La reclamación marroquí de Ceuta y Melilla

por Ángel Pérez, 3 de diciembre de 2010

 

A pesar de ser recurrente, o precisamente por ello, la reclamación que Marruecos mantiene sobre los territorios españoles en el norte de África es un hecho grave. Marruecos, no hace mucho a través de su primer ministro Abas El Fasi, pone en cuestión las fronteras marítimas y terrestres españolas. Unas fronteras que se encuentran, por lo demás, entre las más estables y antiguas del mundo.
 
Bazas y obstáculos
 
Nada en Ceuta y Melilla resulta sencillo. En el conflicto que Marruecos insiste en plantear a España sobre su soberanía, ése país posee algunas bazas y numerosos obstáculos. En su contra debe citarse la determinación española a ejercer su soberanía, el alto nivel comparativo de renta local, la elevada población europea de las ciudades, la nacionalidad española, interesada o no, de la población musulmana, la consolidación de identidades diferenciadas, por ejemplo la bereber; la absoluta superioridad de España en todos los órdenes en caso de abierta hostilidad y la situación de facto, dado que España lleva ejerciendo su soberanía sobre las dos ciudades desde hace siglos. En cualquier caso, esta permanencia resulta la principal causa de los desencuentros entre España y Marruecos según Mohamed Larbi, ex ministro de comunicación de Marruecos: “Aunque existe una nueva generación de problemas, cuando se discuten acaban en el mismo punto, en el pasado. La persistencia de un litigio territorial que data del siglo XV, (en referencia a Ceuta y Melilla), es la ilustración más clara de que el diálogo entre españoles y marroquíes continúa siendo anacrónico[1].
 
El comentario pretende, en definitiva, situar el conflicto planteado por Marruecos en un escenario de irracionalidad histórica que merme la posición española, actitud en la que insiste el ex ministro de economía Salaheddine Mezouar, para quien "es claro que para Marruecos, Ceuta y Melilla son marroquíes" y "no hay que volver a la historia y la geografía" para constatarlo, insistiendo en que "la evidencia es la evidencia". Tras subrayar que España es "un país amigo con el que queremos construir el futuro", mantiene que "Marruecos no está dentro de un esquema de montar una presión ni de entrar en conflicto por esto". A pesar de lo cual Marruecos, por supuesto, plantea un conflicto y presiona con su reclamación de forma insistente. Según Mezouar se trata de un tema "muy sensible" para los dos países que va a resolver "el tiempo…y el buen sentido”[2]. La opinión de este ex ministro resulta interesante porque traslada la convicción de una parte, probablemente la más europeísta, de la clase política marroquí. Así Mezouar se muestra convencido de que "el futuro entre Marruecos y España será sin fronteras ni culturales, ni geográficas ni de otro tipo". "Esta es mi convicción y la de la clase política de Marruecos", agrega, considerando que “esto podría ocurrir dentro de diez o veinte años”.
 
Y en todo caso, considera, Marruecos es un país "que está creciendo y se va a consolidar" y estará "al mismo nivel que los países europeos en el futuro", por lo que "este tipo de problemas va a ser de más fácil solución que lo que estamos viviendo hoy en día”. El actual primer ministro de Marruecos, Aba El Fasi, no ha hecho sino retomar esta línea argumental, al afirmar que se trata de algo “anacrónico con el espíritu de los tiempos y con las relaciones estratégicas de buena vecindad”.
 
A su favor, Marruecos cuenta con las amplias posibilidades de influir en las ciudades que le otorgan su vecindad y el crecimiento de la población musulmana, dentro de la cual siempre será posible encontrar colaboradores. Cuenta también con la propia naturaleza del régimen político, al que resulta difícil encontrar ideas y políticas que sustituyan el expansionismo territorial y la retórica neocolonial, fenómeno este que, de no mediar cambios políticos improbables, augura larga vida a las pretensiones anexionistas de Marruecos.
 
La identidad
 
En líneas generales la reclamación marroquí sigue basándose en una interpretación sesgada de cuatro elementos: la identidad de las ciudades españolas, la seguridad, la proximidad geográfica y sus implicaciones potenciales; y el rechazo visceral de los españoles hacia el “moro”, elemento este último utilizado con profusión en la prensa del país vecino y que suele utilizarse de forma unilateral, como si el rechazo de lo cristiano careciera de larga y enraizada tradición en Marruecos.
 
En lo que están de acuerdo todos los analistas marroquíes que han abordado la cuestión de la identidad, es decir, la pertenencia natural de Melilla y Ceuta a España o Marruecos es en el hecho de que existe una dilatada y reconocida polémica ente ambos países al respecto basada en la histórica confrontación entre “moros y cristianos”. Esta polémica existe, en efecto, en las opiniones periodísticas y populares; y es contradictoria. En Marruecos la ciudad es tierra de cristianos y en España tierra de moros. Es menos evidente en el campo de la política. …”, esto es, que un hecho que afectaba directamente a la esencia de la nación marroquí fuera utilizado por una España que se permitía el lujo de jugar con conceptos cuya hondura y trascendencia no compartía. El entonces ministro marroquí de asuntos exteriores abundó en la identidad al insistir en el carácter colonial de las ciudades: “Ceuta y Melilla, como otras ciudades de la costa mediterránea o atlántica del Magreb… son el resultado de la primera expansión colonial de Europa.”[4]El hecho histórico es discutible, pero resulta significativa la utilización del término Magreb, y no Marruecos, ofreciendo así a sus lectores un ámbito identitario superior; y la utilización del adjetivo colonial, capaz de descalificar por si mismo cualquier pretensión española de conservar las ciudades. El elemento identitario resultó evidente, por último, en el apoyo que brindó a Marruecos la Organización de la Conferencia Islámica[5], a partir de la petición de apoyo realizada por el propio primer ministro Abbas El Fasi, que se permitió la licencia de comparar en el parlamento marroquí la naturaleza de Ceuta y Melilla con la de los territorios ocupados en Palestina[6]. Argumento que el partido islamista más importante de Marruecos, el PJD, utilizó de inmediato comparando a los “marroquíes que viven bajo colonización española a los hermanos palestinos en el marco de la colonia israelí”. La insistencia en el carácter islámico de las ciudades denota, sin embargo, más debilidades que fortalezas. Da la impresión de que los argumentos propiamente marroquíes no son suficientes para asegurar el éxito de la reclamación y conviene, por tanto, convertirla en un problema que afecta a dos civilizaciones, dos religiones y dos formas de ver el mundo; elemento persistente de la posición marroquí desde los años ochenta, cuando Marruecos se opuso vehementemente al proceso de naturalización de la comunidad bereber residente en las ciudades.
Sencillamente España no necesita el elemento identitario de la misma manera que Marruecos para sostener sus tesis. Para la primera la identidad de la población es un hecho legalmente intrascendente y, en el peor de los casos, una incomodidad; para el segundo es un hecho sustancial que define en sí mismo la naturaleza de la reclamación. La visita de los Reyes a Ceuta y Melilla en 2007 desencadenó una sucesión de declaraciones que ponen en evidencia este hecho. Mohamed VI afirmó rechazar que “constantes nacionales sagradas fueran utilizadas como medio en el negocio español[3]
 
El recurso a una identidad supranacional tiene sin embargo una explicación sencilla. La polémica sobre la identidad de la ciudad solo es compartida parcialmente por la población musulmana local, que se ve a sí misma en general como española. Ni siquiera es posible utilizar en el caso de Melilla y Ceuta el concepto de binacionalidad elaborado por Buursink[7], sencillamente porque no se trata de territorios españoles con mayoría de población marroquí; sino de territorios españoles con población española que se ve a sí misma como tal[8]. Un elemento este último que estuvo presente en el mismo discurso del Rey en 2007, insistiendo en que el futuro de las ciudades estaba en manos de todos. Evidentemente, ni hubo referencias étnicas, ni religiosas; y si a la democracia y el pluralismo[9]. La identidad, por tanto fue entonces y es abordada hoy de forma harto distinta en un país y en otro. La supuesta polémica entre ambos países sobre este hecho no existe; y la rigidez de la posición de Marruecos sobre la identidad de Ceuta y Melilla, que nunca ha hecho referencia a los cristianos y judíos de ambas ciudades en términos conciliadores, pone en evidencia la enorme distancia que existe entre ambas posiciones.
 
La geografía y economía
 
La proximidad, el hecho geográfico como tal, suele ocupar en el elenco de argumentos marroquí un lugar relevante. Hassan II hizo a menudo referencia a este hecho y a las obligaciones que a ambos países imponía la vecindad, entendiendo por vecindad la cercanía física, que impondría la necesidad ineludible de negociar y la facilidad con la que cualquier crisis nacional o regional podía afectar a ambas naciones[10]. Pero sobre todo la proximidad es para las tesis marroquíes un argumento jurídico e histórico que recuerda al concepto legal de contigüidad, utilizado por ejemplo por Argentina en su reclamación de las islas Malvinas. En el caso de Marruecos esa contigüidad estaría reforzada por la proximidad, contingencia territorial, y dependencia económica. Paradójicamente, no suele utilizarse este argumento a la inversa, siendo evidente, sin embargo, que la contigüidad y la proximidad son factores que no desmerecen en nada la posición oficial de España, nación tan próxima como contigua.
 
Ligado al factor “proximidad”, la economía suele ser un caballo de batalla habitual en la reclamación marroquí en dos sentidos: la dependencia del entorno y la importancia del contrabando y sus efectos en la economía de Marruecos. Este es un argumento voluntarista, sin duda, pero no carece de interés por cuanto pretende insistir en Melilla y Ceuta como problemas irresolubles sin un cambio de nacionalidad. En el fondo de la cuestión late una evidente incomprensión de la naturaleza de ambas ciudades y las razones de España para permanecer atada a ellas. Así no es difícil encontrar afirmaciones como las de Zakya Daoud: “Es un lugar importante porque sirve de base al contrabando. España introduce así (en Marruecos) gran cantidad de productos. Si esta actividad desapareciese la ciudad no tendría ninguna importancia[11].
 
La simple idea de que para una economía como la española, situada, todavía, entre las quince primeras del mundo, el supuesto contrabando realizado a través de Ceuta y Melilla pueda resultar de alguna trascendencia económica o política resulta risible. Lejos de ser, sin embargo, un argumento periodístico, lo es también político. La administración marroquí insiste en la importancia de ambas ciudades en el trafico de drogas, acusación paradójica en un país donde se dedican más de 100.000 hectáreas al cultivo del cannabis con casi total impunidad; y en 2004 el entonces ministro de comercio exterior, Mustafa Mechahouri, afirmó sin ruborizarse que ese contrabando hizo perder a Marruecos 1700 millones de dírhams e impidió la creación de 450.000 empleos[12], una acusación asombrosa habida cuenta de que ese contrabando no tiene más origen que la negativa marroquí a establecer un control aduanero eficaz en la frontera de Melilla y Ceuta; control que sí existe en el lado español, donde los productos objeto de contrabando son comprados y expedidos fuera de España legalmente. Negociadores, políticos y académicos marroquíes intentan encontrar una explicación a la testarudez española buscando lo que no existe, una razón económica que explique la permanencia de las ciudades en España. Late en esta búsqueda un intento de trasladar los factores que en Marruecos condicionan la economía, en esencia el estado, al caso de España y sus ciudades norteafricanas. Por eso es recurrente la utilización de la competencia marítima entre los puertos españoles y marroquíes como última ratio explicativa. La construcción de Tanger Med y la gestión del flujo migratorio marroquí en verano se utilizan para especular sobre la supuesta dependencia económica de las ciudades.
 
Este último acontecimiento, muy relevante para la sociedad y la economía marroquí, es en España en esencia un problema muy poco rentable. Excepto las compañías que aseguran la comunicación entre ambas orillas, que se benefician de un tráfico intenso durante los pocos días de concentración de vehículos y pasajeros, para las ciudades que lo sufren es cuando menos un incordio, que en el caso de Ceuta y Melilla ni siquiera deja dinero, pues esos ciudadanos se trasladan de inmediato a Marruecos tras el desembarco sin realizar gasto alguno. La utilización de Tanger y Nador para realizar el tránsito ni ha modificado los parámetros económicos de las ciudades ni, en realidad, los de las compañías navieras españolas, que utilizan igualmente esos puertos marroquíes con asiduidad. Ni Ceuta ni Melilla han realizado esfuerzo alguno por atraer ese tráfico o fidelizarlo de ninguna manera. Algo parecido sucede con Tanger Med, que resulta un competidor importante para Algeciras, pero no para Ceuta, que posee un puerto especializado en la venta de combustible y no en el tránsito de carga; o el futuro West Med, que competirá con Málaga, pero no con Melilla, cuyo puerto tiene por ahora un uso local y hace años que perdió su función como plataforma logística.
 
Lo que sí han desencadenado esos grandes proyectos, sin embargo, es el interés por recuperar la importancia de ambos puertos en la economía local. El de Ceuta está en fase de ampliación y el de Melilla entrará en ella en los próximos años. Paradójicamente el deseo de ahogar unos puertos de importancia menor puede impulsar una política en el caso español que refuerce su trascendencia en el estrecho como puntos de avituallamiento de combustible y parada de transatlánticos. Definitivamente, la economía de Ceuta y Melilla no es ni el centro ni la periferia del conflicto hispano marroquí.
 
La seguridad
 
La seguridad sí es hoy, como lo fue en el pasado, un factor importante en la percepción que ambos países tienen de las ciudades. Tanto desde un punto de vista estratégico convencional, como antiterrorista. La amenazas de Al Queda, los vínculos entre criminalidad y financiación terrorista, la construcción de una base militar marroquí en Alcazarseguer, la inmigración clandestina y la estrategia norteamericana, que incluye a Marruecos como socio privilegiado, centran habitualmente la atención.
 
Si bien existe una complicada y no siempre efectiva colaboración entre España y Marruecos en algunos de estos ámbitos, recuperada tras la crisis de isla Perejil; la posición marroquí insiste siempre que es posible en la inseguridad provocada por las ciudades españolas, supuesto centro de un intenso tráfico criminal vinculado a los grupos fundamentalistas radicales que actúan en Europa y en el Norte de África. Sin duda, la existencia de una frontera terrestre hace inevitable que su tránsito y utilización resulten atractivos para actuales o potenciales terroristas; pero no está claro que su inexistencia hubiera reducido el riesgo que el terrorismo islámico representa hoy para España y para Marruecos. La necesidad marroquí de gestionar la cuestión abierta del Sahara Occidental, es también un problema serio de seguridad y exige una aproximación a España que obliga a moderar toda acción de reivindicación imaginable en este ámbito. Existe desde esta perspectiva un vínculo político entre la actitud española sobre el Sahara y la belicosidad de Marruecos con el asunto de las ciudades autónomas españolas.
 
Conclusión
 
De hecho, la apuesta más seria de Marruecos en su política de reclamación territorial han sido hasta ahora los proyectos de desarrollo de la zona norte, en realidad iniciados con escaso éxito en los años setenta y que pretenden anular el peso económico de Melilla y Ceuta a favor de Nador, Alhucemas, Tetuán y Tanger. La idea es sencilla, si las ciudades pierden sentido económico, España negociará. La verdad es que esas ciudades nunca han tenido una excepcional importancia económica, y, al contrario, su peso relativo ha sido siempre mayor en la región marroquí circundante más como consecuencia del grave subdesarrollo regional que de la economía de las dos ciudades autónomas. Entretanto Marruecos se limita a no reconocer la frontera, con las graves consecuencias legales que ello implica, y a mantener un puesto policial que pretende ser temporal y cuyo objetivo, para las autoridades marroquíes, es gestionar un status quo interpretan como temporal, esto es, una situación que el tiempo reconducirá pacíficamente[13], aunque sea dentro de un proceso difícil[14].


 

Notas
 
[2] DiarioDirecto, 28/07/08
[3] Le Matin du Sahara, 06-11-2007
[4] Le Matin du Sahara, 09-11-2007: “Maroc-Espagne: le Maroc réfute les prétentions et les mensonges flagrants ».
[5] La Matin du Sahara, 13-11-2007.
[6]El País, 06-11-2007.
[7]Buursink, Jan. “The Binational Reality of Border-Crossing cities”, Geojournal nº.54, pag.19, 2001.
[8]Tel Quel, nº.211, 06-02-06: “ Sebta et Melilla. Zapatero chez lui».
[9] El Mundo, 06-11-07: Ceuta aclama a los Reyes y da una lección de patriotismo democrático”.
[10] Gillespie, Richard: “This stupid little island: a neighborhood confrontation in the Western Mediterranean”, International Politics, vol.43, 2006.
[11] Maroc Hebdo International, nº.520, 2002.
[12]Maroc Hebdo International nº.604, 2004.
[13] El País, 29-07-08.
[14] Le matin du Sahara, 10-7-08: “Maroc-Espagne, le nouveau soufflé”.