La manipulación ideológica de "The Lancet"

por Jeff Jacoby, 22 de enero de 2008

(Publicado en The Boston Globe, 13 de enero de 2008)

Pocas revistas médicas tienen la reputación de The Lancet [http://www.thelancet.com/], una publicación británica fundada en 1823. En el curso de su larga historia, The Lancet ha publicado investigaciones de excepcional influencia, como los principios de la profilaxis de Joseph Lister en 1867 o los descubrimientos ganadores del Premio Nobel de Howard Florey sobre la penicilina en 1940. Hoy es una de las revistas médicas citadas con más frecuencia en el mundo.
 
Así que naturalmente hubo gran interés cuando The Lancet publicó en octubre de 2006 un estudio [ http://www.thelancet.com/webfiles/images/journals/lancet/s0140673606694919.pdf ], tres semanas antes de las elecciones norteamericanas al Congreso, informando de que 655.000 personas habían muerto en Irak producto de la guerra encabezada por Estados Unidos.
 
Centenares de informativos, por no mencionar a los activistas pacifistas y los legisladores, publicitaron la sorprendente cifra, que era más de 10 veces la cifra de muertos estimada por las demás fuentes. El ministerio de salud iraquí, por ejemplo, situaba el nivel de mortalidad a lo largo de junio del 2006 en 50.000. Iraq Body Count [ http://www.iraqbodycount.org/ ], un grupo pacifista independiente que mantiene una base de datos pública de las víctimas de la guerra, calculaba con precisión alrededor de 45.000 muertos iraquíes. Si la cifra de The Lancet era exacta, más iraquíes habían muerto en los dos años y medio desde la invasión norteamericana que durante la guerra de ocho años contra Irán.
 
El Presidente Bush, preguntado por el estudio, lo desechaba como exagerado: 'No lo considero un informe fiable'. El portavoz de Tony Blair también le restaba importancia como 'sobradamente... impreciso'.
 
Pero los medios lo divulgaron, en su mayor parte sin hacer preguntas. 'Muertos desde la invasión uno de cada 40 iraquíes ', resonaba un titular de The Guardian un importante diario británico. La noticia de CNN.com: 'La guerra se ha llevado a alrededor de 655.000 iraquíes, o más de 500 personas al día, desde la invasión encabezada por Estados Unidos, informa un nuevo estudio'. El informativo de la noche de la CBS anunciaba 'una nueva e importante medida de los escombros a los que la invasión norteamericana ha reducido Irak... 655.000 iraquíes -- el 2,5 % de toda la población -- han muerto como consecuencia de la guerra'.
 
Pocos periodistas cuestionaron la integridad del estudio o la de sus autores, Gilbert Burnham y Les Roberts, de la Bloomberg School of Public Health de la Universidad John Hopkins, y el científico iraquí Riyadh Lafta. Richard Harris, de la radio pública americana, informaba preguntando a Burnham, 'Justo antes de las elecciones usted hace este anuncio. ¿Está motivado políticamente? Y dijo que no, no está motivado políticamente'. Burnham informaba a Newsweek de lo mismo: 'No hay motivación política en esto. Me siento muy seguro de las cifras'.
 
Pero resulta que la verdad es que el informe estaba bañado en política, y sus asombrosas conclusiones deberían haber suscitado de todo menos confianza.
 
En una noticia de portada [ http://news.nationaljournal.com/articles/databomb/index.htm ] extensamente contrastada la semana pasada, el National Journal realizaba un examen detenido de los entresijos del estudio The Lancet/ Johns Hopkins. Los reporteros Neil Munro y Carl M. Cannon concluyen que está salteado de errores flagrantes, como los equipos iraquíes de recogida de información sin supervisión y muestras estadísticas demasiado pequeñas para ser estadísticamente válidas. Los autores del estudio rechazaban dar a conocer la mayor parte de sus datos subyacentes para que los demás investigadores pudieran cotejarlos. El único disco informático, entregado finalmente por ellos a regañadientes, contiene sospechosas evidencias de 'alteración de datos': es decir, inventar las cifras. Los investigadores no reunieron datos demográficos básicos de aquellos entrevistados, una protección clave contra el fraude.
 
'No hicieron en ninguno de los procedimientos rutinarios para evitar la invención', explicaba a los reporteros Fritz Scheuren, vicepresidente de estadística del National Opinion Research Center [ http://www.norc.org/Aboutus ].
 
Malos como son los defectos metodológicos del estudio, su corrupción política es peor:
 
Gran parte de la financiación del estudio llegaba del Instituto Sociedad Abierta [ http://www.soros.org/] del multimillonario de extrema izquierda George Soros, un estridente crítico de la guerra de Irak quien, como señalan Munro y Cannon, 'gastó 30 millones de dólares intentando derrotar a Bush en el 2004'.
 
Los coautores Burnham y Roberts son reconocidos detractores de la guerra de Irak, y enviaron su informe a The Lancet con la condición de que fuera publicado únicamente antes de las elecciones. Roberts, un autoproclamado 'defensor' comprometido de 'poner fin a la guerra', incluso se presentó a la nominación Demócrata en el distrito 24 por Nueva York del Congreso. 'Fue una combinación de Irak y el Katrina lo que me sacó de mis casillas', explicaba al National Journal.
 
El editor de The Lancet, Richard Horton, 'tampoco son ningún secreto sus tendencias políticas de extrema izquierda', escriben Munro y Cannon. En una concentración en septiembre del 2006, denunciaba públicamente [ http://www.youtube.com/watch?v=v7BzM5mxN5U] 'este eje de imperialismo angloamericano' por hacer que 'millones de personas... mueran de pobreza y enfermedades'. Bajo la dirección de Horton, The Lancet viene siendo acusada con cada vez mayor frecuencia de sensacionalismo y emotividad. En el 2005, 30 importantes científicos británicos criticaban [ http://www.timesonline.co.uk/article/0,,2-1658807,00.html ] 'la búsqueda de titulares a la desesperada' por parte de Horton y le acusaban de 'publicar artículos sensacionalistas mal realizados y pobremente revisados'.
 
La acusación de que la invasión de Irak encabezada por Estados Unidos ha provocado una masacre de proporciones cercanas a la de Ruanda fue una exageración grotesca y exagerada; debería haber sido recibida con escepticismo extremo. Pero puesto que servía a los intereses de aquellos ansiosos por desacreditar la guerra como una catástrofe moral, los estándares del sentido común fueron dejados de lado. 'En nuestra opinión', editorializaba el Baltimore Sun, 'el estudio Hopkins se tiene en pie siempre que nadie lo cuestione”.
 
Ahora alguien lo ha hecho, devastadoramente. ¿Pero será la refutación anunciada a los cuatro vientos tan extensa y claramente como el informe original? Espere sentado.