Musulmanes moderados bajo asedio

por Robert Spencer, 26 de octubre de 2006

(Publicado en FrontPageMagazine, 17 de octubre de 2006)

Desde que comenzara a trabajar en mi nuevo libro La verdad sobre Mahoma, con frecuencia se me pregunta si supondrá algún bien debatir las acciones de Mahoma que los jihadistas utilizan para justificar la violencia. ¿No alienará eso a los musulmanes moderados? Yo respondo que en la práctica no puede tener lugar ninguna reforma islámica sin el reconocimiento de que existen elementos del Corán y del ejemplo de Mahoma que precisan de reevaluación: ¿cómo pueden tener éxito los reformistas si nadie admite que haya algo que necesite reforma?
           
Al mismo tiempo, sin embargo, los reformistas islámicos tienen una tarea difícil. A menudo son señalados por los jihadistas como apóstatas, y con frecuencia son amenazados físicamente. Farzana Hassán Shahid, la nueva presidenta del Congreso Musulmán Canadiense (MCC), es la víctima más reciente de este fenómeno. Después de que sus opiniones liberales en muchos temas islámicos extremadamente delicados se dieran a conocer, empezó a recibir amenazas de muerte de extremistas musulmanes que consideraban sus posturas prueba de su alejamiento del Islam. Uno la llamó 'la hermana pequeña de Satán'. Otro acorraló a su marido en una mezquita de Ontario y exigió que 'controlara a su esposa'.
 
En consecuencia, explicaba Farzana Hassán Shahid, 'existe un temor subyacente todo el tiempo... ésa sensación incómoda es parte de mi vida cotidiana. He sido declarada apóstata en dos ocasiones, por oponerme a la sharia [ley islámica]. Hemos solicitado a [el Fiscal General de Ontario] Michael Bryant que incluya o reconozca la acusación de blasfemia o apostasía en las leyes de incitación al odio existentes de modo que el marco público y legal sea sensible en esta materia'.
 
Hassán Shahid no es la primera empleada del MCC en ser objetivo de los jihadistas. Hasta hace poco, Tarek Fatah fue el director de comunicaciones del MCC. Pero en agosto dimitía de su cargo súbitamente, así como de la junta del grupo, suspendiendo todo vínculo con la organización, aunque había sido uno de sus fundadores.
 
Fatah tenía excelentes motivos para querer apartarse de la línea de fuego. Llevaba siendo desde hacía tiempo uno de los portavoces musulmanes de más alto nivel de Canadá: fue presentador de Muslim Chronicle, un programa de televisión de actualidad acerca de los musulmanes en Canadá. Y en calidad de director de comunicaciones del Congreso Musulmán Canadiense nunca se amilanó por la controversia, aprobando posturas sobre los derechos de los homosexuales y otros temas que se desviaban de la ortodoxia islámica - posturas de las que Hassán Shahid se hace ahora eco. Fatah se opuso incluso a la campaña del 2005 para introducir en Canadá tribunales de arbitraje basados en la ley islámica.
 
Todo eso exige valor. Pero en lugar de recibir las felicitaciones de la comunidad musulmana canadiense en conjunto, Fatah se convirtió en el objetivo de una campaña de correos electrónicos iniciada por un grupo estudiantil musulmán, el Congreso Islámico Canadiense (CIC). El CIC afirmaba que Fatah no representaba a la mayoría de los musulmanes canadienses. Fatah comentaba: 'Esto es todo lo que uno puede aproximarse a decretar una amenaza de muerte, puesto que me sitúa como apóstata y blasfemo'.
 
Y Fatah, al igual que Hassán Shahid, recibió amenazas de muerte a renglón seguido. Declaró ante la policía de Toronto que llevaba desde el 2003 recibiendo amenazas de muerte, pero que últimamente se habían incrementado. Y eran de contenido lo bastante creíble como para hacerle dimitir y apartarse de la escena pública.
 
Las voces de la moderación o de la reforma dentro de las comunidades islámicas se encuentran en una desventaja característica, porque los jihadistas saben utilizar el Corán y la Sunnah contra ellos con tanta eficacia como para dar total credibilidad a sus acusaciones de apostasía. Asimismo, todas las escuelas de Derecho islámico ordenan que un varón apóstata tiene que ser asesinado -- un mandamiento apoyado en las enseñanzas de Mahoma, que dijo, 'Si alguno [un musulmán] abandona su religión, mátalo'' (Bujari 4.52.260). De este modo, una amenaza de muerte puede convertirse en un acto de piedad.
 
Es amargamente irónico que los observadores occidentales no musulmanes que saben poco o nada acerca del Islam asuman que las voces del liberalismo y reforma son las predominantes dentro de las comunidades islámicas en Occidente y por todas partes, cuando la realidad es que la gente como Hassán Shahid o Fatah son, a pesar de su popularidad entre los occidentales a los que les gusta enorgullecerse de 'tolerancia', sólo marginalmente influyentes entre los musulmanes -- y son, por encima de todo, perseguidos.
 
Los reformistas musulmanes se merecen todo el apoyo que podamos darles. Pero deberíamos dejar de engañarnos pensando que son mayoría. Y por encima de todo, los funcionarios del gobierno y de las fuerzas del orden deberían dejar de formular políticas según la premisa de que la gente como Farzana Hassán Shahid o Tarek Fatah son mayoría.


 

Robert Spencer es director de Jihad Watch y autor de 5 libros, 7 monografías y numerosos artículos acerca del terrorismo islamista. Licenciado con honores en Estudios Religiosos por la Universidad de Carolina en Chapel Hill), lleva desde 1980 estudiando teología, derecho e historia islámicos en profundidad. Es adjunto de la Free Congress Foundation, y sus artículos acerca del islam aparecen en el New York Post, Washington Times, Dallas Morning News, el National Post de Canadá, FrontPage Magazine, WorldNet Daily, Insight in the News, Human Events o National Review Online entre otros. Entre sus textos se encuentran algunos de los libros más conocidos acerca del terrorismo islámico, como “El mito de la tolerancia islámica” (Prometheus Books, 2005. ISBN 1591022495), “La guía políticamente incorrecta del islam” (Regnery Publishing, 2005. ISBN 0895260131), o “El islam al descubierto: cuestiones preocupantes sobre la religión de mayor crecimiento del mundo.”