La Historia y la película "300"

por Victor Davis Hanson, 26 de marzo de 2007

La frase “300 espartanos” evoca no sólo la antigua batalla de las Termópilas, sino también la noción aún más grande de luchar por la libertad contra toda expectativa - una noción posteriormente consagrada a lo largo de 2.500 años de civilización occidental.
 
Incluso hoy recordamos el poder de la resistencia espartana. “Vengan a buscarlas” contestaban a los emisarios persas que les exigían la entrega de sus armas. “Tanto mejor, lucharemos a la sombra” se jactaban los espartanos cuando les advirtieron que la horda de flechas persas pronto nublaría la luz misma del sol. “Oh, extranjero, informa a Esparta, si pasas por allí, que aquí hemos caído defendiendo su ley” se lee en la lápida conmemorativa de esos muertos en combate.
 
En el año 480 A.C., una enorme fuerza de más de un cuarto de millón de persas bajo el mando del rey Jerjes invadió Grecia, tanto para esclavizar a las polis libres como para vengar la derrota persa en Maratón hacía una década. La enorme fuerza de naves y soldados se demostró imparable en su camino al oeste y al sur hasta que alcanzó el estrecho paso de las Termópilas (Compuertas Termales) al  norte de Grecia. Allí una agrupación de 7.000 griegos había bloqueado el camino. Tenían la esperanza de detener de forma categórica a la horda de Jerjes - o al menos ganar el suficiente tiempo para que sus compatriotas en la retaguardia movilizaran una adecuada defensa de la patria. 
 
Entre los muchos contingentes griegos estaba la fuerza especial de élite de 300 espartanos bajo las órdenes del rey Leónidas - una punta de la lanza que ofrecía a los griegos en las Termópilas alguna esperanza de todavía poder obstruir el avance de un invasor que era ampliamente superior. Y esa esperanza se confirmó como real durante 2 días de intensa lucha. Los hombres de la infantería griega en su falange, enormemente superados en número pero profusamente armados, aprovechando lo estrecho del terreno y sus tácticas de masas - repelieron salvajemente oleada tras oleada de soldados persas avanzando a pie y a caballo.
 
Pero el tercer día de la batalla, los griegos de Leónidas fueron traicionados por Efialtes, un pastor local de ovejas, que mostró a los persas una ruta alternativa por las montañas que llevaba a la retaguardia de la posición griega. Cuando se dio cuenta que estaba casi rodeado, Leónidas, no obstante, tomó la decisión crítica de quedarse y luchar, al tiempo que ordenaba a la mayoría de sus otros aliados varios que huyeran del cerco para organizar la creciente resistencia griega al sur.
 
Mientras tanto, el rey y sus 300 espartanos sentenciados, junto con otros pequeños grupos de tespieos y tebanos también rodeados, en realidad lucharían para ganar tiempo a favor de los griegos. Se colocaron más afuera del paso en el tercer y último día de batalla - primero con lanzas y espadas y luego con uñas y dientes - matando a numerosos persas más. Los pocos supervivientes espartanos fueron enterrados bajo un mar de flechas persas. Se encontró el cuerpo de Leónidas entre los cadáveres, pronto le cortaron la cabeza y la empalaron como macabro recordatorio del coste por resistirse al gran rey de Persia.
 
Los griegos se sintieron motivados por la inmolación sin precedentes a favor de la causa griega de un rey espartano y su guardia real. Y unas semanas después en la batalla naval de Salamina cerca de Atenas -  y luego nuevamente al año siguiente en la gran colisión de infantería en las llanuras de Platea - los griegos derrotaron y finalmente destruyeron a los invasores persas. El grito de guerra de los vencedores era “Termópilas”, el noble sacrificio de resistencia final de los griegos superados en número y especialmente el valor de los 300 espartanos caídos a las órdenes del rey Leónidas. 
 
Por ello, casi de forma inmediata, los griegos contemporáneos vieron las Termópilas como una importante lección moral y cultural. En términos universales, un pueblo pequeño y libre había sido mejor luchando voluntariamente contra grandes cantidades de sujetos imperiales que avanzaban bajo el látigo. Más específicamente, la idea occidental de que los soldados mismos deciden dónde, cómo y contra quién luchar contrasta con la idea oriental del despotismo y la monarquía, demostrándose que la libertad es una idea más fuerte como testimonian la valiente lucha de los griegos en las Termópilas y sus victorias posteriores en Salamina y Platea. 
 
Los escritores y poetas griegos comos Simónides y Heródoto se sintieron fascinados con el sacrificio griego contra Jerjes y especialmente con el heroísmo de Leónidas y sus hombres. Y posteriormente a través de la literatura occidental poetas tan diversos como Lord Byron y A.E. Houseman han rendido tributo de igual forma al último desafío espartano - y a esta idea universal de soldados occidentales que prefieren morir como hombres libres en vez de someterse a la tiranía. La novela Puertas de Fuego de Steven Pressfield y una antigua película de Hollywood Los 300 espartanos se basaron en la defensa griega del paso de las Termópilas.
 
Recientemente, todo un surtido de películas de Hollywood - desde Troya a Alejandro Magno - han tratado una variedad de temas clásicos de la literatura y el teatro griegos. Pero 300 es única, sui generis en su espíritu y metodología. El guión no es un intento típico de Hollywood para recrear el pasado como un drama con disfraces. Más bien se basa en los gráficos y textos del cómic de Frank Miller (famoso por Sin City). La ilustrada novela corta de la batalla según Miller adapta temas de la bien conocida historia de la defensa griega en líneas generales pero con deferencia hecha a los gustos de la cultura popular contemporánea.  
 
Por tanto, la película se inspira en realidad en el cómic y de alguna manera sus guerreros musculosos, sets de realidad virtual y paisajes generados por ordenador traen a la memoria el aire y la sensación de la versión cinematrográfica de Sin City de Robert Rodríguez. Sin embargo, la colaboración del director Zack Snyder y de los guionistas Kurt Johnstad y Michael Gordon es  mucho más la de un híbrido, ya que todo, desde el guión, el diálogo, la cinematografía a la actuación rememoran las escenas de la batalla según el relato de Heródoto.
 
300, por supuesto, hace muchas concesiones al gusto popular, cambiando y ampliando la historia para ajustarse a los protocolos del género del cómic. La película no se rodó en exteriores sino en un estudio usando la llamada técnica del “plató digital” que a veces coloca a los actores contra un fondo azul. El realismo resultante no es el de acantilados bañados por el sol junto al Egeo azul - las Termópilas es un lugar que sigue siendo espectacularmente bello en la actualidad - sino de sobrecogedores grabados al aguafuerte del cómic.
 
Los espartanos luchan a pecho descubierto, sin armaduras, en la “desnuda forma heroica” que los antiguos pintores y ceramistas griegos representaban a los hoplitas, con sus músculos protuberantes como si fueran héroes de acción de cómics contemporáneos. Nuevamente, siguiendo el cómic de Miller, se ejerce la licencia artística con la historia original: El traidor Efialtes es tan deforme en cuerpo como en carácter; el rey Jerjes no tiene barba y no va encaramado en un trono distante, sino que es calvo, enorme, quizá hasta sexualmente ambiguo y está a menudo presente en el campo de batalla. Los persas traen con ellos bestias exóticas como el rinoceronte y el elefante; y el líder de los Inmortales lucha contra Leónidas en un duelo (que los griegos conocen como monomaquia). Los escudos son de metal en lugar de ser de madera chapados en bronce y las espadas a veces parecen más futuristas que pertenecientes a la antigüedad. 
Y nuevamente, los puristas deben recordar que 300 busca traer a la pantalla un cómic y no a Heródoto. Sin embargo, a pesar de la necesidad de aceptar las convenciones de los gráficos y la trama de Frank Miller - tan válidas como los protocolos de los dramas atenienses clásicos o del teatro japonés Kabuki - la historia principal de nuestros antiguos historiadores griegos aún está allí: Leónidas, contra la oposición interna, insiste en enviar inmediatamente una partida de avanzada hacia el norte en una misión suicida para espabilar a los griegos y permitirles que tengan tiempo de montar una defensa. Una vez en las Termópilas, adapta las defensas al estrecho paso entre altos acantilados y un lejano mar a sus pies. Los griegos luchan juntos en falange y por momentos avanzan como guerreros en solitario. Finalmente son traicionados por Efialtes, forzando a Leónidas a pedir a sus aliados que se retiren y quedándose solamente con sus 300, destinados a morir bajo un mar de flechas. 
 
Pero lo más importante, 300 conserva el espíritu de la historia de las Termópilas. Los espartanos, citando frases conocidas de Heródoto y temas de los poetas líricos, profesa una lealtad inquebrantable a una Grecia libre. Nunca agachará la cabeza ante los persas, prefiriendo morir de pie que vivir de rodillas. 
 
Si los críticos piensan que 300 reduce y simplifica el significado de las Termópilas en libertad contra tiranía, deberían releerse cuidadosamente los relatos antiguos y luego echar la culpa de ello a Heródoto, Plutarco y Diodoro - que hace tiempo ya se jactaban de que la libertad griega estuvo sometida a prueba ante la autocracia persa; hombres libres, superiores, muriendo por su libertad mientras sus esclavizados enemigos eran azotados para esclavizar a otros.

 
 
Victor Davis Hanson es historiador militar y ensayista político. Actualmente es miembro permanente de la Hoover Institution tras haber impartido clases en la California State University desde 1984 al frente de su propio programa de cultura clásica. Entre otros medios, sus artículos aparecen en The Washington Post, The Washington Times, Frontpage Magazine, National Review Online, Time o JWR.
 
 
©2006 Victor Davis Hanson
©2007 Traducido por Miryam Lindberg