La sombra china en África

por María Ángeles Muñoz, 14 de junio de 2010

 

Desde hace un par de décadas Occidente asiste atónico –sobre todo en los últimos años- a una realidad que además de sorpresa e inquietud ha centrado la atención de la diplomacia y los analistas internacionales: la creciente proyección china en las tierras de África.
 
El gigante chino ha desplegado durante los últimos años todos los medios a su alcance para ganar una posición de predominio en la región. A día de hoy se puede considerar a China como una nueva potencia colonial de última generación cuya capacidad de negociación es muy elevada, y la despliega básicamente a través de potentes medios: mediante el establecimiento de lazos diplomáticos y a través de una estrategia de expansión comercial e inversiones en grandes proyectos de desarrollo. Las potencias occidentales se dividen al respecto entre el asombro ante la influencia que el país asiático está ejerciendo en el continente y el temor por la aparición de futuros conflictos internacionales en la lucha por conquistar los recursos naturales de África.
 
El debate ha quedado abierto en torno a cuáles son las características de la actuación y presencia chinas en este continente. Los expertos disienten entre la opinión de que China es la versión neocolonial de un explotador ávido de recursos naturales al que se ha llegado a citar como imperialista, mientras otros ven en la iniciativa china una posibilidad para incidir en el desarrollo de algunos países africanos (vinculado esto a la doctrina del desarrollo pacífico que desde 2005 marca las relaciones internacionales chinas).[1] Esta relación China-África promueve un marco de relaciones internacionales marcado por los elementos propios de la doctrina del desarrollo pacífico en el que se combina la aplicación de conceptos confucianos a las relaciones exteriores con la incorporación de la doctrina del gobierno chino sobre seguridad internacional. El gobierno de China considera a este respecto que la economía internacional debe ser la base de la seguridad global en un marco de beneficio mutuo y de prácticas entre iguales y que las relaciones entre los estados deben basarse en cinco principios básicos: respeto a la soberanía e integridad territorial, no agresión, no interferencia en los asuntos internos del otro, igualdad y beneficio mutuo y coexistencia pacífica. China busca con todo ello caracterizarse como potencia emergente.
 
China, la futura potencia económica más grande del mundo, ha encontrado la llave de entrada a todo un continente que parece llamado a abastecer su ingente necesidad de recursos naturales: África. China se introdujo inicialmente en esta nueva vía de expansión económica a través de países como Sudán y Zimbawe, y en la actualidad mantiene excelentes relaciones con la mayoría de los 53 estados africanos. Así, antes de la celebración de la Cumbre de Beijing del Foro de Cooperación de China-África en 2006, el portavoz del Ministerio chino de Exteriores - Liu Jianchao- reconocía que ésta iba a ser la convención internacional más grande que jamás se había llevado a cabo en China. Sólo este dato nos da muestras de las dimensiones de esta apuesta china.
 
Una importante posición geoestratégica
 
La presencia china en África ha cambiado la perspectiva internacional de gran parte de los países africanos, que en cuestión de una década han emergido como socios comerciales de primer orden para la potencia asiática. Sin duda para los gobiernos del continente el nuevo interés de China ha constituido un factor inesperado de oportunidad. La introducción de este nuevo sistema de relaciones ha repercutido en una menor dependencia respecto de países occidentales. Este hecho ha dado el pistoletazo de salida a una carrera en el seno de la diplomacia internacional que algunos comparan a la era de la guerra fría. El gran cambio que se ha producido es la alternativa real que China ha gestado para el continente frente a dos factores fundamentales que venían funcionando como condición histórica: los límites comerciales derivados de las restricciones arancelarias de los países europeos y EEUU, y las condiciones de respeto de los derechos humanos como condición de inversión occidental en países cuyos gobiernos oligárquicos son extremadamente corruptos e irreverentes con esta cuestión. La inversión china y las ayudas económicas que gestiona se han convertido en medidas altamente populares para los gobiernos africanos puesto que desde Beijing nunca se pregunta sobre el buen gobierno o desgobierno en estos países.
 
Pero las relaciones entre China y África no se limitan al comercio: los jefes de estado africanos, que buscaban una alternativa al liberalismo americano, cada vez están más seducidos por la revolución industrial china y encuentran nuevas fuentes de inspiración para sus políticas de desarrollo.

El hecho de que China sea una superpotencia emergente es un contrapeso a lo que ellos consideran la hegemonía de Estados Unidos y de sus aliados europeos. Otra ventaja para los estados africanos es el peso específico con que Pekín cuenta en las altas instancias internacionales.[2]
 
Y a pesar que la inversión china ha surgido como una gran oportunidad, lo cierto es que la presencia de este país genera muchas dudas sobre el modelo de desarrollo y crecimiento que pueda favorecer en África. En primer lugar China es permeable a la impunidad ante la violación de derechos humanos en la medida que este hecho no influye ni condiciona la firma de sus acuerdos comerciales. Y desde el punto de vista del desarrollo de tejido industrial también el desembarco chino ha levantado barreras. Tras la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC), ésta se ha convertido en una superpotencia económica de exportaciones producidas en serie y a bajo coste; esta realidad ha deja sin oportunidad de salida comercial a la competencia africana. Este factor ha asestado un duro golpe a la industria naciente de África, particularmente al sector del textil, provocando un retroceso de décadas a los planes africanos de industrialización.
 
El interés de China por África viene dado por una imperiosa necesidad de localización de mercados de exportación, intrínseca a su volumen de producción. Pero éste es sólo uno de los dos polos del impulso chino hacia el continente: el gigante económico precisa abastecerse de los recursos naturales necesarios para mantener sus niveles de producción, haciendo a Beijing dependiente de las importaciones de materiales crudos. En este punto la competición con EEUU y Europa es feroz y la conexión entre China y África adquiere un carácter prioritario, convirtiéndose en un medio de asegurar el acceso a los minerales y a los hidrocarburos africanos. En cuanto a las potencias occidentales, éstas vienen denunciado que China -en su objetivo de lograr recursos como el petróleo y el metal- está dispuesta a ignorar las normas internacionales y los principios dispuestos para su cumplimiento. Prueba de ello es la ignorancia de Beijing al boicot internacional establecido sobre el régimen militar de Birmania, con el único fin de asegurarse sus recursos petrolíferos. China también ha apoyado al régimen de Jartum, al que se acusó de genocidio en Darfur, e incluso se ha hecho con el control de la mayor parte de las exportaciones de petróleo de Sudán.
 
Sólo en este país se ha construido una vasta de red de enormes represas en todo su territorio sin consultar a los pobladores afectados, y se ha involucrado en varios proyectos hidroeléctricos en África. La no gubernamental Red Internacional de Ríos, con sede en Estados Unidos, señaló que la planta de Merowe construida por compañías chinas en Sudán estaba desplazando a 70.000 personas del fértil valle del río Nilo hacia el desierto de Nubia. Respecto del impacto en las poblaciones autóctonas del resultado de estos movimientos de población Ali Askouri, líder de la comunidad vecina a la represa de Merowe, en Sudán advertía: “los proyectos que no atiendan las necesidades de las poblaciones afectadas exacerbarán los conflictos sociales y la desintegración”. El líder africano denunciaba además que las autoridades sudanesas habían reprimido con violencia manifestaciones pacíficas contra el proyecto. Efectivamente Sudán representa los cuestionamientos que afronta China en África. Beijing, con profundos vínculos militares y económicos con Jartum, ha sido criticada por su falta de esfuerzos por la paz en ese país asolado por la guerra. Esta crítica viene sostenida por los hechos, en tanto que China -como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU con poder de veto- bloqueó el envío de cascos azules a la región sudanesa de Darfur sin consentimiento de Jartum.[3] Más allá de este bloqueo China también ha bloqueado las posibles sanciones de la ONU contra el régimen de Omar al Bachir, acusado del mencionado genocidio de Darfur por el Tribunal Penal Internacional. Este régimen se ha enriquecido a costa de las inversiones chinas mientras ignoraba los derechos humanos de su población pobre. Un ejemplo de las consecuencias de estos acuerdos entre ambos países es la donación que China hizo a la Unión Africana para la crisis de Darfur (un total de 400.000 dólares), a cambio de evitar sanciones a Sudán en el Consejo de Naciones Unidas. Como moneda de cambio el régimen sudanés ha protegido las inversiones chinas y ha desplazado, incluso asesinado a poblaciones enteras molestas próximas a proyectos chinos.[4]
 
El principio que sustenta esta acción china es el de no injerencia en los asuntos internos de los estados. Sin embargo esta situación está cambiando debido a la presión internacional y al deseo de China de no manchar su imagen (teniendo en cuenta la celebración de los Juegos Olímpicos y la Expo de Shangai, puestas de largo de China como espejo de su potencialidad).
 
Durante estos años no han sido pocas las voces de líderes, intelectuales y grupos occidentales de derechos humanos que han advertido a África de los riesgos de su estrechamiento de lazos con Beijing. Pero desde África algunos críticos han respondido a estos reprochen recordando el apoyo occidental a regímenes como el de Guinea Ecuatorial, si hay suficientes recursos estratégicos, o recuerdan conflictos como el de Sierra Leona y el control por sus diamantes. El caso de algunas democracias como Malí y Benín, que han logrado alcanzar cierta estabilidad, también es recogido por la crítica africana debido a que estos países cuentan con menos recursos minerales y a pesar de su mayor grado de democratización no se les ha concedido la suficiente importancia.
 
Por otra parte, desde la óptica africana China aparece como un socio global que tiene mucho dinero, pero que los trata de igual a igual, tal y como explica Wenran Jiang, un experto en relaciones sino-africanas de la Universidad de Alberta, Canadá.[5] Además, en países arrasados por guerras recientes, como Angola o Ruanda, las empresas chinas lideran la reconstrucción. El costo, la rapidez y la buena calidad de la oferta china en productos, tecnología y servicios para dicha reconstrucción son prácticamente imposibles de batir. Factores todos ellos que seducen especialmente a los gobiernos africanos.[6]
 
A pesar del rechazo de las advertencias de Occidente, lo cierto es que algunos intelectuales procedentes del continente africano ven con cierta preocupación el avance de China, cuestión que reconocen no exenta de peligros. Así el nigeriano Toyin Falola, de la Universidad de Texas, advierte sobre varias cuestiones dignas de despertar las alertas. Principalmente se refiere a la relación de bilateralismo que China mantiene con África; según Falola esta relación así planteada podría minar las instituciones regionales y continentales debido a que de esta manera “juega de nuevo a la división colonialista y tácticas de conquista”. A esto añade el factor de desproporción existente en el establecimiento de estas relaciones puesto que los países africanos son demasiado pequeños para negociar con la gigante China. Otro elemento que suscita su preocupación es el modo con el que China -aún protagonista de un modelo que va del comunismo a la economía capitalista prescindiendo de un régimen de libertades y de una transición democrática democracia- plantea sus relaciones: éstas se circunscriben a un ámbito exclusivo entre gobierno africano y gobierno chino y entre empresa china y gobierno africano. ¿Cuál es el problema que se plantea? A todas luces este sistema de relaciones constituye un desafío de enormes dimensiones tanto para organizaciones africanas de la sociedad civil, organizaciones no gubernamentales y otras instituciones teniendo en mente la necesidad de crecimiento y refuerzo de la sociedad civil en África.[7]
 
Sin embargo este orden de preocupaciones afecta exclusivamente en el entorno de las organizaciones que trabajan por el desarrollo en África, a China no le parece objeto de disyuntiva alguna. De hecho China cuida al máxima la imagen que proyecta en su relación con los países africanos, siendo esto un elemento de publicidad y escaparate de su capacidad económica y de negociación ante el mundo. Pero detrás del reflejo de una imagen de perfección y armonía, como pudo suceder en la cumbre de Beijing de 2006 o en la de Sharm el Sheikh en 2009, se halla el consentimiento silencioso a la participación y presencia de líderes y presidentes corruptos y sanguinarios como puede ser el de los presidentes de Zimbawe, Robert Mugabe y de Sudán, Omar al-Bashir. Precisamente en la cumbre de 2006 China concentraba grandes esfuerzos para alcanzar una posición relevante en la industria petrolífera de Angola, hasta entonces dominada por EEUU, y por conquistar las exportaciones de petróleo de Guinea Bissau antes del cierre de acuerdos con países occidentales. La carrera por los recursos naturales africanos continúa, liderada por China.
 
Datos de una colonización efectiva
 
Sólo durante la década de los 90 el comercio entre el país en desarrollo más grande del mundo y el continente con más países en desarrollo creció un 700%. ¿Podemos entender porqué sólo a través de las cifras esta realidad es digna de análisis? Más aún si confirmamos que China se ha convertido en los últimos años en el tercer socio comercial de África, detrás de Estados Unidos y la Unión Europea.
 
Lesotho Jennifer Brea, periodista independiente y autora del blog Africabeat, trabaja en Pekín y se encuentra actualmente en África estudiando el fenómeno de la presencia china en el continente. En una entrevista para la BBC realizada en 2007 Lesotho reconocía que algo que no se ve en los grandes medios pero cuya existencia certifica es una increíble variedad de intereses y de perspectivas de los chinos que llegan a África. El interés mediático quizás se concentra en las posiciones privilegiadas que adquieren las grandes empresas chinas, pero existen también pequeños comerciantes, mano de obra no cualificada, incluso granjeros del interior de China que ya manejan su propia granja en Zambia, por ejemplo.[8]
 
Un factor que es imposible obviar es el de la población china que se traslada a África en medio del clima de inversión, acuerdos bilaterales, proyección de empresas chinas e intercambio comercial. Precisamente una de las críticas más fuertes que han recibido las empresas chinas es que muchas de ellas han llevado sus propios trabajadores a África. Estos obreros viven aislados en campamentos ubicados en las afueras de las ciudades. Efectivamente cuando las empresas chinas utilizan su propia mano de obra, no suelen contratar trabajadores africanos. Esto no permite que haya mayor demanda laboral y evita de paso un traspaso de conocimiento al personal local. Ante tal crítica China ha expuesto dos argumentos de apoyo sobre el perfil de la mano de obra que contratan sus empresas: en primer lugar dice que la mayoría de la mano de obra africana no tiene especialización, cuestión a la que se suma el problema del desempleo en el país asiático. A esto se suman otros factores como la dificultad de no hablar el mismo idioma y también las consecuencias devastadoras de la propagación del SIDA entre la población africana, que ha mermado un elevado porcentaje de los varones en edad de trabajar.
 
Si atendemos a las razones del trasvase poblacional de China a África desde un punto de vista del emigrante chino, la mayoría responde como razón de peso el volumen de población del país asiático. Si se pregunta a un comerciante o trabajador chino por qué emigró éste suele responder básicamente que “en China hay mucha gente y en África no”. Debido al escaso nivel de desarrollo de las sociedades africanas, casi todo es una oportunidad aquí, reconocía la periodista Jennifer Brea desde el sur de África. Un dato que pone de relieve este factor es la comparativa entre el sueldo que puede recibir un trabajador chino en su país y el que puede recibir en el continente: aunque los sueldos que pagan las empresas chinas a su personal están por debajo de lo que pagan otras compañías internacionales en África, un obrero chino puede cobrar entre un 30 y un 400% más de lo que recibe en su país.
 
La mayoría de los chinos que emigran a África lo hacen a través de programas del gobierno de Pekín o como trabajadores de grandes empresas estatales. Una vez que finalizan los contratos y luego se quedan allí, cambiando incluso de país en más de una ocasión.
 
Un seminario universitario organizado a finales de 2006 en Suráfrica, donde está la comunidad china más numerosa, calculaba la cifra de 750.000 en todo el continente. Del lado chino, la estimación más alta procede del vicepresidente de la asociación de amistad de los pueblos chino y africano, Huang Zequan, que ha recorrido 33 de los 53 países africanos. En una entrevista al Diario del Comercio chino, calculaba que 500.000 compatriotas vivían en África (frente a 250.000 libaneses y menos de 110.000 franceses). [9]
 
Se calcula que alrededor de unos 75 mil chinos pobres emigraron durante 2009, junto con técnicos y empresarios, a diversos países africanos para trabajar en la construcción o en la manufactura. Incluso, unos 15 mil de ellos laboran en Egipto en talleres clandestinos de ropa que luego venden por las calles de El Cairo.[10] Se trata de un auténtico ejército de miles de chinos emigrados de los polos no industrializados del norte de China que recorre los rincones de Egipto para vender la mercancía que producen talleres ilegales instalados en apartamentos de la capital egipcia. En árabe se les conoce como los shanta sini (chinos-bolsa) por los fardos que cargan en la espalda. Fuentes del sector consultadas por Proceso estiman que son unas 15 mil personas en la capital de Egipto. La mayoría emigra de las áridas regiones del noreste de China, las cuales presentan un retraso económico y social de décadas en comparación con las florecientes provincias costeras y los polos urbanos del centro del país.[11]
 
Hoy día el gobierno chino fomenta abiertamente estos procesos migratorios. Para los dirigentes chinos, y particularmente para su presidente, Hu Jintao, la inmigración se ha convertido en una parte de la solución para reducir la presión demográfica, el sobrecalentamiento económico y la contaminación. “En China tenemos 600 ríos, de los cuales 400 están muertos por la contaminación” declaraba, amparado en el anonimato, un científico a Le Figaro. “No saldremos adelante si no enviamos a 300 millones de personas a África”. Testimonios como éste dan mucho que pensar.
 
Además la presencia cada vez mayor de intereses y población china ha generado en ocasiones el rechazo de sectores locales bajo un discurso populista. La investigadora del Centro de Estudios Chinos Lucy Corkin exponía como ejemplo para la BBC el caso de Zambia, cuyo candidato a la presidencia en las elecciones de septiembre de 2006, Michael Sata, prometió deshacerse de los indios, libaneses y chinos que le estaban robando los trabajos a la población del lugar. Sata tenía su base política en una región donde las empresas chinas controlaban gran parte de las minas. En una explosión ocurrida allí, 75 trabajadores de Zambia murieron. El sentimiento anti-chino fue utilizado como un arma electoral pero este candidato no ganó las elecciones.
 
También en 2006, un coche bomba explotó cerca de una refinería de petróleo en el Delta nigeriano. El objetivo de este atentado era advertir al gobierno chino de no continuar expandiéndose en la región. Sin embargo, desde el punto de vista de las poblaciones locales africanas la llegada de las empresas chinas se ve como un medio de creación de puestos de trabajo. El problema es que el africano no se beneficia tanto como podría, y culpa de ello a su propio gobierno por no exigir mejores condiciones, por no proteger y crear un sistema de garantías laborales para su gente.
 
La apuesta de China en cifras
 
Desde su incorporación al Banco Africano de Desarrollo en 1985, China ha pasado a ser uno de los accionistas no africanos más importante. Empujada por sus crecientes necesidades energéticas y de materia prima para alimentar su auge económico, Beijing invirtió sólo entre 2002 y 2007 cinco años millones de dólares en varias naciones africanas. A fines de 2006, las inversiones chinas en África alcanzaban los 11.700 millones de dólares en un amplio abanico de sectores que incluye la industria, el comercio, el transporte y la agricultura, según el Banco.
 
El comercio bilateral se elevaba a 55.000 millones de dólares en 2006, cuatro veces más que en 2000. Pero entonces Beijing afirmaba que pretendía aumentar el volumen comercial a 100.000 millones de dólares para 2020.[12] En concreto el comercio bilateral entre las dos regiones se ha multiplicado por 50 entre 1980 y 2005 y se ha quintuplicado entre 2000 y 2006. En la actualidad están presentes, al menos, unas 900 empresas chinas en suelo africano. En 2007, China ocupó el lugar de Francia como segundo socio comercial de África.[13]
 
Adicionalmente China construye presas en Congo, Sudán y Etiopía y se prepara para ayudar a Egipto a relanzar su programa civil de energía nuclear. También equipa a toda África con redes inalámbricas y fibra óptica. En la actualidad varios miles de africanos hablan o aprenden chino. Sin duda la competencia china ha roto los monopolios de los comerciantes occidentales, libaneses e indios. China ha desmantelado este sistema basado en el monopolio estableciendo relaciones bilaterales con la mayoría de estados africanos. Prueba de ello es que jefes de Estado y ministros de 49 países de la región asistieron al cuarto Foro de Cooperación China-África que se celebró el 9 y 10 de noviembre de 2009 en la ciudad egipcia de Sharm El Sheikh. Tan sólo una semana después, el 19 de noviembre, la agencia de noticias Bloomberg informaba que el gobierno de Beijing había certificado una inversión por 8 mil millones de dólares que empresas chinas realizarían en Zimbabwe, país gobernado por Robert Mugabe, el conocido presidente que ha estado en el poder desde 1980.
 
A pesar que, en teoría, los países africanos mantienen un régimen igualitario de exportaciones-importaciones, lo cierto es que en los últimos años se ha detectado un incremento del valor de lo que China extrae del continente respecto de lo que África compra en China: según un estudio de ECOWAS en 2006, las importaciones africanas desde China eran de 4205 millones de dólares, y las exportaciones chinas de África eran de 4916 millones, teniendo en cuenta el periodo comprendido entre 1993 y 2004. Según los datos de la United Nations Conference on Trade and Developmet (UNCTAD) para 2005, África importaba básicamente de China bienes de consumo como un 16% en textiles, un 14% en zapatos y ropa, un 8% en vehículos y otro 8% en telecomunicaciones. ¿Cuál es el acuerdo establecido para garantizar este nivel de importación de manufacturas? La respuesta hay que encontrarla en los recursos naturales, fundamentalmente mineros y en especial en petróleo. Del total de exportaciones africanas de recursos minerales un 71% tenía a China como destino preferente, según datos de 2006. Esta exportación se concentra en países como Angola (45% del total de exportación), Sudán (18%), República del Congo (14%) y Guinea Ecuatorial (9%). Los países productores africanos con estrechas relaciones con el gobierno chino vienen a cubrir parte de las necesidades de abastecimiento del gigante asiático y sirven de ejemplo para ver cómo se posiciona China en la geoestrategia global del petróleo. No está de más recordar que China es el segundo consumidor mundial de este recurso y que debe importar más del 50% de ese consumo. Además, las exportaciones de petróleo africano van asociadas a las inversiones chinas para la explotación, distribución y refinado dadas las escasas capacidades de esos países en esta área. Para ello China ocupa a sus tres principales empresas en este sector: China petrochemical corporation (Sdinopec), China National petroleum corporation (CNPC) y China Offshore oil corporation (CNOOC).
 
Según un estudio del Instituto Sudafricano de Asuntos Internacionales el 83% de las exportaciones africanas a China en 2007 fueron de petróleo. El comercio bilateral también se ha disparado en los últimos años. Desde 2000 se ha multiplicado por 10 y sigue creciendo a un ritmo vertiginoso: en 2008, el comercio superó los 106 mil millones de dólares, 45% más que en 2007, según datos de la oficina de Aduanas de China. Sólo en el primer semestre de 2009 se ha invertido 60 mil millones de dólares en los sectores del petróleo y de la minería del continente.
 
África exporta hierro en un 13%, madera en un 2% y piedras preciosas en un 3%, con una cierta especialización en algodón con un 4,2%. Estas exportaciones se concentran en países como Mali, Chad, Benin y Burkina Faso.[14] Si hacemos una lectura comprensiva de estos datos confirmaremos que el interés principal de China por África se basa en dos elementos: uno, en la búsqueda de materias primas para su abastecimiento y mantenimiento de su crecimiento y volumen industrial; otro, el desarrollo de un amplio mercado donde poder colocar sus productos.

Siguiendo esta dinámica de incremento progresivo de las inversiones China pronto será la mayor fuente de inversión extranjera directa, según un informe acerca de la participación asiática en la economía africana, publicado por dos agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El estudio realizado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) reseña la creciente presencia de empresas chinas en África. Algunas como Huawei, el mayor proveedor de servicios de telecomunicaciones de China, se destaca en el contexto africano como la principal proveedora de servicios de banda ancha, con negocios desde Egipto hasta Sudáfrica.

El impulso de las inversiones chinas en ese continente fue propiciado inicialmente por generosos paquetes de préstamos y asistencia. Beijing canceló 1.400 millones de dólares en deuda y anunció un alivió adicional de más de 1.300 millones de dólares. Activistas de derechos humanos y organizaciones multilaterales de crédito como el Banco Mundial advirtieron que la autodefinida política china de préstamos “sin ataduras políticas” ignora los derechos humanos, deja de lado las posibilidades de un aumento en la corrupción y la carga financiera de las naciones africanas.
 
Conclusiones
 
Como vemos China ha desplegado una política de cooperación e inversión de múltiples formas: a través de la donación de recursos financieros, de los préstamos con tasas preferenciales de bancos nacionales chinos y proyectos de empresas, facilitando el acceso al crédito y a la formación de cuadros locales. La relación que se ha establecido entre China y África es de aparente beneficio mutuo, pero a medio plazo la penetración de los productos chinos en el continente tendrá serias consecuencias para las economías internas africanas (ya que la producción local no podrá competir con los bajos precios de las mercancías chinas se reducirán las limitadas oportunidades de empleo y aumentará la dependencia africana del capital extranjero).
 
En la balanza geopolítica de momento África está favoreciendo la inversión china. El modelo de cooperación que China ofrece a África se presenta como una alternativa a la cooperación occidental. Esta preferencia africana por el modelo asiático y sus reglas fortalece la apuesta china en el área internacional. China muestra al mundo este modelo de relaciones como un sistema de crecimiento que fluctúa al margen de la democracia y para el cual el respeto a los derechos humanos se sitúa simplemente al margen. En este sentido los derechos humanos y la democracia son vistos por China como elementos demasiado occidentales y otorga mayor importancia a la no intromisión en la soberanía de los estados.
Precisamente en un continente donde la corrupción forma parte institucional del sistema político, la nueva línea estratégica proclamada por el actual presidente chino es considerada como una garantía de no intervención en los asuntos internos de estos países. A estas alturas podemos preguntarnos qué consecuencias puede tener la emergencia del modelo chino en África. En primer lugar África y China confirman que el modelo occidental no es el único con posibilidades a nivel regional; ha surgido una fuerte competencia del Oriente que se alinea mejor con los intereses de los gobiernos locales. Además el modelo occidental ya no es el único que puede generar crecimiento y desarrollo. Si a esto sumamos que desde las democracias occidentales se levantan límites a la inversión y se exigen condicionamientos de desarrollo democrático y protección de derechos, el modelo chino triunfa.
 
Este nuevo modelo económico made in China ha desembarcado con éxito en tierras africanas; lo que está por ver y el tiempo confirmará, es si es capaz de generar un desarrollo sostenible que favorezca a las poblaciones africanas y que no sólo las desprovea de sus riquezas minerales. África está en camino de perpetuar su dependencia internacional de potencias exteriores, esta vez asiáticas. La conquista china de África es ya una realidad.


 

 
 
Ángeles Muñoz (Madrid, 1978) es politóloga por la UCM especializada en Análisis Político y Relaciones Internacionales, con doctorado en Procesos Políticos en la UE y países de la Antigua Unión Soviética (UNED). Ha sido profesora de Sociología en Valencia, donde también ha coordinado formación en Dirección y Comunicación para profesionales a través de la Universidad Politécnica (UPV). Actualmente participa en foros de estudio europeo y realiza análisis político y electoral en diferentes medios.
 
 
Notas

[1] CHECA-ARTASU, M.: “¿Qué quiere China de África?”, en Observatorio de la Economía y la Sociedad de China nº 08, Septiembre de 2008. Accesible a texto completo en http://www.eumed.net/rev/china
[2] NICK DAWES: “China, petróleo y democracia”, en Mail & Guardian, Sudáfrica.
[3] Al menos 250.000 personas habrían muerto en esa zona a causa de la violencia y varias enfermedades y unos 2,5 millones de personas debieron abandonar sus hogares desde el inicio del conflicto en 2003. FIN/IPS/traen-vf-mj/ab/rdr/ap af hd dv if ip pr co gb md/07 FIN/2007
[4] ASKOURI A. : “Pueblos desplazados, comunidades destruidas...Algunas inversiones de China en Sudán. En MANJI F. & MARKS (Eds) China en África ¿Ayuda o arrasa? Perspectivas africanas sobre la irrupción del gigante asiático y sus consecuencias. Oozebap 2007: 104-107
[5] WENRANG JIANG. blog wenran.blogspot.com.
[6] ALBERTO BRUNAT: “La invasión china”, en Archivo Confidencial, Agencia Informativa, 1 de enero de 2010
[7] RAINER CHR, HENNIG: “China lidera nueva conquista de África”, en Internacional/ África de Afrol News el 3 de noviembre de 2006
[8] MATIAS ZIBELL:”Chinos en África: por una oportunidad”, en BBC Mundo, El Cairo, el 9 de septiembre de 2007
[9] SERGE MICHEL Y MICHEL BEURET: “África, el Far West chino”, en www.elpais.com el 26 de abril de 2009
[10] ALBERTO BRUNAT: “La invasión china”, en Archivo Confidencial, Agencia Informativa, 1 de enero de 2010
[11] ALBERTO BRUNAT: “La invasión china”, en Archivo Confidencial, Agencia Informativa, 1 de enero de 2010
[12] ANTOANETA BEZLOVA:”Modelo para África”, Desarrollo-China, en www.ipsnoticias.net el 17 de mayo de 2007
[13] SERGE MICHEL Y MICHEL BEURET: “África, el Far West chino”, en www.elpais.com el 26 de abril de 2009
[14] CHECA-ARTASU, M.: “¿Qué quiere China de África?”, en Observatorio de la Economía y la Sociedad de China nº 08, Septiembre de 2008. Accesible a texto completo en http://www.eumed.net/rev/china