La batalla de Europa, una memoria histórica de la que no queremos aprender

por Rafael Ortega González, 22 de noviembre de 2007

Joseph Astruc es un venerable francés de 97 años, abuelo de una persona muy cercana a mí. Un venerable anciano que, aunque con la serenidad de la edad, dejaba escapar alguna lágrima mientras, sentados en una casa del pueblo de Troyes, me recordaba las vivencias que había tenido hace 65 años.
 
Siendo Gendarme se opuso a colaborar con los nazis, bien al contrario, apoyó y cooperó con la Resistencia Francesa. Dado su puesto y su acceso a información sobre las personas reclamadas por las autoridades alemanas, Joseph avisó a los perseguidos, entorpeció o encubrió a personas buscadas por la Gestapo, ya fueran judíos (como su propio médico) o cristianos, de derechas o de izquierdas. No se “adaptó” pasiva o activamente a los alemanes, como hicieron muchos franceses que luego, una vez los aliados pasaban liberando pueblos, surgieron de la nada dando lecciones de resistencia y lucha contra el régimen invasor.
 
Por no colaborar con los nazis fue enviado a Dachau a realizar trabajos forzados. Consiguió escaparse y unirse a los maquis, realizando sabotajes. Muchos de sus compañeros no pudieron ver el fin de la guerra, muchos de los detenidos fueron asesinados en las cárceles según avanzaban los aliados, muchos el propio Día D. Antes de ser enviado a Dachau coincidió con alguien que más tarde sería famoso, François Mitterrand. No consta que Mitterrand fuera también enviado a Dachau.
 
Durante la campaña de Normandía (6 de junio - 19 de agosto) murieron entre 15.000 y 20.000[1] civiles franceses, muchos de ellos durante los avances aliados. Más de 3.000 franceses civiles murieron en los bombardeos previos al Día-D. Hoy día una operación con una tasa de muertes civiles doscientas veces menor sale en los periódicos en primera plana y provoca manifestaciones.
 
Pero Joseph Astruc nunca se manifestó, como no se manifestó ninguno de los demás veteranos. Nunca pidió explicaciones sobre, ni ha tenido reproches por la muerte de víctimas civiles durante la liberación de Francia. Él no ha olvidado el sufrimiento a manos de los nazis ni la barbarie que vio a su alrededor, sin embargo su hijo ha vivido y trabajado en Alemania y posteriormente ha seguido colaborando con nacionales de ese país regularmente, había un futuro que construir.
 
Curiosamente, los que piden venganzas son los que nunca sufrieron daños, los que intentan presumir de los combates son los que nunca estuvieron en el campo de batalla, en algunos casos incluso tienen el vergonzoso agravante de provenir de familias colaboracionistas o de verdugos. ¿Complejo de inferioridad?, ¿necesidad de autoafirmación o simple conveniencia?, ¿limpieza de conciencia? Y al mismo tiempo, algunos que dicen renegar de la guerra muestran complacencia e incluso llegan a justificar el terrorismo.
 
Días más tarde de hablar con Joseph Astruc me encuentro junto a algunos de aquellos que no tuvieron la oportunidad de envejecer. Paseando entre las miles de cruces del cementerio americano en Colleville, mientras un niño pequeño usa las cruces para rebotar su pelota, más grande casi que él, niño que, si conserva la nacionalidad de sus ascendientes en el árbol genealógico, no tendrá a ninguno de ellos reposando en este ni en ningún otro cementerio de la zona.
 
El coste en tropas del famoso Día D fue de 2500 muertos para los aliados[2], número que en realidad debería ser mayor al no incluir a los que murieron en hospitales de retaguardia. 2500 jóvenes que no volvieron a sus casas y que se enfrentaron a la muerte, en muchas ocasiones, en condiciones que les hacían tener la seguridad de que caerían en combate, pero debían hacerlo para proteger y guardar a los suyos, a sus familias que estaban en casa, a sus compañeros cuyas vidas peligraban por el expansionismo y belicismo nazi.
 
Los números son fríos, cuando te paseas por los monumentos o entre las cruces y lees nombres y apellidos te das cuenta que para esa persona cuyo nombre estás leyendo, y para sus familiares los porcentajes no existen, no hay un 33% o un 55% de desgracia. Para ellos la desgracia, una sola víctima es el 100%. Y hablamos de 2500 muertos en un día, 132000[3] en mes y medio. En Irak han muerto 3775[4] en tres años y es inaceptable.
 
Todo esto nos hace plantearnos preguntas muy duras y políticamente incorrectas, preguntas que seguro que a alguien que lea estas líneas se hará echarse las manos a la cabeza pensando que se está alabando el belicismo o defendiendo el asesinato de civiles y se acudirá a los lugares comunes, cómodos aunque inútiles para resolver problemas que, tarde o temprano, tendremos que afrontar.
 
¿Se habría ganado la Segunda Guerra Mundial con los parámetros y mentalidades actuales?, ¿se habría convivido con el nazismo? ¿se habría pactado con Hitler una paz, mirando hacia otro lado mientras masacraba a algunos cuantos a cambio de nuestra comodidad?, si bien la forma de combatir ha cambiado, ¿es comparable la amenaza que supuso el fascismo, el nazismo y el comunismo para la democracia a la que supone el islamismo radical?, ¿se habría tratado de negociar con “nazis moderados” antes que declarar la guerra?, ¿fueron Churchill y Roosevelt unos asesinos por declarar la guerra a Alemania y Japón (tal y como argumentaban los Partidos Comunistas durante el período de vigencia del pacto Molotov-Ribbentrop?, ¿serían los envíos de tropas calificados como “operaciones de pacificación”?
 
¿Hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar antes de reaccionar y defender la libertad?,¿cuántos muertos estaríamos dispuestos a sacrificar antes de abandonar esta “paz”?, ¿cuántos nos harían cambiar de actitud, cuál sería el límite que nos haría pasar de “convivencia” a “defensa” o “supervivencia”?, ¿dónde está el listón que separa la inseguridad tolerable de la amenaza de destrucción total?, ¿qué violaciones de los derechos humanos estamos dispuestos a tolerar y cuáles no?, ¿cuántos muertos toleraríamos en una guerra?, ¿cuántos en nuestras “operaciones de paz”?, ¿cuál sería el listón para incluir el uso de armamento nuclear?, ¿a qué llamamos hoy día guerra?, ¿se pediría el juicio de Churchill y Roosevelt como criminales de guerra?
 
Estos temas son tabúes, está prohibido hablar de ellos, como está prohibido recordar el apoyo que los distintos partidos comunistas dieron al nazismo durante el período de vigencia de pacto Molotov-Ribbentrop, tema sobre el que hay una cortina de silencio a pesar de las manifestaciones, presiones y huelgas que, por ejemplo, tuvieron lugar en Estados Unidos para forzar la derrota británica, o en Francia, donde los comunistas iban codo con codo con los nazis hasta el inicio de la operación Barbarroja. ¿Estamos ante otra situación parecida con el apoyo del izquierdismo más radical al yihadismo?, ¿ha pedido alguien perdón por ello?, ¿cuántos muertos nos costará esta vez?
 
Eso es tabú como es tabú recordar que el nazismo tuvo un gran apoyo en Europa antes de que se declarara la guerra, una ideología que aunaba el nacionalismo con la idea de pertenecer a una casta superior y un estado paternalista. Tenemos también en España a gente en la cual confluyen también ambas ideas, gente que une un localismo casi racista y xenófobo con una etiqueta de izquierdismo, gente que sólo se diferencia del fascismo en la frontera abarcada por el término “nación”, no en el trasfondo ideológico. Volvemos a alimentar a la serpiente con la ilusa sensación de que podremos encantarla siempre con el sonido de nuestra flauta. Pero la serpiente en realidad no está encantada, sencillamente se alimenta con facilidad y crece y no dudará en devorarnos cuando su hambre no se vea saciada con lo que la ofrezcamos. ¿Y cuánto sufrimiento nos costará?
 
Estamos alimentando a monstruos mientras adormecemos nuestro cerebro entre series de televisión. Nos hemos vuelto demasiado cómodos. No podríamos vivir sin nuestro aire acondicionado, no somos capaces de aguantar una temperatura menor a 20º ni superior a 25ºC; sin nuestro coche; cambiamos asignaturas para que nuestros hijos no tengan que esforzarse en estudiar, no hay cultura del esfuerzo, no se recompensa el sacrificio. ¿Se espera que seamos capaces de luchar y sacrificarnos por nuestra libertad? Queremos soldados sin armas, armas sin munición, munición que no hiere ni mata, todo ello en operaciones de paz sin acciones de combate, sólo hay bajas por accidentes. Todo sea por un mundo sin guerra, aunque sólo sea un cambio de nombre. No importa que la gente siga muriendo igual.
 
Pero no tenemos que preocuparnos, ya que no estamos ante una Tercera Guerra Mundial, sino ante una Guerra Global (que no debe ser lo mismo) y con apaciguamiento y sonrisa conseguiremos una paz duradera y vencer a los que quieren destruir los derechos individuales que tantas tumbas a lo largo y ancho del planeta nos recuerdan lo que nos costó obtener. ¿Sirvió para algo?, ¿mereció la pena su sacrificio?

 
 
Notas


[1] D-Day Museum. http://www.ddaymuseum.co.uk/faq.htm#casualties, aunque los números están en discusión por los investigadores.
[2] D-Day Museum. http://www.ddaymuseum.co.uk/faq.htm#casualties, aunque los números están en discusión por los investigadores.
[3] D-Day Museum. http://www.ddaymuseum.co.uk/faq.htm#casualties, aunque los números están en discusión por los investigadores.
[4] Department of Defense.