La evolución del islamismo radical en el Magreb y en el Sahel: de los activistas políticos a los terroristas

por Carlos Echeverría Jesús, 26 de marzo de 2012

En el presente análisis vamos a explorar, dentro del imparable avance de los islamistas tanto en las arenas políticas como en el activismo violento, cómo se está redibujando el mapa en los países magrebíes y sahelianos en todo aquello que a nuestra seguridad y a la de la región afecta. Veremos pues recomposiciones del mapa político en países como Argelia, Túnez o Marruecos; vigencia de los grupos armados en Libia; reforzamiento de los islamistas en Mauritania; y reforzamiento de las actividades armadas y delincuenciales de redes, grupos y células terroristas varias en el Sahel y en Nigeria.

 

Movilización islamista más reciente en algunos escenarios de la región
 
Comenzaremos ocupándonos de los escenarios magrebíes para incidir después en las evoluciones más recientes en el Sahel, zona colindante que para los yihadistas es su extensión natural y que llega con vigor hasta el norte de Nigeria, marco este último donde el Yihad guerrero ha cobrado en los últimos meses e incluso años una gran letalidad.
 
En el Magreb
 
En Túnez, cuna para muchos de las revueltas árabes y para los más ambiciosos escenario de una verdadera revolución, en este caso “la de los Jazmines”, los islamistas son quienes a día de hoy con más habilidad están ocupando escenarios. Los miembros islamistas de la Asamblea Constituyente elegida el pasado 23 de octubre, 89 de los 217, son cada vez más duros a la hora de exigir una “islamización” de la Constitución a la que tácticamente habían renunciado al principio del proceso. Esto, por supuesto, sólo debe de sorprender a los ingenuos que en su día creyeron en las tranquilizadoras palabras del líder de EnNahda, Rachid Ghannouchi. Organizar la superestructura política a su antojo –reforzando a un Primer Ministro Hamadi Jebali que ya ha invocado la instauración del Califato en lo que luego quiso presentar como lapsus o como malinterpretación de terceros-, bañar todo de Sharía cuanto antes y laminar mientras tanto la sociedad son sus prioridades hoy. El problema es que todo ello ocurre mientras en las calles se siente la presión de los islamistas, desde la sede de la Radiotelevisión pública hasta teatros y universidades, donde los salafistas alegales de Hizb-Ut-Tahrir, el Partido de Liberación Islámica, quieren imponer su retrógrada visión de la vida, de las costumbres o de lo que puede leer y visionar la ciudadanía. Con los aparatos de seguridad aún diezmados en buena medida desde que huyera el Presidente Ben Alí la inseguridad se ha extendido y las amenazas concretas de tipo terrorista se han comenzado a manifestar: el choque a principios de febrero entre yihadistas y policías en las proximidades de Sfax, a algo más de 200 kilómetros de la capital del país, con resultado de al menos dos terroristas muertos y de decenas de fusiles de asalto y pistolas intervenidas, demuestran que Túnez no está, ni mucho menos, a salvo de una posible deriva violenta.
 
Mientras un aparentemente conciliador Alí Salabi visita este mes de marzo países europeos, entre ellos España, para transmitir una imagen idílica de la nueva Libia, la realidad sobre el terreno deja mucho que desear en términos de seguridad. Salabi es para muchos el “guía espiritual” de la revuelta libia e incluso hay quien le sitúa como futuro presidente del país. En realidad Salabi es y será el facilitador de la islamización plena del régimen libio y el reforzador de su nueva agenda exterior: vivía en el exilio qatarí hasta que las revueltas le han abierto las puertas de su país que había dejado en la década de los ochenta, y está entre quienes animan a que el ejemplo libio se asiente en Siria, con elementos Muyahidin libios desplazados a dicho país árabe incluidos. Una de las milicias que alimenta este goteo de libios hacia Siria es la de Abdel Hakim Belhadj, antiguo de Al Qaida, del Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL) y de Guantánamo, hoy flamante gobernador militar de Trípoli, ciudad en la que su milicia rivaliza con la dirigida por el ingeniero electrónico y cabecilla guerrero Abdullah Naker. Siempre sobre el terreno libio, la Brigada Misrata es una más de las milicias que aún pululan por el país, muchas de ellas imponiendo su ley. Esta destaca no sólo por su evocador nombre, que recuerda a la que fuera ciudad sitiada durante meses en la guerra o a los bárbaros que lincharon a Muammar el Gadafi regocijándose filmando su acción, sino que a día de hoy también practica el arte de privar de libertad a ciudadanos extranjeros: la susodicha Brigada Misrata tiene en su poder a dos periodistas británicos que trabajan para la televisión iraní. En cuanto a la milicia de Zintan, la que domina el Aeropuerto Internacional de Trípoli y tiene en su poder a Saif El Islam, de nombre también evocador por haber sido esa ciudad bereber uno de los escenarios bélicos más importantes dentro de la iconografía de los rebeldes, ha amparado a grupos armados poco recomendables y, sobre todo, difíciles de acomodar dentro de los supuestos ideales revolucionarios. Un grupo en concreto, liderado por un preso común de los que había liberado Gadafi en los primeros momentos de las revueltas, Jaled El Blehzi, se dedicaba más a secuestran, extorsionar y asesinar que a transformarse en una fuerza de seguridad regular a las órdenes de las nuevas autoridades. Siendo un proceso en continuo cambio, algunas de las milicias o de los cabecillas que acabamos de nombrar pueden haber visto transformada su situación, pero la descripción de panorámica tan compleja sirve sobre todo para mostrar las vulnerabilidades del proceso libio. Por otro lado, la creciente identificación de elementos libios combatiendo en Siria y el marco de las revueltas allí en curso, nos retrotraen a los momentos en los que terroristas argelinos combatían en Bosnia en los noventa, o a aquellos en los que terroristas libios o argelinos luchaban durante la década pasada en Irak. La investigación de las redes que llevan a dichos individuos a escenarios relativamente lejanos para continuar su Yihad guerrero deberá ser una prioridad para fuerzas de seguridad y agencias de inteligencia, y ello es así porque todos sabemos cuán importantes son dichas redes para alimentar el terrorismo por doquier.
 
Destacar finalmente en lo que a Libia respecta, que la creación este mismo mes de marzo del partido Justicia y Construcción por diversos sectores islamistas, no hace sino evocar procesos como el tunecino con la victoria de EnNahda, el egipcio con la victoria de los Hermanos Musulmanes renombrados de otra manera, el marroquí con la victoria del PJD o con el que los islamistas argelinos quieren lograr en las elecciones del próximo 10 de mayo.
 
En Argelia, mientras siguen los enfrentamientos con terroristas en la zona septentrional de la Cabilia – 13 terroristas abatidos por las fuerzas de seguridad en la región de Bumerdés, entre enero y febrero, a título de ejemplo –, la atención debemos de concentrarla en los ataques y secuestros en el sur del país y en el Sahel y, todo ello, sin perder de vista los reposicionamientos de los islamistas legales para hacerse con una victoria electoral el próximo 10 de mayo, cuando se celebran comicios generales y locales. Buguerra Soltani, líder del hasta diciembre gubernamental Movimiento de la Sociedad para la Paz (MSP), que conformaba la alianza presidencial con el Frente de Liberación Nacional (FLN) y con la Agrupación Nacional Democrática (RND), la abandonaba dicho mes para lanzarse ya como islamista a una carrera electoral que le pueda dar la victoria en mayo. Para asegurársela se ha coaligado con otras dos formaciones islamistas, Islah y EnNahda, conformando lo que denomina Argelia Verde, alianza hecha pública el pasado 7 de marzo. Cinco días después de la huída del Presidente tunecino Ben Alí, y en el contexto de las revueltas que habían comenzado en Argelia pero que enseguida se fueron apagando, Buguerra Soltani ya mostró su verdadera faz afirmando el 16 de enero de 2011, aún desde la coalición de Gobierno, que no sería malo limitar los mandatos presidenciales e ir pensando en disolver las cámaras para dar comienzo a un nuevo proceso político en Argelia.
 
El activismo terrorista en Argelia no es nada desdeñable aunque se hayan reducido la cadencia de las acciones y su capacidad letal. Atentados suicidas como el ejecutado el 26 de agosto contra la Academia Interejércitos de Cherchell, cuya autoría reivindicó AQMI y que provocó 18 muertos, o el realizado el 2 de marzo de este año contra un acuartelamiento de la Gendarmería Nacional en Tamanrasset, sede el Comité de Estado Mayor Operativo Conjunto (CEMOC) que agrupa desde su creación en abril de 2010 a Argelia y a tres Estados sahelianos para coordinar sus esfuerzos contra AQMI, utilizándose dos suicidas en uno y en otro, sirven sobradamente para ilustrar la amenaza. El hecho de que este último, que provocó 23 heridos, fuera reivindicado no por AQMI sino por el Movimiento para la Unificación del Yihad del África del Oeste (MUJAO) demuestra además la complejidad de esta. El MUJAO tiene en su poder, como veremos más adelante y desde octubre, a dos cooperantes españoles y a una italiana capturados en Rabuni, en el acceso a los campos de refugiados saharauis de Tinduf, en Argelia.
 
En Marruecos el Tribunal Antiterrorista de Salé acaba de confirmar, el 9 de marzo, dos penas de muerte contra dos de los implicados en el atentado que el 28 de abril pasado costó la vida a 17 personas en el Café “Argana” de Marrakech: Adil Al Atmani y Hakim Dah. Otros seis acusados han sido condenados a penas que van desde los 6 a los 10 años de cárcel y un noveno individuo que se sentó también en el banquillo de los acusados ha sido condenado a 2 años. Sigue sin quedar clara pese a los meses pasados y las condenas dictadas la autoría del atentado en cuanto a siglas pero confirma la perduración de yihadistas en Marruecos.
 
En lo político es preciso recordar que en Marruecos la victoria electoral de los islamistas del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), aunque sin mayoría absoluta, se producía el 25 de noviembre, y que de 30 ministros 11 de ellos pertenecen al PJD. A dicho partido pertenece también el Primer Ministro Abdelillah Benkirán, quien en 1976 se adhirió a un grupo entonces terrorista, la Chabiba creada en 1969 y cuyos elementos más radicalizados asesinaban por aquellos años a miembros de la izquierda, para después ir reposicionándose en el islamismo dialoguista con el poder. En 1985 lideró una escisión de la Chabiba para pactar con el Rey Hassán II iniciando un proceso que llevaría a la creación del PJD en 1996. Ello nos sirve de telón de fondo para llamar la atención sobre un frente importante del islamismo más radicalizado en Marruecos como es el frente carcelario, y sobre las conexiones, más o menos sólidas según se quiera ver, entre esos sectores radicalizados y los más moderados del perfil del PJD o incluso de la no legal pero tolerada Justicia y Caridad. El nexo de unión en lo que al PJD respecta es el hoy Ministro de Justicia (y de las Libertades, en coletilla añadida por el nuevo Gobierno y con toda intención como veremos ahora) y cuadro del partido – de hecho es el líder más popular en su seno – Mustafá Ramid. En efecto este conocido abogado de múltiples islamistas en los últimos años es el cuadro que mejor imagen tiene en las filas de su partido, lo cual dice mucho de hacia dónde se orienta la militancia. Desde que accedió al Ministerio no ha cejado en continuar su labor, ahora desde una atalaya preferente, que es seguir la estela de dialoguismo con y de reinserción de islamistas más o menos radicalizados que tan nefastos efectos ha dado en muchos escenarios (por ejemplo, en Libia). Así, su Ministerio hacía público el 20 de febrero un informe reflejando que más de 2.300 marroquíes fueron encarcelados tras los atentados suicidas sincronizados de 16 de mayo de 2003 en Casablanca que costaron la vida a 45 personas. De ellos, 1.708 fueron condenados, 18 de ellos a muerte (aquí no se incluyen, recordémoslo, las dos últimas condenas a muerte confirmadas este mes de marzo contra personas vinculadas al atentado de Marrakech de abril de 2011), y en la actualidad queda un millar de presos entre los que, según fuentes cercanas a los presos y sus familias (y ahora también al titular de Justicia), sólo un 10% tendrían delitos de sangre. Este informe, y la presencia de Ramid al frente de Justicia, preparan evidentemente el terreno para una probablemente próxima excarcelación de islamistas, algo que de confirmarse deberá de ser cuidadosamente seguido por servicios de seguridad y agencias de inteligencia magrebíes y europeas. Se hace pues cada vez más visible en Marruecos el fantasma de la reconciliación nacional “a la argelina” – una amnistía exagerada como la aplicada en el gigante magrebí en 2006 -, del diálogo con los presos que permanezcan en prisión “a la mauritana”, o de procesos suicidas como el emprendido por las autoridades libias de la mano de Saif El Islam Gadafi que puso en libertad a muchos de los que luego fueron verdugos respecto al régimen de su padre.
 
Finalmente, en lo que a Mauritania respecta, la existencia del partido Tewassoul, la versión mauritana de los Hermanos Musulmanes, no completa el panorama de organizaciones islamistas en este país en el que los yihadistas han conseguido ejecutar no pocos golpes, particularmente desde 2005 cuando la agresión venía de la mano de los argelinos del GSPC pero apoyándose en elementos locales y fomentando el reclutamiento entre estos. La hostilidad de círculos islamistas nacionales al mantenimiento de relaciones diplomáticas con Israel, las agresiones a súbditos extranjeros (turistas, cooperantes, etc), la expulsión del Rally Dakar del territorio mauritano y africano, y la progresiva internacionalización de AQMI ha llevado a incrementar el número de presos islamistas y aquí también, como en Libia y en Argelia, y quizás como dentro de poco tiempo también en Marruecos, el diálogo y la reconciliación con presos ha abierto un proceso que no hace sino reforzar al islamismo.
 
En el Sahel
 
Esta franja evoca nada más ser mentada secuestros y emboscadas, en lo que es un frente yihadista inicialmente difuso y “peligrosamente” interconectado con el universo de tráficos ilícitos que en esta zona se ubican desde antiguo – “peligrosamente” porque invita a confundir ambas actividades, terrorismo y delincuencia organizada, eclipsando con frecuencia la segunda al primero -, y de todo hay en estos últimos tiempos. Como atentados destacaremos los dos suicidas producidos el 2 de marzo en Tamanrasset, la localidad meridional argelina donde se concentran esfuerzos de seguridad nacionales y multinacionales (CEMOC), y como secuestros el hecho de que ahora mismo AQMI tiene trece rehenes occidentales en su poder: los últimos capturados, en octubre de 2011, el secuestrado en Hombori y los cuatro capturados en Tombuctú. En esta última acción de AQMI murió un ciudadano alemán que se resistió.
 
En Malí las revueltas de los Tuareg desde enero y la aparente asonada militar de 21 de marzo en Bamako no hará sino complicar aún más las cosas en lo que a la lucha contra el terrorismo yihadista respecta. Tal escenario de inestabilidad constituye un paraíso para los terroristas. Recordemos como españoles que el hecho de que tengamos a dos compatriotas secuestrados – los cooperantes capturados en Rabuni, Argelia, junto a una compañera italiana - desde el pasado mes de octubre se agrava en términos de posible solución ante la situación ahora sobrevenida. Nuestro Ministro de Asuntos Exteriores, José Manual García-Margallo, viajó a principios de marzo a Bamako y trató de esta cuestión con un Presidente Amadou Taumani Touré cuya autoridad parece ahora desafiada. Los autores de tan osado secuestro son el MUJAO al que nos referíamos antes, y lo primero que sorprende es su nombre pues más que unir, bajo las siglas de AQMI, por ejemplo, lo que hacen es separar. Reivindicaron el secuestro a través de un vídeo entregado a la Agencia France Presse, en Bamako el 12 de diciembre, que no cuenta con el conocido logotipo de “Al Andalus” propio de AQMI.
 
Según medios periodísticos el MUJAO sería una escisión de AQMI, en concreto de la katiba de Mokhtar Belmokhtar, que formada sobre todo por mauritanos y malienses se dedicaría más al contrabando, es decir, a la delincuencia, que al terrorismo. Pero parecen desconocer quienes colocan tales etiquetas que ambos mundos son uno sólo cuando son yihadistas quienes los ejercen, y que es arriesgado separarlos pues dificulta mucho las cosas de cara a una solución. Se repiten aquí de nuevo los ya viejos debates sobre las ramas de AQMI en el Sahel, donde algunos de nuevo ubican a los más delincuentes y contrabandistas que terroristas de Belmokhtar y a los terroristas puros y duros de Abu Zeid.
 
Si los del MUJAO son terroristas o simples delincuentes, más bien terroristas si realmente son una escisión de AQMI, poco importa cuando parece que lo que exigen son nada menos que 30 millones de euros por los tres europeos: la cantidad más alta hasta ahora solicitada. Dicha suma, en el caso en que se acabe pagando, no hará sino obligar a dos países occidentales, España e Italia, a humillarse ante los yihadistas y a alimentar la maquinaria delincuencial-terrorista de estos. También estimulará futuros secuestros, sean estos ejecutados por AQMI, por el MUJAO o por cualquier otro grupo, célula o banda que tenga a bien emular los logros de sus predecesores.
 
Mientras todo esto ocurre, las revueltas de los Tuareg, que tienen desde antiguo su propia dinámica y poco tienen que ver con el activismo yihadista, sí comienzan a transmitir los efectos de la vecindad entre unos y otros y, en algunos escenarios, la ósmosis entre ambos colectivos. Precisamente uno de los actores nuevos que han adquirido visibilidad en estos últimos meses, el Movimiento Islámico del Azawad, liderado por Iyad ag Ghaly, es un grupo Targui (singular de Tuareg) que debemos ubicar como cercano a las actividades de prestación de servicios a falanges de AQMI como la de Belmokhtar, la de Abu Zeid e incluso otras que como un grupo más de entre los que componen el activismo de los Tuareg ahora en pleno proceso de levantamientos.
 
La cercanía de Ghaly a AQMI le ha alejado del unificador Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA), el grupo más importante y que más atrae las acciones de castigo del Gobierno de Bamako. Este último, obsesionado por combatir al MNLA, no presta tanta atención a grupos como el de Ghaly o a los libios de la Coordinación Tuareg para Libia (CTL) y ello será aprovechado por estos para asentarse. En cualquier caso, el caos que tradicionalmente reina en la zona, los movimientos de decenas de miles de desplazados y de refugiados en la actualidad, y la presencia desde siempre de personas y grupos a los que nunca es fácil ubicar del todo, facilitan la supervivencia de AQMI y de otros grupos o facciones terroristas y convierte la zona para nosotros, que ponemos los rehenes y los rescates, en un verdadero erial de seguridad.
 
En este escenario tan inquietante sorprende que en los últimos tiempos algunos círculos privados franceses estén potenciando como destino turístico la región septentrional chadiana de Faya – la antigua Faya-Largeau, lugar evocador en términos bélicos pues recuerda la guerra de Chad en los ochenta con intervención exterior, de Francia y de Libia – y todo ello apoyándose en que este país se ha mantenido al margen de las derivas terroristas y de revueltas internas (de los Tuareg) sufridas en Níger, Malí o Mauritania. Basta para desdecirles recordar que, en 2003, precisamente cuando el GSPC argelino inició la infame práctica de los secuestros en la zona, el norte de Chad fue escenario de enfrentamientos con los terroristas. Además, no lo olvidemos, debe de considerarse también el factor sobrevenido libio, que genera inestabilidad regional a partir del estallido de revueltas en el país en febrero de 2011 que culminaron en una guerra civil con intervención exterior abriendo un período de inestabilidad que aún no está, creemos, cerrado.
 
En el norte de Nigeria
 
Tras los luctuosos ataques de la Navidad de 2011 y de las primeras semanas de enero de 2012 el terrorismo yihadista en Nigeria sigue teniendo como actividad prioritaria de su siniestra estrategia los ataques armados aunque se ha abierto, además trágicamente, un capítulo nuevo en lo que a los secuestros respecta que acerca a los yihadistas al modus operandi de sus hermanos septentrionales de AQMI y asociados/escindidos.
 
A título de ejemplo, por destacar un ataque significativo, Boko Haram atentaba el 24 de febrero de 2012 contra un puesto de policía en Gombe, en el noreste del país, en el asesinaba y quemaba los cadáveres de 14 policías. Evocando el año 2011, durante el que Boko Haram ha provocado cientos de muertos en Nigeria, el atentado suicida producido por este contra la sede de diversas agencias especializadas de la ONU, en Abuja el 26 de agosto, el mismo día en que se producía el atentado contra la Academia Interejércitos en Argelia, y con el mismo resultado letal de 18 muertos, permite confirmar el afianzamiento del “estilo Al Qaida” en los dos grupos terroristas de mayor implantación en el África Occidental.
 
En cuanto a los secuestros, dos trabajadores europeos de la compañía constructora “Stabilini Visinoni”, el británico Christopher McManus y el italiano Franco Lamolinara, habían sido secuestrados hacía casi un año, el 12 de mayo de 2011, en la localidad noroccidental nigeriana de Birnin Kebbi, y fueron asesinados por sus secuestradores al intentar fuerzas británicas del Special Boat Service (SBS) liberarles el 8 de marzo. Los captores se autodenominan Al Qaida en las Tierras Más Allá del Sahel, y no se sabe si constituyen una antena de Boko Haram, si son una escisión de esta tipo MUJAO con respecto a AQMI o si son simples bandidos que han tenido la ocurrencia de darse tan pomposo nombre. Sea cual sea la respuesta, lo cierto es que han dado un paso trágico que rompe con la experiencia hasta ahora acumulada en otros secuestros en Nigeria, fueran estos motivados por meros intereses económicos o por una mezcla de estos y de objetivos políticos (como los realizados por el Movimiento de Emancipación del Delta del Níger). El Gobierno británico argumenta que precipitó la acción para liberar a los rehenes al comprobar al interceptar sus comunicaciones que estos iban a ser entregados a un grupo aún más radical que podría matarlos. Lo cierto es que la tensión entre las autoridades británicas e italianas, estas últimas dolidas por no haber sido consultadas por las primeras antes de lanzarse la operación de rescate, ya es un resultado que puede complacer a los terroristas, y la diversificación de las formas de actuación de estos últimos en el escenario septentrional de Nigeria constituye, también, una preocupación añadida para todos.