Lucha contra ETA: Aznar, Zapatero, Rajoy

por GEES, 3 de febrero de 2014

 
1. Aznar: una política para la derrota de ETA
 
El exministro del Interior Jaime Mayor Oreja ha contado en algunas ocasiones cómo, tras ganar el Partido Popular las elecciones en 1996, los responsables socialistas le ofrecieron continuar con los contactos y negociaciones con la banda que proliferaban desde principios de los noventa. El gobierno Aznar, desairando a los responsables del PSOE, rompió todos los contactos con la banda. Y puso en marcha una política antiterrorista destinada a la derrota de ETA, de sus comandos y de su proyecto político.
 
Esta política antiterrorista se basaba en los siguientes pilares (1):
 
En primer lugar, la convicción en que era posible la derrota policial de ETA llevó a un refuerzo de los medios materiales y humanos destinados a la Guardia Civil y la Policía Nacional, así como la potenciación de servicios de información y cooperación con otros países.
 
En segundo lugar, la negación de todo contacto “discreto” y continuo con la banda, de tomas de temperatura, o de vías de contacto. En 1998, las dos reuniones del Gobierno, con EH y con ETA, se producen para certificar sí, como parecía, ETA se rendía.
 
En tercer lugar, la dignificación de las víctimas,: es conocida la frase de Mayor Oreja, “las víctimas siempre tienen la razón”, para referirse a las demandas que éstas hacían al gobierno. Éstas pasaron a convertirse en pivote fundamental de la lucha contra la banda.
 
En cuarto lugar, se llevaron a cabo una serie de reformas legales para acabar con los ámbitos de impunidad proetarras, que culminaron con la reforma de la Ley del Menor, del Código Penal y de la Ley de Partidos. La ilegalización de Batasuna fue un hito en la lucha contra ETA.
 
En quinto lugar, España inició una campaña diplomática para fomentar la colaboración internacional, especialmente en dos ámbitos: la Unión Europea y Estados Unidos.
 
Las medidas condujeron a ETA al borde de la extinción final. Y la firmeza del Partido Popular –ejemplarizada en el liderazgo del Gobierno en casos tan dramáticos como el secuestro de Ortega Lara o el asesinato de Miguel Ángel Blanco- forzó a los socialistas a proponer el Pacto por las Libertades (2000) para evitar quedar al margen de lo que parecía la derrota de ETA. Bien es verdad que en aquella época algunos socialistas vascos habían iniciado ya los contactos con ETA que desembocarían en la negociación de Zapatero.

 
2. Zapatero: hacia ETA por la negociación
 
Antes aún que la retirada de Irak y la derogación de la ley de Educación, el gobierno de Zapatero inició un proceso de negociación con ETA, con quien los contactos comenzaron y en la época en que el PSOE firmó el “Pacto por la libertades”. La llegada de Zapatero y el ascenso a la cúpula del PSOE de dirigentes como Jesús Eguiguren tuvieron el efecto de intensificar los contactos entre los socialistas y los etarras (2). En 2004, cuando el PSOE ganó las elecciones, éstos se intensificaron, y pasaron a configurar la médula de la política antiterrorista del PSOE. Sus bases fueron las siguientes:
 
- En primer lugar, Zapatero hacía suya la teoría apaciguadora según la cual la lucha policial, aún beneficiosa, no era suficiente para acabar con ETA. Según esta concepción, presente hoy en parte de la izquierda española, la derrota de ETA es imposible.
 
- Ello porque, en segundo lugar, el gobierno del PSOE admitía la tesis etarra de la existencia de un conflicto entre los vascos y los españoles, conflicto cuya expresión sería ETA y que debía solucionarse mediante la negociación política.
 
- Eso exigía que el Gobierno diese pasos inequívocos hacia la banda terrorista: fin del cerco político e integración en las instituciones de las marcas de ETA; cambio en la política judicial y penitenciaria; y relajamiento de la lucha policial contra la banda, cuya máxima expresión fue el chivatazo a los terroristas en el caso del bar Faisán.
 
- En cuarto lugar, esto llevó al inicio de contactos con los terroristas, a partir de 2005, en los que se discutió una hoja de ruta. En estos contactos se negociaron todas las exigencias de ETA: presos, Navarra y retirada policial. Exigía también legalizar al brazo político de ETA, interlocutor en una de las dos mesas.
 
- Todas estas cuestiones exigían desactivar a las víctimas como agente social relevante.  Así, a su enfrentamiento inicial con las medidas del Gobierno -la " rebelión cívica"- siguió la desactivación y división de asociaciones, que hoy aún existe.
 
- Implicaba también la participación internacional, con la introducción de mediadores que legitimasen los contactos. Se logró a través del centro Henry Dunant, cuyo presidente de honor es Javier Solana, y que aún guarda las actas de las reuniones oficiales mantenidas entre ETA y el Gobierno de Zapatero.
 
La negociación política con la banda fracasó (3), pero algo había cambiado profundamente. La lucha antiterrorista cuya finalidad había sido hasta 2004 la desarticulación de la banda, la detención de los etarras y su encarcelamiento, pasó a ser política para “el final del terrorismo”, cuya finalidad era negociar con ETA el futuro del País Vasco, la reincorporación de etarras a la vida social y la solución a la cuestión de los presos. Esto significa que entre 2004 y 2008 se rompió radicalmente con la política ejecutada entre 1996 y 2004.
 
 
3. Una alternativa esencial en la lucha contra ETA
 
Así, podemos decir que al final de la segunda legislatura de Zapatero se habían ensayado en la España democrática dos formas diferentes y contrarias de hacer frente al terrorismo: la derrota o el apaciguamiento. La detención de terroristas, el desmantelamiento policial de las estructuras de la banda y la deslegitimación política y social correspondían a la política del PP; la reinserción de presos, la utilización policial selectiva,  y la normalización política de la ideología abertzale y su brazo político pertenecían al PSOE.
 
Esto no evitaba que en algunos aspectos secundarios hubiese cosas en común: por ejemplo, las fuerzas de seguridad seguían deteniendo comandos: en un caso por cuestión de principios, y en otro porque era útil para la negociación (4). Pero la alternativa era, y lo sigue siendo ahora, la desaparición de ETA por derrota o su rehabilitación social e  integración en el juego político.
 
Ante esta alternativa, se encontró el Partido Popular en noviembre de 2011. El traspaso de poderes en esa ocasión no tuvo nada que ver con el de 1996: desde el principio estaba claro que el PP no iba a volver a la política antiterrorista de Aznar (5). Se han citado múltiples explicaciones para este cambio de rumbo, que se enmarca dentro de la nueva política definida por la dirección nacional del PP a partir de 2008. En cualquier caso, el tema aquí tratado es el relativo a la política antiterrorista.
 
La mayor diferencia entre la política de Zapatero y la de Rajoy está en el fin de la negociación política que el PSOE y ETA llevaron a cabo a partir de 2005 (6). A su llegada en 2011, el Gobierno de Rajoy eliminó la negociación política de Zapatero con la banda. Los contactos y el diálogo con ETA cesaron en aquel momento, tal y como la propia banda terrorista ha denunciado desde entonces en numerosas ocasiones (5). En la actualidad, no existen contactos del Gobierno con la banda terrorista.
 
Pero a cambio, el PP desde el principio quiso escenificar una continuidad con las políticas heredadas de Rubalcaba (6), y desde entonces ha buscado continuar el consenso con el anterior ministro y ahora líder de la oposición, renunciando a poner en marcha medidas que corrigiesen el rumbo tomado hasta 2011. Mantener el consenso con el PSOE se ha convertido en el objetivo fundamental de la política antiterrorista del Gobierno, pese a que los socialistas continúan defendiendo una política radicalmente opuesta a la llevada a cabo entre 1996 y 2004 y siguen defendiendo las bondades de la negociación con ETA.
 
La pretensión de establecer una continuidad en la política antiterrorista con el único cambio de lo relativo a la negociación ha generado la anormal situación que ahora vivimos: en materia anriterrorista, los resultados no son inmediatos, y los efectos, para bien y para mal, tardan en llegar. Sin liderazgo político capaz de cambiar la política en la administración -liderazgo que en dos direcciones opuestas sí ejercieron Aznar y Zapatero- , los instrumentos de la lucha contra ETA continúan con la inercia marcada por Zapatero y Rubalcaba, de manera distinta según los ámbitos. Alejados de la búsqueda de un acuerdo con ETA, pero también alejados de la estrategia de confrontación directa con la banda que caracterizó a la política antiterrorista del anterior gobierno del Partido Popular.
 
 
4. La herencia e inercia de Zapatero
 
Por lo tanto, a diferencia de 1996 -cuando el PP cambió radicalmente la política antiterrorista heredada de Zapatero- en 2011 el PP continuó con la inercia heredada de Zapatero, que tanto daño ha hecho a la lucha contra la banda. Las consecuencias de no corregir el rumbo marcado por éste han sido las siguientes:
 
- El frente internacional fue erosionado gravemente a partir de 2005, al aceptar Zaoateri la internacionalización del diálogo. El Gobierno de Rajoy paralizó las negociaciones con ETA en el exterior, pero -a  diferencia del anterior Gobierno del PP respecto a la herencia de Felipe González- ha continuado la falta de iniciativa exterior de los socialistas. No se han logrado nuevos acuerdos diplomáticos de colaboración internacional en materia de terrorismo, especialmente en la Unión Europea. La debilidad internacional de España ha impedido además recuperar la necesaria credibilidad respecto a mecanismos de presión contra la banda en el exterior. La falta de solidez y de resistencia española ante la sentencia del TEDH ejemplifica esta debilidad, impensable en países como Francia o Gran Bretaña.
 
- El frente judicial es el que más daños ha sufrido. Ninguna reforma ha sido abordada desde 2004 para extender y profundizar en la presión judicial contra ETA y su entorno: ni siquiera tras el desastre de la doctrina Parot ha buscado el Gobierno endurecer el Código Penal. Y lo que es peor, se ha permitido que la herencia de Zapatero haya ido parasitando organismos clave en la lucha contra la banda. Hoy, el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo se han convertido en elementos desestabilizadores en la lucha contra ETA, muy poco fiables. El caso de la Audiencia Nacional es peor: diseñada como tribunal excepcional para luchar contra la banda, dedica sus recursos a otras cuestiones -casos de corrupción, víctimas del franquismo por ejemplo- mientras en sus salas los etarras recolectan hoy más éxitos que sus víctimas.
 
Esta anómala situación ha abierto la puerta a la “colombianización” de la lucha antiterrorista: como en aquel país, los éxitos en la lucha contra el terrorismo vuelven a correr el riesgo de estrellarse contra una judicatura izquierdizada y hostil al fin policial de la banda. La permisividad judicial ante actos de exaltación terrorista –impensables hace diez años- ejemplifica bien esta situación.
 
-Fruto del desmoronamiento del frente judicial es el cambio de dirección de la política penitenciaria; ésta ha pasado de tener como objetivo disuadir de la entrada en ETA y la comisión de delitos por parte de sus activistas, a tener como objetivo la reinserción de etarras como forma de favorecer y apuntalar el  status quo marcado por ETA con su "alto el fuego permanente". Los mensajes contradictorios respecto a la "vía Nanclares" ejemplifican este cambio de criterio (9). Desde otro punto de vista, quedó plasmado dramáticamente en la llamada “foto de Durango”, con los más sanguinarios miembros de ETA mostrando su compromiso con el proyecto político etarra.
 
- En cuanto al frente policial, es el único que conserva cierta estabilidad. La Guardia Civil ha mantenido el nivel de intensidad acostumbrado, sin grandes variaciones. El Cuerpo Nacional de Policía ha recuperado la credibilidad y las posiciones y la iniciativa perdidas con Zapatero. Pero las actuaciones de ambos cuerpos se ven a menudo desamparadas judicial y políticamente, así como su actuación dificultada. Así por ejemplo, la toma de ayuntamientos por parte de Bildu, Sortu y otras marcas etarras ha puesto trabas su labor, dificultándosela: es el caso de los controles en algunos pueblos del País Vasco o las licencias municipales. El aumento de la kale borroka ha generado mayor trabajo a las FSE. Pero en todo caso, las FSE han vuelto a trabajar con total intensidad en la lucha contra ETA, una vez superadas las situaciones generadas por la negociación puesta en marcha por Zapatero. (10)
 
- En cuanto a las víctimas, que entre 1996 y 2004 fueron el pilar moral de la lucha contra ETA, constituyen el capítulo más doloroso. Fueron maltratadas públicamente por los gobiernos del PSOE, lo que originó la multitudinaria “rebelión cívica” iniciada el 22 de enero de 2005 (11). Pero las esperanzas que algunas organizaciones de víctimas pusieron en el nuevo gobierno se han ido disipando poco a poco. La frialdad y la pasividad del gobierno a propósito de casos como el de Bolinaga, Inés del Río o la ¨Doctrina Parot”, constituyen una ofensa para los atacados por ETA. Además, desde sectores del PP se califica abiertamente de ultras a las víctimas, de la mano además de los grupos de izquierdas que apoyaron en su día el pacto con los terroristas.
 
Se está construyendo entre los dos grandes partidos una especie de consenso para apartar a las víctimas que está provocando su retroceso social, y que -con las marcas proetarras gobernando en el País Vasco- las pone en una situación de debilidad que no sufrían desde hace dos décadas. En la actualidad, la visibilidad social de éstas ha disminuido en las calles vascas, al tiempo que las grandes manifestaciones a favor de la amnistía de etarras encarcelados se vuelven más frecuentes. En la actualidad, las víctimas viven su peor momento desde 1996.
 
- El frente político fue el primero en romperse, y es origen de otros problemas. La ilegalización de Batasuna fue la culminación y el mayor éxito de la lucha contra ETA. Zapatero rompió esta pieza fundamental en la lucha contra la banda, y el Partido Popular no ha querido a su vez enmendar el error, pese a que concurren motivos para ello, tanto respecto a la composición de listas como de declaraciones y actos de exaltación del terrorismo. La presencia de las marcas de ETA en las instituciones ha sido silenciada o minusvalorada, pero eso no evita que constituya un retroceso estratégico de primer orden. Hoy Bildu controla diputaciones y ayuntamientos, listas y censos de ciudadanos, presupuestos públicos y policías locales. Algunas localidades están volviendo a vivir rebrotes de algaradas callejeras, y desde las alcaldías se dificulta la labor de las Fuerzas de Seguridad.
 
Lo peor es que Bildu y el resto de marcas de ETA se han convertido en la vanguardia actual del nacionalismo vasco, una vez integrados en su órbita al resto de marcas nacionalistas (EA o Geroa Bai), y sometiendo al PNV a una enorme presión, radicalizándolo. Ante la negativa del Gobierno actual de actuar contra estas franquicias, el futuro político de ETA en el País Vasco se muestra así libre de problemas a medio plazo, y permite a la banda planificar políticamente los próximos diez años. El auge de Bildu contrasta con el PP y el PSOE, muy desmovilizados electoralmente, especialmente en el caso de los populares, sumidos en la actualidad en un descenso sin fin en el País Vasco. En cualquier caso, hoy es evidente que las marcas políticas de ETA amenazan con convertirse en primera o segunda fuerza política en el País Vasco y Navarra, y prevén encabezar en breve el proceso secesionista vasco.
 
A su vez, el liderazgo político del Gobierno contra ETA, clave entre los años 1996-2004, ha sido sustituido por la ideología del consenso: la búsqueda de unidad incluso con partidos políticos que no ocultan su simpatía por las marcas proetarras, como ERC, BNG o sectores de Izquierda Unida. Por otra parte, el cambio de actitud del PP vasco, con mensajes contradictorios hacia Bildu, ahonda en esta falta de liderazgo, que ha llevado a una situación esperpéntica hace sólo unos años: dirigentes de Bildu defendiendo a los populares e insultando a las víctimas de ETA.
 
En conclusión, pese a la mejora de la situación respecto a lo heredado en 2011, la política actual frente a ETA dista mucho de la ejecutada por el PP hasta 2004. Sólo el frente policial de la lucha antiterrorista funciona al nivel necesario y adecuado. La colaboración internacional se mantiene por inercia, y el frente judicial y el frente político constituyen más un problema que una solución a la lucha contra ETA. El resultado de todo ello una nítida recuperación de la iniciativa proetarra en las instituciones y en la calle, así como una falta de liderazgo por parte del Gobierno. Esta falta de seguridad se transmite, no sólo a la sociedad, sino al conjunto de las instituciones que tienen un papel que jugar en la derrota de ETA.
 
 
6. Balance de resultados y proyecto etarra
 
Paradójicamente, el único resultado que el Gobierno puede mostrar es el mismo que el Gobierno socialista utilizaba para justificar la negociación con ETA: la falta de atentados por parte la banda. En efecto, ETA lleva sin cometer un crimen desde el asesinato en suelo francés de un gendarme el 16 de marzo de 2010 . En territorio español, el último crimen de ETA fue el 30 de julio de 2009 cuando asesinó con una bomba a dos guardias civiles en Mallorca. A este asesinato siguió una campaña de bombas en la misma isla días después.
 
El terrorismo es el instrumento de un grupo y una ideología totalitarias, que no sólo justifican, sino que exigen medios criminales. Del nacionalismo, de su proyecto belicista, liberticida y agresor recibe su sentido, su justificación y su razón de ser ETA. A lo largo de su historia, la banda ha ejercido o aparcado la violencia, en combinación con la política, según las circunstancias lo aconsejasen.
 
Resulta por lo tanto un error considerar los actos terroristas en sí mismos, al margen de la ideología que los justifica, los objetivos que se persiguen y los grupos que las practican. Sin embargo, en amplios sectores de la sociedad española se ha instalado un doble error. En primer lugar, limitar la atención a los asesinatos de ETA, sin atender al resto de instrumentos que la banda tiene a su disposición, y que hoy funcionan a pleno rendimiento: el afianzamiento de Bildu en San Sebastián o la Diputación de Guipúzcoa, o la recuperación plena de la calle –donde se alternan concentraciones menores con actos multitudinarios de exaltación de los presos- constituyen pruebas inequívocas de que la estrategia de ETA para hacerse con el poder y poner en marcha su proyecto está avanzando. En términos de perspectivas políticas de futuro, las de ETA son hoy mejores que cuando los criminales ponían bombas.
 
Y en segundo lugar, se ha extendido el error de interpretar los últimos acontecimientos en relación con el pasado y el dolor de las víctimas. Siendo esto fundamental, hemos de destacar que el verdadero problema es la evolución futura que de seguir así tomarán los acontecimientos en el País Vasco. Más allá de dolor de las víctimas, y del hecho de que se está traicionando la confianza que éstas han depositado en el Estado de derecho y los tribunales, es el avance del proyecto de ETA lo más preocupante. Si ésta continúa avanzando en su proyecto de construcción nacional, será capaz de desencadenar más adelante una nueva ola de violencia sobre amplios sectores de la sociedad vasca.
 
La fuerza etarra no está hoy en las armas, sino en la construcción de un frente nacionalista encabezado por ella, y con un liderazgo cada vez más sólido en la sociedad vasca. Si ETA no puede o no quiere matar es un asunto así irrelevante, si se tiene en cuenta que la organización terrorista está variando sus estructuras y su forma de actuar, acomodándolas a la toma del poder a través de las instituciones democráticas: que no crea en ellas, que las ataque desde las que controla y que acabará con ellas tan pronto le sea posible no quita para que hoy en día le sean especialmente útiles. Cada minuto que ETA pasa en las instituciones es un paso más hacia su triunfo.
 
 
7. El desplazamiento de la violencia. Perspectivas
 
¿En qué consiste el afianzamiento del proyecto de ETA en la actualidad?¿En qué medida podemos afirmar que las perspectivas futuras son inquietantes? Por lo menos podemos citar los siguientes aspectos:
 
- Un aumento de la visibilidad de ETA en las calles. En esta legislatura, los homenajes, pintadas y actos se exaltación de presos han recuperado el protagonismo perdido. De manera sorprendente es ahora, con el Partido Popular, cuando ETA está volviendo a las calles, y estas actividades callejeras se suceden sin consecuencias legales. La impunidad con que goza el entorno de ETA para manifestarse ha tenido como consecuencia la pérdida de la calle por parte de los constitucionalistas, que hoy vuelven a estar a la defensiva. Las víctimas vuelven a ser acosadas e insultadas cuando se manifiestan, y pese a las reiteradas declaraciones de miembros del PP vasco, la formación tiene problemas para volver a la calle. A este retorno a las calles de ETA no es ajena la pérdida de iniciativa del PNV, del Gobierno Vasco y de la Ertzaintza.
 
- ETA, a través de sus diferentes marcas políticas, no sólo está en las instituciones: lleva la iniciativa del nacionalismo vasco en el País Vasco y lo lidera abiertamente en Navarra. En el País Vasco, el PNV simplemente elige entre sumarse o no a las campañas proetarras. Y en Navarra, el PSOE se ha convertido en pieza fundamental de la campaña de Bildu para erosionar al Gobierno de UPN. En el Congreso de los Diputados sus representantes han sido aceptados con naturalidad por grupos parlamentarios, presidencia de las Cortes e incluso Gobierno. Hay que retroceder dos décadas para observar a la entonces Herri Bstasuna en la tribuna del Congreso, pero entonces no gozaba de la cobertura y protección parlamentaria de grupos como PNV, ERC o IU.
 
- La radicalidad creciente del nacionalismo vasco se ha trasladado fuera del País Vasco: por un lado, se observa cada vez más la defensa de ETA entre sectores de la izquierda española, entre los que ha experimentado un auge la simpatía hacia los abertzales y la denuncia de la “represión de la juventud vasca”. Por otro lado, el auge del radicalismo callejero impulsado por grupos como los que conforman el 15M, y los contactos a través de colectivos okupas y antisistema con las juventudes batasunas ha llevado a la puesta en práctica de métodos de guerrilla callejera en algunas ciudades españolas, singularmente Madrid. Hoy, estos grupos –que encuentran amparo y comprensión en algunos sectores de IU y del Partido Socialista- constituyen un factor de apoyo a la banda terrorista de alcance nacional.
 
- En el País Vasco, la liberación de etarras, convertidos en activistas políticos libres de responsabilidad está reforzando la moral del mundo proetarra, proporcionando al terrorismo una legitimidad como método político que había perdido. La rápida aceptación y ejecución de la derogación de la “Doctrina Parot” por parte del Gobierno y de la Audiencia Nacional ha dado la razón a la denuncia de la banda acerca de su ilegalidad, y ha impulsado las denuncias de su entorno contra otras medidas de lucha antiterrorista. La promesa del entorno de ETA de acabar ahora con la dispersión de presos ejemplifica bien esta mejora de la moral.
 
- A su vez, el elevado número de miembros de ETA excarcelados próximamente, y el ingreso libre en las listas de Bildu de históricos de la izquierda abertzale jugarán un papel importante en la estrategia de arrinconamiento de las víctimas. Todo indica que se va a producir un empoderamiento proetarra en y desde las instituciones. Los gobiernos de Bildu están mostrando ya en la actualidad comportamientos despóticos, y dos aspectos los harán aún más: en primer lugar su afianzamiento institucional tras las próximas elecciones en el País Vasco y Navarra. Pero sobre todo, su violencia será mayor en la medida en que vayan integrando en las instituciones a terroristas acoatumbrados a matar, sin arrepentir y con la moral alta tras la victoria que para ETA ha supuesto la “Doctrina Parot”.
 
 
8. Conclusión
 
Efectivamente, el fin de la negociación con la banda tras noviembre de 2011 establece una diferencia esencial entre la política de Zapatero y la de Mariano Rajoy. A diferencia de lo ocurrido en la anterior legislatura, no existe en la actualidad ninguna negociación entre el Gobierno y ETA, lo que constituye un cambio importante que da la razón al Gobierno cuando afirma que no está negociando con los terroristas.
 
Sin embargo, esto no significa en absoluto que la política antiterrorista actual sea la misma que la del anterior gobierno del PP. En 1996, el objetivo era la derrota de ETA, y a tal fin se dirigieron las reformas e iniciativas que en materia legal, policial, internacional o política se llevaron a cabo. La enorme actividad reformista registrada entonces en materia antiterrorista contrasta con la pasividad y la inercia actuales. La búsqueda de un consenso con la izquierda que evitase situaciones como las vividas en marzo de 2004 ha llevado al Gobierno del PP a desistir en la ilegalización de las marcas de ETA, la reforma del Código Penal, o la recuperación de la confianza de las víctimas del terrorismo. El histórico liderazgo del PP en la lucha contra ETA se ha desdibujado en esta legislatura hasta hacerse irreconocible.
 
Esta pérdida de liderazgo está teniendo consecuencias preocupantes en términos políticos y sociales en el País Vasco. De seguir así, estas consecuencias aumentarán en el futuro. La reconquista de la calle por parte de los proetarras aumenta día a día. Su papel central en la política vasca está ya fuera de toda duda. Y todo parece indicar que el flujo de terroristas y activistas proetarras a las listas electorales y a las instituciones ha aumentado y aumentará. Las perspectivas políticas de las distintas marcas etarras se presentan en la actualidad diáfanas y sin obstáculos: ni siquiera pesa ya sobre ellas la amenaza de la ilegalización.
 
 
 
NOTAS
 
(1) Véase “España, camino de libertad. La política antiterrorista para la derrota de ETA”, de Ignacio Cosidó y Óscar Elía, Gota a gota, 2010.

(2) “El PSOE asumió que hay un conflicto político en 25 reuniones con Batasuna antes de la tregua”, GARA, 18 de mayo 2007
 
(3) Especial de GEES: negociación con ETA, el fracaso de Zapatero, http://www.gees.org/especiales/negociacion_con_eta_el_fracaso_de_zp_5

(4) El caso más conocido de una utilización selectiva de las FCSE es el escándalo del Bar Faisán, cuando mandos de la Policía Nacional alertaron al entramado etarra de la existencia de una operación policial contra él. Durante la negociación, las operaciones policiales fueron dirigidas contra los “duros” de la banda, como forma de presionar a la banda hacia la negociación.

(5) A diferencia de 1996, en 2011 se escenificó una continuidad política. Así, Fernández Díaz afirmaba públicamente el 21 de diciembre de 2011 que “la gestión de Rubalcaba y Camacho ha sido ejemplar”.

(6) Los principales aspectos de esta negociación han sido narrados por Jesús Eguiguren en “Las claves de la paz” (Aguilar, Madrid 2011), así como por las informaciones sobre las actas publicadas por ETA en Gara.

(7) “El Gobierno español ha faltado a su palabra y para sorpresa de todos los agentes internacionales que conocían del proceso, ha dejado de lado todos sus compromisos (…) El Gobierno conformado tras las elecciones de noviembre de 2011 tenía noticia detallada desde el principio de los avances. El Gobierno, por lo tanto, sabía que había un espacio de diálogo para superar las consecuencias del conflicto y que ETA tiene intención de llegar hasta el final () El Gobierno, en cambio, no ha mostrado ninguna seriedad y ha dejado morir el espacio de diálogo, cuando no lo ha saboteado y atacado a través del servicio de inteligencia (Comunicado de ETA, septiembre de 2013)
(8)“Fernández alaba la "gestión ejemplar" del fin de ETA”, El País 22-12-2011

(9) "Interior impulsará la vía Nanclares para que los terroristas pidan perdón", ABC 12-03-2012 http://www.abc.es/20120312/espana/abci-interior-vias-201203121800.html

(10) Según el Gobierno, en 2012 y 2013 el número de etarras detenidos en España y fuera de nuestro país asciende a 96.

(11) De entre las manifestaciones convocadas para protestar por la negociación que mantenían el PSOE, el Gobierno y ETA destacan la celebrada el 5 de junio de 2005; el 26 de febrero, el 10 de junio y el 25 de noviembre de 2006; 10 de marzo de 2007. A partir del año 2008, con el acercamiento del Partido Popular a la política antiterrorista del PSOE, las concentraciones fueron de una entidad menor.