Magreb. Los islamistas marroquíes atacan

por GEES, 27 de abril de 2012

Los islamistas tunecinos de En Nahda han hecho ya su trabajo para preparar el terreno en la Asamblea Constituyente y romper con la tradición presidencialista de Túnez. Sus homólogos argelinos de "Argelia Verde", que aspiran a lograr una cómoda mayoría en las generales del 10 de mayo, ya han anunciado que pretenden romper también con la tradición presidencialista y, con ello, asegurarse el control progresivo de la política si logran la victoria. En Marruecos, único régimen monárquico del Magreb y donde el papel del Jefe del Estado no se discute –más allá de las concesiones que Mohamed VI ha hecho en la nueva Constitución por él propiciada y aprobada el año pasado–, los islamistas sí están comenzando a tratar de debilitar dicha figura en un pulso que libran con prudencia y, a la vez, con decisión.

El Partido para la Justicia y el Desarrollo (PJD) es con ello fiel a sus postulados político-religiosos, por un lado, y trata de aprovechar la coyuntura hoy por hoy favorable para lograr sus fines por otro. Las corrientes que vienen del este definen tal coyuntura favorable: de Argelia y de Túnez pero también de Egipto, donde el pulso islamista con respecto a las próximas elecciones presidenciales es también visible, por un lado, y por otro, la apatía occidental, que sigue sin tener ideas claras más allá de su etérea referencia a la "Primavera Árabe". En la orilla norte del Mediterráneo, el gran abogado de Marruecos y de su régimen monárquico, Francia, vive enfrascada en sus propias presidenciales, y la reciente publicación de dos libros en los que se hacen públicas no pocas críticas a Mohamed VI y a su entorno no hace sino facilitar las cosas al PJD para tratar de poner al rey en su sitio.
Recordemos que no pocos despistados han insistido a lo largo de 2011 en que Marruecos era el ejemplo para el resto del mundo árabe, y ello por tener un régimen monárquico que garantiza estabilidad y porque las protestas en sus calles eran pacíficas y no cuestionaban la Monarquía. En realidad la estabilidad marroquí para ser tal requeriría de un importante saneamiento de la política y de la economía, incluyendo a la Jefatura del Estado y a sus redes circundantes, y en cuanto a si las protestas eran pacíficas y cuestionaban o no a la Monarquía no hay más que recordar tres evidencias: los islamistas, moderados y radicales confundidos, aprovecharon en términos tácticos las protestas para hacerse ver cuándo y dónde lo consideraron oportuno, criticaron al rey a través de sus denuncias de las corruptelas de sus próximos, e instrumentalizaron tan brillantemente todo el proceso que hoy están al frente del Gobierno, controlan ministerios sensibles, y comienzan a jugar cada vez con más arrogancia su papel. Intentan "moralizar" a la sociedad y al Estado inoculando su visión obscurantista y ahora, a fines de marzo, han hecho públicos desde el Ejecutivo datos que ponen en evidencia a no pocos cortesanos y, a través de ellos, a la propia figura real.