Matar desde el aíre
por
Manuel Coma,
16 de Febrero de 2010
(Publicado en La Razón, 15 de febrero de 2010)
Los avioncitos sin piloto, en a la vez crecimiento y miniaturización continuos, son el futuro y un pedazo cada vez mayor del presente. Como en casi todo, los americanos van en cabeza, pero los israelíes les pisan los talones. Curiosa, pero razonablemente, las Fuerzas Aéreas, es decir, los pilotos de carne y hueso, los consideran con el disgusto con el que se contempla a competidores. No sólo esos robots volantes retiran a sus hombres del asiento de mando, sino que les pasan los controles a cualquier unidad de cualquier otro servicio armado, y a cualquier distancia del objetivo. Son ojos que ven, oídos que escuchan y misiles que disparan desde cerca, con gran precisión. Los servicios de inteligencia están fascinados, pero para cumplir su cometido de la forma discriminada que se espera de ellos, es preciso que la información previa sea exacta, si bien, esos letales juguetitos contribuyen también a adquirirla.
Los más diminutos no pasan del medio kilo y caben en el macuto de un soldado. En el futuro cada uno llevará varios. Los más grandes llegan a los 28 metros de envergadura. No existen límites. La demanda es enorme. Estos drones (zánganos) o U.A.V. (Unmanned Aerial Vehicle: Vehículo Aéreo No Tripulado) están desempeñando un papel esencial en la guerra contra Al Qaida y los talibán en sus refugios pakistaníes próximos a la frontera afgana, así como contra los primeros en Yemen. En el escenario pakistaní se han producido unos cincuenta ataques el año pasado, más que en todo el periodo Bush, y una docena en lo que va de año. Inevitablemente ha habido algunos daños colaterales, pero menos que en cualquier otro tipo de acción militar. Afortunadamente la responsabilidad es de Obama, porque ese volumen de actuaciones con Bush ya sabemos qué hubiera desencadenado.
Read english version
- Compartir
-