Libia se desmorona

por GEES, 17 de octubre de 2013

 Milicias, tribus, terroristas y delincuentes campan a sus anchas por suelo libio, y esto es particularmente preocupante para España. Han secuestrado durante algunas horas al primer ministro, Alí Zidán, el pasado día 10, cuando acababa de regresar de un viaje oficial a Marruecos; han asesinado a dieciséis soldados en Trípoli, días antes, y colocado explosivos en delegaciones diplomáticas de Suecia, Finlandia y Rusia en las últimas semanas...

Que los islamistas estuvieron desde el principio protagonizando la revuelta libia es hoy harto sabido y nadie lo discute, pero muchos nos lo discutían a quienes lo denunciábamos hace ya tres casi tres años, cuando aún las revueltas no habían comenzado pero el régimen de Gadafi dialogaba peligrosamente con los yihadistas, creyendo que así iba a domesticarlos. Es ilustrativo que hoy, para poder liberar al primer ministro de sus secuestradores islamistas, la figura clave haya sido el viceministro de Defensa, veterano de Afganistán y líder del Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL), la franquicia de Al Qaeda en el país, detenido por los EEUU tras el 11-S.
La captura de un importante terrorista de Al Qaeda, Abu Anas al Libi, realizada en Trípoli el pasado día 5 por un comando estadounidense, ha contribuido como era previsible a agitar las aguas, pues esos encarnizados opositores islamistas al Gobierno de Zidán acusan a éste de connivencia con la operación. En EEUU se espera a Al Libi para que sea juzgado en Nueva York por cargos de terrorismo, pues se le vincula con la organización de los atentados de Al Qaeda contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania (1998). Mientras tanto, en Libia los islamistas más radicalizados ya están pidiendo la cabeza de Zidán por su connivencia con Washington, y el peligro crece. Es por ello que los EEUU comienzan a mover a parte del medio millar de marines acuartelado en la base española de Morón de la Frontera. Según algunas fuentes, 200 de ellos han sido desplazados a base italiana de Sigonella, más cerca de Libia, por si se hiciera necesaria su intervención para proteger intereses estadounidenses.
En momentos en los que compañías energéticas occidentales como Shell o Exxon han retirado o reducido su personal, las milicias asesinan y secuestran, trafican con armas y drogas y amenazan vengar la captura de Al Libi. El sur de Libia es un erial donde reina la inseguridad. Cuando un Gobierno trufado de islamistas más o menos radicalizados como es el libio zozobra, es más oportuno que nunca acordarse de cuán irresponsable fue propiciar una primavera árabe en el país magrebí, pues no ha hecho sino generar caos, muerte y destrucción.