La mano vendada de Aznar

por GEES, 10 de diciembre de 2003

Aznar volverá a levantar su mano en la Conferencia Intergubernamental que debe aprobar el borrador definitivo de la Constitución Europea. Levantará su mano en contra de un previsible consenso casi unánime del resto de sus socios. Y volverá a hacerlo, como ya lo hizo en Ámsterdam, para defender lo que considera legítimos e irrenunciables intereses de España.

Los grandes socios europeos, Alemania y Francia, quieren revisar a toda costa el acuerdo alcanzado en Niza sobre el sistema de votaciones en la Unión, primero porque la reforma propuesta por la Convención favorece a los estados más poblados, es decir a ellos, y segundo porque consideran que España salió excesivamente beneficiada de Niza. Pero hay algo más. Francia pretende aprovechar esta coyuntura para dar una lección a España. Tras el protagonismo adquirido por nuestro país en el conflicto de Irak, el gaullismo pretende demostrar a su incómodo vecino del sur quién manda en Europa. Poner a cada uno en su sitio y castigar al pequeño respondón.

El problema es que Aznar, como un Asterix español, no está dispuesto a dejarse doblar el brazo, aunque ahora lo lleve vendado y su partido haya de afrontar unas elecciones generales en seis meses. Chirac ya amenazó en Roma con hacer descargar todo el peso de la responsabilidad del fracaso sobre aquél que se niegue a aceptar sus tesis. Pero Aznar parece dispuesto a asumir esa responsabilidad antes que dejarse avasallar por la arrogancia francesa.

España ha pasado en los últimos años de ser un gregario del tandem franco-alemán a convertirse en un líder del pelotón alternativo en Europa. A Francia y Alemania, por el contrario, les cuesta asumir que en una Europa a veinticinco el peso relativo del eje Paris-Berlín es mucho menor que el que tenían en una Europa de seis e incluso de quince. Está en juego algo más que un puñado de votos. En la próxima conferencia se va a decidir el futuro reparto del poder y del liderazgo de la Unión Europea. España no sólo no se resigna a volver al patio de los pequeños, sino que aspira, para desesperación de Francia, a jugar en el campo de los mayores.