Los "generales de Zapatero": disciplina militar, ética profesional, responsabilidad, incompatibilidades y otras menudencias

por Hernando Cortés Monroy, 24 de abril de 2009

Los “generales de Zapatero”
 
España, como suele decir José María Carrascal, es una nación donde nunca pasa nada; ya se puede estar ausente dos años, que cuando se regresa, los mismos demonios y mismos sueños siguen vivos y presentes. Hasta las sempiternas obras de Madrid, sea quien sea el alcalde de turno, siguen presentes. Todo es cuestión de un calentón, pasado el cual todo sigue como antes. La memoria de los españoles -ahora que está de moda la Memoria Histórica del Sr. Zapatero-, es frágil y efímera.
 
En estos días ya son más de 5.000 oficiales los que han denunciado la Ley de la Carrera Militar y la promoción del heredero de la Corona, al unísono, ha manifestado su desacuerdo -no sabemos si Felipe de Borbón y Grecia se habrá unido a sus compañeros-, y llegan rumores de que militares escriben al Jefe del Ejército, molestos con actitudes pueriles del Ministerio de Defensa en relación con ciertas vidrieras, históricas por cierto. Las opiniones y críticas de oficiales arrecian contra lo que parece una conducta, cuando menos dudosa, de recientes jefes de los ejércitos que -es verdad que ahora en la reserva- fichan por las empresas que hasta hace poco les servían, y heridos y convalecientes de Afganistán y Líbano arremeten contra el Ministerio -algunos hasta delante de jueces-, al que acusan de abandono y de no haberles dotado de los medios necesarios para cumplir su trabajo.  Pero Zapatero y Chacón no escuchan, y lanzan las campanas al vuelo a la mínima insignificancia que consideran que les puede servir de vanagloria. Sin Novedad, las Fuerzas Armadas españolas están entre las mejores del mundo, y no hay de que preocuparse.
 
Zapatero y Chacón tienen la cúpula militar más politizada y más dócil que jamás haya existido. A los salientes de la cúpula se les premia su obediencia, servilismo y docilidad, y paulatinamente van ocupando puestos, y puestecillos -sin ningún azoramiento-, en las empresas del ramo o en organismos internacionales, a los que intentaron acceder y precisamente, por ser quienes eran, fueron rechazados. A veces hasta dan conferencias, poniendo de ejemplo su modelo de gestión, cuando éste ha consistido en no hacer nada y procurar pasar desapercibidos. Se trata de algo que raya casi en el surrealismo, y que el papanatismo del ruedo ibérico contempla hasta con deleite.
 
Otros profesionales de la defensa que no fueron tan dóciles están en su casa, y escriben desde Menorca, o incluso algunos que ni siquiera alcanzaron el generalato, se dedican ahora a la docencia, mostrando alto y claro su desencanto y contrariedad. ¿Sirve de algo? De nada, pasado algún revuelo por algún caso concreto, aquí paz, y después gloria. Contra menos ruido más pronto se olvida todo, y a seguir disfrutando que la vida son dos días.
 
No nos engañemos: la profesión militar, la defensa militar y la seguridad nacional están en crisis, por más que se niegue, y la historia no va a perdonar ni a Zapatero ni a sus generales, especialmente a los que pasan de servidores públicos ejemplares a probos empresarios, con “capacidad probada” de gestores eficaces. Como en algunos medios se ha dicho, no hay duda de que el alto mando militar se halla inmerso en un profundo fracaso moral.
 
A principios de los años 70 se solía decir en los ámbitos de la oficialidad joven de los ejércitos, que todo cambiaría cuando las promociones de cadetes que no habían vivido ni hecho la Guerra Civil llegasen al generalato. Hoy parodiando a Ortega no se puede más que concluir que “¡No es esto, no es esto!”, y los resultados no pueden ser más desalentadores. Los militares deben mantenerse al margen de la política pero deben velar por la máxima eficacia de los instrumentos que manejan, y cuando faltan los medios y procedimientos  adecuados, advertir de ello a los responsables políticos. Cuentan que, en mayo de 1940, cuando el Mariscal del Aire Dowding advirtió al War Cabinet sobre la precaria situación de la defensa aérea británica, y de que de no tomarse medidas no se podría garantizar la soberanía del espacio aéreo, el Secretario de Defensa, alarmado, advirtió a Dowding sobre si era consciente de que Churchill iba a ser informado de sus planteamientos, a lo que Dowding respondió diciendo que precisamente para eso lo había hecho. En España no podemos recordar recientemente a ningún jefe de estado mayor de los ejércitos que haya advertido a los superiores políticos acerca de las vulnerabilidades y deficiencias que presentan las fuerzas, los problemas y escaseces en Afganistán y Líbano, y las dificultades para llevar a cabo sus misiones, sino más bien todo lo contrario: solo se han vanagloriado del alto espíritu que demuestran, la excelente labor que realizan, y más maravillas del mismo tono dedicadas al consumo de la opinión pública y a adular a las autoridades políticas.
 
A la luz de los resultados es obvio que la defensa nacional no interesa en España, pero lo peor  es que la defensa, sobre todo no interesa ni a los propios militares, o por lo menos no le interesa a la llamada cúpula militar, ni a la gran masa de generales en activo, excesiva a todas luces para un país que es el que menos invierte en seguridad y defensa nacional de toda la OTAN, exceptuando quizás en términos absolutos a Portugal y Luxemburgo.
 
Lo más reprobable de la actitud de los que podemos llamar “generales de Zapatero”, es su conducta vergonzosa. Simples estómagos agradecidos, no al servicio no de la nación, sino de los gobernantes de turno a los que deben sus ascensos y sus prebendas, más bien propias de la caridad y limosnas que de distinciones y privilegios merecidos-, no alzan la voz ni exponen a los gobernantes la realidad preocupante de la defensa nacional. De todos es conocido que la gran mayoría de estos generales solo hacen lo preciso de su deber para no perder su silla. Simplemente se limitan a decir sin novedad, engañando con su actitud, no solo a las autoridades políticas sino al conjunto de contribuyentes, sino a sus propios subordinados a los que se les pide y exige todo el sacrificio en nombre de unos principios que brillan por su ausencia en los despachos suntuosos de la Castellana y aledaños.
 
Sin duda fue un gesto “hermoso” el que el propio Jefe del Estado Mayor de la Defensa afirmase, hace unos meses en el Congreso, que en época de carestía, los servidores públicos deben ser los primeros en apretarse el cinturón, no significando ello otra cosa que estar dispuesto a aceptar y a resignarse a que las Fuerzas Armadas estén peor equipadas, a que no se puedan cumplir muchas de las misiones establecidas por la propia Constitución, y a que por negligencia se pudieran producir bajas, y pérdidas de vidas humanas, en cualquiera de los escenarios internacionales, o en el curso de las misiones de adiestramiento regular que los soldados españoles realizan en el día a día de su trabajo -como así ha sido-, y en suma, a que la defensa nacional siga presentando unas vulnerabilidades del todo inaceptables para el nivel, status y papel que España debe representar en la colectividad internacional.
 
No hay duda tampoco de que la actitud del máximo representante de la cúpula militar -que, naturalmente, no renunciaba con esas “hermosas palabras” a ninguno de sus privilegios-, le podría llevar en última instancia al desempeño de un buen cargo en alguna de las empresas relacionadas con la defensa, como ha ocurrido con quienes han mostrado conductas dóciles y acomodadas con el poder político, y que han servido igualmente al sector industrial conveniente. Es un clamor entre los militares esta relación directa entre una cosa y otra. Después se viste el asunto con el adorno de la excelente capacidad de gestión acreditada por el “afortunado” y lo mucho que aporta a la industria en cuestión, aunque el histórico de su gestión sea precisamente el no haber hecho nada durante su período de mando, pero de eso se trataba precisamente ¿o no?
 
De Franco a Zapatero
 
En España, el general Franco supo utilizar a los generales en su propio provecho, no abandonando el poder, aún tras la victoria en la Guerra Civil, como habían esperado algunos de estos generales -especialmente Kindelán y Queipo de Llano-. Franco asentó una dictadura personal cuyo núcleo fue el poder militar, aunque paradójicamente los militares fueron privados poco a poco de toda capacidad de decisión y mando. Con él, los Ejércitos fueron relegados a un papel secundario. Nunca los generales habían sido más políticos que en ese momento y menos militares. Esto parecía impropio en un sistema democrático… hasta hoy, habiendo dejado “los generales de Zapatero” pequeños a sus antecesores.
 
Uno de los métodos que Franco utilizaba para mantener el control sobre los generales del Ejército era hacer la vista gorda ante las pequeñas corrupciones. Admitir ciertas prebendas para los altos cargos, tolerar una organización ineficaz que solo mantenía los ascensos, y otorgar despachos y cargos que servían para la ostentación y pavoneo de los que los detentan, ascendiendo a aquellos que no eran merecedores, ni lo esperaban, pero que por esa misma razón se convertían en rehenes e instrumentos serviles del poder político. Pues bien: hoy con Zapatero, el sistema de corrupción moral y profesional de las Fuerzas Armadas sigue el mismo guión.
 
La actual organización fue concebida en tiempos del Ministro Trillo, perfeccionada con el exministro Bono, y ha sido elevada a lo sublime con la Ministra Chacón. La regresion profesional es el ejemplo más claro del desbarajuste y del caos que reina en la estructura militar de la España de Zapatero. En el Ejercito de Tierra, por ejemplo, ha significado perpetuar de hecho las antiguas capitanías generales, ahora con otros nombres manteniéndose un determinado número de vacantes de teniente general y nada mas, y manteniendo contento al generalato, aunque se trate ya de puestos sin casi subordinados ni contenido. Con lo cual, la cosa queda mucho mejor, con menos trabajo y menos problemas.
 
Militares, cargos y compatibilidades
 
El reciente nombramiento del ex JEME del Ejército, hoy en la reserva, como vicepresidente de una firma de capital extranjero -íntimamente ligada al propio Ejército- es un ejemplo palpable de esta conducta, y prueba de la actitud deplorable de muchos de los altos mandos de las fuerzas armadas. Esta actitud es tolerada y favorecida desde el entorno político de la ministra Chacón y la Presidencia del Gobierno, en su afán por destruir moral y físicamente unas fuerzas armadas que odian desde su más profundo interior. Este nombramiento sigue al del ex - AJEMA,  también en la reserva, que se ha integrado recientemente en la empresa Navantia, antes Empresa Nacional Bazán. Síntoma claro de que no tienen clara su conciencia, ambos han renunciado expresamente a seguir en la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, como si así se lavase cualquier duda sobre su honorabilidad, y demostrando claramente cuales son sus preferencias. Curiosamente ambas empresas gestionan los principales programas en curso, terrestres y marítimos, como son el carro de combate Leopardo, el vehículo de combate Pizarro, y el nuevo MRAP RG-31, en Santa Bárbara, y el Buque de Proyección Estratégica, las fragatas F-100, los submarinos S-80, y otros buques, al margen de otros programas menores -pero sustanciosos-,  de abastecimiento de municiones, y de mantenimiento, en ambas empresas.
 
Tradicionalmente siempre ha habido militares en ambas empresas -conviene recordar que se ha tratado siempre de empresas públicas ligadas a la defensa nacional-, y mientras eran públicas hubo una época en la que los cargos de directores de las fábricas los ocupaban coroneles -normalmente ingenieros de armamento o artilleros-, y capitanes de navío o contralmirantes, y se consideraban como un destino más dentro de la carrera. Pero eso ya es historia; Santa Bárbara fue privatizada al 100 por 100, vendiéndose a la firma norteamericana General Dynamics, CASA fue absorbida por completo por EADS, y Bazán, aunque todavía pública, ha pasado por diversas vicisitudes hasta convertirse en la actual Navantia, en vías hacia una privatización total más pronto o más tarde.
 
Son muchas las preguntas que surgen entre los militares. Ambos han tomado decisiones y firmado resoluciones bajo el ejercicio de su responsabilidad como altos cargos del Ministerio de Defensa en relación con dichas empresas. Surgen por tanto las dudas sobre la Ley de Incompatibilidades de Altos Cargos, que el Ministerio debiera aclarar. Y ello además porque en nuevas Reales Ordenanzas de las FAS recién aprobadas por la Ministra Chacón, leemos:
 
Artículo 5. Actuación del militar como servidor público.
 
Deberá actuar con arreglo a los principios de objetividad, integridad, neutralidad, responsabilidad, imparcialidad, confidencialidad, dedicación al servicio, transparencia, ejemplaridad, austeridad, accesibilidad, eficacia, honradez y promoción del entorno cultural y medioambiental.”
 
Las actitudes y comportamientos de muchos generales se han hecho tan diferentes de las del resto de los militares que se hace necesaria una reforma clara del proceso de selección y ascenso a general, debiendo privar más su capacitación profesional que la lealtad -realmente servilismo-, al grupo político del momento. Igualmente se hace necesario aclarar las condiciones y limitaciones de sus cargos, en especial de cara a las incompatibilidades en que puedan incurrir. Hoy son exclusivamente los oficiales, desde teniente a coronel, los que dan  forma, espíritu y coherencia a los ejércitos, poniéndose de manifiesto una clara separación del colectivo del cuerpo de oficiales del de generales.
Aunque la disciplina no ha llegado a romperse, es patente la existencia de una seria fractura espiritual y hasta de conciencia entre la oficialidad y los mandos superiores, fractura que se debe atribuir mayormente la responsabilidad a los generales, y de la que no se es, o no se quiere ser, muy consciente. Naturalmente hechos como el protagonizado por el exJEME del Ejército, y por el exAJEMA de la Armada, ahondan y hacen más profunda aún esta brecha.
 
Incluso cerrando los ojos y oídos, el tema rechina, sobre todo cuando al Presidente Zapatero se le llena la boca de hablar de lucha contra la corrupción. No se conoce ni se puede recordar ningún caso parecido hasta ahora, ni ningún Jefe de Estado Mayor de los Ejércitos de España que haya aparecido trabajando para empresas con las que la Defensa ha tenido relaciones, y menos aún en un lapso tan breve de tiempo desde que abandonaron sus cargos públicos. Cada vez hay menos pudor y menos respeto humano. Y nunca los gobernantes de España, y sus autoridades, habían llamado tontos a sus súbditos y subordinados con la frecuencia, intensidad y desparpajo con que lo hacen los que detentan actualmente el poder.
 
Tienen cierta razón, sin embargo, los que tratan de defender y justificar estas actitudes, ya que desde hace algún tiempo -ya incluso con el gobierno del PP- algunos generales de alto rango habían pasado al sector industrial al pasar a la reserva, pero si no se había hecho mucho ruido es precisamente porque no eran cargos de la talla de los que se consideran ahora. En la antigua Santa Bárbara, ya había otros generales -Tenientes Generales para ser exactos-, que habían desempeñado el máximo cargo del Mando de Apoyo Logístico del Ejército, y por lo tanto habían estado íntimamente ligados a las adquisiciones, y relacionados por todos los costados con los contratos firmados con la empresa, alguno de los cuáles habían firmado incluso personalmente. Su función en la empresa era y es, la de consultoría y asesoramiento, una tarea, sin duda, de no mucha talla. Inaudito pero real.
 
Empresas-Ministerio-Empresas
 
ISDEFE, empresa creada en su día por Narcís Serra para el apoyo de ingeniería de sistemas al Ministerio de Defensa -y que incongruentemente preside el propio Secretario de Estado de Defensa-, es otro de los agujeros donde se premia a los generales que son complacientes para con el estamento político, y así se les admite a ellos y a sus hijas e hijos, e incluso a sus esposas, como podría corroborar en este último caso el “servidor público” por excelencia antes aludido. Así, exDirectores y Jefes de Gabinete, duermen los laureles de la recompensa a su “buen hacer” obediente y servil, en ISDEFE, y otros esperan su turno.
 
En EADS, antes CASA, hay numerosos asesores, antes generales y tenientes generales del Ejército del Aire. Naturalmente, el alcance económico de los contratos de los tres ejércitos, y no solo del Aire, con EADS-CASA, es enorme, dada la naturaleza de los programas en curso. Eurofighter, A400M, Soldado del Futuro, helicópteros Tigre o NH-90. Sin duda no fue desdeñable el papel jugado por estos asesores en la adjudicación del contrato del helicóptero Tigre a Eurocopter, integrante de EADS, a pesar del rechazo de los profesionales del Ejército de Tierra. Curiosamente este contrato se adjudicó por el exMinistro Trillo, pero ya con el ex - JEME del Ejército como Director General de Armamento y Material (DGAM) del Ministerio de Defensa, aunque luego fue Bono quien lo firmaría y aseguraría. Toda una saga, el dinero no distingue colores.
 
Todo se justifica con buenas palabras, al igual que Bono justificó lo injustificable al crear de la nada un polo de desarrollo industrial en Albacete para fabricar el pedido de helicópteros para su Ministerio, no podemos dejar de sonreír, cuando menos, al leer las palabras que se han publicado, y que algún alto directivo de Santa Bárbara ha pronunciado, tratando de justificar la llegada del ex-JEME a la empresa, quien, dicho sea de paso, no se ha distinguido precisamente por poseer ni experiencia ni especiales conocimientos en vehículos acorazados, municiones, blindajes, o motores, temas que constituyen el quehacer diario de Santa Bárbara. Dignas de la mejor propaganda del pasado y propias de otras épocas ¿a quién se quiere engañar? No parece realista contemplar, en los tiempos que corren, un lanzamiento industrial de Santa Bárbara a la conquista de los mercados de vehículos militares de combate de Europa y del mundo -solo hay que ver sus antecedentes de exportación-, y menos de la mano de un ex - militar caracterizado precisamente por lo contrario.
 
La tarea de los jefes de Estado Mayor de los ejércitos es complicada y exige una gran altura de miras. Ninguno de los recientes que han ocupado el cargo, se ha distinguido especialmente por alcanzar ningún hito relevante. Eso sí, bajo su mando se ha consolidado la UME, se ha acabado de poner a punto la Ley de la Carrera Militar, asestando la puntilla definitiva a la moral de los militares, y se han iniciado algunos programas menores de adquisiciones, que aunque de pocas pretensiones, han sido firmados con las empresas Santa Bárbara y Navantia, precisamente, incluyendo el más reciente de los nuevos vehículos protegidos MRAP RG-31, con Santa Bárbara, que es una empresa que ni conoce el vehículo ni lo fabrica ni nada de nada, y solo hace la gestión del contrato. ¿No podía haber efectuado esa gestión ISDEFE que está precisamente para esos menesteres? Está claro que había que darle algo a SBS. Saque el lector su conclusión.
 
Sin ser juristas, nos parece que está muy claro en la legislación vigente. Y sin haber oído pronunciarse a los organismos competentes como determina la ley 5/2006, de 10 de abril, todo indica que la mayoría de los generales de alto rango de las Fuerzas Armadas en la reserva presentan pruebas palpables de incompatibilidad en sus cargos y puestos actuales. ¿O acaso pueden decir que nunca tomaron ninguna decisión o resolución bajo su ejercicio de responsabilidad como Altos Cargos en relación con dichas empresas?
 
Desde algún sector, pseudo-intelectual y a sueldo del PSOE, se argumenta que esto sucede desde los tiempos de los romanos, y que es la regla en países como EEUU, Francia, Alemania o Reino Unido. En absoluto es así, y debemos rechazarlo de plano. Incluso si así fuera -que no es el caso-, no habría por qué seguir su ejemplo. España no sigue el ejemplo de tantas y tantas cosas de provecho que se aplican en los países citados, y cuando parece que conviene a unos pocos, se quiere que sigamos el ejemplo dudoso. De entrada, no.
 
Solo hay que repasar y ver donde están en Estados Unidos, los jefes recientes de los ejércitos y veremos como no hay ninguno dirigiendo una división o área de negocio en Boeing, General Dynamics, o Lockheed Martin. Y en Alemania ¿cuántos generales integran Krauss-Maffei, o Rheinmetall? Ni siquiera en la tradicionalmente corrupta Italia y mucho menos en Francia. Por ello se debe rechazar la manipulación y la tergiversación de la información. Al pan, pan y al vino, vino.
 
Como ya ha dicho alguien en estos tiempos,… preguntas y más preguntas... en un país que se rompe  y que no encuentra respuestas.