La jihad de los coches bomba: ¿lo ve con claridad Gran Bretaña?

por Walid Phares, 17 de julio de 2007

(Publicado en World Defense Review, 2 de julio de 2007)

Con cada revelación que conocemos en Gran Bretaña y en Occidente acerca de un complot frustrado o de un ataque, se plantea un torrente de preguntas dentro de los principales medios, algunas de las cuales se contradicen entre sí. El éxito británico del 29 de junio al desactivar dos coches bomba (tal vez más) en Londres se ha acompañado de una incesante serie de temas, desvelando entre otras cosas cómo la cultura del contraterrorismo dentro de las democracias occidentales está aún coja en términos de cohesión. En comparación con conflictos anteriores, el comportamiento analítico de la guerra global contra el terror merece un examen serio. A continuación están las principales cuestiones que sugiero considerar:
 
Comencemos por algunas declaraciones británicas realizadas tras el anuncio del descubrimiento del coche en Londres: por una parte, el nuevo secretario de seguridad nacional de Gran Bretaña, Jaqui Smith, decía tras una reunión de emergencia con altos funcionarios: 'afrontamos actualmente la amenaza más seria y constante a nuestra seguridad por parte del terrorismo internacional', solamente para chocar con las autoridades británicas que afirman 'no encontrar ningún vínculo' entre el coche-bomba desactivado y algún grupo terrorista. Esta evidente contradicción entre afirmar que es 'internacional' pero al mismo tiempo carente de vinculación con algún grupo terrorista es indicativo del difícil contexto político en que los esfuerzos del contraterrorismo británico se están encontrando. Desde los ataques del 7 de julio y las conspiraciones posteriores, uno no puede sino observar las vacilaciones en las declaraciones públicas del gobierno a la hora de definir al enemigo. Inglaterra se encuentra entre los muchos países en los que el activismo político jihadista ha sido capaz de ganar diversas batallas de ideas. Para el estamento político de Londres, para el dominante al menos, (junto con la élite europea de Bruselas) es extremadamente problemático enarbolar los términos 'guerra contra el terror', 'conflicto', y por supuesto cualquier terminología que utilice formulaciones ideológicas o religiosas. Examinada de cerca, esta actitud es el resultado de capas y capas de 'conocimiento' brindado por 'especialistas' académicos que aconsejan no utilizar frases que - en sus argumentaciones - puedan exacerbar las tensiones nacionales con una comunidad particular, los musulmanes. De ahí que el gobierno y la burocracia británica hayan abandonado preventivamente toda referencia a la esencia de la guerra que pone sus miras en el Reino Unido, a saber, el jihadismo y sus derivados, hasta la naturaleza real de la acción del terror: el hecho mismo de que sea global, sistemático e ideológico, en lugar de una guerra.
 
Una segunda serie de preguntas que acompañan al debate inmediato sobre el complot se centran en el vínculo con Al Qaeda. La cantinela que rodea a los medios y las informaciones oficiales menudea en torno a la responsabilidad de Bin Laden en este asunto, como si fuera a modelar la estrategia de respuesta. Los investigadores occidentales, y en este caso británicos, deben pasar por alto las estimaciones sin ninguna importancia acerca del papel formal de al Qaeda y dedicar energía y tiempo a la pregunta general, la penetración jihadista en la sociedad británica. Bin Laden o Zawahiri podrían o podrían no ser los factores de acción en esta operación específica; el aparato central de Al Qaeda podría o podría no estar a cargo de la ejecución; y los autores materiales podrían o podría no ser terroristas profesionales. El tema entre manos sigue siendo 'la fábrica' que dio lugar a estas personas: quién las adoctrina, cómo constituyeron una célula, cuántas células jihadistas potenciales hay por las islas. Con Bin Laden o sin él, eso es una pregunta secundaria, porque después de su muerte, y si la contención del jihadismo no tiene éxito en Gran Bretaña, habrá tentativas, aunque no firmadas por la organización matriz.
 
¿Jihadistas nacionales o jihadistas extranjeros?
 
La mentalidad 'nacional' vs. 'internacional' vuelve con un retorcido argumento de ida y vuelta: ¿los autores materiales se generan 'nacionalmente' o 'a ultramar'? Un argumento que provoca una resonancia política diferente al otro, ambos indeseables para el análisis imperante: si los terroristas son 'nacionales', la siguiente pregunta reabre el debate sobre la presunta 'radicalización de la comunidad musulmana británica'. Obviamente los funcionarios quieren evitar el tema. Si se dice que los terroristas son 'internacionales', entonces la noción de 'guerra global' resurge tambaleando la doctrina que argumenta lo contrario. Algo peor podría ocurrir si se descubre que ciudadanos británicos - en representación del jihadismo - han estado en contacto con redes terroristas extranjeras (lo cual sería lógico en la mayor parte de los casos). Entonces el análisis vuelve a la casilla de salida, una situación de la que intentan zafarse la mayor parte de los comentaristas políticos, sin éxito. Por decirlo simplemente, los seguidores del jihadismo no tienen fronteras: nacionales o internacionales, todos forman parte de una ideología sin fronteras.
 
La indagación civil está tan traumatizada intelectualmente que en ocasiones produce comentarios extraños. En la lucha policial contra criminales comunes, es perfectamente correcto proceder en solitario de las pruebas físicas de la escena del crimen, por el simple motivo de que no existe ningún contexto previo. Pero en una guerra, el contexto constituye el marco en el cual se lleva a cabo la investigación de un acto de guerra. Scotland Yard es conocido entre las fuerzas policiales más eficaces del mundo. Ha solucionado montones de enigmas (literalmente) de la nada. Pero durante el bombardeo de Londres de 1940, habría sido extraño que las autoridades de seguridad hubieran buscado los restos de las bombas entre las ruinas para afirmar que 'las bombas están relacionadas porque están fabricadas con los mismos materiales'. En el último complot de Londres, los dos Mercedes fueron declarados 'vinculados' porque contenían los mismos materiales. Pero, ¿qué pasaría si los dos coches bomba hubieran estado trufados de tipos de explosivo diferentes? ¿Habrían pertenecido a dos conflictos distintos? Tal conclusión - remota desde la lógica de las guerras - es extraña precisamente a causa de que el postulado de la doctrina es distanciar al análisis oficial del concepto de 'guerra' tanto como sea posible.
De ahí que aunque los jihadistas puedan golpear Gran Bretaña a voluntad - y en cifras significativas - ellos sigan siendo percibidos como dispersos, aislados, y atacando a causa de sus propias guerras particulares, cada uno emprendiendo su guerra privada por motivos privados.
 
Algunos relacionados con el discurso acerca de los autores materiales hablarán sobre 'una caza poblacional' de los terroristas basada en la difusión de las cintas tomadas por muchas de las cámaras de vigilancia de Londres. El Reino Unido se enorgullece de haber instalado más cámaras en su capital que todas las demás ciudades europeas juntas.
Pero cuando uno se pregunta el motivo de que la densa vigilancia esté tan extendida, uno se da cuenta de que Gran Bretaña tuvo que desarrollar un sistema extremo de monitorización porque se le prohibió participar en la guerra preventiva. A lo largo de los años, las autoridades se han visto presionadas por lobbies para no perseguir a los jihadistas 'antes' de convertirse en terroristas o antes de atacar. De modo que los recursos se desviaron a espiar a los jihadistas (y a los demás terroristas) 'después' de atacar, pero no antes: otro resultado del obstáculo inicial es la percepción del 'enemigo'. Los Estados Unidos se encuentran bajo una presión parecida por parte de sus propios críticos internos para seguir el mismo camino: no monitorizar a los jihadistas antes, sino exclusivamente después de haber estado involucrados en alguna acción terrorista.
 
Como era de esperar, el debate se carga del argumento clásico de 'rabia creciente entre los musulmanes de Gran Bretaña'. Desde los ataques del 7 de julio, una presunta teoría socio-económica ha sido inyectada en el debate por parte de los apologistas del jihadismo. Argumentan que los autores materiales 'están reaccionando a la marginalización de la comunidad musulmana por motivos económicos', un análisis que fue echado abajo por los científicos sociales europeos. El crecimiento del jihadismo no es producto de disparidades socioeconómicas, como se ha demostrado, sino de la expansión del wahabismo, el salafismo y otras formas de ideologías radicales.
 
¿Qué significa esta tentativa de ataque en Londres y Escocia en términos de intencionalidad de los terroristas con respecto al Reino Unido? ¿Es algo en curso? ¿Veremos más en el futuro? La respuesta es evidente en sí misma: los jihadistas han declarado una guerra contra el Reino Unido y muchos otros países. Las operaciones continuarán hasta que 'la fábrica' que produce estas ideologías sea clausurada.
 
¿Son buenos los servicios británicos de seguridad a la hora de evitar? ¿Es esto una operación exitosa del contraterrorismo? Ciertamente, sí: las diversas agencias de las islas son delicadas, eficientes y de respuesta rápida. Pero el tema es de orientación política.
Los servicios británicos están produciendo resultados de un 100% dentro del margen del 50% que se les permite. Y ese es el caso en la mayor parte de las democracias progresistas.
 
¿Debería temer Estados Unidos con motivo de este suceso en Londres? ¿Existe un vínculo potencial? Otra cuestión que parece lógica cuando se plantea pero que de nuevo pone en evidencia nuestra limitación general a la hora de comprender la amenaza global.
Nuestra cultura política imperante viene reduciendo la capacidad del debate de crecer de manera inteligente con respecto al fenómeno jihadista. No hay duda de que americanos y británicos por igual deberían temer a un acto terrorista a cualquiera de las dos costas del Atlántico, puesto que la campaña jihadista está poniendo sus miras en ambas naciones, y todas las demás sociedades obstruyen sus objetivos. Pero por otra parte, las operaciones del terror que tienen lugar en un país no se replican automáticamente en otro. A menos que Al Qaeda haya coordinado una espectacular campaña internacional en todo el mundo (lo cual podría no ser imposible), descubrir coches bomba en Londres no tiene que movilizar necesariamente a las fuerzas policiales en los Estados Unidos. Tenemos que ser lógicos al percibir las maniobras del enemigo. Ambos extremos son irracionales.
Y de vuelta a esta última desactivación de coches bomba en Londres, uno no puede sino contemplar las sanguinarias intenciones de los autores materiales: atentando contra ciudadanos en un Night Club en 'la noche de las chicas'. Una dimensión muy reveladora del salvajismo sin límite de los terroristas: no solamente los civiles son enemigos 'permitidos', sino que las mujeres son también un objetivo primordial. Esto demuestra de nuevo que, más allá de su amenaza física, los rasgos más peligrosos de los jihadistas son sus mentes lavadas. La jihad de los Mercedes en Gran Bretaña es otro ejemplo más de lo profundo que han llegado en el entorno de sus enemigos, y de lo poco que importa la percepción de sus víctimas.
 
Por último pero no menos importante, el ataque '4x4' contra el Aeropuerto de Glasgow el sábado está ya mostrando claramente la naturaleza de 'campaña' de los ataques jihadistas en el Reino Unido. Afortunadamente, los funcionarios británicos están llegando a ver más claro quizá lentamente, como decía Dame Pauline Neville-Jones, ex directivo del Comité de Inteligencia de Gran Bretaña, a Sky News: 'Se debe concluir... que están relacionados', aludiendo a la desactivación de coches de Londres y la operación del Aeropuerto de Glasgow. Pero la búsqueda de 'un motivo' detrás de estos ataques sigue siendo su principal preocupación en sus análisis. 'Es un gobierno muy joven, y puede que veamos aún más ataques', añadía Neville-Jones. Tal vez sea cierto que los jihadistas intentan arrastrar al gabinete de Gordon Brown hacía respuestas militares y de seguridad, de modo que tenga lugar una 'insurrección' mayor, pero de nuevo, la comprensión británica de la imagen general no puede completarse a falta de una aceptación clara del hecho de que lo que afronta el Reino Unido (y muchas otras democracias) ahora y en el futuro es una 'guerra', no actos dispersos de violencia que Sherlock Holmes tenga que vincular entre sí.
 
En conclusión, ¿están los atentados - con éxito o sin él - encaminados a cobrarse objetivos políticos en este punto? Definitivamente: todos los ataques jihadistas en el Reino Unido como en el continente en cualquier momento quieren debilitar la resolución europea en el desempeño de lo que los Estados Unidos llaman una Guerra contra el Terror. Hay una orden preferente por parte de Al Qaeda y las fatwas de los clérigos salafistas (y también de los jomeinistas, aunque en un contexto distinto) que pide a los miembros, aliados locales y aliados internacionales que 'golpeen en el corazón de los infieles, incluyendo a los británicos'. Y eso no se puede tomar a la ligera, no se puede ignorar, y constituye el núcleo de la guerra contra las democracias. Pero además de las órdenes de operación, las consideraciones estratégicas también están en juego. No hay duda de que la planificación estratégica jihadista encargada del Reino Unido desea poner a prueba, por no decir arrastrar, al nuevo gabinete del Primer Ministro Gordon Brown al 'diálogo'. La guerra psicológica centrada contra el gabinete de Tony Blair por parte del eje jihadista-Trotskista ha terminado con su dimisión. Ahora el eje radicado en Gran Bretaña quiere demonizar a Brown obligando a su gabinete a responder y ser respondido. La maniobra salafista es clara... ¿pero ve con claridad Gran Bretaña?


 

 
 
El Dr. Walid Phares es un experto en terrorismo, fundamentalismo islámico y movimientos yihadistas. Es miembro decano de la Fundación de la Defensa de las Democracias y escribe en publicaciones especializadas como Global Affairs, Middle East Quarterly, and Journal of South Asian and Middle East Studies además de para diversos periódicos de renombre mundial y de opinar para medios como CNN, MSNBC, NBC, CBS, ABC, PBS y BBC.