La transición de Uribe a Santos

por Pedro Fernández Barbadillo, 24 de diciembre de 2010

 

En 2010, Colombia ha dado un ejemplo al resto de Hispanoamérica sobre el respeto de las Constitución y el deseo de paz de sus ciudadanos. La Corte Constitucional se pronunció en contra de un referéndum para reformar la Constitución y permitir un tercer mandato de Álvaro Uribe, elegido en 2002 y reelegido en  2006. Uribe aceptó la sentencia y hasta se abstuvo de hacer campaña a favor de su sucesor. Éste, Juan Manuel Santos sacó nueve millones de votos en las elecciones presidenciales, el número más alto obtenido nunca por un presidente colombiano. 
 
Uribe ha entregado a Santos una Colombia respetada, lejos ya del Estado asediado por los cárteles de la droga, los terroristas de extrema izquierda y las bandas de delincuentes. La política de Uribe, que él definió de Seguridad Democrática ha sido un éxito. Y la victoria de Santos se debe a que él, como ministro de Defensa, dirigió los golpes más duros a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Santos recibió la banda presidencial el 7 de agosto; por tanto, en unos días se cumplirán los primeros seis meses de su mandato de cuatro años.
 
En este medio año, Santos se ha presentado como un gobernante de carácter distinto a Uribe. Éste era hiperactivo y se encargaba personalmente de todos los asuntos; podía convocar a un ministro a la Casa de Nariño al amanecer; se presentaba mediante helicóptero en los lugares donde se había producido un ataque terrorista o una inundación; ha sido el presidente colombiano que más manos ha estrechado. Santos, que proviene de una dinastía de empresarios y políticos liberales, prefiere el despacho, la delegación y el informe.
 
El nuevo presidente se va a centrar en la economía: de la Seguridad Democrática a la Prosperidad Democrática. Así lo declaró Santos en un discurso con motivo de sus primeros cien días. Para el presidente, los narcos, los terroristas y los delincuentes están acorralados y ya son un asunto secundario, por lo que el Gobierno puede dedicarse a otros quehaceres. En el mismo discurso, Santos volvió a elogiar a Uribe: “No me canso de repetir que la política de Seguridad Democrática que puso en marcha el Presidente Uribe les devolvió la esperanza a los colombianos, les devolvió la fe en el futuro”.
 
De acuerdo con las directrices marcadas por la Casa de Nariño también se ha modificado. La vinculación con Estados Unidos ha cedido un poco a favor de la reconstrucción de las relaciones con Venezuela y Ecuador, que llegaron a inmiscuirse en la soberanía nacional de Colombia al oponerse la firma de un convenio militar con Estados Unidos y a conceder asilo a los jefes de las FARC. El presidente venezolano incluso envió tropas a la frontera con Colombia. Fue Hugo Chávez el que primero tendió la mano a Santos éste se la ha aceptado. Lo mismo ha ocurrido con el ecuatoriano Rafael Correa, pero éste ya ha recalcado que prosigue el proceso judicial contra Santos por haber ordenado la incursión militar en territorio ecuatoriano que mató al jefe de las FARC Raúl Reyes. Otra muestra de este cambio ha sido la extradición por Colombia a Venezuela, en vez de a Estados Unidos, del traficante Walid Makled, que ha afirmado que numerosos altos cargos del régimen chavista, tanto civiles como militares, están implicados en el narcotráfico. Pero no ha sido por nada: Chávez entregó tres guerrilleros a Colombia y se ha comprometido a desmantelar los campamentos de las FARC en la frontera.
 
El mayor problema institucional al que se enfrenta Colombia es la persecución judicial a Uribe y sus colaboradores, instada en unas ocasiones por los jueces de la Corte Suprema y en otras por ONG y grupos de extrema izquierda. Algunos de los altos cargos del Gobierno anterior están siendo investigados por supuestas escuchas telefónicas a la oposición. Uribe reconoció que les recomendó que pidiesen asilo político en Panamá, debido a que no tienen garantías de un juicio justo y, además, sus vidas están en peligro. En junio, fue condenado el coronel Alfonso Plazas por la desaparición de personas en 1985 en el asalto al Palacio de Justicia tomado por los terroristas del M-19. Los cuerpos no han aparecido y se van conociendo irregularidades, como la identidad falsa de algún testigo. Pero no deja de asombrar que un ex presidente afirme que en el país que gobernó durante ocho años no hay una justicia independiente. Si es así, ¿qué hizo él en su mandato?, ¿cómo pudo ser que la izquierda penetrase en los tribunales con su teoría de la aplicación alternativa del derecho?
 
En resumen, Colombia se encuentra en una fase de transición entre dos mandatarios. Si Felipe II, que admiraba a su padre el César Carlos, gobernó de manera distinta a éste, cabe esperar que Santos haga lo mismo respecto a Uribe. Quizás para algunos el contraste entre ambos presidentes les lleve a pensar que Santos se está apartando del camino andado por Uribe, pero para los colombianos las diferencias ente uno y otro son, por ahora, mínimas: Santos cuenta con una aprobación popular del 90%, superior al 80% con la que se retiró Uribe.