La energía nuclear y la trampa del "consenso social"

por Gerardo del Caz, 3 de septiembre de 2008

El consenso como excusa
 
Hace unos años el profesor y periodista alemán, Thomas Darnstäd, publicó un excelente libro titulado “La trampa del Consenso”[1] en el que el autor criticaba a una democracia de diseño incapaz de abordar cuestiones trascendentes y en donde poco menos que el consenso se convertía en la forma más cara de organizar la irresponsabilidad. Parece que el autor pensaba en este Gobierno.
 
Declara el ministro Sebastián en el diario Público[2] que no se pueden construir más centrales nucleares porque no hay “consenso político y social para hacerlo”. Dejando de lado la inconsistente coletilla con los epítetos “social y político” que tienen que acompañar hoy en día a cualquier frase para que resulte más aceptable, la afirmación no tiene desperdicio y nos hace reflexionar sobre dos cuestiones.
 
La primera es la sorpresa que produce escuchar repentinamente la palabra “consenso” por parte de un miembro de este ejecutivo pues, sin que hubiera un “consenso social”, se decidió sobre asuntos más trascendentes como el alto el fuego pactado con ETA o la modificación de la estructura de la nación mediante la reforma del estatuto catalán. Se podría excusar al actual ministro argumentando que esas no fueron responsabilidades imputables a él pero fue el propio Sebastián quien, sin “consenso político” o “social”, decidió en plena crisis elevar las tarifas de la luz o, antes, facilitar el cambio de poder en la mayor empresa energética española. Es decir o se trata de un cinismo absoluto o el ministro es absolutamente incoherente.
 
La segunda reflexión, más interesante, es la relativa a la energía nuclear. El Gobierno, tras ver desmontadas todas las argumentaciones, algunas razonables, otras peregrinas, sobre la energía nuclear recurre a la mencionada trampa del consenso. Primero se dijo que la energía nuclear contaminaba, que no era ecológica, después se afirmó que esta forma de generación estaba siendo abandonada a nivel mundial. Zapatero después argumentaba que la energía nuclear era demasiado costosa y que, por requerir muchas inversiones, “no beneficiaba a la sociedad” y no era “democrática”. Recientemente se superó cuando llegó a explicar que no se podían hacer más nucleares con el insólito argumento de que en España falta agua.
 
Finalmente es ahora Sebastián quien se escuda en el consenso como justificación a la inacción. Una excusa y un sibilino elogio a la falta de coraje que pone de manifiesto la impotencia y falta de liderazgo. Ya no es necesario discutir si la energía nuclear es positiva o económica. Es evidente que lo es y que Sebastián, como antes Clos, Montilla o el PP lo saben. La excusa es que no hay suficiente consenso para no actuar y que todo siga igual.
 
Sería bueno considerar que un Gobierno es elegido para que tome decisiones en beneficio de todos, en definitiva, para que gobierne. El refugio del consenso y de la aprobación pública de las encuestas de opinión es simplemente la muestra de una falta de valores y de una vocación de la clase política -aquí si conviene utilizar el epíteto- para actuar como meros administradores de presupuestos sin visión a largo plazo ni vocación de servir al país.
 
Esto es algo que, por desgracia no es nuevo. La falta de coraje del gobierno de Zapatero es la principal responsable de que la crisis internacional sea especialmente virulenta en España. Ante la necesidad de reformas y de voluntad política, el Gobierno hizo exactamente lo que propugna Sebastián con la energía nuclear: esperar a que haya consenso. O sea, no hacer nada. Es esa irritante e irresistible tendencia de Zapatero a siempre decidirse por la opción más fácil y por la que menos oposición o cuestionamiento va a tener. Y de ahí al populismo hay muy poca distancia.
 
El inexistente consenso sobre la energía nuclear en otros países
 
Quizás la imagen de políticos atrapados por esa debilidad ante las encuestas y sin coraje ni valentía sea fiel a la realidad en algunos casos; sin embargo, en la mayoría del resto de Europa, el interés general y el realismo prima sobre cualquier otra consideración como también lo hizo en España no hace tanto tiempo
 
Considerando los nuevos planes para revisar las políticas respecto a la energía nuclear, llaman la atención dos hechos. En primer lugar lo que Sebastián llamaría “la falta de consenso político y social” pues en ningún país de Europa existe una mayoría clara al respecto y, en segundo lugar, la tendencia a la aceptación de la energía nuclear que es más intensa cuando los ciudadanos tienen más información y por tanto más elementos de juicio.
 
En la Fig. 1 se observa como en Europa, aún estando por debajo del 50% de aceptación,  ya existe un 44% a favor de la energía nuclear y, además esta proporción ha aumentado desde el invierno de 2005.

 
 
Fig 1: Aceptación de la energía nuclear en el eurobarómetro de este año. “¿Está Ud. a favor, más bien a favor, más bien en contra o en contra respecto a la energía nuclear?
 
Fuente: Eurobarómetro 297. Comisión europea. Febrero 2008
 
 
Hay otra cuestión más que es interesante explorar. El llamado “consenso social” no puede servir como una justificación de la indecisión. La opinión pública obedece, para empezar, a una información y una comprensión adecuadas. En España no podemos presumir de contar con una información y menos con una preparación de la población que se corresponda con la importancia de esta cuestión. Valga un ejemplo, la opinión sesgada y parcial de un “activista” de Greenpeace merece en los medios de comunicación la misma credibilidad que la de un científico nuclear de forma que se está pervirtiendo y manipulando dicha información con objeto de sesgar esa opinión pública.
 
En este sentido es conveniente que nos fijemos en el ejemplo de Finlandia. País ecologista por excelencia. Es también el país, no lo olvidemos, con el mejor sistema educativo del mundo y el que registra el mayor respeto por el medio ambiente en Europa. Desde hace años, el Gobierno de Helsinki consideró estratégico reducir su dependencia energética del exterior (fundamentalmente de Rusia) y optó en 2001 por la construcción de dos centrales nucleares de nueva generación. En la Fig. 2. se observa como la opinión pública pasó de un rechazo a esta energía a un apoyo. El Gobierno hizo su trabajo: veló por el interés general y, dando información  a sus ciudadanos, justificó su decisión.

 
Fig 2: Cuestión; ¿debería Finlandia construir un quinto reactor nuclear?
 
 
Fuente: Estadísticas nacionales. 'Finnish Attitudes towards energy issues', TVO and Fortum, 1999, 2002, 2004, 2005, 2006.
 

Otro ejemplo, en la Fig. 3. es el del Reino Unido. Se aprecia en él como la opinión pública cambio igualmente tras el anuncio de Tony Blair en abril de 2003 defendiendo a la energía nuclear y reflexionando sobre la necesidad de reconsiderar la política energética británica.

 
Fig. 3. Cuestión; ¿en qué medida apoya que se construyan nuevas centrales nucleares en Gran Bretaña para reemplazar a las actuales?
 
Fuente: Oficina de Estadísticas Británica. Enero 2008

En la Fig. 4, profundizando más en lo anterior, vemos como en el Reino Unido, desde que se ha abordado públicamente el debate nuclear, la población ha basculado hacía el apoyo mayoritario y un 30% de aquellos que están hoy a favor no lo estaban hace 5 años.

 
Fig. 4. ¿Ha cambiado su opinión en los últimos años respecto a la energía nuclear en el Reino Unido?
 
Fuente: Accenture Survey on Attitudes towards Nuclear Power in UK. Mayo 2008
 
 
Sin pretender realizar un análisis sociológico, se observa que, tanto en el caso británico como en el finlandés, la decisión de los Gobiernos tuvo una respuesta favorable por parte de la opinión pública al explicarse la racionalidad de dichas decisiones y al trascender a la opinión pública más información y por tanto más elementos que analizar para consolidar una opinión política.
 
La información: obligación del Gobierno y clave para la aceptación
 
La información y el análisis crítico de la misma son esenciales a la hora de realizar una valoración de cualquier tema complejo y de llegar a conclusiones que, en este caso, se tratarán básicamente de posicionamientos políticos. Es especialmente importante cuando se trata de revertir estados en la opinión pública de animosidad o de predisposición negativa ante determinadas cuestiones. La buena noticia para los que creemos en la energía nuclear es que en cuestiones objetivas y racionales, la opinión pública puede evolucionar muy rápido como ya hemos visto y, especialmente si se hace mostrando los argumentos apropiados como ahora veremos.
 
Como dato singular, tomemos la encuesta que la Agencia Internacional para la Energía Atómica (IAEA) publicó en 2005 sobre el cambio de actitud hacía la energía nuclear tras una mayor información, Fig. 5. Se observa como en un sondeo entre miembros de plataformas ecologistas, la demostración de que la energía nuclear no contribuía al cambio climático supuso un cambio en la percepción de la misma que, cierto es, seguía siendo negativo.

 
Fig.5. Encuesta realizada por la IAEA sobre la energía nuclear entre miembros de organizaciones ecologistas mostrando el cambio de criterio hacía la energía nuclear tras el argumento del cambio climático.
 
Fuente: AIAE. Estudio de diciembre 2005. Foratom.
 
 
La información objetiva y racional se muestra como un elemento clave a la hora de tomar una decisión. Y es aquí donde tenemos la prueba más gráfica y más palpable: cuanto mayor es la información sobre la energía nuclear, mayor es su aceptación por parte de la sociedad.
 
La Fig. 6 lo muestra claramente. En el eurobarómetro de este año sobre la posición respecto a la energía nuclear, se realizaron dos encuestas paralelas. Una sobre energía nuclear que incluía preguntas básicas como “¿emiten las centrales nucleares CO2?” o “¿se pueden fabricar bombas atómicas a partir de las centrales nucleares?”, hasta la proporción de energía nuclear en el país propio. La otra encuesta consistía en si se estaba a favor o en contra de la energía. Los resultados son evidentes. Aquellos países donde sus ciudadanos respondieron a las preguntas de la forma más exacta son los países que están más a favor de la energía nuclear. Es decir, la información es la clave para la aceptación.

 
Fig. 6: Representados en dos ejes están el grado de aceptación así como el grado de conocimiento sobre la energía nuclear. En azul los países con centrales nucleares operativas.
 
Fuente: Eurobarómetro 297. Comisión europea.  Febrero 2008
 
 
Los países con centrales nucleares están indicados en azul. Se puede apreciar que contar con centrales nucleares es determinante en el grado de conocimiento de la tecnología excepto en el caso de España. La segunda conclusión de lo anterior es que son los países con más información los que tienen una opinión pública más favorable.
 
El reto para España. Conclusión
 
Partiendo del hecho de que la energía nuclear no sólo es beneficiosa para un país sino que en el caso de España, con su elevada dependencia energética, es imprescindible, sería aconsejable que la cuestión nuclear se tratara como un asunto de Estado y una prioridad.
 
Es evidente que Zapatero tuvo que plegar sus deseos nucleares a la realidad y que ha pasado de pedir el cierre de las plantas nucleares a tener que mantener su utilización. Sería simplemente inasumible en términos económicos prescindir de las centrales existentes. Esto conlleva que, en el largo plazo, no tiene sentido oponerse a la energía nuclear puesto que no es incompatible de la opción por reforzar la generación con fuentes renovables y es, al contrario de ésta, una energía masiva y segura.
 
Hablar del “consenso social” en esta materia no tiene sentido puesto que se ha demostrado como en otros países, con una información suficiente, la opinión pública ha evolucionado rápidamente y ha asumido la necesidad de dicha energía. Más bien sería conveniente un acuerdo político para que se proporcionara más información a los españoles y dejáramos de ser uno de los peor informados.
 
Lo que hace falta por tanto no es consenso social sino voluntad política y menos demagogia buenista que partiendo de tópicos equivocados -la energía nuclear no es ecológica- es además tremendamente costosa para todos.
 
Los españoles somos uno de los peores países informados respecto a la energía nuclear y, como se demuestra en toda Europa, la información y el coraje político son imprescindibles para que exista una aceptación. Si el ministro quiere consenso lo tiene fácil: qué se proporcione más información y que se debata del asunto con objetividad y sin demagogias ni tópicos falsos (Fig. 7)

 
Fig. 7 Viñetas de El País
 
Fuente: El País 17 abril 2008 y del 17 de junio de 2008

 
Gerardo del Caz es Analista de Política Internacional, especialista en temas de seguridad y desarrollo en Asia.
 
Notas


[1] La Trampa Del Consenso Thomas Darnstädt; Trotta, 2005