La Edad Oscura

por Rafael L. Bardají, 12 de agosto de 2022

Hay una escena de una de las primeras  películas de Woody Allen, Bananas, que me recuerda mucho al estado actual de nuestra política. En ella, un nuevo dictatorzuelo de república bananera, aspira a dejar su particular huella dictando todo tipo de normas absurdas, como por ejemplo, obligar a que sus ciudadanos lleven siempre la ropa interior limpia. Y para poder comprobar el debido cumplimiento de la norma, ésta, la ropa interior, debería ser llevada por fuera.

 

Cuanto más la revivo, más fuerte se hace la imagen de Pedro Sánchez imponiendo su normativa sobre el ahorro energético desde la escalerilla del Superpuma que le lleva desde la Moncloa a Torrejón y luego en la del tan querido Falcon que le deja en La Mareta, ese regalo de un jeque árabe a D. Juan Carlos y al patrimonio del Estado español, en la que gusta de refrescarse a cargo del erario público. No hay nada más edificante que ver a un dirigente político haciendo todo lo contrarío de lo que dice y, aún peor, todo lo opuesto a lo que impone, porque sí, a sus ciudadanos. Alguien me recordó el otro día que Sánchez es como in ayatollah iraní, quien nunca dice lo que piensa y nunca hace lo que dice, aunque pueda ser que haga lo que piensa.

 

En una España vaciada porque todos nos hemos lanzado a la playa antes de que también nos prohíban bañarnos (salvo los gordos y gordas de la Montero quien, dicho sea de paso, me temo nunca ha oído hablar de la apreciada y cara obra de Botero), Sánchez y los esbirros de la mitad de su gobierno, así como los de su partido, sólo saben hablar de dos cosas: Europa nos lo exige; y el PP es incoherente e insolidario. Sabiendo que lo primero es una absoluta mentira, imagino que lo segundo también lo será.

 

Aunque la pregunta que deberíamos hacernos es, si fuese verdad eso de que Europa no exige los actuales sacrificios después de los caprichos arbitrarios de la pandemia, ¿no deberíamos repensarnos qué hacemos en esa Europa que nos hunde en la miseria? El único partido que se plantea el tema de la soberanía nacional es Vox, pero sus propuestas se paran siempre antes de su consecución lógica, porque el pro-europeísmo de los españoles sigue siendo un tema tabú. Y porque es fácil para los demás partidos hacer demagogia y asustar con el euroescepticismo y el anti-actual Unión Europea. Reconozco que no es siempre fácil y cómodo defender los de “los españoles primero”. Incluso a alguien como Donald Trump su “America First” llevó a una movilización local y global en su contra que le arruinó la reelección (aunque el miedo a que regrese triunfador lleva a cosas como el que el FBI se quite la careta y se muestre como lo que siempre ha sido, un servicio de inteligencia interior usado como arma política).

 

 

Aquí, pendientes de la horchata y la paellita, nos olvidamos que nuestros dirigentes no se aplican los recortes que nos imponen. Yo no digo que los diputados no cobren los meses en los que el Congreso no tiene actividad. Ellos sí deberían tenerla en sus circunscripciones, se supone. Pero que sigan cobrando las dietas de desplazamiento a la capital ya me suena a tomadura de pelo. En España se vive muy bien de político aunque sus sueldos no sean los más elevados del mundo, porque hay muchas otras prebendas que conlleva “el poder”, tangibles e intangibles que son muy de agradecer, aparentemente. Bonos de taxi cuando no coche oficial; billetes de avión, comidas y bebidas subvencionadas… por no hablar de todos aquellos dispuestos a invitarles a cambio de una foto o un favor.

 

Y así nos tragamos también que España se quede a oscuras, la única en esa Europa que tanto nos exige según Sánchez. ¿Alguien ha visto y analizado las previsiones de ahorro energético del gobierno, ese famoso y supuesto 7%? ¿Alguien se plantea algún tipo de responsabilidad cuando no se cumplan y miles de pequeños negocios hayan sido arrojados a la cuneta por no poder seguir pagando más adaptaciones? Y aunque ese 7% fuese verdad, que no lo es, ¿quién se cree que España o la UE, de las que menos contaminan del mundo mundial, va a arreglar el cambio climático? No, seremos cada vez más pobres y China cada vez más rica.

 

Finalmente, ¿cómo todo este sinsentido puede llevarse adelante con total impunidad? Pues claramente porque se ha pervertido el juego democrático. En España es claro el ansia socialista (desde que Guerra se jactó de enterrar a Montesquieu) por acabar con la separación de poderes, someter la prensa a sus dictados y gobernar desde el absolutismo. Para más inri nada ilustrado. Paso a paso nos están llevando a una nueva Edad Media, con señores y siervos de la gleba; cortesanos con sus bufones; zonas sin ley, pandemias y Papas que se despreocupan De Dios para regocijarse en los asuntos terrenales. La Ley la dicta y la hace cumplir el señor del castillo, según sus intereses, cuando y donde puede.

 

La resistencia al poder absoluto llevó siglos hasta mostrarse relativamente victoriosa, con revoluciones sangrientas, guerras de treinta años, cismas religiosos y tecnologías democratizadoras, como la imprenta de Gutenberg de por medio. No veo yo hoy a la juventud leyendo las tesis de Lutero en sus móviles. Y menos leyendo un libro. Pasividad, desinterés, supervivencia, son los ingredientes que todo señor absolutista desea en sus lacayos. Además de crecientes impuestos, lógicamente. Mientras sigamos pagando, seguirán degenerando su poder. Eso es lo que nos dice la Historia.

 

Y que no nos engañen, no es Europa, no es el PP, no es Vox. La culpa la tiene este gobierno.  A mi, las películas del Oeste me enseñaron que si un caballero se metía en una partida con truhanes, o acaba desplumado o muerto. O ambas cosas sucesivamente. Si hay algo de lo que responsabilizar a la oposición es de empeñarse a jugar con tramposos como si fueran lo que no son. Así no ganarán nunca.