La Guerra de Irán. Qué poco hemos aprendido

por Clifford D. May, 15 de octubre de 2008

 (Publicado en The Washington Times, 10 de octubre de 2008)
 
Hace 25 años, Estados Unidos desplegó a cientos de marines en Beirut para una misión de paz. El 26 de septiembre, un funcionario del servicio de inteligencia iraní en Teherán llamó por teléfono al embajador iraní en Damasco y ordenó que los mataran. Veintiocho días después, a las 06.22 de la mañana del domingo 23 de octubre de 1983, dos terroristas suicidas se detonaron.
 
La cifra de muertos: 241 soldados, “la suma más alta de víctimas mortales en un solo día desde el día D en Iwo Jima en 1945” apuntaba hace poco Timothy J. Geraghty que había sido el oficial al mando de los marines. Sabemos de la llamada de teléfono porque, como Geraghty también observó, la llamada fue interceptada por la Agencia de Seguridad Nacional. Desgraciadamente, no fue ni la primera ni la última vez que se recogieron datos vitales de inteligencia pero que no se tradujeron a tiempo, ni se analizaron y ni se reaccionó a tiempo.
 
Para planificar y llevar a cabo los ataques, el embajador iraní buscó a Hizbolá en el Líbano. El responsable operativo de Hizbolá era Imad Fayez Mughniyeh.
 
Mughniyeh organizó un segundo ataque ese mismo día, uno que consiguió acabar con la vida de 58 pacificadores franceses en su base de Ramlet al-Baida. Esos atentados suicidas sincronizados se consideran la contribución pionera de Mughniyeh a la guerra terrorista moderna.
 
En un artículo publicado en Proceedings Magazine, la publicación estrella del Instituto Naval de Estados Unidos, Geraghty recuerda que Mughniyeh pasó a ejecutar muchas otras operaciones terroristas, “incluyendo el secuestro y asesinato en 1984 del jefe de destacamento de la CIA en Beirut, William Buckley. Mugniyah también estuvo directamente a cargo del secuestro y ejecución del coronel del Cuerpo de Marines Rich Higgins que estaba sirviendo en la misión de paz de Naciones Unidas en 1988. El gobierno de Estados Unidos presentó cargos acusando en ausencia a Mugniyah por su papel en el secuestro del vuelo 847 de la línea aérea TWA en 1985 donde se golpeó salvajemente y se ejecutó al buzo de la Marina de Estados Unidos, Robert Stetham”.
 
En 1996, Mughniyeh (chiíta) conoció a Osama bin Laden (sunní) en Sudán. Entre los asuntos que estos dos terroristas probablemente discutieron estaría la eficacia de los atentados suicidas usando vehículos (si un camión cargado de explosivos y combustible puede matar a varios cientos de infieles, ¿qué se podría conseguir con otros vehículos?), el impacto psicológico de ataques sincronizados y simultáneos así como el alentador hecho de que Estados Unidos nunca hubiera intentado en serio castigar a los participantes individuales (por ejemplo a Mughniyeh), a los grupos (por ejemplo Hizbolá) o a los regímenes (Irán y Siria) responsables de los ataques previos.
 
Ese mismo año, en lo que se cree ha sido una operación coordinada entre los iraníes, Hizbolá y al-Qaeda, usaron un camión bomba para matar a 19 americanos del personal militar en las torres Jobar en Arabia Saudita. En 1988, al-Qaeda llevó a cabo un atentado suicida dual contra dos embajadas americanas en África. Dos años más tarde, terroristas suicidas atacarían el USS Cole usando una lancha. Y un año después de eso, 19 combatientes de al-Qaeda secuestrarían 4 aviones de pasajeros y los utilizarían en el atentado terrorista más devastador que nunca antes habíamos sufrido en territorio nacional.
 
Aunque no han tenido éxito lanzando un segundo ataque en territorio americano durante los últimos 7 años, las milicias patrocinadas por Irán han matado soldados americanos tanto en Irak como en Afganistán y el régimen islamista en Teherán ha facilitado apoyo a una serie de grupos terroristas.
 
Geraghty escribe que en el amanecer de este 23 de octubre, “al pie del Beirut Memorial, enclavado entre pinos de Carolina del Norte, se reunirán familias, veteranos de guerra y amigos para rendir homenaje en este 25° aniversario a aquellos que “Vinieron en Paz”. … Después, tendrá lugar una ceremonia más formal incluirá música militar, solemnidad y discursos conmemorando el legado de los pacificadores que hicieron el último sacrificio”.
 
Geraghty apunta que en el mismo día, “en el cementerio iraní de Behesht-E-Zahra, al sur de Teherán, habrá una ceremonia junto al monumento erigido en 2004 para conmemorar a los terroristas suicidas de Beirut. Allí probablemente asistirán algunos vestidos como terroristas suicidas, coreando el estándar ‘Muerte a América’ y ‘Muerte a Israel’”.
 
Las buenas noticias, de haberlas, es que Mughniyeh no participará en las festividades de este año. En febrero, lo mató un coche bomba en Damasco.
 
Ninguna persona, grupo o gobierno ha reivindicado el atentado.


 

 
 
Clifford D. May, antiguo corresponsal extranjero del New York Times, es el presidente de la Fundación por la Defensa de las Democracias. También preside el Subcomité del Committee on the Present Danger.
 
 
 
 
©2008 Scripps Howard News Service
©2008 Traducido por Miryam Lindberg