La Europa asimétrica

por Joseph Stove, 26 de octubre de 2010

 

De forma imperceptible para muchos, la evolución geopolítica de esa península asiática que es Europa, se despliega implacable. Mientras la burocracia de Bruselas se mira el ombligo, las realidades demográficas, energéticas, financieras, políticas y militares siguen su devenir histórico. Europa ha sido confundida con la Unión Europea (UE), lo que produce a las envejecidas poblaciones de la parte occidental, un estado de confort intelectual que se adentra en el sopor narcotizanate.
 
La UE es un ectoplasma de aquel foco de opulencia que fue la Europa Occidental de la Guerra Fría. La Posguerra Fría sirvió de espejismo para la cabalgada hacia el Este de mano de la OTAN. Hechos como el apunte hacia Ucrania, la adhesión de los bálticos y la ida hacia Turquía, junto con la admisión de estados no opulentos, dan muestras de un sentido mesiánico por parte de la clase dirigente europea sólo justificable desde un profundo desconocimiento de la Historia.
 
Como los heraldos de un nuevo orden, los europeos -sin conciencia de que su bienestar era, en gran parte, consecuencia de la capacidad nuclear americana-, se empeñaron en promover un multilateralismo global idealista mientras eran incapaces en su propia tierra de prever y gestionar conflictos como el de la antigua Yugoslavia, Kosovo, los suministros de gas rusos, Georgia, la crisis monetaria, la adhesión de Turquía…
 
Europa no es simétrica. No es simétrica en su visión estratégica, valga el ejemplo de Francia y Alemania. No es simétrica en riqueza. No lo es en la sensación de inseguridad. Sólo es simétrica en el sentido orwelliano: “unos más iguales que otros”. No es unipolar, está el polo ruso, y en poco tiempo, Turquía. En el tiempo de ensoñación, buena parte de los noventa y lo que va de siglo, la UE pudo atisbar el mundo multipolar que se venía encima, pero sólo fue capaz de ser potencia económica, lo que no le proporciona autonomía para intentar conformar la situación mundial.
 
El 18 y 19 de este mes, Sarkozy y Merkel se reunieron con Mendevev en una Cumbre que precederá a la de Lisboa para la Cumbre de la OTAN. Alemanes y franceses hablan en nombre de Europa o por cuenta propia. En cualquiera de los dos casos la explicación es complicada. Ya no estamos en la ostpolitik de Willi Brandt; es la westpolitik de Putin y Mendevev, nos encontramos entre el resurgir imperial de Moscú y la debilidad americana.Es muy posible que en la otra Cumbre, Rusia- “Europa”, el inquilino del Kremlin vuelva a proponer el Tratado de Seguridad Europa- Rusia. Parece que, para los rusos, los términos del Tratado son, por ahora, irrelevantes. La propuesta de 2009 incluía una seguridad basada en la soberanía, la integridad territorial, no interferencia en asuntos internos y el empleo de la fuerza por acuerdo de las partes. Viejo estilo
 
El Tratado busca desestabilizar el Este y el Centro de Europa, la pérdida de crédito de la OTAN en estos países. Cuanto más hablen París y Berlín con Moscú, más se necesitará el peso americano para contrarrestar la influencia rusa y al desconfianza de polacos, bálticos, etc. Los rusos tratan de imponer el escenario que los problemas de seguridad de Europa sólo pueden resolverlos los europeos y los rusos. Esta es la palanca para desactivar definitivamente la OTAN y apara ridiculizar a la UE y la OSCE.
 
Alemania tiene dependencias de Rusia, pero sobre todo ve el mercado ideal para los próximos años. Berlín pierde interés en el Sur, demasiados riesgos financieros. El Mediterráneo, no en su versión 5+5, volverá a ser importante sólo en su versión oriental. Moscú, como no podía ser de otra manera, ve a Chipre como problema de seguridad, con su mitad sur en la UE y la norte, ”de facto”, independiente.
 
 El caso turco es diferente. Como alguna publicación ha apuntado, Ankara es hoy menos kemalista y más popular que nunca. Turquía es una fuente de energía en sí misma, con todos sus problemas internos es más vitalista que Europa. Demográficamente es sana, el estado de bienestar no lastara su libertada de acción, tiene un pasado histórico donde apoyarse y la meta de ser, de nuevo, el líder del mundo musulmán.
 
Las relaciones entre Rusia y Turquía son estratégicamente diferentes de las que pueda tener Europa con esos actores por separado. El Cáucaso ha estado, está y, previsiblemente, estará, fuera del “alcance” de Berlín y París, y ese es uno de los factores que no pueden integrase en la UE.
 
Admito la tesis de Chesterton de que el ejercicio de la imaginación no desemboca en la locura, pero habrá que admitir que se pueden cometer locuras forzando la imaginación. Las ambiciones poskemalistas de Turquía de ser un poder regional, son difícilmente integrables en la UE porque esta sólo aspira al softpower.
 
Con este panorama, no es de extrañar que estemos ante un escenario en el que las relaciones con Rusia se tornarán de una suave “complacencia” pues en invierno hace mucho frío, es un buen mercado para países laboriosos y competitivos y sus dirigentes tienen pocas presiones de la opinión pública. Con Turquía las relaciones oscilarán entre el amor y el desamor. El Califato algo tendrá que decir. ¿El resultado? ¿Tendrán que decir otra vez algo los Estados Unidos?