La otra guerra de Hamás. La que los medios de comunicación, académicos y diplomáticos ignoran

por Clifford D. May, 13 de enero de 2009

(Publicado en National Review, 9 de enero de 2009)
 
Los civiles palestinos continúan siendo asesinados a sangre fría - varias docenas apenas el pasado fin de semana. Muchas de las víctimas fueron abatidas a tiros dentro de hospitales y escuelas.
 
Si usted ha estado siguiendo lo más reciente acerca del conflicto de Oriente Próximo, esto no le sorprenderá. Lo que podría sorprenderle: El hecho de que los agresores fueran palestinos - miembros de Hamás que atacan a los que están afiliados con la organización rival, Al Fatah.
 
Solamente encontrará una que otra mención sobre estos ataques perdida entre las noticias en periódicos como el New York Times y el Washington Post. Se ha dicho poco - o nada - en la televisión.
 
Pero Khaled Abu Toameh - el valiente y distinguido corresponsal del Jerusalem Post (periodista que, dicho sea de paso, es árabe) - ha informado que han ejecutado sumariamente a 35 activistas de Al Fatah, mientras que a más del doble les han disparado en las piernas o les han roto las manos. 
 
Ésta es la otra guerra, la guerra a la que la mayoría de los medios de comunicación, académicos, diplomáticos y grupos de derechos humanos no le hacen caso. Es la guerra entre Hamás - grupo terrorista islamista militante fuertemente patrocinado  por Irán - y Al Fatah, una organización que es difícil describir bien en pocas palabras.
 
Fundada por Yasser Arafat, la organización Al Fatah no es lo que se pueda decir moderada, pero sí esporádicamente pragmática. Rechaza el terrorismo pero no dejado el hábito por completo. Tiene la reputación manchada por la corrupción pero sus defensores aducen que está mejorando. Al Fatah - del árabe que significa “la conquista” - ideal poco reputado actualmente en círculos occidentales - es laica, aunque tiene una facción indudablemente islamista, las Brigadas de los Mártires de al-Aqsa.
 
Hace tres años, Hamás ganó una sorpresiva victoria sobre Al Fatah en las elecciones legislativas. Pero para los líderes de Hamás, esta iniciación en la experiencia democrática no ha sido de las que le cambian a uno la vida. Así pues, en junio de 2007, montaron un golpe militar contra Al Fatah y la Autoridad Palestina en Gaza.
 
En cuatro días, “los pistoleros de Hamás, llevando pasamontañas negros, controlaban las polvorientas calles”, escribe Jonathan Schanzer en su nuevo libro Hamás vs. Fatah: La lucha por Palestina. “No pasará mucho tiempo para que caiga el recinto de Seguridad [de la Autoridad Palestina] al-Suraya que parece una fortaleza”. De hecho, los combatientes de Hamás habían excavado un tunel debajo de las instalaciones, detonaron explosivos y entraron”. Los combatientes de Hamas también lanzaron a varios de sus rivales de Al Fatah desde las azoteas de edificios altos. En capitales europeas y árabes, no se vio protesta alguna. 
 
Como Schanzer explica, la violencia “era una manifestación clara y externa de una guerra civil” que comenzó en 1987. Como bien revelan los recientes acontecimientos, no ha terminado todavía. Sin duda alguna, Hamás entiende que la misión militar de Israel en Gaza podría terminar significando el restablecimiento de la posición de Al Fatah en Gaza.
 
De hecho, es difícil imaginarse cómo Al Fatah podría hacer esto sin una intervención israelí. Al Fatah no es lo bastante fuerte como para desafiar a Hamás a través de la fuerza de las armas. Ni tampoco puede ganar el poder en las urnas: Hamás ganaría o, si eso estuviera en duda, Hamás no permitiría una votación justa.
 
Por supuesto, el resultado de la batalla actual entre Hamás e Israel sigue siendo incierto. Hamás continúa lanzando misiles contra aldeas israelíes - incluso cuando sus portavoces y partidarios denuncian una creciente crisis humanitaria en Gaza. Es decir, Hamás cree que exhibiéndose desafiante y simultáneamente explotando el sufrimiento palestino, puede anotarse una victoria en los medios de comunicación y en los foros internacionales - una que valga por lo menos tanto como ganar en el terreno.   
 
Pero si los líderes de Hamás se estuvieran equivocando, si sus mejores, más brillantes y brutales personajes murieran y si la organización emergiese baldada de este conflicto, Al Fatah se vería muy beneficiada.
 
¿Cuáles son las alternativas? Pocos israelíes tienen estómago para una reocupación de Gaza en este momento. Los egipcios, que controlaban el territorio desde 1949 hasta 1967, no han demostrado ningún interés en hacerse responsables otra vez, ni siquiera provisionalmente.
 
¿Significa esto que los miembros de Al Fatah están esperando secretamente - quizá incluso ayudando - a que Israel le gane a Hamás? Es posible, aunque si eso fuera verdad, no significaría que Al Fatah vaya a mostrar buena voluntad y espíritu conciliatorio hacia Israel de ahora en adelante. 
 
En Oriente Próximo, el enemigo de mi enemigo puede ser útil, pero eso no lo convierte en mi amigo.

 
 
Clifford D. May, antiguo corresponsal extranjero del New York Times, es el presidente de la Fundación por la Defensa de las Democracias. También preside el Subcomité del Committee on the Present Danger.
 
 
 
 
©2009 Scripps Howard News Service
©2009 Traducido por Miryam Lindberg