¿Libertad duradera?

por Juan F. Carmona y Choussat, 19 de marzo de 2012

(Publicado en La Gaceta, 19 de marzo dde 2012)

Menos de un mes después del 11 de septiembre Bush lanzó la operación Libertad Duradera. Impediría que Al-Qaeda volviera a usar el escudo talibán de Afganistán. Pasaron 10 años y los últimos acontecimientos asustan. Primero unos presos escribieron en ejemplares del Corán desacralizando su contenido. Pero fue la quema de libros posterior de las autoridades la que sirvió de excusa para protestar. Acto seguido seis soldados americanos fueron asesinados por compañeros afganos. Por fin, un militar americano se levantó una madrugada y mató a 16 civiles, nueve niños, en un acto de locura. Para coronar la escalada, el secretario de Defensa fue recibido por un afgano dispuesto a atropellarlo en la pista de aterrizaje.

La guerra buena de Obama frente a la innecesaria de Irak se convirtió en pesadilla. Salvo que se recuerde que el incremento de tropas de 2009 consiguió pacificar Helmand y Kandahar. Que la mejora de las condiciones de vida de los afganos es incomparable a cualquier otro momento de su historia y que la retirada anunciada para 2014, con final de combates en 2013, podría hacer volver a los talibanes. Los mismos que dinamitaban estatuas de Budas o mataban a semejantes de barbas recortadas y que hoy humillan rompiendo las negociaciones. Aun así, los americanos se plantean acelerar el abandono y anunciarlo en la Cumbre de la OTAN en mayo.

Cuando todo haya pasado dos datos no variarán. En Irak había un tirano guerrero que amenazaba Occidente. En Afganistán radicales islámicos dedicados a exportar el terrorismo. Ya no. Relajar las presiones sobre los que odian Occidente es más cómodo, no expone la conciencia y mejora el insomnio, pero no trae la paz. Para que haya guerra, basta con que uno quiera, aunque no seamos nosotros.