La opción de Hamás

por Florentino Portero, 19 de diciembre de 2006

Hamás busca dos objetivos: acabar con el estado de Israel e imponer la doctrina islamista al oeste del Jordán, como un paso más en el camino hacia el establecimiento de un nuevo Califato. Para lograrlo tiene que aprovechar bien las oportunidades que surgen y administrar los tiempos.
 
Hamás no es un ente aislado. Actúa en sintonía con otras formaciones o gobiernos islamistas, sean chiíes o suníes. Su principal ayuda proviene de Irán, el estado más entregado a esta causa. Todos ellos están convencidos de que Estados Unidos está empantanado en Irak y que su margen de maniobra para gestionar otras crisis ha quedado reducido a cero. Los europeos sienten vértigo ante las crisis. Amenazaron a Teherán por el programa nuclear y todo quedó en nada. Ahora frenan la aplicación de sanciones creíbles en el Consejo de Seguridad. Cerraron el grifo de la ayuda a la Autoridad Palestina cuando Hamás ganó las elecciones al Parlamento y ya comienza a deteriorarse el consenso ante las imágenes que cada día llegan de Gaza.
 
Los islamistas saben que tienen que aprovechar los próximos dos años de la Administración Bush para consolidar su posición de fuerza en Palestina, como Hizbolá en Líbano.
 
El primer ministro Haniyeh ha vuelto de un viaje por capitales afines con apoyo político y dinero. Ahora Hamás tiene que decidir si mantiene el pulso a Al Fatah o si cede a la formación de un gobierno de coalición. Lo primero puede derivar en una contienda civil. En su perspectiva, el aniquilamiento de los nacionalistas es necesario, pero falta por saber si es oportuno. En cualquier caso, sería muy costoso en vidas, haciendas e imagen internacional. Lo segundo les permitiría calmar la tensión y ganar tiempo.
 
Estados Unidos se ha volcado en ayudar a Al Fatah. Personalidades como Abbás o Dahlan, líderes generacionales de esta formación, son los interlocutores posibles para lograr un estado palestino moderado y la paz con Israel. Sin ellos, poco quedaría por hacer.