Los Kirchner abren fuego contra la prensa

por Pedro Fernández Barbadillo, 10 de mayo de 2010

 

El reino de España tiene cada vez más elementos en común con la república de Argentina: una sociedad rendida ante el poder, un régimen de memoria histórica que pretende establecer una verdad oficial, unos gobernantes pendientes de las encuestas y de las estadísticas, una política exterior pro chavista y anti norteamericana e israelí, unos sindicatos convertidos en mamporreros al servicio del Gobierno respectivo, una economía desfondada… Y una de estas coincidencias es que la labor de control del poder y de denuncia de sus abusos la realiza un sector de los medios de comunicación, no la oposición política, que se ha esfumado.
 
Desde que accedieron al poder en mayo de 2003, los Kirchner y su equipo han tratado como enemigos de guerra a sus adversarios políticos, se trate de correligionarios del Partido Justicialista, de empresarios, de gobernadores de provincia o hasta de obispos. Pese a haber perdido su Frente para la Victoria las elecciones parciales de renovación del Congreso de junio de 2009, y pese a la crisis y la delincuencia, el matrimonio peronista ha recuperado la iniciativa política. Y su primer objetivo es la eliminación de la escasa prensa independiente. En esta operación aplastamiento se están empleando todos los medios. En los últimos días se han producido un linchamiento dirigido por Hebé de Bonafini, admiradora, entre otros terroristas, de ETA y las FARC y presentado como juicio ético, contra diversos periodistas acusados de colaborar con el régimen militar y la investigación, llevada con un celo sorprendente para las costumbres judiciales argentinas, sobre la identidad de los hijos adoptivos de Cristina Noble, propietaria del grupo de comunicación Clarín. Ambos ataques han contado con el respaldo de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
 
El Gobierno de los Kirchner es, junto con el de Alan García en Perú, el que tiene una menor aprobación en las encuestas en Sudamérica. El matrimonio peronista considera que sus derrotas desde la huelga del campo en 2008 son consecuencia de una conspiración, no de errores propios ni mucho menos de decisiones suyas equivocadas. Sabedores de que no existe oposición política fuera de Buenos Aires, hasta el punto de que el ex presidente Carlos Saúl Menem, rival de Kirchner en las elecciones de 2003, ha llegado a acuerdos en el Senado con la bancada oficialista, la pareja presidencial ha escogido como blanco de su artillería a la prensa. Después de la derrota de junio de 2009, los Kirchner gastaron millones del Estado en comprar por 158 millones de dólares anuales los derechos de emisión de los partidos de fútbol para darlos en emisión gratuita (Cristina comparó los partidos de pago con los secuestros de la dictadura) y promovieron una Ley de Medios Audiovisuales. El grupo más perjudicado por ambas medidas ha sido Clarín. Ironías del destino: Clarín y su propietaria, Cristina Noble, que, a la manera del holding español PRISA, han obtenido favores y privilegios de todos los Gobiernos de sus naciones, incluso de las dictaduras, apoyó a los provincianos Kirchner cuando llegaron la lejana Patagonia a la Casa Rosada. Tan importante es el control de la comunicación para el Gobierno que en 2009 duplicaron el presupuesto dedicado a publicidad institucional respecto a 2008, sin contar el gasto en el fútbol.
 
Las amenazas del poder han llevado a grupos de comunicación rivales, como Clarín y La Nación, a hacer causa común. En los últimos días, han aumentado las informaciones sobre las corrupciones del matrimonio y de sus cortesanos, en especial los tráficos de maletines y comisiones entre Buenos Aires y Caracas. La respuesta de los Kirchner, al igual que en España, ha consistido en aumentar la división de la sociedad, con la introducción del matrimonio homosexual en el Código Civil, la formación de una brigada de blogueros K para dominar Internet y la reavivación de la memoria histórica, con un juicio al ex ministro de Economía de la dictadura Martínez de la Hoz por un secuestro con fines económicos por el que ya había sido exculpado en 1988.
 
Tal vez si la prensa que hoy sufre las embestidas de los Kirchner no hubiera sido sumisa hace años, ahora no estaría purgando sus pecados. El matrimonio real de Argentina está empeñado en sucederse a sí mismo en la presidencia federal, ya que la única limitación que fija la Constitución a la reelección es que ésta se produzca con un mandato de intervalo. Néstor lleva meses en campaña para su reelección.
 
El martes 3 Néstor Kirchner ha sido elegido secretario general de la UNASUR (Unión de Naciones de Sudamérica), con la ausencia de los presidentes de Colombia, Álvaro Uribe, y de Perú, Alan García. Se trata de un favor de Hugo Chávez y sus virreyes (Correa, Morales, Lugo) a la pareja más presentable del grupo de dirigentes del socialismo del siglo XXI. No se puede pensar que Kirchner se dedique durante los dos años que durará su mandato a  su nuevo puesto. Durante sus escasos meses en la Cámara de Diputados como parlamentario por la provincia de Buenos Aires, apenas se le ha visto en el edificio. El ex presidente se mueve por todo el país para anudar nuevas alianzas y perseguir a los disidentes a fin de mantener el poder de su matrimonio; a tal fin, en marzo reasumió la presidencia del Partido Justicialista. Es decir, en el mismo dormitorio coinciden la jefatura del estado y la jefatura del partido más importante de Argentina. Se da casi segura la candidatura de Néstor para la reelección en 2011, que de ganar permitiría a los Kirchner sumar al menos 12 años de reinado a falta de la reelección de Cristina. Pero para reinar en paz deben amordazar a la prensa.