Lucha planetaria
por
Óscar Elía Mañú,
22 de Febrero de 2010
(Publicado en La Gaceta, 20 de febrero de 2010)
A mediados de los sesenta, la OLP fijó como objetivo la aniquilación de Israel. Era cuestión de tiempo que el terrorismo palestino extendiese el crimen por todo el mundo. Los crímenes de Munich (1972), del Achille Lauro (1985), las matanzas de Líbano (1982) o la AMIA bonaerense (1992) son las salvajadas más conocidas del terrorismo palestino, que pronto se dio cuenta de que para borrar de la faz de la tierra a los israelíes era necesario llevar el frente terrorista por todo el globo.
Desde entonces, los atentados se financian desde capitales de distintos países musulmanes; se preparan en capitales, algunas de ellas occidentales; se ejecutan, si se puede, contra intereses israelíes por el mundo. Durante 50 años, los grupos terroristas palestinos han llevado la lucha a todo el globo, convirtiendo el planeta entero en un campo de batalla.
En la sombra existe una lucha entre el totalitarismo islámico y la perseverante democracia israelí: ésta persigue, con toda la pericia de la que son capaces sus agentes, a los responsables de las redes terroristas palestinas. En capitales centroeuropeas, iberoamericanas o árabes, buscan comandos terroristas, los detectan, los eliminan o los entregan. Muchas de las historias sobre los servicios de inteligencia israelíes son mitos; otras veces la realidad se queda corta ante la habilidad de sus agentes.
Hoy el terrorismo palestino está íntimamente unido a las redes islamistas globales, aquellas que matan en Indonesia, Pakistán, Mauritania o Nueva York. Financiera, operativa y políticamente, forman un magma común que tiene en el punto de mira, por igual a Israel y al resto de Occidente; igual dan judíos que cristianos. Así que caben pocas dudas de que la larga lucha planetaria que los israelíes libran contra el islamismo es también la lucha de Occidente, aunque éste no la libre: que, como en el caso de Dubai, los occidentales respondan indignados y escandalizados no sólo implica desagradecimiento, sino hipocresía.
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