Libia. ¿quién será el próximo?

por Enrique Navarro, 4 de septiembre de 2011

Entre las diversas encuestas que circulan por Internet sobre qué país árabe será el siguiente en caer por el efecto dominó de las revueltas que comenzaron en Túnez hace unos meses, todas dan una mayoría a que el siguiente será Argelia. Y esto ya nos crearía un problema mayor que el que hemos ayudado a generar en Libia. El efecto político de las revueltas populares en los países árabes ha sido hasta ahora escaso. Una dictadura militar en Egipto; en Yemen, Siria y Bahrein, los regímenes en el poder se defienden a sangre y fuego; y Túnez espera convocar en unos meses una asamblea constituyente. O sea mucho ruido y pocas nueces, y no cabría esperar lo mismo del nuevo gobierno libio?

 
Según los diversos blogs marroquíes que se pueden seguir por Internet, parece que Marruecos está feliz de que el -según ellos- cofundador del frente Polisario caiga, y esperan que Argelia pague por la alianza tácita que ha venido manteniendo con el régimen del Coronel Gadafi y en la pinza estratégica que Libia y Argelia mantuvieron sobre Marruecos en los últimos cuarenta años.
 
De hecho Marruecos ha venido apoyando abiertamente a la CNT desde un inicio, lo ha reconocido, y aspira a que un nuevo gobierno se asiente lo antes posible en Libia. Como he venido señalando en otros artículos, Marruecos y Argelia están enfrascados en la mayor carrera de armamentos de la década, con grandes inversiones en nuevos equipos; y esto no ocurre sin una razón. Ahora tenemos en nuestro costado tres estados fuertemente armados, enfrentados y además ahora con un nuevo equilibrio estratégico y con un solo un actor jugando en todos los lados: Francia.
 
Ahora con la caída de Libia, Argelia queda aislada entre dos países aliados, y con un potencial militar que conjuntamente excede al del gobierno de Argel. Y debe recordarse el hecho de que la embajada de Argelia en Trípoli fue atacada por fuerzas de la CNT, mientras que Argelia todavía medita las consecuencias del reconocimiento, inevitable a estas alturas, del nuevo régimen en Libia.
 
A pesar de la caída de Trípoli, Gadafi todavía sigue a estas alturas en paradero desconocido, y cuenta con recursos para aguantar peleando por algunas semanas, aunque su derrota sea ya inevitable. Nadie en estos momentos le va a ofrecer su soporte, y mucho menos Argelia. Si tiene suficientes fuerzas, provocará una negociación que el “ grupo de amigos del petróleo libio” no desea bajo ningún concepto, y no en aras de la legalidad internacional sino para asegurar la estabilidad de las inversiones a largo plazo.
 
Pero miremos al futuro. Todavía no se han despejado las dudas sobre el nuevo gobierno en Libia, más allá de su voluntad de derrocar al dictador, poco sabemos de su orientación ideológica. Tendría gracia que nuestros aviones estén bombardeando el palacio de un presidente extranjero para que luego se instaure un régimen no democrático y que además perjudique nuestros intereses estratégicos. Todos sabemos que los primeros momentos de una revolución no son fáciles y que sus consecuencias no son previsibles; pero los primeros pasos no parecen muy positivos para los intereses de Occidente. Libia tiene recursos y es un país rico, como también lo es Irán. Y últimamente parece que estamos más cerca de un régimen rico en recursos aplicando la sharia y democrático al tipo iraní, que de un régimen democrático respetuoso con los derechos humanos. El tiempo dará la razón a unos u a otros.
 
A medio plazo, Argelia, cuyo régimen se ha resistido a las reformas que otros países han acometido, sean reales o ficticias, se encontrará en una situación de aislamiento regional y político, y esto no es bueno para nuestro mayor proveedor de recursos energéticos y aliado estratégico de España por esta misma razón. España debe estar alerta de los acontecimientos en el Norte de África ya que nuestro flanco sur se ha vuelto más inestable. El nuevo gobierno ya tiene un problema de estratégico que gestionar en nuestra frontera sur amenazando intereses nacionales vitales. ¡Por si teníamos poco con la crisis¡