En paralelo a las declaraciones del Secretario de Estado Adjunto estadounidense, Philip J. Crowley, quien afirmaba el 29 de septiembre en Washington DC que el terrorismo yihadista activo en el Magreb y el Sahel es una amenaza “real” no sólo para los países de la zona sino para el mundo entero,
[1] un complejo documento de renuncia de un colectivo de cuadros del Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL) elaborado desde prisión parecía desmentir tal aseveración. Bueno será profundizar en qué puede haber de cierto en lo segundo, aún cuando lo primero nos parece más plausible no sólo por venir el supuesto apaciguamiento de quien viene, es decir, de terroristas yihadistas salafistas cuya credibilidad hay que poner siempre en duda pues entre sus tácticas siempre ha estado la ‘taqiya’ entendida como ocultación pero que alude a una pura y simple mentira, sino, también, porque como españoles que tan cerca tenemos la amenaza y la hemos sufrido en directo bajar la guardia podría ser fatal para nuestra seguridad.
El análisis de Philip J. Crowley en su contexto
Precisamente para el brazo derecho de la Secretaria de Estado Hillary R. Clinton lo determinante en este caso, es decir lo que hace aún más preocupante la amenaza terrorista en el Magreb y en el Sahel, es la fidelización de los grupos argelino y libio a Al Qaida, realizadas ambas en 2007, la del primero en enero y la del segundo en noviembre, esta última recogida en vídeo con el entonces líder del GICL Abu Laith Al Libi sentado al lado del número dos de la red, Ayman Al Zawahiri, en tan importante ceremonia.
[2] Crowley, un Coronel de la US Air Force que participó en la Segunda Guerra del Golfo (1991), considera que esta amenaza real debería llevar a los Estados magrebíes a superar de una vez sus diferencias y a aproximarse para hacer frente a este peligro compartido, una clara expresión de buenos deseos repetida hasta la saciedad y desde mucho tiempo antes en nuestra orilla del Atlántico.
Es significativo que tanto las declaraciones de Crowley como el documento que vamos a desmenuzar en el siguiente epígrafe se contextualicen en momentos en los que en Argelia sigue el goteo diario tanto de terroristas muertos en operaciones del Ejército y/o de los distintos cuerpos de seguridad como de soldados, policías o guardias comunales asesinados en emboscadas y escaramuzas, - y ello tras la emboscada contra una columna del Ejército en la región de Tipaza que costó la vida a catorce soldados el 29 de julio
[3] -, o en Francia eran detenidos dos ciudadanos franceses de origen argelino, uno de ellos adscrito a un centro de investigación nuclear radicado en Ginebra, acusados de tener vínculos con Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI), red en cuyo beneficio podría estar realizando el científico sus investigaciones.
[4] Si bien es cierto que AQMI tiene ahora menos visibilidad que hace unos meses, este verano ha mantenido su especial fijación por Mauritania - asesinó a un ciudadano estadounidense en junio y trató de atentar con un suicida contra la Embajada de Francia en agosto hiriendo a tres personas, acciones ambas cometidas en Nuakchott
[5] -, ha mantenido en tensión a las autoridades marroquíes,
[6] y sigue alimentándose ideológicamente de inputs como los que le procura desde Yemen el siniestro jeque Abdul Majeed Al Zindani, guía espiritual de Osama Bin Laden y predicador obsesionado con la recuperación de las tierras otrora fertilizadas por el Islam, con especial atención a España. Al Zindani, quien afirma que “Al Andalus fue en el pasado una de las piezas fundamentales de nuestra historia y por ello debemos recuperarla, sea como sea, de los infieles”, dirige espiritualmente el principal centro islámico yemení, la “Universidad Al Imam”, en Saná, donde estudian 6.000 alumnos procedentes de una cincuentena de países, pero en los años ochenta era catedrático de la “Universidad del Rey Abdul Aziz” en la ciudad saudí de Yeddah cuando estudiaba en ella Bin Laden.
Años después, en 2000, una “fatua” (decreto religioso) suya sirvió para animar y justificar el ataque suicida contra el destructor estadounidense “USS Cole” en del puerto de Adén, un atentado que, cometido en octubre de ese año, mató a 17 de sus tripulantes humillando de nuevo a los EEUU, de una forma equiparable a como lo hicieran otros yihadistas siete años antes en la capital somalí al derribar un helicóptero Black Hawk, asesinar a sus tripulantes y arrastrar sus restos mortales por las calles en un execrable acto televisado a todo el mundo. Palabras como las susodichas sobre España no son meros ejercicios teórico-religiosos que obviamente nos indignan; lo peor de todo es que son verdaderas órdenes para que la avanzadilla yihadista más próxima a nuestro país - los que están en tierras vecinas o los que ya están dentro y esperando inspiración - puedan actuar, cuando estén preparados para ello, contra los cristianos ocupantes.
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El input libio
Antes de entrar en el análisis del documento sobre el GICL es importante destacar que el mismo se inscribe en una larga lista de análisis recientes que abundan en el declive generalizado del terrorismo yihadista salafista de Al Qaida.
[8] Uno de los más visibles e impactantes inventariados hasta ahora fue el aparecido en 2007 y en el que el Dr. Fadl, antiguo miembro de la Yihad Islámica egipcia de Al Zawahiri, grupo terrorista que cuenta entre otras cosas en su haber con el asesinato del Presidente Anuar El Sadat en 1981, vertía agrias críticas contra el número dos de Al Qaida y hasta entonces estrecho camarada suyo. Frente a simplificaciones pueriles como las habituales del jeque saudí Muhammad Al-Munajid, quien sigue llamando a los musulmanes a realizar ataques suicidas contra sus enemigos estimulándoles con la descripción de la vida de placeres que les espera en el Paraíso
[9], una serie de pensadores musulmanes próximos al yihadismo salafista llevan de un tiempo a esta parte haciendo públicas sus reflexiones y debates contribuyendo, según los más optimistas, a erosionar eficazmente el hasta ahora sólido edificio ideológico de este terrorismo.
Tras otras refutaciones importantes la “Fundación Quilliam” hacía pública el pasado 2 de octubre la traducción del árabe de una nueva escrita por varios antiguos miembros del GICL que aún permanecen en prisión en el país magrebí.
[10] El primer punto de interés aquí es que estos autores ya habían sido considerados como desviados por Al Zawahiri antes de que se hiciera público este documento, pues no hay que olvidar que el pasado 9 de julio el GICL había hecho público un comunicado renunciando a su fidelización a Al Qaida de 2007 criticando las matanzas de civiles y las bombas indiscriminadas de la red.
[11] El egipcio y número dos de Al Qaida es precisamente el cuadro de la red que aparecía como testigo privilegiado en el vídeo que en el otoño de 2007 contenía la fidelización del GICL a la red de Bin Laden pocos meses después de que Abdelmalek Drukdel hubiera hecho lo mismo en nombre del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) argelino. Por otro lado, el hecho de que haya sido elaborado en las cárceles libias no deja de quitarle cierta credibilidad al documento, habida cuenta de lo que ello conlleva en términos de coacción asegurada por parte de las autoridades.
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Este documento está escrito por verdaderos salafistas - emuladores de las tres primeras generaciones de musulmanes que sucedieron en términos cronológicos al Profeta Mahoma en el siglo VII y que, estando considerados como los mejores creyentes, aparecen siempre como ejemplo a seguir (los compañeros, los sucesores y los sucesores de los sucesores) - que a lo largo de 400 páginas llegan a la conclusión que para algunos es determinante, y que seguramente es casi lo único que han leído del texto, en la que rechazan “el uso de la violencia para cambiar situaciones políticas”.
[13] Parece ser incluso que este documento y lo que aparentemente representa es el resultado de dos largos años de discusiones y negociaciones entre estos cuadros encarcelados, seis de los más importantes según se vierte en el texto, y la “Fundación Internacional Gaddafi para la Caridad y el Desarrollo”, ejercicio pues este de utilidad doble pues no sólo parece despejar los temores sobre la existencia de una oposición islamista radical fuerte en Libia sino que abona a la vez y aún más el terreno al hijo del Líder, Seif Al Islam, de cara a la sucesión de su padre al frente del país.
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La síntesis
En nueve capítulos los seis jeques del GICL se han preocupado, según el traductor, durante los dos años que han tardado en redactar el texto, de argumentar lo más posible sus afirmaciones aprendiendo de la experiencia previa del egipcio Dr. Fadl, quien fuera duramente contestado por Al Zawahiri utilizando para ello múltiples referencias a la forma y al fondo de su argumentación. Ello nos permite adentrarnos en un texto aparentemente sólido tanto en términos teológicos como estratégicos. De partida este documento es un duro golpe para el compañero de Bin Laden pues entre quienes lo firman están Abu Al Mundher Al Saidi, alguien a quien Al Zawahiri cita mucho, la última vez en un mensaje hecho público el pasado agosto, y Abdel Wahab Al Qayed, el hermano mayor del cuadro de AQMI y de la propia Al Qaida central Abu Yahya Al Libi, el alias de Muhammad Hasan Al Qayed. .Este último sucedió a Abu Laith Al Libi como líder del GICL al morir este en un bombardeo estadounidense a posiciones terroristas en la frontera afgano-paquistaní el 29 de enero de 2008. Abu Yahya Al Libi ha sido prolífico desde el principio a través de la red lanzando arengas y emitiendo análisis estratégicos sobre la situación de la guerra global contra sus enemigos: a título de ejemplo, el pasado 22 de enero aparecía en un vídeo llamando a todos los yihadistas del mundo a atacar las capitales europeas como represalia por la operación israelí “Plomo Fundido” en la franja de Gaza, y el 30 de abril invitaba a los paquistaníes a levantarse contra el Gobierno de Islamabad “que ayuda a los cruzados en el vecino Afganistán”.
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Pero estos líderes que ahora parecen haberse arrepentido son quienes animaron, o ellos mismos protagonizaron, las frecuentes acciones armadas que podemos inventariar en suelo libio a lo largo de los años noventa, incluyendo entre ellas intentos de asesinato de Muammar El Gaddafi, siendo la más sonada de ellas la que tuvo lugar en 1996. Ya antes, el 10 de marzo de 1994, está fechado el asesinato en las cercanías de Syrte de dos ciudadanos alemanes en el que habría participado el propio Bin Laden junto a otros dos terroristas y que justifica que Libia fuera el primer país en emitir una orden internacional de busca y captura a través de Interpol contra el líder de Al Qaida.
[16] Meses después, en junio de 1995, importantes incidentes estallaban en la ciudad oriental libia de Bengasi provocados por islamistas radicales y se repetían tres meses después, en septiembre, y su represión permitía al régimen lanzar un discurso conciliador al mundo - Libia estaba sometida a un embargo parcial decretado por el Consejo de Seguridad de la ONU desde 1992 acusada de implicación en los atentados aéreos de Lockerbie (1988) y Níger (1989) - afirmando ser la última trinchera contra el islamismo radical en el norte de África.
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Una de las aseveraciones más importantes que recoge el texto es la imposibilidad de emitir “fatuas” para todos aquellos que no reúnan las condiciones para ello, destacándose entre ellas el ser un jurista de acuerdo con lo que venerables Ulemas (doctores de la ley) han definido como tal.
[18] Lo mismo se hace al analizar el concepto de Da’wa, la llamada o la predicación del Islam (Capítulo 3), o el tan manido concepto de Yihad, del que se insiste en el Capítulo 4 que hay hasta trece grados o niveles del mismo. Se estipula por ejemplo que no se puede ir al Yihad, al guerrero se supone, sin la autorización de los padres o la de aquel a quien se debe dinero, y se prohíbe insultar a quienes no lo abrazan, algo que sí hacen Al Qaida y sus emuladores cuando hablan de la obligación de todo musulmán que se precie de abrazar el Yihad. Añade además una enumeración de aquellos a quienes no se puede matar en el Yihad guerrero - mujeres, niños, ancianos, monjes, embajadores y otros diplomáticos, comerciantes, etc. -, que bien parece una lista de víctimas de los sanguinarios Grupos Islámicos Armados (GIA) que sembraron el terror en Argelia en los noventa y parte de la década actual o también de las producidas más recientemente por yihadistas salafistas en escenarios como Irak, Afganistán o Pakistán, entre otros.
[19] En cualquier caso esta referencia es vaga pues habría que preguntarse si dicha prohibición de matar monjes se extiende a los de todas las religiones y en toda circunstancia, si los embajadores y otros diplomáticos no pueden ser asesinados en ninguna circunstancia, si se deja de considerar de forma firme y definitiva apóstatas a las esposas e hijos de policías y militares sirviendo a regímenes árabo-musulmanes, o si los comerciantes se salvan siempre aún cuando puedan colaborar con las autoridades, etc. Los flecos son tantos que podríamos seguir encontrándonos con situaciones abominables como aquellas en las que asesinos con el arma en la mano telefoneaban a Abu Qatada para preguntarle si podían degollar bebés o mujeres embarazadas en Argelia: recuérdese que, tras recibir la autorización “religiosa”, lo hacían sin remordimientos.
El texto nos parece más un intento de transmitir lo que algunos poco exigentes llevan tiempo esperando oír y leer, para poder con ello argumentar que hay un cisma entre los extremistas y que el debate interno acabará resolviendo el problema, y un ejercicio de legitimación interna libia destinado a reforzar el poder del clan de los Gaddarfa y la sucesión del Líder. También se quiere subrayar el papel de Libia como amable componedor y mostrarlo como un país estable que habría resuelto su problema interno de terrorismo. No hay que pasar por alto que el poder libio trata de despejar también con este texto los riesgos que se le plantean hoy y en un futuro próximo en términos de mantenimiento de la estabilidad interna, así como de garantizar una sucesión ordenada en un régimen que no siendo una monarquía se comporta como tal al vislumbrarse como futuro Presidente/Líder de la Jamahiriya (Estado de las Masas) uno de los hijos del Coronel Gaddafi.
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Animar a reputados líderes yihadistas salafistas del GICL y, en consecuencia, del Yihad global de Al Qaida, a rechazar el cambio de regímenes a través de la violencia acusando a sus dirigentes de apostasía no es sino despejar la amenaza que ha gravitado sobre el poder político de Gaddafi desde hace más de veinte años, y no querer ver esta prioridad absoluta es irresponsable. Los líderes encarcelados en las prisiones libias ofrecen la credibilidad de quienes han recibido presiones de todo tipo y es más que dudoso que su impacto se vaya a extender a los líderes libios del yihadismo salafista en la diáspora, desde hace años los únicos a tener verdaderamente en cuenta a la hora de hablar de yihadismo salafista en el país de Gaddafi.
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Oponerse a la maldad desde el corazón, sin violencia, dejando el papel coercitivo a las autoridades, insistir en que extremismos hay en todas las religiones, abogar por garantizar el orden y la estabilidad, rechazar la práctica tan habitual hoy de sentenciar a cualquier musulmán con el que se disiente acusándole de apostasía - recordemos que este es el peor pecado dentro del Islam - y otras cuestiones tan visibles hoy hacen del documento de las voces disonantes del GICL más un manifiesto de buenismo más superficial de lo que pretende que un instrumento eficaz de combate contra la ideología yihadista salafista que moviliza a terroristas y potenciales terroristas por doquier en el mundo. Frente a las bondades de las palabras la crudeza de los hechos, y para ilustrarlo en lo que al Magreb respecta y en clave de actualidad recordar los atentados sufridos en Argelia y Mauritania este verano, las arengas de Abu Yahia Al Libi desde Pakistán y, finalmente y por su cercanía a España, la sentencia a cadena perpetua contra Abdelkader Belliraj emitida el pasado 28 de julio junto a diversas penas contra los otros 33 miembros de su célula terrorista: planeaban atentados en Marruecos y robos en Europa, aderezado todo ello con tráfico de armas y de dinero sucio, contando Belliraj con antecedentes al haber cometido varios asesinatos en Bélgica en los años ochenta.
[22] Esta es la realidad y desdice de partida lo que algunas palabras bienintencionadas puedan ofrecer.