Los atractivos del "modelo turco" para los islamistas

por Carlos Echeverría Jesús, 28 de abril de 2011

 

En el marco de las revueltas árabes desencadenadas desde el pasado diciembre son cada vez más los que, desde dentro pero también desde fuera de los países afectados, aluden a Turquía como el modelo buscado por quienes protestan. Salvaguardando a quienes ven en efecto a Turquía como un país del orbe musulmán que ha alcanzado notables niveles de desarrollo, tanto económico como político, que aspira incluso a formar parte de la Unión Europea y que tiene por ello motivos sobrados para constituirse en referencia atractiva, nos concentraremos en otros, islamistas más o menos radicalizados, que hacen una lectura interesada de dicho “modelo”, concentrándose en las políticas ejecutadas por sus correligionarios del Partido para la Justicia y el Desarrollo (AKP, en sus siglas en turco) desde que este accediera al poder, en 2002, y sobre sus proyectos de futuro para el país si renuevan su mandato, y todo indica que lo harán y será ya el tercero, en las elecciones generales previstas para el próximo 12 de junio.
 
Islamistas con raíces sólidas
 
El Presidente Abdullah Gül y el Primer Ministro Recep Tayyip Erdogan son herederos políticos de Necmettin Erbakan, fallecido el pasado 27 de febrero y conocido como “Erbakan Hoca” o “maestro Erbakan”, líder del islamista Partido del Bienestar (Refah) que triunfara en las elecciones de 1995 pero al que las Fuerzas Armadas, garantes últimas del orden republicano laico establecido por Mustafá Kemal Attatürk, apartaron del poder dos años después. Siendo Primer Ministro desde julio de 1996 fueron sus vínculos con Mahmud Ahmadineyad o con Muammar El Gadaffi y, sobre todo, su manifiesto islamismo, lo que llevó a los militares a reaccionar. El 28 de febrero de 1997 el Consejo de Seguridad Nacional le dio un ultimátum en lo que se calificó de “golpe posmoderno” al lograr su dimisión en julio de ese año.[1] A lo largo de su dilatada vida política, Erbakan llegó a ser líder de hasta cinco movimientos y partidos islamistas, cuatro de ellos prohibidos, desde el Milli Görüs (Visión Nacional), fundado en 1969, hasta el susodicho Refah proscrito por el Tribunal Constitucional en 1998, y pasando por el Partido de Salvación Nacional y otras dos organizaciones posteriores a la ilegalización del Refah: el Partido de la Virtud (Fazilet), ilegalizado en 2001, y el Partido de la Felicidad que, con severas divisiones internas, probablemente no sobrevivirá ahora a su líder. Al fundar el Milli Görüs Erbakan ya renegaba de Europa – a la que calificaba de “club cristiano” – en momentos en los que las autoridades de Ankara habían firmado Acuerdos con las Comunidades Europeas y preparaban su argumentación para solicitar formalmente la adhesión a las mismas, solicitud presentada en 1987. Cabe además señalarse que el Milli Görüs pudo ser ilegalizado en Turquía pero sus redes siguieron estando operativas entre la diáspora turca, particularmente entre la siempre muy nutrida comunidad inmigrada en suelo europeo, muy concentrada en Alemania.
 
Para Erbakan a fines de los sesenta y para los islamistas de todo origen y condición hoy, el giro que el pionero líder turco quería realizar hacia el mundo islámico – y que su discípulo Erdogan viene realizando en buena medida desde que alcanzó el poder – es algo consustancial a su movimiento, y puede ser visto por algunos posibilistas en la actualidad como complementario a la visión europeísta de Turquía, pero lo cierto es que las contradicciones entre aquel giro y esta visión son y serán cada vez más evidentes.
 
Erbakan y Erdogan caminaron juntos durante años – como maestro y discípulo aventajado, respectivamente - hasta que, sin producirse un verdadero divorcio entre ellos, sus rutas se separaron en 2001, al menos de términos tácticos. Hay que señalar que ambos dirigentes tuvieron en común el haber ejercido la alcaldía de Estambul, cargo emblemático donde los haya por tratarse esta de una ciudad poco menos que sagrada para todos los musulmanes, entre otras cosas por haber albergado durante siglos el ansiado Califato. Ahora, el funeral de Erbakan se ha celebrado en la Mezquita Fatih, de gran simbolismo para los islamistas y situada en la parte antigua de Estambul, y su familia ha rechazado significativamente los honores de Estado que por los cargos ejercidos a lo largo de su vida le hubieran correspondido. A partir de 2001 Erbakan siguió dirigiendo el Partido de la Felicidad mientras que su discípulo decidió crear el AKP con la intención de, mostrándose pragmático en temas de política interior y también exterior (defensa de la adhesión a la UE), alcanzar el poder por la vía electoral y superar así el obstruccionismo histórico contra las organizaciones islamistas propio de la República kemalista. Erbakan trabajaba hasta el momento mismo de su fallecimiento en la formación de una coalición de partidos y movimientos islamistas para presentarse a las elecciones del 12 de junio, esfuerzo este que puede ahora quedar subsumido por la omnipresencia del AKP pero que provocará a buen seguro divisiones en el mundo islamista, previsiblemente con tendencias radicalizadas contrarias al posibilismo de las urnas, a la búsqueda de la integración en la UE y a la pertenencia a una OTAN que combate a los musulmanes en Afganistán o en Libia.
 
El espíritu resistente de Erbakan – destituido en varias ocasiones y sometido a consejo de guerra en 1980 -, su oposición temprana a ubicar a Turquía en Europa, su deseo de sumergirse en el orbe islámico y, también destacable, su papel en relación con la invasión del norte de Chipre, en un momento (1974) en el que ocupaba cargo oficial – llegó a ser a lo largo de su azarosa vida política Viceprimer Ministro en tres ocasiones y Primer Ministro en una - y desde el que pudo enfrentarse a los cristianos griegos, son ahora méritos destacados por muchos y un listón alto colocado para los gobernantes actuales.
 
Islamismo tranquilo pero con puño de hierro: el proceso de reformas en curso
 
El “Neo-Otomanismo” que viene caracterizando a las políticas del AKP en la ya casi primera década de ejercicio del poder tiene un reflejo doble, aunque para los observadores extranjeros es mucho más visible el segundo que el primero: en lo interior concentra sus esfuerzos en islamizar de forma progresiva a uno de los Estados más laicos de todo el orbe musulmán, y en lo exterior intensifica su aproximación al mundo árabe y musulmán.
 
La islamización del Estado es lenta pero segura, y se lleva a cabo con prudencia una vez se ha puesto freno a las herramientas del Estado que tradicionalmente han servido para obstaculizar tal proceso en la República laica de corte kemalista: las Fuerzas Armadas y el Poder Judicial.
 
Las Fuerzas Armadas de hoy no son ya las mismas que en 1997 intervinieron contra Erbakan. Las detenciones de militares, periodistas y académicos pertenecientes a una supuesta trama golpista que, en 2003, pretendía sembrar el caos en el país para poner en peligro la estabilidad del Gobierno islamista siguen – habiendo comenzado en 2008 –, el proceso por la denominada “Operación Mazo de Hierro” se inició el pasado diciembre y esta situación demuestra que el poder político ha sido capaz de frenar la capacidad de injerencia en la política que tradicionalmente habían tenido los militares turcos.[2] El pasado noviembre Erdogan suspendía de sus funciones a tres altos jefes militares, dos generales y un almirante, por estar implicados en la susodicha trama y pendientes por tanto de juicio.[3]
 
El otro paso fundamental dado por el Gobierno del AKP ha sido la reforma de la Constitución que, entre las 26 enmiendas introducidas, debilita al Poder Judicial heredado del aparato kemalista y último bastión del laicismo. Votada en referéndum el 12 de septiembre un 58% de los votantes dieron su apoyo a la reforma propuesta: esta recorta poderes de la Justicia Militar y otorga más poder al Legislativo – dominado por el AKP – para nombrar a los jueces supremos (Consejo Supremo del Poder Judicial) y para influir en el Tribunal Constitucional, pero también da más poderes al Ejecutivo y, para algunos, afianza las raíces de un futuro autoritarismo.[4] Destacable es que la parte occidental y la costa sur del país hayan votado mayoritariamente no a una reforma confusa y precipitada que con sus 26 enmiendas juntas lograba ocultar las realmente esenciales, haciendo que los ciudadanos votaran al final más a las siglas – con victoria del AKP asegurada – que a los contenidos profundos de la reforma de la Constitución.
 
Por otro lado, el imam turco radicado en Pensilvania Fethullah Gulen, sigue alimentando su intensa labor pedagógica a través de su tupida red de escuelas, islamizando la modernidad con sus métodos de enseñanza a la occidental en los que se prima el uso del inglés y el estudio de las ciencias pero que van acompañados de un estricto contenido religioso. Su intensísima labor pedagógica, que se extiende nada menos que a países centroasiáticos con Kazajstán a la cabeza, recuerda los consejos dados por el fundador de los Hermanos Musulmanes egipcios, Hassán El Bana, en los años treinta y cuarenta del siglo XX, insistiendo en un plan de educación popular como primer paso para el activismo político-religioso.[5] Los más pesimistas dentro y fuera de Turquía hablan de una notable influencia de los ex alumnos de Gulen en las fuerzas de seguridad – un antiguo Ministro del Interior ha cifrado en un 70% el número de policías que serían seguidores de Gulen – e insisten en que el periodista turco-armenio Hrant Dink, asesinado en 2007, estaba a punto de publicar un libro esclarecedor sobre la red de Gulen que se iba a titular El Ejército del Imam.
 
Las medidas tomadas en relación con las Fuerzas Armadas y con la Judicatura son importantes, pero también lo son otras que afectan a las costumbres de los ciudadanos, y que son demostrativas de que los islamistas no olvidan que lo son y que actúan en consecuencia. A título de ejemplo destacaremos el Decreto aprobado el 12 de enero de este año y que hace mucho más complicado el acceso a las bebidas alcohólicas en el país: incluye medidas tan evidentes de la obsesión islamista como prohibir la venta de alcohol a menores de 24 años – cuando la edad legal de consumo es 18 – u obligar al equipo de baloncesto “Efes Pilsen” a cambiar de nombre para borrar el de la cerveza turca más conocida mundialmente.[6] Estas y otras medidas ponen sin duda en evidencia a quien es calificado por terceros voluntaristas – Erdogan por supuesto nunca ha dicho tal cosa -, sobre todo occidentales, de “exislamista” o de “islamista moderado”.[7]
 
El frente exterior y las revueltas árabes
 
Auto erigido en paladín de la causa islámica por antonomasia, la palestina, el régimen del AKP no ha dejado de reforzar su activismo político-diplomático a través del susodicho “Neo-Otomanismo”, una estrategia apoyada en buena medida en el voluntarista Ministro de Asuntos Exteriores, Ahmet Davutoglu, y que permite rememorar la época dorada del Imperio/Califato disuelto por Mustafá Kemal en 1923. Recordemos ahora que el sentimiento de orfandad provocado por aquel vacío llevó al surgimiento, en 1928 en Egipto, del movimiento de los Hermanos Musulmanes de la mano de Hassán El Bana, y ahora su nieto, Tariq Ramadán, es otro de los que insisten en el modelo turco para los Estados árabes donde hay o puede haber revueltas.[8]
 
El “Neo-Otomanismo” ha sido percibido, particularmente por los EEUU y también por la UE, como una ventana de oportunidades tanto para apoyarse en Turquía para mejorar si no las relaciones sí el acceso a actores difíciles como Siria o Irán, como para reforzar la proyección hacia Irak o la Autoridad Nacional Palestina. De hecho, ese papel turco se ha venido aprovechando en los últimos años en lo que respecta a Irak e incluso a Afganistán, y llegó a permitir establecer contactos indirectos entre Siria e Israel o buscar soluciones intermedias para la crisis con Irán por su programa nuclear. Pero en los últimos tiempos las manifestaciones cada vez más duras de Erdogan contra Israel o el que llegara a calificar de “habladurías” las sospechas internacionales sobre el programa nuclear iraní han ido cambiando la percepción voluntarista de antaño.[9] Las contradicciones no tardaron en emerger, particularmente en lo que a la cuestión palestina respecta, cuando el activismo del Gobierno del AKP, plagado de gestos del propio Primer Ministro Erdogan contra Israel, le han permitido a este ganar puntos en los últimos años ante las opiniones públicas del mundo árabe y musulmán pero “quemando” a la vez buena parte de sus potencialidades como mediador. Su oposición a la imposición de sanciones reforzadas a Irán, en junio de 2010, o sus acusaciones a Israel para explicar en términos conspiratorios la vigencia del terrorismo del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) ha introducido al Gobierno del AKP en una senda de homogeneización de actitudes y gestos (populistas y nacionalistas) con otros actores de la región que gustan en determinados círculos de opinión en el mundo árabe y musulmán pero que desagradan a los aliados en la OTAN.[10] En esa línea provocadora estaría la recomendación del Primer Ministro Erdogan, dirigida en marzo de 2011 a los inmigrados turcos en Alemania, para que den prioridad a la enseñanza del turco a sus hijos frente al alemán para así preservar su cultura.[11] Por otro lado, hay quien quiere ver sólo pragmatismo en la actitud oficial turca hacia Irán – la República Islámica exporta a Turquía la quinta parte del gas natural que este consume – pero hay también una sensibilidad intra-musulmana que cuenta y seguirá contando para explicar su política.
 
Aparte de gestos como el enfrentamiento con el Presidente israelí Simón Peres en el Foro Económico Mundial de Davos, en 2009, o los obstáculos establecidos en contextos de cooperación militar boicoteando la presencia de cazas israelíes en ejercicios multinacionales hasta ahora realizados con normalidad en el Mediterráneo Oriental, lo que quedará ya para la Historia será el asunto de la autodenominada “Flotilla de la Libertad” que a fines de mayo de 2010 pretendía romper el bloqueo naval de la Franja de Gaza. Organizada en suelo turco por una ONG, la Fundación para los Derechos Humanos y la Libertad (IHH, en sus siglas en turco), dirigida por el islamista Bülent Yildirim, pero contando no sólo con la permisividad sino también con el impulso gubernamental, la aventura terminó mal, como era de prever: el asalto por comandos de Infantería de Marina israelíes a los barcos, realizada el 31 de mayo, terminó en tragedia en el caso de uno de ellos, el “Mavi Marmara”, el único en el que se recibió violentamente a los militares israelíes, produciéndose en los enfrentamientos la muerte de nueve ciudadanos turcos.[12] La IHH ya era conocida en la década de los noventa por el Juez antiterrorista francés Jean-Louis Bruguière, que la acusaba de reclutar yihadistas para combatir en Bosnia-Herzegovina, y en 1997 la Policía turca encontró en su sede armas, explosivos, manuales de entrenamiento y documentación que demostraba su compromiso con el envío de combatientes – y no de ayuda humanitaria – a escenarios balcánicos, a Chechenia o a Afganistán. Ahora hay quien insiste en que la IHH se ha moderado y que aquello sólo “pecados de juventud” pero, como la experiencia nos demuestra hasta la saciedad, el activismo yihadista es siempre el mismo, incluso cuando coyunturalmente se adapta al terreno y a la circunstancia en términos de “moderación”. Además, la experiencia de 2010 en términos de compromiso con la causa sagrada palestina ha vuelto a mostrarnos su capacidad de organización y, sobre todo, su habilísimo manejo de la propaganda.
 
Dicha experiencia tolerada/estimulada desde el Gobierno del AKP permitía luego a este liderar la movilización diplomática en términos de condena a Israel, ganando con ello puntos entre las opiniones públicas musulmanas. A título de ejemplo lograba el 8 de junio de 2010 que la Cumbre de la Conferencia sobre Interacción y Medidas de Confianza en Asia (CICA), celebrada en Estambul, aceptara condenar la intervención israelí. La condena no aparece en la Declaración Final – Israel como participante la hubiera vetado – pero Turquía, que asumía la Presidencia rotatoria de la CICA, mostraba su liderazgo en un foro en el que, entre otros, están China, Irán o Rusia. Lamentablemente, no despertaba en aquellos mismos momentos tanto interés para las autoridades del AKP el asesinato, producido el 3 de junio en Iskenderun, del Obispo Luigi Padovese, Vicario de Anatolia y Presidente de la Conferencia Episcopal de Turquía, presentado como obra de un enajenado pero probablemente un crimen de inspiración islamista producido en el contexto de la agitación anti-cristiana y anti-judía de aquellos días. El asesinato cobraba aún más importancia por el hecho de que el Obispo iba a viajar a Chipre para encontrarse con el Papa Benedicto XVI, de visita en la isla para preparar el Sínodo de Oriente Próximo explorando espacios de encuentro con la Iglesia Greco-Ortodoxa chipriota y poniendo en evidencia ante el mundo – y el Gobierno chipriota aprovechó la presencia de tan insigne visitante para lograrlo – la ocupación turca del norte de la isla.
 
Esa Turquía que para muchos es modélica frente a referencias ultraconservadoras como son Arabia Saudí o Irán, que se proyecta con notable éxito y desde los noventa en escenarios musulmanes de los Balcanes Occidentales, del Cáucaso y de Asia Central, está teniendo también éxito en términos de imagen, primero, y de presencia, después, en territorios que fueron antiguas colonias, si bien el vínculo del Imperio Otomano con algunos territorios norteafricanos nunca fue comparable al de las potencias europeas. El Islam marcaba la diferencia, de partida, y la dominación de la metrópoli no tenía nada que ver, ni en términos políticos ni económicos, con la ejercida por las potencias coloniales occidentales. Todo ello, la falta de una memoria histórica negativa y la vigencia del modelo turco en clave musulmana, está animando al desembarco de la moderna Turquía en escenarios como Túnez, Egipto o Libia y sirve de referencia para quienes quieren tomar el control en el marco de las revueltas.
 
Lo primero que hay que destacar es cuán diferente ha sido la aproximación oficial turca a las protestas según se hayan hecho en Irán, donde Turquía ha jugado al pragmatismo apoyando al Presidente Mahmud Ahmadineyad y silenciando a sus opositores tras las fraudulentas elecciones presidenciales de 2009, o en Egipto, donde las palabras de aliento a los manifestantes del Premier Erdogan eran escuchadas por estos a través de la televisión en la Plaza Tahrir, y adonde el Presidente Abdullah Gül hacía una temprana visita oficial el 3 de marzo.[13] Dicha posición activa de Erdogan con respecto a la revuelta en Egipto,[14] dista de la que mantuvo con respecto a la revuelta en Túnez – que le provocó “profunda preocupación” – pero ya se ha visto continuada por la actitud cada vez más comprometida en Libia, y ello una vez superadas las contradicciones normales para un país que aún cuando es miembro de la OTAN mantenía sus reservas en los momentos en los que se iba madurando la intervención internacional en la que finalmente se ha desembocado. Además, los 11.000 millones de euros de volumen de comercio anual entre Turquía y Libia explicaba también la cautela inicial y sus recelos ante la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad.
 
En el momento de culminar este análisis la visibilidad turca es cada vez mayor en Libia, y también en Egipto, y el mesianismo islamista llevará al AKP a proyectar a Turquía en otros escenarios de revueltas (salvando una incomodidad estratégica como es Irán y capeando difícilmente el temporal con respecto a la vecina Siria). En Libia, ha pasado de apoyar asépticamente la aplicación de la zona de exclusión aérea y del control naval para evitar el tráfico de armas a solicitar al Coronel Gadaffi, el 7 de abril, que levante el sitio de las ciudades rebeldes y facilite negociaciones entre representantes del Gobierno libio y de los rebeldes. Junto a una cada vez más visible labor humanitaria,[15] mediando para liberar periodistas o evacuando heridos del este de Libia en barcos turcos, destacan los esfuerzos del Ministro de Asuntos Exteriores Davutoglu, intensos entre marzo y abril, para lograr un alto el fuego y diseñar una hoja de ruta. Egipto en términos de normalización política – y especialmente estimulante para los Hermanos Musulmanes - y Libia en términos de gestión y resolución de conflictos, ambos países norteafrianos ofrecen un escenario ideal para dar visibilidad a Turquía, que es islamista en su política exterior pero cuyo islamismo militante es hoy más visible, aunque algunos prefieran no destacarlo, en su frente interno.


 
 
Carlos Echeverría Jesús (Madrid, 26 de marzo de 1963) es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y responsable de la Sección Observatorio del Islam de la revista mensual War Heat Internacional. Ha trabajado en diversas organizaciones internacionales (UEO, UE y OTAN) y entre 2003 y 2004 fue Coordinador en España del Proyecto "Undestanding Terrorism" financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU a través del Institute for Defense Analysis (IDA). Como Analista del Grupo asume la dirección del área de Terrorismo Yihadista Salafista.
 
 
Notas


[1] Véanse las necrológicas de SANZ, Juan Carlos: “Necmettin Erbakan, ‘padre’ político de Erdogan” El País 28 febrero 2011, p. 44, y de TOPPER, Ilya U.: “Necmettin Erbakan. Padre del islamismo turco” El Mundo 28 febrero 2011, p. 20.
[2] Miles de turcos se manifestaban el año pasado ante la tumba de Mustafá Kemal en protesta por esta situación y el 16 de diciembre se iniciaba el proceso contra 196 militares ante el Juzgado Criminal nº 10 de Estambul. Véanse LÓPEZ, Blanca: “Miles de turcos protestan por la detención de 150 militares” El País 20 febrero 2010, p. 11, y LÓPEZ, B.: “Turquía sienta en el banquillo por golpismo a 200 militares” El País 17 diciembre 2010, p. 14.
[3] LÓPEZ ARANGÜENA, Blanca: “Erdogan suspende a tres generales turcos acusados de golpismo” El País 26 noviembre 2010, p. 8.
[4] ÜLGEN, Sinan: “Europe Must React to Turkey’s Vote” The Financial Times 13 septiembre 2010.
[5] TURGUT, Pelin: “The Turkish Imam and His Global Educational Mission” Time 26 enero 2010.
[6] La convocatoria de un “macrobotellón” de protesta a través de Facebook para el 29 de enero llevaba al Gobierno que anima las revueltas árabes a través de las redes sociales a bloquear Facebook en Turquía. Véase LÓPEZ, B.: “Los jóvenes turcos desafían la ley seca con un ‘macrobotellón’” El País 28 enero 2011, p. 8.
[7] El reputado experto en Turquía Hugh Pope califica a Erdogan de “devoto y exislamista”, epíteto este último que algunos cuestionamos tras contrastarlo con la experiencia. Véase su interesante artículo “El modelo turco” El País 28 marzo 2011, p. 29.
[8] RAMADÁN, Tariq: “La Turquía democrática es el modelo” El País 10 febrero 2011, p. 29.
[9] IRIARTE, Daniel: “Erdogan y los suyos creen conocer mejor a Irán, pero no es así” ABC 30 noviembre 2010, p. 30.
[10] DEDET, Joséphine: “États-Unis-Turquie. Espoirs déçus” La Revue nº 6, octubre 2010, p. 16.
[11] A ellas contestaba la Canciller Angela Merkel afirmando que para integrarse en Alemania hay que hablar la lengua del país. Véase “Choque entre Merkel y Erdogan” La Gaceta 2 marzo 2011, p. 35.
[12] Véase IRIARTE, D.: “La flotilla islamista que tramó Erdogan” ABC 5 junio 2010, pp. 26-27.
[13] SANZ, J. C.: “Turquía airea el éxito de su modelo” El País 4 marzo 2011, p. 11.
[14] LÓPEZ ARANGÜENA, B.: “Erdogan pide a Mubarak que escuche la voz del pueblo” El País 2 febrero 2011, p. 7.
[15] LÓPEZ, B. y MORA, Miguel: “Turquía negocia un alto el fuego entre el régimen de Gadafi y los rebeldes” El País 5 abril 2011, p. 5.