La vigencia de la amenaza yihadista salafista en y desde el Magreb

por Carlos Echeverría Jesús, 21 de diciembre de 2007

Los dos atentados suicidas producidos el 11 de diciembre en el centro de Argel y la casi simultánea comunicación, de 14 de diciembre y distribuida por la productora yihadista “As-Sahab”, de Ayman Al Zawahiri en la que vuelve a amenazar a España, nos obligan a terminar el año manteniendo en alto la guardia frente a un terrorismo muy determinado y que ha hecho de 2007 y del Magreb un trágico escenario de su voluntad de provocar dolor.
En su habitual prosa florida el número dos de Al Qaida afirma: “Juramos por Dios que no abandonaremos las armas, no detendremos nuestra guerra santa, no renunciaremos a nuestras creencias, ni a Al Ándalus, Ceuta y Melilla por mil conferencias de Oslo, Annápolis, Londres o Salahadin que se celebren”. La primera parte de la sentencia tenía buen reflejo en las ensangrentadas calles de Argel y la segunda, que nos atañe directamente, debería reforzar nuestra unidad en torno a la idea de que hay que combatir a un terrorismo que es enemigo de España y de los españoles y que es enemigo también de nuestros legítimos deseos de paz reflejados en esfuerzos diplomáticos, políticos, económicos y militares en escenarios como Oriente Próximo y Medio o Afganistán.
 
Los atentados de Argel en perspectiva
 
Los dos atentados con coches cargados de explosivos y conducidos por suicidas se producían en el centro de Argel: uno frente al Tribunal Supremo y al Consejo Constitucional, y otro frente a un edificio que alberga a las representaciones de varias agencias especializadas de la Organización de Naciones Unidas (ONU). De hecho en el segundo ataque fallecieron 17 funcionarios y trabajadores  de la Organización - entre ellos al menos cuatro extranjeros. un danés, un senegalés y dos asiáticos - que trabajaban para el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), para el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y para el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Un buen resultado este último para Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI), que reivindicaba el atentado, porque ello hace aún más global su combate. Sobre el número total de muertos se especula aún una semana después: alcanzarían al menos 37 según fuentes oficiales y más de 60 según fuentes hospitalarias y de los medios de comunicación.
 
En su tradicional campaña mediática posterior a su esfuerzo letal AQMI presumía a través de Internet de sus “dos ataques mártires contra los cruzados y los apóstatas”, realizados según los terroristas por los suicidas Larbi Charef (alias Abdel Rahmane Abu Abdul Nasser Al Asssemi) e Ibrahim Abou Othmane (alias Rabah Bechla) que portarían en sus vehículos más de 800 kilogramos de explosivo cada uno. Larbi Charef, de 30 años y natural de Oued Ouchayeh, un arrabal de Argel del que también era originario uno de los suicidas que el pasado 11 de abril atacaron la sede del Primer Ministro, se había beneficiado en marzo de 2006 de la aplicación de la Carta Nacional para la Reconciliación tras haber estado dos años encarcelado en la prisión de El Harrach, en la capital. Había sido detenido en 2004 acusado de brindar apoyo logístico al Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), hoy AQMI. Desde entonces habría estado entrenándose en las montañas del este de Argelia, según unos, o en España según su padre. El otro suicida era Rabah Bechla, de 64 años, veterano terrorista originario de Reghaia, con dos hijos muertos en el bando de los yihadistas salafistas y enfermo terminal de cáncer, es un caso que rompe muchos moldes y que demuestra la flexibilidad del terrorismo yihadista salafista.
 
La dinámica posterior a los dos sangrientos atentados suicidas ha sido la de costumbre. Por un lado, las autoridades comenzaban a realizar las típicas declaraciones confusas que cualquier autoridad realiza tras carnicerías como esta. A destacar de entre todas ellas la siguiente: “se bajó la guardia y eso fue aprovechado por los grupos armados”, que son palabras nada menos que del Ministro del Interior argelino, Yazid Zerhouni, pronunciadas el 12 de diciembre. El problema es que ni explicó ni le preguntaron qué quería decir con tan inquietante frase. En cuanto a los analistas, nacionales y extranjeros, algunos centraban la “explicación” de al menos uno de los atentados en que se había producido frente al Consejo Constitucional, órgano encargado de legitimar los resultados de las recientes elecciones municipales o de avalar una modificación constitucional para que Abdelaziz Buteflika pueda optar a un tercer mandato presidencial. Junto a esta explicación “política” otros achacan los atentados a una venganza por la captura o la eliminación de hasta siete emires de AQMI próximos al líder del grupo, Abdelmalek Drukdel (alias Abu Musaab Abdel Oudoud) , en las últimas semanas. Uno de los detenidos, el 19 de noviembre pasado, es Bouderbala Fateh y se le intervinieron en el momento de su detención 800 kilogramos de explosivos, y entre los eliminados destaca el emir Hareg Zoheir, supuesto número dos de AQMI y muerto por las fuerzas de seguridad en la Cabilia a principios de octubre. Pero tanto quienes se decantan por la explicación “política” como quienes lo hacen por el deportivo mecanismo de respuesta a un ataque olvidan que AQMI ni tiene un calendario político en el marco de Argelia ni realiza venganzas entendidas como tales, ni mucho menos se mueve como si de un partido de fútbol se tratara, con ataques y defensas en un contexto reglamentario. También causa sorpresa que muchos medios se detengan en considerar la fatalidad de los días once, como si Al Qaida o su filial AQMI se movieran según criterios tan ridículos e invitando, como lo afirmaban dramáticamente algunos alumnos de la Facultad Central de Argel tras los atentados, a que a partir de ahora se hiciera necesario ocultarse el día once de cada mes dado el incremento exponencial de la amenaza de ataque terrorista en cualquier escenario ese día concreto. AQMI, como su imagen de marca Al Qaida y como cualquier terrorista yihadista salafista que se precie, tiene como único fin en su vida combatir hasta la victoria o el martirio, sabe que en el camino se pierde mucho pero no ceja en su empeño de combatir y ni se arruga ante los golpes recibidos ni intensifica más su combate porque sufra ofensivas. Esto es importante recordarlo porque si no algunos podrían caer en la tentación de creer que dejando tranquilos a los terroristas, o haciéndoles concesiones, estos van a calmarse y a apaciguarse Según dicha teoría, la eliminación de un emir regional de AQMI en la provincia de Skikda el pasado 16 de diciembre - cuya identidad no ha sido dada a conocer hasta el momento - debería de llevar de inmediato a un acto de venganza cuando en realidad acciones terroristas producidas por dicho grupo deben de esperarse en cualquier momento y lugar.
 
En realidad puede que algunos hayan bajado la guardia - y en Argelia se podría calificar de tal dejadez la amplísima amnistía de 2006 que se quiera reconocer o no ha dado oxígeno a los terroristas - pero el terrorismo está ahí para tratar de burlar nuestras vigilancias y de desdecir a los optimistas. Cuando empezamos a ser optimistas respecto a algunos escenarios de terrorismo este aparece en efecto para intentar desdecirnos: dos días después de los atentados de Argel, y en otro de los teatros de ese campo de batalla universal que es el mundo para los yihadistas, estos hacían estallar tres coches bomba en Irak, donde todos estamos diciendo que la situación comienza a mejorar, provocando en total una cincuentena de muerto: 42 en un primer balance en Amara, capital de la provincia de Maysan en la que estallaron dos de los coches, y 5 en Bagdad.

 
 
 
 
El plan de trabajo yihadista salafista para el nuevo año (cristiano) que comienza
 
Es triste comprobar de nuevo cómo entre los precipitados análisis que se hacen obligados en los medios tras ataques de esta envergadura se vuelva de nuevo a cometer irresponsabilidades desde el punto de vista del necesario rigor para combatir a un terrorismo que nos afecta a todos. Junto a rápidas revisiones de la historia inmediata de Argelia y del fenómeno terrorista en el país magrebí que aluden a vergüenzas propias - como el recordar, y esto sí es positivo en términos de catarsis, cómo el GSPC ganó en bríos gracias a los cinco millones de dólares obtenidos al negociar con el Gobierno alemán la liberación de 31 turistas occidentales secuestrados por el GSPC en el sur profundo argelino en 2003 - otros aluden a vergüenzas propias argelinas volviendo a la famosa interrupción del proceso electoral en enero de 1992, momento en el que mal que les pese a algunos se impidió que un movimiento/partido islamista radical, el Frente Islámico de Salvación (FIS), que preconizaba la destrucción del Estado republicano, llegara legalmente al poder. Tras esto algunos se permiten todo, incluyendo el afirmar que el Grupo Islámico Armado (GIA) negoció con el Estado y se transformó en un dócil componente, siempre islamista, del sistema político actual. En realidad quien sí negoció con el Estado, más concretamente con las Fuerzas Armadas, fue el Ejército Islámico de Salvación (EIS), brazo terrorista del FIS, que efectivamente se integró en el sistema beneficiándose de dos amnistías y algunos pocos de cuyos miembros más recalcitrantes acabaron en el GIA que, a su vez, dio origen al GSPC de la mano de Osama Bin Laden a principios de 1998. Volviendo a la cuestión de las manipulaciones y de la predisposición que en Occidente existe a autoalimentarse de clichés valga para ilustrar tal realidad la entrevista realizada por el diario El Mundo al antiguo número dos del FIS, Alí Belhadj, publicada al día siguiente de los atentados de Argel aquí analizados y en la que toda una cascada de elucubraciones, teorías conspiratorias y legitimaciones de la violencia de todo tipo llegan a un lector no necesariamente bien informado antes de leer tal pieza, aún impactado por tanta barbarie y que generalmente no desea sino encontrar posibles soluciones a tales actos de violencia extrema.[[1]]
 
Precisamente en su mensaje sonoro de 14 de diciembre, titulado “Annápolis: la traición” y de veinte minutos de duración, Al Zawahiri afirma que no cejarán en su empeño de dominar las tierras entre Asia Central y el Norte de África, ese complejo arco en el que España despliega sus esfuerzos en términos de contribución a la paz, relaciones político-diplomáticas, inversiones y comercio y vínculos culturales que no cabe sino reforzar frente a las bravatas de los terroristas. Como solemos decir antes, durante y después de la realización de tan execrables actos de terrorismo es importante aunar esfuerzos y no cometer errores, “no bajar la guardia” recuperando las palabras del Ministro del Interior argelino. La noticia procedente de Pakistán según la cual Rashid Rauf, sospechoso de ser una figura clave en el plan descubierto en agosto de 2006 para hacer caer al menos nueve aviones de pasajeros en la ruta entre el Reino Unido y los EEUU, se habría fugado el 16 de diciembre burlando a la nutrida escolta que le conducía de vuelta a la cárcel tras haber testificado en el juzgado que estudiaba su posible extradición al Reino Unido debe de inquietarnos. Efectivamente no sólo es noticia en el país asiático sino que debe de preocuparnos a todos pues con figuras como Rashid Rauf en libertad todos deberíamos de dormir más intranquilos, pero también debería de inquietarnos el que algunos aún no hayan aprendido la lección respecto a un terrorismo aún más cercano. En Argelia, atentados como los analizados no sirven para saldar viejas cuentas entre islamistas radicales y el Estado argelino sino que son actos de terrorismo puro y duro dirigidos contra todos nosotros.

 
 
Carlos Echeverría Jesús (Madrid, 26 de marzo de 1963) es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y responsable de la Sección Observatorio del Islam de la revista mensual War Heat Internacional. Ha trabajado en diversas organizaciones internacionales (UEO, UE y OTAN) y entre 2003 y 2004 fue Coordinador en España del Proyecto 'Undestanding Terrorism' financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU a través del Institute for Defense Analysis (IDA). Como Analista del Grupo asume la dirección del área de Terrorismo Yihadista Salafista.
 
 
Nota


[[i]]La entrevista, realizada por el periodista Alí Mrabet, lleva por título, recogiendo declaraciones del propio Alí Belhadj, la confusa frase “En el FIS pedimos que haya una solución política a esta crisis” El Mundo 12 diciembre 2007, p. 30