Matanzas chinas

por GEES, 7 de agosto de 2010

 

El pánico se ha apoderado de las guarderías y colegios chinos. El ataque del pasado miércoles en la ciudad de Zibo, en el que murieron tres niños acuchillados por un demente, se suma a los ocurridos en los últimos meses, en los que han muerto cerca de veinte personas y más de ochenta han resultado heridas, la mayoría niños. Las autoridades se las ven y se las desean para acabar con estos crímenes en cadena, que se repiten cíclicamente por todo el país hasta el punto de que las fuerzas de seguridad tienen orden de disparar primero y preguntar después en caso de ver a un sospechoso dentro de un centro escolar.
 
Más allá del drama, la sangrienta espiral china pone de manifiesto la falsedad de uno de los grandes dogmas progresistas occidentales, habitual tanto en Europa como en Estados Unidos: las matanzas en centros escolares o lugares públicos, ejecutadas por desequilibrados, no tienen que ver ni con el derecho a portar armas libremente ni con las consecuencias psicológicas sobre el individuo de una sociedad de libre mercado. Respecto a lo primero, porque llegado el momento, cualquiera puede, en cualquier parte del mundo, hacerse con un arma de fuego para cometer una atrocidad, y porque un cuchillo en manos de un loco en una guardería es tan mortífero como un fusil de asalto. Respecto a lo segundo, la locura psicópata es independiente del régimen político, lo mismo se da en los republicanos Estados Unidos, en la socialdemócrata Europa que en la socialista China.
 
Al contrario de lo habitualmente dado por bueno, las matanzas por parte de locos se dan en cualquier tipo de sociedad, con independencia de si es fácil o no portar armas. Lo cual pone de manifiesto lo absurdo de reabrir el debate sobre la posesión de armas de fuego en los Estados Unidos cuando se produce un ataque con ellas: ¿habría que prohibir la tenencia de armas y cuchillos en China sólo por el hecho de que han sido las armas empleadas en los últimos ataques? No demos ideas al Gobierno chino. Capaz es de hacerlo.
 
La diferencia, como casi siempre, está en la reacción del poder. Las autoridades chinas han anunciado medidas de control de los medios de comunicación, por dos motivos. Primero, para evitar que la espiral de violencia crezca a través de imitadores, una de las causas detectadas por las autoridades chinas. Y segundo, por el deterioro de la imagen de la sociedad china en el mundo; algo absurdo porque no es por las matanzas por las que es detestable el régimen, pero así es el socialismo real. Al final, la diferencia está en que las majaderías titiriteras de oscuros personajes como Michael Moore les proporcionan fama y riqueza en Estados Unidos, pero sólo un campo de reeducación en la China comunista. Ese es el debate a mantener.