La Revisión Estratégica de la Defensa

por José Carlos Serrano Blasco, 10 de agosto de 2002

En primer lugar, hay que comenzar hablando del punto de partida para arrancar cualquier tipo de proyecto en la vida, bien como innovación, mejoras o adaptaciones: y este es el económico. Es sabido por cualquier persona mínimamente interesada por los temas de la Defensa, que en nuestro país las asignaciones presupuestarias desde hace varios años realizadas por los sucesivos gobiernos de la Nación, son bastante escasas. A título de ejemplo, valgan algunos datos como el hecho de ser España el país de la OTAN, después de Luxemburgo, que menos recursos monetarios dedica a sus FAS; Portugal, por ejemplo, en el año 2001 dedicó un 2,2% de su PIB mientras en España se destinaba un 1,3%. Otro dato ilustrativo es el crecimiento de nuestro PIB en la década de los 90, éste en 1999 se situaba en un incremento del 73,6% aproximadamente, respecto al del año 1990, mientras que en este mismo periodo el aumento del presupuesto de Defensa, fue solamente del 7%.
 
Datos como estos invitan a la reflexión, cuando no al pesimismo, al abordar una revisión de nuestra Defensa. A primera vista cabría pensar si este tipo de revisiones no se realizan en función de los medios asignados (no hay dinero, pues eliminamos o suavizamos amenazas aunque existan). Recientemente la crisis de isla Perejil ha venido a recordarnos que amenazas, por desgracia, existen.
 
En segundo lugar, me referiré a la tan en voga, 'proyectabilidad de la fuerza', concepto acuñado en EEUU dado su papel hegemónico en el mundo y que le lleva a actuar allí donde surge el conflicto, bien por intereses propios, bien por la incapacidad de otros (véase el papel de Europa en la antigua Yugoslavia). Pero esta filosofía aplicable a países como España, podría correr el riesgo de alcanzar un grado de movilidad aceptable, pero sin tener apenas nada que mover; me explico: dadas las carencias presupuestarias, se podría gastar el dinero de la Defensa básicamente a adquirir barcos, aviones de transporte y medios más ligeros en vez de modernizar e incrementar los medios de combate.
 
Es conveniente realizar una detenida reflexión sobre lo que se espera de nuestras FAS en los próximos años. No estaría mal recordar algunas ideas base:
 
1-La misón primera de las FAS es defender la integridad e independencia del país. Es decir, garantizar su territorialidad. Si bien las amenazas sobre ésta, hoy en día son poco probables, aunque no imposibles, así lo demuestra la mencionada crisis de Perejil.
2-La movilidad y proyección de fuerza de un Ejército la da fundamentalmente su Armada (por propia idiosincrasia) y los aviones de transporte del Ejérctio del Aire. Y ello conlleva un considerable contingente humano y material, aparte de toda una nueva concepción de logística. En definitiva, un sobrecoste que mucho me temo sería a cambio de reducir si cabe, aun más las FAS y su modernización. Como ejemplo tenemos el despliegue logístico en Aviano, para 4 aviones F18.
3- Estos temores trasladados al Ejército de Tierra, pueden desembocar en un 'aligeramiento' en demasía de su poder de fuego. Ya hay un precedente con la brigada de caballería 'Castillejos', que por falta de presupuesto, con la excusa de la movilidad, se sustituirán sus carros de los RCLAC por Centauros en lugar de Leopardos.
 
Frente a la idea cada vez más extendida: 'para qué carros pesados si no disponemos de medios para trasladarlos fuera de nuestro país', podríamos llegar a esta otra, peor con toda seguridad: 'muchos medios de trasporte para mover ¿qué?'. Mientras no surgan 'gurús' con geniales ideas sobre estrategia, los ejércitos terrestre derrotan el enemigo con acciones contundentes y profundas. Soy de los que opinan que el Ejército de Tierra está bien estructurado, con la FAR como vector proyectable, no necesita más. España no posee, como antaño, intereses vitales más allá de su entorno mediterráneo, Canarias y el Estrecho. En el exterior, nos interesa sobre todo la estabilidad en Europa y el Magreb fundamentalmente y se ha visto que la FAR puede cumplir esas misiones.
 
En lo que se refiere al Ejército de Tierra, como ya he comentado, pienso que su estructura es válida; si bien las 3 brigadas movilizables, sirven de poco, sería más útil, eliminarlas, y sustituirlas por otra brigada de montaña (España sigue siendo el 2º país más montañoso de Europa). A la FAR como fuerza proyectable, con sus 3 actuales brigadas, bien podría añadírsele un grupo de artillería que aumentase su potencia de fuego. La Brilat sería interesante dotarla de helicópteros y convertirla en aeromóvil, similar a la 24º Brigada británica (perteneciente a la División Multinacional Aeromóvil de la OTAN). Y a la Brileg, asignarle en sus batallones algunos carros ligeros (Centauros con cañón 105 mm) y estructura similar a las IBCT americanas.
 
El resto de la FMA estaría integrada por 2 brigadas acorazadas, 2 brigadas mecanizadas y 2 brigadas de montaña, junto a algunos regimientos de caballería independientes y el actual núcleo de apoyo a la FMA. Una opción interesante sería reconvertir la actual División mecanizada a lo que fue, acorazada; resultado: una División compuesta por las 2 brigadas acorazadas (en lugar de las 3 actuales), aglutinando el poder acorazado del Ejército. Más reducida en hombres y medios, pero no por ello menos potente.
 
En cuanto a material, lo ya conocido por todos; modernizar el parque acorazado (los 219 LeosA6, junto a los 108 LeosA4), la adquisición de artilleria MLRS, asi como mejorar sustancialmente la antiaérea en las unidades blindadas, continuar con la sustitución de los M113 por Pizarros, dotar de más misiles contracarro al conjunto las unidades y por supuesto la compra de modernos helicópteros anticarro.
 
El Ejército del Aire, probablemente el más operativo y eficaz (quedó demostrado en la antigua exYugoslavia), sea el Ejército que con un menor esfuerzo económico, podría ver aumentado su poder. Sus aparatos Mirage F1 recientemente sometidos a una profunda modernización y la inminente modernización (MLU) de los F18, le aseguran al Ejército del Aire una adecuada operatividad hasta la llegada de los EF2000. Actualmente los aproximadamente 150 aparatos de combate, son a todas luces escasos, bastaría comprar una treintena de F18 de segunda mano a EEUU por un precio razonable (ya se hizo con el programa CX), para tener así los 180 aparatos que los responsables del Aire consideran mínimos para satisfacer las necesidades de la defensa aérea. Si con la sustitución de los F1 por los modernos EF2000 se alcanzasen los 103 aparatos (87 + 16 opcionales), junto a los aproximadamente 110-120 aviones F18 disponibles se alcanzaría una fuerza en torno a los 210 aviones, muy a tener en cuenta. Pero el programa A400M de avión de transporte, mucho me temo hipoteque algunas expectativas. Otra importante necesidad y que continua sin abordarse es la adquisición de aviones de alerta temprana, si bien la opción E3C (Sentry) resulta muy cara, el EC2 (Hawkeye) es otra alternativa más asequible y que vendría a suplir una carencia en el Ejército del Aire.
 
La aviación de transporte tiene visos de ser la más beneficiada a medio plazo, con el A400M; junto a estos aviones, y teniendo en cuenta las necesidades de transporte de tropas ligeras sería bueno sustituir todos los modelos CN212 y CN235 por una treintena de CN295, dada su mayor capacidad para el transporte de soldados.
Quedaría así constituida por 2 modelos, el A400M y el CN295, simplificando enormemente su mantenimiento y logística.
 
Y en último lugar, la Armada. El brazo de las FAS que mejor sintetiza el concepto de proyección hoy tan vigentes, y que más fácilmente puede adaptarse a los cambios estratégicos que se avecinan, claro está, si le dejan.
 
Tecnológicamente en vanguardia, se compone de una serie de buques muy capaces, versátiles y dotados de potente armamento. Sin duda no tienen nada que envidiar a otras armadas de nuestro entorno, más bien al contrario. Pero como no, adolece de un número escaso no sólo en escoltas, sino también en buques contraminas y logísticos, sin embargo el bloque anfibio aparece con un futuro prometedor de cara a conformar un potente grupo, capaz de desplazar a la práctica totalidad de la Infantería de Marina.
En el apartado de escoltas, con la actual recepción de las fragatas F100, España va a dar un salto muy importante en términos cualitativos. Un número de escoltas acorde a nuestras capacidades sería el formado por 18 fragatas, se lograría completando las 3 escuadrillas existentes con 6 unidades cada una; y para ello una solución a corto plazo y con un coste razonable, consistiría en alargar la serie F100 en 2 unidades más, vender las corbetas F30 y en su lugar comprar a los EEUU 6 fragatas FFG de segunda mano (similares a nuestras F80 en antigüedad y prestaciones). De esta forma no solamente se incrementaría la capacidad defensiva de nuestras costas, sino que también cumpliríamos con nuestros compromisos internacionales, cada vez mayores y que han de realizarse a costa de disminuir notablemente las dotaciones para el control de nuestras aguas. También es necesario aumentar el numero de buques contraminas clase Segura, corto a mi entender con sus 8 unidades actuales, pero eso si, de última generación. Afortunadamente la Armada empieza a renovarse, pero no en las cantidades deseadas.
Y llegados a este punto, es donde cabe preguntarse por la estrategia a seguir. Es sin lugar a dudas la Armada, el más fiel exponente de nuestra presencia en el exterior y de nuestras capacidades de actuación en el mínimo tiempo. Si queremos desempeñar un papel de meros espectadores, conformándonos con una defensa más bien ajustada de nuestros intereses marítimos, la actual flota con un portaaviones ligero nos sirve. Es más , de optar por esta estrategia, el número de escoltas seguirá disminuyendo con seguridad (ya se sabe el dicho del ministerio: 'construimos menos pero más capaces ...' ). Es una flota desde luego, adecuada para situaciones de minicrisis en países poco desarrollados, de ayuda humanitaria, o de acompañantes en agrupaciones multinacionales, donde el peso ya se sabe quien lo pone siempre. Pero desde luego en una situación de guerra real, con un enemigo dotado de una aviación medianamente decente (recuérdese las bajas que causó la aviación argentina a la flota británica en la guerra de las Malvinas), la primera medida sería con toda probabilidad poner a buen recaudo al portaaviones. Y una flota sin portaaviones de poco sirve en la guerra moderna.
 
Y con ello quiero llegar a la segunda opción. El tener la voluntad de proyectar un poder naval acorde a nuestro peso real (al menos según datos económicos y políticos) en el mundo. Esta determinación nos lleva a la necesidad de plantear seriamente la posibilidad de 2 portaaviones en la Armada española, con todo lo que ello supone de disuasión, operatividad y movilidad. Pudiendo estructurar la flota en base a 2 grupos de combate con sendos portaaviones, más otro de escoltas independiente y el grupo anfibio. Se daría así, sin lugar a dudas, una proyección a la Armada sin parangón hasta la fecha, con la posibilidad de mantener permanentemente un grupo de combate en el mar listo para actuar en cualquier crisis.
 
Todo ello sin olvidarnos del arma submarina, que si bien parece en retroceso, no por ello menos importante, dado su alto valor disuasorio. Como no parece ser políticamente correcto que este país posea submarinos de propulsión nuclear, que no portadores de armamento nuclear, es necesaria la adquisición de submarinos con la tecnología convencional más vanguardista del momento, que permitan un alto grado de discrecionalidad, así como largos periodos de permanencia en el mar.
 
Bien, finalizando y aun a riesgo de ser tachado de iluso, pienso que no es pedir la luna. Esta dimensión de las FAS, para el rol que España desea jugar en el concierto internacional en los proximos años, es compatible con nuestras posibilidades económicas y nuestro potencial crecimiento. Es hora pues, de las voluntades políticas, tan ajenas y olvidadas de los temas de Defensa, no sólo en nuestro más reciente periodo democrático, sino secularmente desde el siglo XIX. Así pues, más que de estrategias militares para la Defensa, cabría plantearse primero la estrategia económica a seguir, para seguidamente poder llevar a buen término la primera.