La inversión de Obama

por Charles Krauthammer, 9 de julio de 2008

(Publicado en The Washington Post, 4 de julio de 2008)

Habrá notado que Barack Obama lleva ahora un pin de la bandera americana. Otra vez. Durante la campaña de las primarias, se negó a ello, explicando que llevó uno tras el 11 de septiembre pero después dejó de llevarlo porque “se convirtió en un sustituto del verdadero patriotismo.'
 
Así que, ¿por qué vuelve a hacer ostentación de pseudo-patriotismo en su solapa? ¿Hay que preguntarlo? Las primarias han terminado. Mientras seducía a los Demócratas radicales de MoveOn que le sirvieron en bandeja los caucus - y por tanto, la candidatura Demócrata- Obama no sólo despreció el pin. Lo difamó. Ahora que compite en unas generales frente a John McCain, y que necesita desesperadamente los votos de la clase media que se aferra a Dios y a las armas y que no pudo arrebatar a Hillary Clinton, el pin ha vuelto. Su país es el de ellos.
 
En la columna de la semana pasada, pensaba que había hecho repaso exhaustivamente a los flagrantes cambios de postura de Obama y el abandono de los principios - de la financiación pública de la campaña, del NAFTA, con las compañías de telecomunicaciones por las escuchas post-11 de Septiembre, sobre las conversaciones incondicionales con Ahmadinejad - mientras se movía al centro por la campaña de las generales. Me equivoqué al juzgarle. Apenas estaba empezando.
 
La semana pasada, cuando el Tribunal Supremo declaraba inconstitucional la prohibición de las armas de fuego ligeras en el Distrito de Columbia, Obama anunciaba inmediatamente que convenía con el veredicto. Esto después de que su campaña declarase explícitamente al Chicago Tribune el pasado noviembre que él piensa que la prohibición de las armas en el Distrito de Columbia es constitucional.
 
El portavoz de Obama Bill Burton explica lo inexplicable llamando a las declaraciones de noviembre -- léase las primarias -- 'artificiales.' Lo cual sugiere una primera entrada en el diccionario del mundo según Obama -- 'Artificial: claro y directo, carente de la habilidad que permite negaciones y auto-refutaciones posteriores.”
 
Los principios ajustados según el momento electoral de Obama están empezando a acumularse: El NAFTA, la reforma de la financiación de campaña, las escuchas sin garantías judiciales, los pines de la bandera, el control de armas. ¿Qué queda?
 
Irak. La inversión se acerca, y rápido.
 
Hace dos semanas predije que antes del día de las elecciones, Obama habrá borrado cualquier diferencia significativa con respecto a McCain sobre la retirada de Irak. Subestimé el cinismo de Obama. Llevará a cabo la maniobra mucho antes. Utilizará su próximo viaje a Irak para reconocer los notables avances sobre el terreno y abandonar su compromiso de las primarias con el calendario de retirada de todos los efectivos de combate en cuestión de 16 meses.
 
El cambio ha comenzado ya. El jueves decía que su 'postura original' acerca de la retirada siempre ha sido que 'tenemos que cerciorarnos de que nuestras tropas están a salvo y de que Irak es estable.' Y que 'cuando vaya a Irak... Tendré más información y continuaré refinando mis políticas.'
 
 El cambio en redondo casi está completado. Todo lo que queda es anunciar que el plazo de 16 meses sigue siendo su objetivo pero que, por supuesto, va a tener en cuenta la situación sobre el terreno y la recomendación de sus generales a la hora de determinar el ritmo definitivo de la retirada.
 
Dicho y hecho. Y con eso, el Obama de las primarias, el Obama del historial de votación en el Senado más progresista del último año, habrá desaparecido en el vacío de la memoria colectiva.
 
La estrategia de Obama es obvia. El país sufre un profundo malestar y está ansioso de cambio. Su partido y él llevan ventaja en los temas nacionales y económicos. Obama, por tanto, pretende pasar a la acción desplazándose rápidamente al centro en esas áreas en las que su partido y él salen peor parados, a saber, la seguridad nacional y los asuntos culturales generales. Con éstos -- y lo más importante, su política de perder la guerra de Irak -- a un lado, las elecciones se decidirán en función de carisma y personalidad. En esta esquina del cuadrilátero: el contrincante elegante, joven y pulido, cool y con estilo. En la otra: el viejo. No hay color.
 
Después de todo, así es como barrió a Hillary. Originalmente ella se presentaba como centrista, a la espera de que su nominación fuera una simple coronación. A la primera señal de oposición seria, sin embargo, cayó presa del pánico y se hizo a la izquierda. Fue un error fatal. Ello eliminó toda diferencia ideológica y política significativa con Obama -- los desesperados intentos por parte de ella de magnificar su minúsculo desacuerdo en materia de sanidad universal pasaron a ser casi cómicos -- haciendo a la competición completamente dependiente de la personalidad. No hay color.
 
Mientras Obama merma asiduamente toda diferencia con McCain en seguridad nacional y temas sociales, sigue acertadamente confiado en que el cansancio de Bush, la pésima situación de la economía y su propio carisma -- es con facilidad la personalidad política más brillante desde John Kennedy -- le conduzcan a la Casa Blanca.
 
Por supuesto, una vez que llegue allí tendrá que discernir lo que piensa realmente. ¿El percal progresista/populista a cuenta del que hizo campaña durante las primarias? ¿O los giros en redondo que ofrece ahora en bandeja de manera tan artificial?
 
No tengo ni idea. ¿La tiene usted? ¿La tendrá él?


 

 
 
Charles Krauthammer fue Premio Pulitzer en  1987, también ganador del National Magazine Award en 1984. Es columnista del  Washington Post desde 1985.
 
 
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