La ocasión perdida

por Florentino Portero, 2 de noviembre de 2010

(Publicado en ABC, 2 de noviembre de 2010)

 
Cuando la llegada de una gran crisis económica se sentía ya próxima y la segunda Administración Bush entraba en su etapa final, la sociedad norteamericana asumió que había llegado el momento del cambio. Para estas gentes que todavía guardan en su corazón el espíritu del pionero, sin el que difícilmente entenderemos su comportamiento, una crisis es siempre una oportunidad, el momento de las grandes decisiones para adaptarse a un nuevo entorno. En esas circunstancias el sentido común apuntaba a que un hombre joven, bien formado, ajeno al «cotarro» tradicional sería más apropiado para superar la crisis económica y poder adentrase en el siglo XXI reteniendo su liderazgo global. Creyeron que el joven senador Obama era el hombre y se equivocaron.
 
Hoy los norteamericanos han podido constatar que Obama es un gran orador, un formidable comunicador, alguien con la osadía para despreciar a sus compañeros más veteranos en la Cámara Alta a la hora de juzgar sus análisis sobre política exterior, económica o social... sin tener prevista ninguna alternativa. Llegó alimentando sueños y se enfrenta a su primera prueba electoral con la deuda por las nubes, casi un 10% de paro, ningún problema importante resuelto —ni en política doméstica ni en internacional—, y una preocupante tendencia a reforzar las competencias de la Administración Federal.
 
No estamos sólo ante un debate ideológico, que lo hay y es de interés. Nos encontramos sobre todo ante la sensación generalizada de engaño y frustración. Creyeron en un dirigente cuyo morral estuvo siempre vacío de ideas, que llegó sin saber qué hacer y que ha dado palos de ciego quemando a casi todo su equipo. Pero además saben que han desperdiciado una oportunidad extraordinaria para modernizar su economía y proyectar su influencia en el mundo.