Los conservadores, los progresistas y la realidad

por George F. Will, 15 de junio de 2007

(Publicado en The Washington Post, 31 de mayo de 2007)

El conservadurismo es realismo, sobre la naturaleza humana y la competencia del gobierno. ¿Es políticamente realista el conservadurismo, en cuanto  persuasivo? Ese es el tipo de pregunta a la que responden las campañas presidenciales.
 
La recuperación del equilibrio intelectual por parte del conservadurismo exige una explicación convincente del motivo de que América tenga dos partidos y de que el conservador sea preferible. El argumento político de hoy involucra temáticas perennes que le dan más seriedad de la que comprenden muchos participantes. El argumento, al igual que la filosofía política occidental en general, tiene que ver con el significado de, y el ajuste apropiado de la tensión entre, dos objetivos políticos importantes - la libertad y la igualdad.
Los conservadores hoy tienden a preferir la libertad, y en consecuencia se inclinan a ser confiados con las desigualdades de los resultados. Los progresistas están más preocupados por la igualdad, entendida, insisten, principalmente como igualdad de oportunidades, no de resultados.
 
De ahí la hostilidad de los progresistas a los programas de libre elección escolar que desafían el semimonopolio de la educación pública. De ahí la hostilidad a las cuentas privadas financiadas a través de una porción de los impuestos de la Seguridad Social de cada individuo. De ahí su temor a las cuentas de ahorro sanitario (los particulares que adquieren seguros sanitarios deducibles pasan a ser aptos para cuentas de ahorro fiscalizadas desde las que pagan los gastos médicos rutinarios - igual que los propietarios de automóviles no compran seguros para cubrir los cambios de aceite). De ahí la defensa de los progresistas de la responsabilidad gubernamental de - e inevitablemente, el racionamiento de - el cuidado médico, el cual constituye el 16% de la economía y subiendo.
 
Incrementar dramáticamente la dependencia del gobierno reconcilia la provisión común de la ética del progresismo con el interés del partido progresista en complacer a su formación más poderosa - los empleados públicos y sus sindicatos. La respuesta específica del conservadurismo debería ser que el argumento acerca de si debería haber un estado del bienestar está zanjado. El debate apropiado de hoy en día está relacionado con las modalidades según las que se reparten las prestaciones sociales. Las modalidades importan, porque algunas instan y algunas disuaden de atributos y posturas - una orientación futura, la independencia, la responsabilidad individual en la vida sana - que son esenciales para la vida de calidad en una sociedad económicamente vibrante que un estado del bienestar, depredador de los ingresos en una sociedad envejecida, se cobra.
 
Este razonamiento es congruente con el argumento del conservadurismo de que el gobierno excesivamente benevolente no es un benefactor, y de que el capitalismo no sitúa mejor a la gente simplemente, sino que la mejora. El progresismo argumentaba en tiempos que las enormes entidades corporativas del capitalismo industrial degradaban a los individuos alimentando la dependencia, la pasividad y la servidumbre. El conservadurismo desafía la ceguera del progresismo sobre los peligros comparables con respecto a la mayor entidad social, el gobierno.
 
El conservadurismo argumenta, como hicieron los Fundadores, que la preocupación por uno es universal entre los individuos, pero que la dignidad de los individuos está ligada al ejercicio de la dependencia y la responsabilidad personal en la búsqueda de los intereses. El progresismo argumenta que la dependencia paritaria del gobierno minimiza los conflictos sociales. La versión del conservadurismo es que la cultura de las prestaciones sociales somete la paz social mediante la proliferación de dependencias rivales.
 
La mentalidad de las prestaciones sociales animadas mediante el estado del bienestar exacerba los conflictos sociales - entre generaciones (el estado del bienestar transfiere riqueza a los ancianos), entre grupos raciales y étnicos (a través de la discriminación positiva en colectivos) y entre todos los intereses organizados (desde los granjeros a los sindicatos de trabajo, pasando por los receptores de pensiones corporativas) - mientras el gobierno, y no las fuerzas impersonales del mercado, distribuye los escasos recursos. Esto, insiste el conservadurismo, explica el motivo de que crezca el cinismo sobre ello al tiempo que crece el gobierno.
 
La discriminación positiva entre colectivos raciales es la esencia destilada del progresismo, por dos motivos. En primer lugar, la discriminación positiva implica identificar a grupos presuntamente en desventaja con respecto a la sociedad - víctimas que a causa de su competencia en desventaja, deben ser tratadas como protegidos del gobierno. En segundo, la discriminación positiva manifiesta vivamente la convicción central del progresismo de que el deber del gobierno no es permitir el cambio social, sino canalizarlo en la dirección que elija el gobierno. El conservadurismo argumenta que la esencia del gobierno constitucional implica contener al estado con el fin de permitir que el amplio abanico de elecciones de la sociedad adopte espontáneamente caminos no planeados.
 
El conservadurismo apoya la exhortación del Presidente Kennedy a 'No preguntar lo que tu país puede hacer por ti - pregunta lo que puedes hacer tú por tu país', y añade: sirve a tu país apoyando un espacio de vida amplio y en expansión del que tu país no sea responsable.
 
Aquí se encuentra el núcleo atractivo conservador, sin adentrarse en 'temas sociales' que deberían ser, en la medida de lo posible, aparcadas para el 'federalismo moral' - los debates dentro de los estados. En política exterior, el conservadurismo comienza, y termina casi, evitando la elaborada y fatal idea que el progresismo ha estado deshaciendo nacionalmente - vaguedades acerca de controlar lo que no se puede, y no debería, ser controlado.
 
El conservadurismo es realismo, sobre la naturaleza humana y la competencia del gobierno. ¿Es políticamente realista el conservadurismo, en cuanto a persuasivo? Ese es el tipo de pregunta a la que responden las campañas presidenciales.


 

 
 
Ó 2007, Washington Post Writers Group