La vigencia, aunque decreciente, del terrorismo suicida en el Magreb

por Carlos Echeverría Jesús, 22 de octubre de 2010

 

El atentado suicida contra la Gendarmería Nacional en Tizi Uzu, capital de la Gran Cabilia argelina, el 25 de julio, que provocó un muerto y varios heridos entre los gendarmes, y el frustrado realizado el 25 de agosto en Nema contra un acuartelamiento de dicha localidad oriental de Mauritania, nos traen de nuevo a colación tras un paréntesis de calma de casi un año, a un fenómeno como es el terrorismo suicida en el Magreb que alcanzó su cenit en los años 2007 y 2008 y que encierra una historia curiosa, útil entre otras cosas para conocer mejor este instrumento terrorista incluso a escala global.
 
Los orígenes del posterior desarrollo en el Magreb o de la mano de magrebíes de la práctica del terrorismo suicida
 
Partimos considerando que en nuestro análisis incorporaremos tanto los atentados suicidas ejecutados como los frustrados, y comprobaremos que como escenarios de dicha práctica nos concentraremos en tres de los Estados magrebíes – Argelia, sobre todo, pero también Marruecos y Túnez – aunque sin desdeñar a los dos países del Magreb periférico, Libia y Mauritania, pues ambos bien han aportado suicidas en escenarios de combate yihadista salafista, dentro y fuera de esta subregión africana, o bien se erigen en los últimos tiempos en escenario en el que se intenta tan abyecta práctica.
 
En Argelia se ubica en efecto el motor de arranque de la práctica del terrorismo suicida en el Magreb. Fue allí donde el 26 de diciembre de 1994 cuatro terroristas del Grupo Islámico Armado (GIA) secuestraban un Airbus 300 de la compañía Air France en el Aeropuerto “Houari Bumediane” de la capital argelina con la intención de volar hasta París y de estrellar allí el aparato provocando el mayor número posible de víctimas en un atentado no exento de simbolismo. Afortunadamente los terroristas no tenían conocimientos, ni siquiera básicos, de navegación aérea, y por ello pudieron ser engañados por las autoridades francesas, obligados a aterrizar en el Aeropuerto de Marsella y, allí, una operación del Grupo de Intervención de la Gendarmería Nacional francesa, el renombrado GIGN, acabó afortunadamente con sus sueños suicidas. La lección aprendida por el terrorismo yihadista salafista que por aquellas fechas comenzaba a tener ambiciones globales fue que, en adelante, habría que estar lo mejor preparado posible para evitar que, por el desconocimiento de ciertas técnicas, una acción pudiera verse abortada: los terroristas del 11-S sabían pilotar aviones gracias en buena medida a los antecedentes del ataque frustrado del GIA casi una década atrás.
 
Pero un año después de este fallido arranque de la práctica potencialmente suicida esta sí llegó hasta el final y lo hizo en tierras argelinas: un terrorista al volante de un camión repleto de explosivos se lanzaba contra la sede de la Comisaría Central de la Policía argelina, en el bulevar Coronel Amirouche, en el centro de Argel, y producía una cincuentena de víctimas emulando, entre otros, a los terroristas del Partido de Dios libanés (Hizbollah) que en 1983 habían cometido, de la misma manera, sendas carnicerías entre los Marines estadounidenses y los Paracaidistas franceses en sus acuartelamientos de Beirut, donde estaban desplegados en el marco de la Multinational Force (MNF), una coalición militar internacional “ad hoc” desplegada en el contexto de la cruenta Guerra Civil libanesa para proteger a súbditos extranjeros. Esta luctuosa acción del GIA sería reivindicada desde su incomprensible santuario de refugiado en Washington DC por Anouar Haddam, cabecilla del Frente Islámico de Salvación (FIS), partido político/movimiento terrorista ilegalizado desde 1992, cuando la interrupción del proceso electoral en Argelia impidió que los terroristas llegaran al poder ocultos en una carcasa política en el marco de un caótico proceso de apertura democrática repleto en la época de enormes irregularidades e irresponsabilidades.
 
Sobre este atentado de Argel no se ha escrito mucho, y costó incluso algún tiempo que se reconociera como tal acción suicida, pero a nuestros efectos es importante destacar dos cosas: por un lado, que supone el precedente por antonomasia en el estudio de un terrorismo suicida que años después iba a escribir sangrientas páginas en suelo magrebí, y, por otro lado, que fue contemporáneo de acciones terroristas también suicidas que en el escenario de Oriente Próximo y de la mano del Movimiento de Resistencia Islámica palestino (Hamas), que seguía la estela de Hizbollah, iban a contribuir a dar al traste con los loables esfuerzos de paz desplegados en la época en la región.
 
Entre el atentado de Argel y el siguiente atentado suicida, que se produciría en abril de 2002 contra la venerada Sinagoga de La Ghriba, en la tunecina isla de Yerba, se estaba produciendo fuera del Magreb, en el contexto global de la progresiva maduración y el crecimiento exponencial del terrorismo yihadista salafista de la mano de la red Al Qaida, una aproximación táctica a la utilización del suicida como herramienta de acción. Dos referencias merecen ser destacadas, en particular por el impacto que en su momento tuvieron y por la referencia que aún representan.
 
En términos cronológicos hemos de destacar en primer lugar el ataque producido en octubre de 2000 contra el buque de la Marina estadounidense ‘USS Cole’, parcialmente destruido por la explosión en su costado de una barcaza repleta de explosivos lanzada por un suicida, que provocó además la muerte de 17 tripulantes. El barco se encontraba en el interior del puerto de Adén, en Yemen, y la acción terrorista marca el arranque de una fijación por los atentados en medio marino que en lo que al Magreb respecta están ahí como referencia ante una de las posibles vulnerabilidades que afectan a los cinco Estados de la subregión, todos ellos con fachada marítima. La segunda fecha a destacar no es otra que el fatídico 11 de septiembre de 2001, cuando cuatro aviones de línea fueron utilizados como armas por unos terroristas suicidas dirigidos por Al Qaida que provocaron casi 3.000 muertos en los escenarios de Nueva York, Washington DC, y la campiña de Pittsburgh, y que con su execrable acción cambiaron incluso el rumbo político y de seguridad del mundo. Aunque ambas referencias son incorporadas a nuestro análisis en términos de contextualización, es preciso destacar un aspecto importante que nos acerca, y mucho, al Magreb. Aunque casi todos los suicidas que actuaron el 11-S eran saudíes, es importante destacar que un número importante de magrebíes, la mayoría argelinos y marroquíes, participaron en los preparativos de los mismos, en especial en suelo europeo, y que un ciudadano marroquí, Zacarías Mussaoui, fue la primera persona que pasó ante la Justicia estadounidense acusado de ser un piloto frustrado de dichos ataques.
 
Por otro lado, y en clave de terrorismo suicida, cabe destacarse también que dos ciudadanos tunecinos, Darim Touzani y Kacem Bakkali, murieron como suicidas el 9 de septiembre de 2001 en Dushambé, la capital de Tayikistán, asesinando al líder de la Alianza del Norte afgana, al mítico comandante Ahmed Shah Massoud, más conocido como “el León del Panshir”, el peor enemigo del régimen de los Talibán del Mullah Muhammad Omar. Osama Bin Laden conseguía que, con esta acción cometida por dos tunecinos que se hicieron pasar por periodistas y que ocultaron el explosivo en la cámara de televisión que portaban, la alianza con el líder del Emirato Islámico de Afganistán se hiciera aún más firme, sobre todo ante lo que se avecinada tan sólo dos días después.
 
Vemos pues cómo, cuando el mundo se había dado de bruces con una luctuosa práctica terrorista que desde una década antes golpeaba en Israel y desde dos décadas atrás lo había hecho en Líbano, en el lejano Magreb, en el extremo occidente del mundo islámico, había ya unos antecedentes que hacían que los atentados suicidas que se iban a dar en la década actual no arrancaran de cero.
 
El creciente uso del terrorismo suicida estimulado por la red Al Qaida
 
La rápida emergencia del terrorismo suicida que vamos a inventariar en el Magreb a continuación tuvo su arranque en Túnez (2002) y en Marruecos (2003 y luego 2007), para concentrarse luego en Argelia (desde 2007 hasta la actualidad) y buscar escenarios periféricos tanto en Mauritania (2010) como, y esto es importante, de la mano de ciudadanos magrebíes desplazados fuera de la subregión, en suelo europeo o en el lejano Irak.
 
En abril de 2002 un joven tunecino, Nizar Naouar, mataba a 22 personas al volante de un camión repleto de explosivos que lanzaba contra la antigua Sinagoga de La Ghriba, un venerado lugar de peregrinación de los judíos del norte de África y de otras latitudes, situado en la isla de Yerba y que por ello es también destino habitual de numerosos turistas. Precisamente cabe señalar que de los 22 muertos 14 de ellos eran turistas alemanes. Este atentado suicida, directamente organizado por Al Qaida, fue financiado en buena medida desde España de la mano de un hombre de negocios valenciano que después sería detenido, procesado y condenado por ello.
 
Pero esta acción suicida no debe considerarse como algo aislado hasta que un año después, en mayo de 2003, llegaran los atentados suicidas que en la capital financiera de Marruecos, en Casablanca, provocaron la muerte de 45 personas, sino que se produjo en el marco de otros intentos de atentados suicidas planeados para ser ejecutados en el Magreb u organizados por magrebíes en escenario más lejanos. Tras la experiencia frustrada del “terrorista del milenio” en suelo estadounidense, cuando un argelino que entró en suelo estadounidense desde Canadá en 1999 pretendía inaugurar el nuevo Milenio con una gran carnicería terrorista en la que él sería el suicida, es destacable que en septiembre de 2001 las fuerzas de seguridad españolas y francesas detuvieron a un grupo de terroristas argelinos pertenecientes a la red de Djamel Beghal, del GIA, evitando con ello que avanzaran en sus planes de atentar con suicidas contra, entre otros objetivos, la Embajada de los EEUU en París o la Base Militar estadounidense de Kleine Brogel, en Bélgica.
 
Por otro lado, entre mayo y junio de 2002, cuatro ciudadanos marroquíes y tres saudíes habían sido detenidos en Marruecos acusados de preparar atentados contra buques de los EEUU y del Reino Unido en tránsito por la zona del Estrecho de Gibraltar en el marco de la Operación antiterrorista de la OTAN en el Mediterráneo conocida como “Active Endeavour” (Esfuerzo Activo). Esta accción terrorista frustrada, planificada por Al Qaida, hubiera seguido de haberse producido la estela del sangriento precedente del ‘USS Cole’ en el puerto de Adén, con la imagen de marca de la red de Bin Laden.
 
Nuestra siguiente parada en nuestro recorrido por los atentados suicidas en el Magreb nos lleva a Casablanca, donde el 16 de mayo de 2003 un grupo de doce terroristas suicidas provocaban la muerte de 45 personas en atentados sincronizados dirigidos contra una gran variedad de objetivos, entre ellos el restaurante de la Casa de España que fue donde se produjo el mayor número de víctimas. Esta acción fue reivindicada por la célula “Al Sira Al Mustaqim” (El camino correcto), perteneciente a red yihadista salafista marroquí Jihadiya Salafiyya. Todos los suicidas procedían de un modesto barrio de la ciudad, Sidi Moumen, aunque ello en ningún caso debe de llevarnos a asociar terrorismo yihadista con pobreza o con falta de perspectivas, ni aquí ni en ningún otro escenario de actuación terrorista yihadista salafista.
 
La matanza de Casablanca produjo un profundo impacto en la sociedad marroquí y en sus autoridades, acostumbradas como habían estado hasta entonces a considerar que el fenómeno del terrorismo yihadista a estas escalas era algo propio de la vecina Argelia pero no del tranquilo y estable Reino alauita. Es por ello que las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia marroquíes se aplicaron y mucho, y en las semanas posteriores procedieron a detener a miles de personas en los círculos islamistas. Un botón de muestra de las detenciones fueron las hermanas Sanae e Imane Laghriss, quienes serían condenadas por un tribunal de Casablanca en 2004 acusadas de pretender convertirse en suicidas, siendo luego liberadas en 2005 por la gracia real tras arrepentirse formalmente de sus actos.
 
Volviendo de nuevo la mirada fuera del Magreb, en la época aquí tratada nos encontraremos con dos hitos a destacar. Por un lado, cuando ya llamaba la atención el número de terroristas magrebíes que comenzaban a hacerse visibles en Irak cometiendo atentados suicidas y no suicidas, sobresalía en 2003 el caso de Bellil Belkacem, un argelino residente en España que murió como suicida en Nasiriya atacando un acuartelamiento italiano y matando a 28 personas. Por otro lado, destaca sin duda alguna la matanza producida en Madrid el 11 de marzo de 2004, cuando terroristas yihadistas asesinaban a 191 personas en varios ataques a trenes de cercanías. Semanas después, el 3 de abril, siete de los autores de dichos atentados morían como suicidas provocando la muerte de un subinspector del Grupo Especial de Operaciones (GEO) del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) cuando se intentaba detener a los terroristas en un piso de Leganés. De estos terroristas, salvo un argelino y un tunecino, los demás eran todos ciudadanos marroquíes o hispano-marroquíes. También en marzo de 2004 y también en Europa se producía en esos momentos un intento de atentado suicida protagonizado por el marroquí Mustafá Chaouki, quien trató sin éxito de hacerse estallar en un restaurante MacDonalds de la localidad italiana de Brescia.
 
Pero sería años después, en la primavera de 2007, cuando Casablanca y Argel pasarían a convertirse en escenarios prioritarios del terrorismo suicida, y ello en paralelo al proceso de fidelización de los grupos magrebíes a Al Qaida, y en particular del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) argelino, algo que llevó de inmediato a una intensificación de los atentados de todo tipo. Tanto el GSPC como el Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM) nacieron en 1998, en el marco de la invitación del terrorismo yihadista salafista global de Al Qaida a dinamizar los frentes regionales de combate con la creación del Frente Islámico Mundial contra Cruzados y Judíos.
 
La fidelización formal del GSPC a Al Qaida realizada en febrero de 2007 se plasmaría también en la creación de Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico o Al Qaida en el Magreb Islámico (AQMI), y se había venido reflejando en toda una serie de ataques terroristas cada vez más marcados por el estilo de Al Qaida. Desde los realizados con camiones bomba contra comisarías en los alrededores de Argel, en noviembre de 2006, hasta el ataque contra empleados de la firma estadounidense ‘Halliburton’ también en las inmediaciones de la capital argelina, en diciembre, o el intento de atentado contra empleados de una compañía rusa también en Argelia, en febrero de 2007, todos ellos vistos en perspectiva constituían una plasmación de la estrategia de Al Qaida que se haría al poco tiempo aún más evidente al comenzar a producirse atentados suicidas.
 
El 10 de abril de 2007 cuatro suicidas actuaban provocando el pánico en las calles de Casablanca: su escasa eficacia hizo que no lograran matar más que a un comisario de policía, pero también provocaron heridas a muchas personas y, sobre todo, mostraron que, como en el 16-M cuatro años antes y en idéntico escenario, existían aún individuos dispuestos al martirio. Ya el 11 de marzo de ese mismo año otro suicida, Abdelfetah Raydi, se había hecho estallar en un café con servicio de Internet en Casablanca cuando el dueño del local le descubrió manipulando propaganda yihadista. Donde sí se mostrarían eficaces, y mucho, los terroristas suicidas sería en la vecina Argelia pues al día siguiente comenzaron una intensa y sangrienta campaña.
 
El 11 de abril sería día especialmente luctuoso en Argel pues tres suicidas provocaban aquí una matanza, 33 muertos y más de 200 heridos, en un ataque sincronizado que incluyó la sede del Primer Ministro y que fue reivindicado con un vídeo de las acciones firmado por AQMI, todo un paso clave en el desarrollo de la propaganda terrorista que cada vez se hacía más similar a la campaña desarrollada por Al Qaida en otros escenarios emblemáticos como Irak, Afganistán o Pakistán.
 
Los meses posteriores hasta terminar 2007 serían especialmente duros en Argelia en términos de terrorismo suicida mientras que en Marruecos se sufrió el último intento de atentado suicida ocurrido en su suelo hasta la actualidad. El 11 de julio eran asesinados 11 militares al hacerse estallar un suicida junto a ellos en Lakhdaria. El 8 de septiembre un joven de 15 años, Nabil Belkacem - pero quien se hacía llamar como alias Abu Mussab Al Zarqaui para rememorar al carnicero jordano que actuara años antes en Irak -, mataba a 30 miembros de la Marina argelina al penetrar con un vehículo cargado de explosivos en su acuartelamiento en Dellys. El 6 de septiembre un suicida se hacía estallar en Batna matando a 22 personas; su intención era asesinar al Presidente Abdelaziz Buteflika, de visita en la ciudad, pero precipitó la deflagración al verse descubierto. Finalmente, el 11 de diciembre tres suicidas que atacaron simultáneamente en tres objetivos situados en la capital mataron a 41 personas, 17 de ellas funcionarios de agencias especializadas de la ONU. La utilización de jóvenes, la búsqueda de objetivos entre funcionarios de la ONU, la rememoración de Al Zarqaui, la utilización de gran cantidad de explosivo (unos 800 kilogramos de media por suicida) y su activación con mecanismos muy sofisticados, la propaganda de alta calidad para reivindicar los ataques y, en suma, la utilización masiva de los ataques suicidas eran, todas ellas, características de la estrategia de Al Qaida que tenía así en el Magreb un escenario privilegiado de redespliegue.
 
Más sofisticado en Argelia que en Marruecos ello puede deberse a la propia dinámica terrorista, que siempre ha sido mucho más intensa en el primer que en el segundo país, así como a la masificación de las detenciones en Marruecos que habrían impedido a los aprendices de terroristas encontrar el tiempo y el lugar para asimilar las técnicas y para poder llevarlas luego a la práctica. Ello ha llevado entre otras cosas a que marroquíes hayan destacado actuando fuera de Marruecos y a que las muy pobladas de yihadistas prisiones marroquíes hayan sido lugares de proselitismo y de activación de redes radicalizadas muy importantes. El último atentado suicida producido en Marruecos fue el intentado por el ingeniero Hicham Dukkali en la ciudad de Meknes el 13 de agosto de 2007: la pericia del conductor del autobús de turistas al que quería acceder para hacerse estallar en su interior evitó la tragedia, y al final fue el terrorista el que sufrió las heridas más graves. En cuanto a la actuación fuera de Marruecos de otros suicidas o potenciales suicidas cabe destacarse aquí el caso del franco-marroquí Moulay Abel Samad Larifi, detenido por los Mossos d’Esquadra el 7 de octubre de 2007 cuando entraba en suelo español procedente de Francia con la intención de convertirse en un suicida en Barcelona, tal y como se deducía de materiales explosivos y otras evidencias que transportaba en su vehículo.
 
Medidas de gracia y otras circunstancias afectando al terrorismo suicida: algunas lecciones aprendidas
 
Aparte de las susodichas características definidoras de los atentados suicidas producidos en el Magreb, que tuvieron su epicentro más sangriento en el año 2007, el inmediato con respecto a la fidelización del GSPC – y también del Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL) a Al Qaida -, hay otra que conviene destacar por las consecuencias que de ella podamos extraer hoy, en unos momentos en los que las medidas de gracia se prodigan por todo el orbe islámico favoreciendo a los reos yihadistas salafistas.
 
Algunos de los suicidas que actuaron en 2007 y otros de los que lo harían en los años posteriores habían pasado por prisión y habían salido de ella gracias a la aplicación de amnistías. Para el caso de Argelia fue la aplicación de la Carta para la Reconciliación Nacional mientras que para Marruecos fueron las gracias reales que suele conceder el Monarca marroquí en fechas especiales, o bien para agradecer momentos concretos como fue el nacimiento de su heredero u otros. En Marruecos el suicida del café de Casablanca Abdelfetah Raydi había sido liberado por una de esas medidas de gracia tras haber pasado algunos años en prisión, tras entrar en ella con las detenciones posteriores al 16-M de Casablanca. En Argelia Larbi Charef, uno de los tres suicidas que actuaron el 11 de julio de 2007 en Lakhdaria, había estado dos años en prisión y fue liberado en aplicación de la Carta de Reconciliación. Estos son sólo dos ejemplos, y significativos, que repiten experiencias que se han dado en otros escenarios como Irak, Yemen, Arabia Saudí o Afganistán, o que también se han verificado con antiguos reos de la prisión de Guantánamo. Para todos ellos la cárcel sólo sirvió para afianzar su radicalización, y las medidas de gracia, pensadas por las autoridades para lograr el apaciguamiento, no fueron sino la fórmula que facilitó su rápida y, en ocasiones muy eficaz, vuelta al campo de batalla.
 
Siguiendo con el estudio de algunas características de los terroristas suicidas que han actuado en el Magreb o de magrebíes haciéndolo fuera de la subregión destacamos la figura de Ibrahim Abu Othmane (alias Rabah Bechla), un terrorista de 64 años cuyos dos hijos habían muerto antes que él también como terroristas y que actuó el 11 de julio en la localidad argelina de Lakhdaria: el hecho de que sufriera una enfermedad terminal en el momento de buscar el martirio evoca una cuestión de actualidad como es el llamamiento de los terroristas somalíes de Al Shabab, en septiembre de 2010, para que todos los enfermos de SIDA saquen partido a sus vidas y se conviertan en suicidas para no morir inútilmente.
 
El año 2008 fue aún intenso en atentados suicidas sufridos en suelo argelino y nos aporta múltiples pistas para enriquecer nuestro estudio sobre los elementos identificadores del terrorismo suicida en el Magreb. El 22 de enero un suicida mataba a cuatro policías al atacar una comisaría en Naciria, en la región de Bumerdés, y AQMI asumía este atentado enviando al poco tiempo un vídeo de alta calidad con su ejecución al canal de televisión Al Arabiya. Una semana después, el 29 de enero, una mujer se convertía en la primera suicida femenina, y hasta ahora la única, en el Magreb, matando a 10 personas en un ataque en la localidad también argelina de Thenia. Con ello esta subregión tenía ya entre las filas de los terroristas yihadistas salafistas suicidas a una mujer como antes ocurriera en escenarios como Jordania, la región rusa de Chechenia o Irak. Meses después, en agosto, se iba a producir una importante concentración de atentados suicidas que llevó a Argelia a recrear de nuevo las dantescas imágenes vividas en 2007: el 10 de agosto un suicida atacaba un Cuartel de la Gendarmería Nacional en Zemmuri matando a 8 agentes e hiriendo a 20; el 19 de agosto el objetivo era la Academia de la Gendarmería Nacional y el ataque provocaba 43 muertos, superando el número de víctimas de los ataques simultáneos provocados el 11 de diciembre de 2007 en Argel pero sin alcanzar aún al lejano ataque de 1995 en el centro de Argel que sigue siendo, a día de hoy, la peor matanza provocada por un suicida en el Magreb; y el 20 de agosto dos suicidas provocaban 11 muertos en Bouira en dos ataques, uno contra un complejo militar y otro contra un autobús transportando trabajadores de la compañía canadiense “Lavin”.
 
Es significativo destacar que de estos dos últimos suicidas que actuaron en Bouira, uno de ellos era mauritano y no argelino, reproduciendo de nuevo las fórmulas de Al Qaida que utiliza a terroristas de diversas nacionalidades en lo que es la puesta en práctica de su campo de batalla universal. Identificado como Abu Zeinab Al Mauritani este no fue el único terrorista magrebí muerto como suicida fuera de su país en ese año: el 8 de octubre de 2008 el marroquí Abu Qaswara moría como suicida en la localidad iraquí de Mosul cuando, en el marco de un enfrentamiento armado con militares estadounidenses, hizo estallar su chaleco lleno de explosivos. Abu Qaswara estaba considerado además como el número dos del grupo terrorista Al Qaida en Irak en el momento de su muerte.
 
Los años 2009 y 2010 no nos ofrecen ya, afortunadamente, la posibilidad de inventariar tantos atentados suicidas como los producidos en 2007 y 2008 pero sí sirven para confirmar que la voluntad terrorista de seguir actuando a través de esta fórmula de combate permanece intacta. Además, la proliferación de atentados suicidas en otros escenarios del Yihad global como son, en la actualidad, no sólo Pakistán sino también el Transcáucaso ruso o Somalia les sigue y les seguirá animando a ello. El 12 de octubre de 2009 un suicida libio, Mohamed Game, se hacía estallar con escaso éxito – sólo consiguió provocar heridas al centinela – ante el cuartel de Santa Bárbara de San Siro, en Milán. Aunque otros individuos también de origen libio serían detenidos poco después por la policía italiana el caso de Mohamed Game como el de Moulay Abel Samad Larifi, detenido por los Mossos d’Esquadra en Barcelona, en octubre de 2007, o el anterior de Mustafá Chaouki detenido en Brescia en marzo de 2004 nos traen a colación la figura de los denominados “lobos solitarios”, una estremecedora posibilidad de sufrir el terrorismo yihadista en el futuro ante la creciente eficacia de las fuerzas de seguridad y de los servicios de inteligencia para conseguir dificultar al máximo, al menos en suelo europeo y magrebí en los últimos tiempos, que las redes que hace poco tiempo han posibilitado el uso frecuente y eficaz del terrorismo suicida sigan haciéndolo.
 
No obstante es preciso no caer en el triunfalismo pues dos casos muy recientes de atentados suicidas en el Magreb, a los que aludíamos al comienzo del presente análisis, nos muestran que la voluntad de realizarlos permanece intacta en el seno de AQMI: el 25 de julio un miembro de la Gendarmería Nacional argelina era asesinado y otros heridos en Tizi Uzu por un suicida al volante de un vehículo cargado con explosivos lanzado contra ellos, y el 25 de agosto militares mauritanos conseguían eliminar al conductor que trataba de introducir también un vehículo cargado de explosivos en un acuartelamiento en Nema, en el este del país. Demasiado cercanos en el tiempo y demasiado parecidos a otros atentados que en otras ocasiones sí se llevaron hasta el final con éxito para los terroristas como para considerar que la amenaza está controlada.


 

 
 
Carlos Echeverría Jesús (Madrid, 26 de marzo de 1963) es Profesor de Relaciones Internacionales de la UNED y responsable de la Sección Observatorio del Islam de la revista mensual War Heat Internacional. Ha trabajado en diversas organizaciones internacionales (UEO, UE y OTAN) y entre 2003 y 2004 fue Coordinador en España del Proyecto "Undestanding Terrorism" financiado por el Departamento de Defensa de los EEUU a través del Institute for Defense Analysis (IDA). Como Analista del Grupo asume la dirección del área de Terrorismo Yihadista Salafista.