La Conferencia de Paz de Annapolis: grises perspectivas de éxito

por James Phillips, 28 de noviembre de 2007

(Publicado en The Heritage Foundation, 21 de noviembre de 2007)

La largamente aplazada conferencia de Annapolis, propuesta por la administración Bush para reanimar las durmientes negociaciones de paz palestino-israelíes, está programada para reunirse el 27 de noviembre. Pero los países que participarán, los temas a tratar y lo que se pueda lograr, si algo, en la conferencia sigue estando envuelto en una gruesa niebla diplomática. La conferencia fue concebida originalmente como un foro internacional para alcanzar un acuerdo en un “horizonte político” con vistas a una solución de 2 estados para el conflicto palestino-israelí. Sin embargo, últimamente se ha diluido en un ceremonial comienzo diplomático para un acuerdo de estatus final debido a la falta de diplomáticos israelíes y palestinos con una visión común en el horizonte para negociar. La continuada amenaza que representa Hamás, respaldada por Irán y Siria, también hace que un acuerdo de paz sostenible sea algo inalcanzable en un futuro previsible. Ya casi entrando en la recta final de su mandato, la administración Bush debe tener esto en mente al tiempo que presiona por unas negociaciones realistas a llevarse paso a paso y que atenúen el inabordable conflicto palestino-israelí - en vez que sea debido a iniciativas excesivamente ambiciosas por resolverlo rápidamente. 
 
Perspectivas de éxito
 
Las incertidumbres diplomáticas que rodean la conferencia de Annapolis reflejan las enormes dificultades inherentes para alcanzar un acuerdo en las espinosas preguntas relacionadas con los temas del estatus final que incluya disposiciones de seguridad, delimitación de fronteras, Jerusalén, los asentamientos israelíes en Cisjordania, la suerte de los refugiados palestinos y los derechos del agua. Además, el paso glacial de las negociaciones bilaterales refleja el hecho de que la situación no está madura para alcanzar una solución diplomática. La principal amenaza para la paz, el radical movimiento islámico Hamás, no sólo rechaza las negociaciones con Israel sino que también sigue buscando activamente su destrucción. 
 
Después de meses de negociaciones, Israel y la Autoridad Palestina todavía no han podido ponerse de acuerdo para hacer una declaración conjunta. Los palestinos quieren la conferencia para producir un detallado plan para un arreglo final con un calendario bien definido para obtener su condición de estado a establecerse en tan sólo 6 meses. Israel busca un acuerdo menos ambicioso con una declaración de principios que servirá de guía para negociaciones futuras. Según se informa, el progreso se ha bloqueado porque Israel desea el reconocimiento palestino del derecho de Israel a existir como estado judío, mientras que los palestinos se han negado, insistiendo que tal declaración infringiría el “derecho de regreso” a Israel de refugiados palestinos en lugar de que vayan al propuesto estado palestino. Mientras los palestinos se aferren a esta exigencia tan poco realista, no es posible hacer mucho progreso.
 
Actualmente ninguno de los dos lados confía en que el otro vaya a cumplir sus promesas. Y ni el primer ministro israelí Ehud Olmert ni el presidente de la Autoridad Palestina Mahmud Abbas tienen el suficiente apoyo político domésticamente para satisfacer realmente los términos de un acuerdo de estatus final, si se pudiera alcanzar alguno. Olmert se ha visto desacreditado por los desastrosos resultados de su retirada unilateral de Gaza en 2005, por su fracaso en la guerra del Líbano al no derrotar decisivamente a Hizbolá en 2006 y por las investigaciones criminales en curso acerca de su pasado. Incluso si Olmert pudiera llegar a un acuerdo con los palestinos, su débil gobierno de coalición probablemente se rompería y sería sustituido si sacrificase el continuado control israelí sobre Jerusalén. 
 
Abbas, un protegido de Yasser Arafat que rompió con el líder palestino en los años finales de su corrupto y criminal régimen, no posee carisma personal, no ha reformado la Autoridad Palestina y vio la derrota de sus seguidores a manos de Hamás en Gaza en 2006. Abbas no está en posición de luchar eficazmente contra el terrorismo que es el principal obstáculo para la paz. Si las fuerzas israelíes se retiran de Cisjordania, hay un riesgo considerable que Abbas y sus seguidores de Fatah sean derrotados por Hamás como les pasó en Gaza.
 
Por otra parte, Abbas no ha establecido un control completo sobre los poco confiables servicios de seguridad de la Autoridad Palestina, que serían los llamados a hacer cumplir cualquier acuerdo. El verano pasado, la inteligencia israelí frustró una trama palestina para el magnicidio del primer ministro Olmert que incluía a miembros de los servicios palestinos de seguridad. Los conspiradores fueron arrestados por la Autoridad Palestina pero posteriormente fueron puestos en libertad, al parecer sin el conocimiento del presidente Abbas. La continuidad de la política de “puerta giratoria” de Arafat con palestinos tramando matar israelíes es solamente el más reciente recordatorio de que los negociadores israelíes no pueden contar con que sus homólogos palestinos cumplan todos sus compromisos según los términos de anteriores acuerdos de paz, mucho menos de los nuevos.
 
El problema de Hamás
 
Hamás, que continúa haciendo llover misiles sobre la población civil israelí que vive cerca de la frontera con Gaza, está en posición de explotar las oportunidades para una paz genuina. Respaldada por Irán y Siria, está fortificando su bastión en Gaza y se está preparando para la guerra, estimulada por toneladas de armas pasadas de contrabando a través de la frontera con Egipto. Tarde o temprano, Israel se verá forzado a defenderse invadiendo Gaza, algo que ensombrecerá aún más las perspectivas de paz. Pero mientras Hamás conserve su dominio sobre Gaza, no hay paz estable posible.
 
Washington ha intentado actuar con tacto en esta situación ampliando la conferencia para incluir a tantos países y organizaciones internacionales como sea posible, destacando el hecho de que Hamás está aislado en su rechazo de negociaciones con Israel. El Departamento de Estado de Estados Unidos ha invitado a Siria a participar - a pesar de que Damasco continúa apoyando a Hamás y a otros grupos palestinos radicales dedicados a la destrucción de Israel. También se había invitado a Arabia Saudí para que asistiese aunque su participación era incierta. Los cautelosos saudíes han sostenido negociaciones secretas con Israel en el pasado pero son renuentes a sentarse en público con Israel hasta que se haya conseguido un acuerdo diplomático.
 
Recientemente, el gobierno de Olmert ha hecho concesiones para ganarse la confianza y así atraer a los saudíes y a otros participantes, incluyendo la liberación de 441 presos palestinos, un compromiso para desmantelar puestos de avanzada de asentamientos no autorizados en Cisjordania y la eliminación de algunos puntos de control de seguridad que han restringido el movimiento palestino.
 
Pero puede que esto no sea suficiente para el presidente Abbas que teme ser criticado por Hamás por ser blando con Israel y por el ala dura dentro del problemático Fatah. Algunas fuentes palestinas han indicado que puede que la Autoridad Palestina no participe en la conferencia a menos que obtenga las bendiciones de la Liga Árabe que ha programado una reunión de ministros de Asuntos Exteriores árabes en Egipto.
 
Evitar la precipitación hacia el fracaso
 
La administración Bush debe tener cuidado de no intentar hacer demasiado y demasiado rápido en la conferencia de Annapolis. Esto sólo alimentará expectativas poco realistas que podrían acabar en otra explosión de violencia, como le sucedió a la administración Clinton en la fracasada cumbre de Camp David en el año 2000.
 
La administración debería adherirse a una estrategia más gradual que tome en consideración las lecciones del fallido proceso de paz de Oslo en los años 90. Tal y como esa experiencia demostró, la principal barrera para la paz es el terrorismo palestino que comprensiblemente erosiona la buena voluntad de los israelíes para hacer concesiones que exigen considerables riesgos de seguridad. El proceder paso a paso, comprobando el cumplimiento de los compromisos bajo estricta supervisión antes de que se tome el siguiente paso, forjaría un sentimiento de confianza en ambas partes con el transcurrir del tiempo. 
 
Actualmente, el presidente Abbas no tiene la capacidad para combatir el terrorismo con eficacia. Él necesita el apoyo de estados árabes y de Occidente para aislar y debilitar a Hamás. Mientras que Hamas siga siendo una poderosa amenaza para una paz genuina y sostenible, sólo es posible mitigar el conflicto, no resolverlo. Por tanto, Washington no debería presionar a favor de un acuerdo a toda prisa que podría resultar en un alto el fuego aunque deficiente e inestable, pero no en un acuerdo permanente duradero. 
 
La administración tampoco debería imponer plazos poco realistas para las negociaciones. Tomará toda una generación forjar la paz. Es altamente improbable que un gobierno pato cojo representando a Israel y una Autoridad Palestina inestable puedan alcanzar un acuerdo final en los últimos meses de la administración Bush.
 
Washington también debería intentar evitar una intervención americana excesiva que lleve a ambos lados a negociar con Washington en vez de negociar mutuamente, tal y como la administración Clinton rápidamente descubrió. La mayoría de los principales avances en las negociaciones de paz árabe-israelíes se lograron a través de esfuerzos diplomáticos bilaterales como la visita del presidente egipcio Anwar Sadat en 1977 a Jerusalén y el tratado  de paz en 1994 con Jordania. Las conferencias multilaterales, como la conferencia de Madrid de 1991, pueden representar una importante ayuda internacional simbólica para las negociaciones, pero son asuntos engorrosos que a menudo llevan a callejones sin salida diplomáticos. 
 
Conclusión
 
La conferencia de Annapolis, si tiene éxito, sólo será el primer paso en una larga y extenuante negociación. Washington no debe precipitarse en estas negociaciones, pues es más importante hacerlas bien que acabarlas rápidamente. Mientras que Hamás esté libre para seguir con su campaña de terror, es virtualmente imposible que Israel alcance un acuerdo de estatus final con la Autoridad Palestina. En última instancia, la conferencia de Annapolis sólo será considerada como un éxito en la medida que ayude a reducir el poder y la amenaza potencial de Hamás y otras facciones palestinas radicales que continúan buscando la destrucción de Israel.


 

 
 
James Phillips es investigador especializado en estudios de Oriente Próximo del Instituto Kathryn and Shelby Cullom Davis para Estudios Internacionales de la Fundación Heritage.
 
 
©2007 Traducido por Miryam Lindberg