La "J" de Patriot y la "S" de Turquía

por Gabriel Cortina, 8 de enero de 2015

Misiles y gasto de defensa son conceptos tabú en el vocabulario de la cultura políticamente correcta que padecemos. En el consejo de ministros del pasado 5 de diciembre aparecieron juntos con motivo de la autorización de la adquisición de un sistema de defensa aérea. Vamos a explicar el significado de la decisión.

Se trata de la adquisición del sistema de defensa aérea Patriot que consta de varias partes: un módulo de operaciones denominado Central Control e Intervención (ICC), dos baterías de cuarenta misiles, vehículos portadores, equipos de comunicaciones y elementos complementarios de logística y mantenimiento. La compra procede de material “surplus”, es decir, sobrante, del ministerio de Defensa alemán, mediante un acuerdo gobierno a gobierno. Se han publicado comentarios críticos al respecto y conviene matizar que este tipo de compras de segunda mano gobierno a gobierno es una práctica habitual, regulada y trasparente, que no supone necesariamente una desventaja. En España el organismo encargado de ello es ISDEFE. Ojalá pudiéramos vender a terceros países numeroso material “surplus”. Además, la primera batería de misiles antiaéreos con capacidad anti-misil MIM-104 Patriot fue comprada a finales de 2004 también a Alemania.

Con este sistema de misiles, nuestra capacidad defensiva tendrá la “J” de Joint, para que pueda adaptarse plenamente a operaciones conjuntas (Joint Strike Force); de esa forma, nuestros Patriot pasan a primera división. La compra mencionada de 2004 no incluyó la Central de Control e Información (ICC), necesaria para la integración de la batería en el sistema de defensa aérea y/o antimisil, ni los sistemas de comunicaciones necesarios para el enlace entre el ESC y la ICC, que cubren con seguridad el área en sus 360 grados, es decir, la capacidad defensiva total. Patriot es un magnífico producto de la compañía Raytheon, que cuenta con una delegación en Málaga (Raytheon Spain), y es una de las compañías más relevantes del sector a nivel mundial.

La duración del contrato es de cinco años, por un importe estimado de 41.000 € financiado en cinco anualidades. El pacifismo político, cómodo en su demagogia, tendrá una buena oportunidad mediática y electoral para recordarnos que es más urgente destinar ese dinero a escuelas y hospitales. La nula cultura de defensa que padecemos hará el resto. De ahí que no sea fácil salir en público para anunciar esta medida; menos mal que queda un año para las próximas elecciones generales. Pero para nuestra política de Defensa creemos que ha sido una buena decisión. 

¿A qué responde esta compra? La adquisición es parte de los compromisos de España en la OTAN, una organización político-militar en la que de vez en cuando hay que aportar algo, no sólo buena voluntad. Turquía tiene frontera con Siria y ésta, a su vez, está afectada por la amenaza emergente del Estado Islámico (ISIS). Siria tiene buenos sistemas de misiles tierra-aire y tierra-tierra, todos ellos de fabricación rusa. Por esa razón EEUU ha empleado el F22 para sus ataques aéreos contra instalaciones logísticas. Según el comunicado oficial del gobierno, el apoyo consiste en desplegar en territorio turco un sistema de defensa antimisil. Esta explicación es incompleta. Turquía está en la OTAN y tiene un conflicto de importantísimas consecuencias en su frontera. La Siria de Al-Asad no es la amenaza, como en 2011, sino el ISIS; pero éste a día de hoy no dispone de capacidad ofensiva que justifique el Patriot. La medida responde a las decisiones tomadas en el conflicto inicial de Siria, no de ahora; sustituimos a la unidad holandesa que ya se repliega, y se mantiene la posición para dar cobertura y a poyo a Turquía. Una foto de los misiles apuntando al territorio del ISIS es buena medida de disuasión. También lo es la de una unidad militar española allí, como una buena forma de contribuir a operaciones de defensa colectiva.

Gabriel Cortina, analista de seguridad y política exterior, especializado en industria de Defensa