery Publishing, 2005. ISBN 0895260131), o “El islam al descubierto: cuestiones preocupantes sobre la religión de mayor crecimiento del mundo.”