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Gees.org Opinión La "paz de ETA" y el avance totalitario
La "paz de ETA" y el avance totalitario

La "paz de ETA" y el avance totalitario

por Óscar Elía Mañú, 04 de Noviembre de 2011

Publicado en Época de Intereconomía, domingo 31 de octubre 2011

Parece mentira cuánto hemos avanzado en pocos meses, dónde estábamos y dónde estamos (...) Ahora no hay ningún precipicio ante nuestros ojos”. La frase no es de las víctimas de ETA , sino de Batasuna. La sensación de victoria puede captarse con claridad en el entorno etarra, movimiento revolucionario y totalitario en sentido estricto: eso y no otra cosa es el Movimiento de Liberación Nacional Vasco. Y lleva razón Batasuna. Actualmente, el MLNV atesora cinco valiosos factores políticos que le proporcionan un poder novedoso.

El primero de ellos, y del que emanan en buena medida los demás, es la toma del poder o su presencia en las instituciones vascas y navarras. Lo que le ha proporcionado financiación económica, estructuras administrativas, información social y capacidad de influencia. Ha liberado recursos materiales y humanos, y ha permitido a la banda promover desde las instituciones cambios políticos que antes no estaban a su alcance: hoy impulsa desde las instituciones constitucionales el fin de las instituciones constitucionales.

En segundo lugar, avanza hacia un control novedoso de áreas territoriales enteras. La práctica totalidad de la provincia de Guipúzcoa está controlada localmente por Bildu, al igual que todo el norte de Álava, el noroeste de Navarra y municipios importantes de Vizcaya. Estratégicamente, esta posesión se traduce en los crecientes problemas que la Guardia Civil está teniendo para desarrollar su labor antiterrorista: Bildu ya propone liberar estas zonas de presencia policial, esto es, disfrutar de un control absoluto de ellas. Y en términos políticos, el control de los ayuntamientos se plasmará en la recuperación de Udalbiltza como germen de construcción nacional, basado en la apropiación de facto del territorio, arrebatándolo a la legalidad constitucional.

En tercer lugar, relacionado con el anterior, está la recuperación progresiva del control de la calle. Para un movimiento totalitario, es instrumento fundamental: desde 2007 y sobre todo 2011, la visibilidad proetarra se ha reforzado. Hoy se puede concluir que la izquierda abertzale está recuperando progresivamente el control callejero: a los homenajes a los presos de ETA se suman las amenazas y coacciones. La ostentación de fuerza y la movilización en la calle son demostraciones fácticas, al tiempo que toda una muestra de intenciones: levantar una Euskadi independiente y socialista combinando la calle y las instituciones.

En cuarto lugar, el proyecto totalitario de ETA ha logrado una legitimación ideológica histórica. En el País Vasco, se perfila como la única forma de nacionalismo eficaz, relegando al PNV. En términos nacionales, el Estado español ha reconocido a la banda terrorista como interlocutor válido durante todos estos años de negociación. Y en términos internacionales, la conferencia internacional celebrada a mediados de octubre en San Sebastián ha proporcionado a la banda el reconocimiento de personalidades y medios de comunicación de todo el mundo: un proyecto estrictamente totalitario y agresor ha pasado a normalizarse.

En quinto lugar, resulta ya evidente que la iniciativa política en el País Vasco pertenece a ETA. Partidos políticos y medios de comunicación esperan, con acobardado temor o con imprudente esperanza, el próximo movimiento de la banda, el próximo comunicado o la próxima declaración. Pocos dudan de que, muy probablemente en 2013, el movimiento totalitario abertzale tomará el poder en el País Vasco, y de que en 2015 podrá desestabilizar Navarra a su antojo. Es el único proyecto político nacional que genera entusiasmo entre los suyos y temor y desasosiego entre los demás, que presienten la tragedia a la puerta de sus casas.

Las cinco cosas –poder institucional, control territorial, legitimación ideológica e iniciativa política– constituyen los grandes activos de Bildu para expandir su proyecto totalitario por el País Vasco y Navarra y le dan una apariencia imponente. Sólo un elemento falta para completar el asalto totalitario: la capacidad de usar la fuerza. Pero esta siempre está en relación con el enemigo que, aunque los españoles lo olviden, siguen siendo ellos. Y ellos son aquí el problema. Los españoles son hoy reos de dos prejuicios ideológico-morales que hacen que la debilidad militar de ETA no suponga su derrota política, sino su victoria, y que auguran tiempos difíciles.

El primero tiene que ver con la relación entre fines y medios: los españoles han interiorizado que cualquier proyecto político es legítimo si se defiende sin usar la violencia. Lo cual es falso, por dos razones: la primera porque un proyecto totalitario defendido desde las instituciones  democráticas sigue siendo totalitario, y por tanto ilegítimo e inmoral. Y el de Bildu o Amaiur, lo es. Y segundo, y sobre todo, porque incluso esto es además una ficción: el totalitarismo usa las instituciones contra las instituciones, las erosiona, las debilita, y simplemente espera para dar el golpe definitivo y destruirlas. Nunca, jamás, podrá participar Amaiur en el juego parlamentario si no es para destruirlo.

El segundo tiene que ver con la errónea identificación entre apoyo social o mayoritario y legitimidad democrática o moral. Que ETA tenga un apoyo social nada despreciable, o que Amaiur consiga poner en marcha un movimiento de masas que logre la mayoría vasca no hace que el proyecto sea menos detestable y menos criminal: lo bueno o lo malo, lo moral o lo inmoral no se dilucida en la báscula de las mayorías. De hecho, son estas las que aceptan gustosas el yugo totalitario y lo hacen más temible y destructor. Y con más probabilidades de éxito.


 



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