La guerra de Chávez contra Colombia ya comenzó

por Eduardo Mackenzie, 8 de septiembre de 2009

La derrota de los tres energúmenos de Unasur, Chávez, Correa y Morales, es innegable. Los gobiernos de Brasil y Argentina, los dos más grandes de la región por su economía y  población, rechazaron el papel que Chávez les tenía preparado: aparecer como los títeres desarticulados del petro-dictador venezolano. La resolución que el trío “bolivariano” de marras había redactado, en la que condenaban a Colombia por reforzar sus lazos militares con los Estados Unidos, no obtuvo el aval ni de Lula, ni de la Kirchner, ni de Lugo, ni de la Bachelet. Los señores Chávez, Correa y Morales fueron puestos en minoría en su propia casa. Las gesticulaciones mussolinianas de Chávez fueron criticadas y su texto enviado a la basura. Y tuvieron que tragarse esa culebra calladitos.
 
Ese éxito de Colombia no cayó del cielo. Es el fruto de la actitud firme adoptada por el presidente Álvaro Uribe y por el país entero, exceptuando a los cipayos de siempre. Ello demostró que cuando Colombia se une para resistir al belicismo chavista el continente no es indiferente. La rápida gira de Álvaro Uribe por Suramérica quebró el cerco que estaban construyéndole a Colombia en Unasur. Las respuestas que Uribe obtuvo de sus homólogos, anticiparon lo que ocurriría horas después en la cumbre de Quito.
 
Ello  prueba que Colombia no está tan aislada como algunos pretenden y que ese concepto del “aislamiento” de Colombia es más un artefacto ideológico, fabricado por  eminencias grises de Caracas, que una actitud real de los pueblos del continente.
 
Sin embargo, a pesar de la honda división que se ve en Unasur,  y del desgaste patético de Hugo Chávez, la situación sigue siendo delicada para Colombia y para las democracias del Hemisferio. La guerra que Hugo Chávez prepara desde hace años contra Colombia ya comenzó. No ver algo tan evidente es inadmisible. Por ahora, esa guerra adopta dos formas: la guerra psicológica y la guerra económica. Ambas guerras son muy reales y pueden ser muy destructivas. 
 
Lo que pretende hacer Chávez en materia comercial tendrá consecuencias regionales, no sólo para Colombia y Venezuela sino también para los países de la región. Mal cálculo hace la señora Kirchner si cree que tras  adoptar la conducta serena que adoptó en Quito puede arrebatar  la apuesta y lucrarse alegremente con las desdichas colombianas y con las promesas compradoras de Hugo Chávez.
 
Pésimo economista, Chávez cree que puede substituir las importaciones colombianas por importaciones argentinas. El dictador venezolano puede hacer discursos de tres horas pero no puede hacer nada contra la geografía. Su plan supone jugar con los precios de los productos alimenticios. El va a descubrir que ello puede ser explosivo. La bronca social ya es inmensa en Venezuela. Echarle gasolina a eso podría costarle el puesto.
 
Caracas es el segundo socio comercial de Colombia, después de Estados Unidos. En 2008, importó bienes de Colombia por un valor de 6.100 millones de dólares. La mayoría eran productos alimenticios. Chávez amenaza con adquirir esos bienes en Argentina y Brasil. Ha dicho que anulará un acuerdo para la compra de diez mil vehículos fabricados en Colombia y que Argentina se los venderá. 
 
Chávez suspendió la exportación de gasolina a Colombia y pretende abolir también los acuerdos gasíferos que existen con Colombia. En 2008, Venezuela compró a Bogotá 50 millones de pies cúbicos de gas natural diarios. En condiciones normales, éstos subirán a 150 millones de pies cúbicos diarios en 2009 y 2010 y bajarán en 2011 a 100 millones de pies cúbicos. Se supone que Venezuela revertirá el flujo del ducto y suministrará a Colombia 137 millones de pies cúbicos al día a partir de 2012. Eso es lo que dice el contrato vigente hasta 2027. Chávez amenaza con echar a tierra ese pacto si Colombia no se pone a sus pies.
 
Chávez está en pleno delirio hitleriano. El ve a Colombia como Hitler veía a Polonia y a Checoslovaquia en agosto de 1939. Hitler se burlaba en esos días del presidente  Franklin Delano Roosevelt quien le pedía garantías contra las ambiciones expansionistas alemanas. Claro, no hay dos situaciones históricas idénticas, sin embargo, hay hoy signos parecidos muy inquietantes. El déspota caribeño sigue una línea de conducta y unos métodos análogos (rearme acelerado, régimen interno policial, censura de prensa, política de alianzas antioccidental y anti Israel, sometimiento de países vecinos, como Ecuador, Bolivia y Nicaragua, represalias y amenazas brutales contra los países recalcitrantes, como Colombia, Perú y Honduras, propaganda y falsas noticias contra éstos últimos, y contra la oposición de los países sometidos, etc.). Chávez muestra unas ambiciones y unas exigencias que podrían resultar en una catástrofe. ¿Lo que hicieron los aliados Hitler y Stalin el 1 de septiembre de 1939, al precipitar el mundo a una guerra mundial, inspira a un cierto aprendiz de brujo? 
 
En ese contexto turbio se están discutiendo los acuerdos entre Colombia y Estados Unidos sobre las bases militares de Colombia.  Por fuerza mayor,  Colombia no puede equivocarse al respecto. En lugar de aplazar esos acuerdos o de llegar a acuerdos insípidos y sin alcance operativo, como quiere la oposición pro chavista, Colombia debe obtener verdaderas garantías de Washington en caso de una agresión externa. El marco original de tales negociaciones, de lucha contra el tráfico de drogas y contra el terrorismo, correcto en sí,  podría quedar desfasado por la aceleración de los eventos  y por los desafíos cada vez mayores que está planteándole a Colombia la dictadura chavista.
 
En una reciente entrevista[1], dos ex presidentes colombianos tomaron la palabra acerca de las negociaciones Bogotá-Washington. Ernesto Samper pidió  aplazarlas.  César Gaviria estimó que Colombia “no tiene por qué suplir todas las necesidades militares de los norteamericanos”. Esos dos enfoques son absurdos. En vista de lo que ocurre con Chávez, es evidente que lo que se sopesa en esas negociaciones no son únicamente las “necesidades militares norteamericanas”, sino sobre todo las necesidades militares colombianas. Es dramático que dos ex presidentes colombianos aprecien la situación de su país en forma tan deficiente.
 
César Gaviria estima, por otra parte, que ante las amenazas bélicas de Hugo Chávez, “no puede haber opciones militares”. Gaviria cree que “sería impensable que eso ocurriera”.  Lo mismo decía en 1939 el señor Chamberlain quien creyó que lograría parar las ambiciones del Tercer Reich con un papel firmado por Hitler. Colombia no teme nada del hermano pueblo venezolano. Todo lo contrario, la solidaridad entre los pueblos colombiano y venezolano debe ser afirmada cada día. El problema es la naturaleza del régimen que Chávez ha construido. Este excluye y reprime al pueblo. Este ha expropiado al pueblo de su capacidad de decisión. Mientras el régimen facho-castristas de Hugo Chávez exista el peligro de una agresión militar contra Colombia existe. Eso no es “impensable”. Esa situación no sólo es posible, sino probable.  Decir que eso es “impensable” equivale a  bajar la guardia y entregarse al agresor.
 
La guerra de Chávez contra Colombia ya comenzó. Negar esa evidencia es facilitar el trabajo de quienes quieren sojuzgar a Colombia.

 
 
Eduardo Mackenzie. Periodista, última obra publicada: Les FARC où l’échec d’un communisme de combat. Colombie 1925-2005
 
 
Nota
1.Ver la entrevista de Cecilia Orozco Tascón intitulada “Colombia, en la mira de Suramérica”,  El Espectador, Bogotá, 2 de agosto de 2009.