La amenaza del terrorismo islamista en España

por Juan Avilés, 4 de marzo de 2003

(Ponencia presentada en FAES el 4 de marzo de 2003)
 
En los últimos meses se han manifestado temores de que se produzcan atentados islamistas en suelo europeo y es posible que algunos se hubieran producido ya de no haberlo evitado oportunas actuaciones policiales. Tales temores tienden a incrementarse ante la perspectiva de una posible intervención occidental en Irak. Este ensayo, que se basa en fuentes abiertas, examina la gravedad que pudiera tener esta amenaza.
 
El salto cualitativo del nuevo terrorismo.
 
España, al igual que otros países europeos como Gran Bretaña e Italia, cuenta con una larga experiencia de lucha antiterrorista. Esto sin duda es una ventaja, pero puede conducir a creer que el nuevo terrorismo al que nos enfrentamos es cualitativamente semejante a aquel que hasta ahora hemos padecido, es decir el del IRA, ETA, las Brigadas Rojas o las organizaciones palestinas que en ocasiones han atentado en suelo europeo. Desde ese punto de vista los atentados del 11 de septiembre sólo se habrían distinguido de aquellos a los que estábamos acostumbrados por un factor cuantitativo, el número de víctimas que produjeron. No parece que sea así.
 
Lo que vino a confirmar el 11 de septiembre es algo que ciertos analistas habían apuntado a raíz de diversos atentados de los años noventa, como la voladura de un edificio federal en Oklahoma City o el ataque con gas sarín en el metro de Tokio. Estamos ante un cambio cualitativo en la naturaleza de la amenaza terrorista. El nuevo terrorismo es distinto por su capacidad tecnológica, por su motivación y por su modelo organizativo.
 
El incremento de la capacidad tecnológica.
 
Es un lugar común afirmar que en los últimos años estamos viviendo una aceleración del progreso científico y tecnológico, que se traduce en una efectiva democratización de los recursos, pues pone a disposición de pequeños grupos o incluso de individuos lo que antes sólo era accesible a los Estados o las grandes organizaciones. Esto representa una considerable fuente de progreso, pero tiene una contrapartida: también los terroristas se benefician de ese avance tecnológico. Sobre todo en dos campos: en el del armamento, que cada vez resulta más sofisticado, menos costoso y más pequeño, más fácil de camuflar por tanto, y en el de las comunicaciones. Instrumentos como los teléfonos vía satélite y, muy especialmente internet, permiten mantener contactos fluidos a gran distancia y facilitan por tanto la aparición de grupos terroristas que operan a nivel transnacional e incluso mundial.
 
La posibilidad de que agentes terroristas puedan llegar a dotarse de un armamento químico o biológico resulta especialmente preocupante, aunque de momento los obstáculos tecnológicos parecen excluir la posibilidad de que esta amenaza se materialice, a no ser en el caso de organizaciones respaldadas por algún Estado. La secta japonesa Aum Shinrikyo, responsable del citado ataque en el metro de Tokyo, realizó una considerable inversión para dotarse de este tipo de armamento, con unos resultados afortunadamente bastante limitados (Tucker 2000).
 
De la motivación política a la motivación religiosa.
 
El terrorismo de los años setenta y ochenta del pasado siglo era mayoritariamente de inspiración política, ya fuera revolucionaria, contrarrevolucionaria o política. En los últimos años las acciones terroristas más peligrosas han tenido por el contrario una inspiración religiosa, vinculada al Islam en casos como el de Al Qaida; al judaísmo  en casos como el de Baruch Goldstein, autor de una matanza en una mezquita de Israel en 1994; a una versión racista del cristianismo en el caso del movimiento 'patriota' de los Estados Unidos, en el que hay que encuadrar a Timothy McVeigh, el responsable del atentado de Oklahoma City; o a cultos de origen reciente, en el caso de los Rajneeshees, que en 1984 lanzaron un ataque con bacterias en una pequeña ciudad de Oregon, o de la citada secta japonesa Aum Shinrikyo.
 
En un libro publicado antes del 11S, un destacado estudioso del tema, Bruce Hoffman, ponía ya en relación el carácter religioso del nuevo terrorismo con la aparición de atentados mucho más letales que los del pasado (Hoffman 1998). Convencido de actuar en consonancia con un mandato trascendental, el terrorista religioso no se ve limitado por las consideraciones prácticas, políticas e incluso morales que llevaban a los terroristas tradicionales a matar a pocos para aterrorizar a muchos. En el nuevo terrorismo las matanzas masivas se justifican en el terreno teológico y la acción del terrorista suicida se eleva a la categoría de un martirio que conduce directamente a los goces celestiales. Algo que no tenían garantizado quienes mataban en nombre de la revolución social o de la independencia nacional.
 
Cabe añadir que el terrorismo inspirado en una interpretación distorsionada de alguna de las grandes tradiciones religiosas de la humanidad resulta más peligroso que el vinculado a una pequeña secta, en razón de la inmensa base social en la que puede buscar apoyo. Por ello Al Qaida representa un fenómeno mucho más inquietante que Aum Shinrikyo.
 
Los nuevos modelos organizativos la estructura en red
 
Las organizaciones que protagonizaron el terrorismo de los años setenta y ochenta tenían una organización jerárquica de tipo piramidal. Hubo casos de colaboración entre algunas de ellas, por ejemplo entre grupos europeos de extrema izquierda y grupos palestinos, pero básicamente cada grupo actuaba por su cuenta, con unos objetivos propios (Moniquet 2002). La gran novedad organizativa del nuevo terrorismo es la denominada estructura en red, basada en la cooperación entre distintos grupos que comparten una ideología y unos objetivos, colaboran en el terreno logístico y pueden montar incluso operaciones conjuntas, pero conservan su autonomía (Arquilla, Ronfeldt y Zanini 1999).
 
El terrorismo islamista
 
Un factor tecnológico, las facilidades de comunicación que han traído consigo las nuevas tecnologías de la información, y otro religioso y político, la difusión del islamismo radical en toda la extensión del mundo musulmán (Kepel 2000), han proporcionado las condiciones favorables para la formación de la compleja estructura en red cuyo nudo central es Al Qaida. Lo que ha ocurrido en los últimos años ha sido la confluencia en una lucha terrorista global de organizaciones surgidas en el marco de conflictos locales, desde la rebelión musulmana del sur de Filipinas hasta la rebelión islamista contra el régimen argelino.
 
Rohan Gunaratna, investigador del centro de estudios sobre el terrorismo de la universidad escocesa de Saint Andrews,  ha escrito que la red de Al Qaida está integrada  por un núcleo central, encabezado por Osama Bin Laden, por células satélites distribuidas por todo el mundo y por un con­glomerado de organiza­ciones islamistas, en buena medida independientes, con las que colabora. Algu­nas de ellas manifestaron públicamente sus vín­culos con Al Qaida, cuando en febrero de 1998 se anunció la creación de un Frente Islámico Mundial para la Lucha contra los Judíos y los Cruzados, integrado por la propia Al Qaida, dos organizaciones egipcias, Jamaat al Jihad y Al Gamaa al Islamiya, otra  pakistaní, Jamiat ul Ulema e Pakistan, y otra de Bangladesh, Harkat ul Jihad al Islam. Pero se estima que otras or­ganizaciones afines no suscribieron el acuerdo simple­mente por no dar pis­tas a los servicios de inteligencia (Gunaratna 2002).
 
La propia Al Qaida tuvo desde sus orígenes una dimensión internacional, de­bido a que surgió en el entorno de los voluntarios musulmanes de di­versos paí­ses que en los años ochenta acudieron a Afganistán para la jihad contra el inva­sor soviético. Luego Bin Laden ofreció su concurso al régi­men saudí para luchar contra Saddam Hussein cuando este ocupó Kuwait, pero fue la decisión saudí de admitir tropas norteamericanas en su territo­rio con ocasión de la guerra del Golfo la que dio origen a la orientación an­tisaudí y antiamericana de Al Qaida.
 
El primer documento en el que Bin Laden expuso sus objetivos, la “Decla­ración de guerra contra los americanos que ocupan la tierra de los dos lu­gares sagra­dos”, también conocida como  “Epístola ladenesa”, está fechada en agosto de 1996, dos meses después de que un atentado de Al Qaida hubiera matado a 19 soldados americanos en la base de Khobar, en Arabia Saudí. En ella y en docu­mentos posteriores, Bin Laden anunció una guerra terrorista a escala mundial cuyo objetivos  serían:
 
·         la retirada  de las tropas americanas de la  península Arábiga;
·         la destrucción del Estado de Israel;
·         la victoria de los musulmanes en los conflictos que les oponen a otras co­munidades, desde Chechenia hasta Filipinas;
·         el derrocamiento de todos los  estados musulmanes que no se basen exclu­sivamente en la shariah (la ley de Mahoma).
 
Estamos pues ante un desafío de proporciones colosales del que los países eu­ropeos no pueden quedar al margen, debido a sus vínculos con Estados Unidos, con el mundo árabe y con Israel. Los ataques del 11S contra Nueva York y Wash­ington probablemente pretendían demostrar la vulnerabili­dad de América y generar una gigantesca espiral conforme al conocido modelo de acción-repre­sión-acción. La facilidad con que fue derrocado el régimen talibán y la limitadí­sima efectividad de la solidaridad con aquel entre las poblaciones musulmanas significan que Bin Laden no logró ese objetivo. Pero la guerra no ha terminado.
 
La penetración del terrorismo islamista en España.
 
A juzgar por las células hasta ahora desarticuladas en distintos países, espe­cial­mente en Gran Bretaña, Países Bajos, Francia, España e Italia, la penetra­ción de la red de Al Qaida en territorio europeo se ha producido sobre todo a través de dos organizaciones, Takfir wal Hijra y el Grupo Salafista de Pre­dicación y Combate. Es difícil establecer la relación precisa que existe entre ellas, pero todo parece in­dicar que están actuando en estrecha conexión.
 
Takfir wal Hijra (Anatema y Exilio) es el nombre que la policía y la prensa egip­cia dieron a un grupo surgido en los años setenta, cuya verdadera de­nomina­ción era Jamaat al Muslimin. Su dirigente carismático era Shukri Mustafa, quien elaboró una doctrina según la cual las sociedades musul­manas habían renegado en la práctica del Islam, lo que equivalía a lanzar un anatema contra el conjunto de los musulmanes, excepto sus propios se­guidores. Estos últimos debían afron­tar pues el exilio, como hicieron Ma­homa y sus compañeros en Medina, aunque en este caso se trataría de un exilio interior, consistente en el rechazo total de las leyes e instituciones del Estado impío. Estimaban que sería necesaria una larga preparación antes de afrontar la lucha armada contra el Estado, pero un asesi­nato atrajo so­bre ellos la represión y el propio Shukri Mustafa fue ejecutado en 1978 (Zeidan 1999).
 
En las décadas siguientes, el Takfir se fue difundiendo por otros países, in­clui­dos los norteafricanos e incluso algunos europeos, aunque no es fácil detectar a sus miembros, debido a su extremada cautela, que les lleva a fingir costumbres no islámicas e incluso a ocultar su religión. Se ha afir­mado que en Argelia se incorporaron en buen número a los GIA (Grupos Islámicos Armados). De acuerdo con las declaraciones de algunos deteni­dos, los miembros del Takfir y los GIA comenzaron a colaborar en Francia después de la represión policial que siguió a los atentados de 1995, y fi­nalmente toda la red europea del Takfir se incorporó al Frente Islámico Mundial fundado por Bin Laden en 1998 (Le Nouvel Observateur 18/10/2001). Hay incluso indicios de que Al Zawahiri, el dirigente de Ja­maat al Jihad y principal colaborador de Bin Laden en Al Qaida se haya convertido también en el jefe del Takfir (Gunaratna 2002: 115).
 
El Grupo Salafista de Predicación y Combate, un grupo islamista argelino rival de los GIA, puede haber estado vinculado a Bin Laden desde sus orígenes. Los GIA, que han llevado a cabo la campaña terrorista más feroz que haya padecido ningún país musulmán, tuvieron en su inicio un amplio apoyo en los sectores más violentos del islamismo internacional. Su boletín semanal, Al Ansar, que les proporcionaba cobertura doctrinal de cara al conjunto del mundo islámico, se publicó en Londres desde  1993, bajo el impulso de dos destacados ideólogos, el sirio nacionalizado español Abu Musab y el pales­tino Abu Qatada. Pero la cre­ciente radicalización de los GIA, que culminó con las horrendas matanzas de civiles de 1997, terminó por enajenarles muchas simpatías. Al Qaida rompió con la dirección de los GIA y estimuló la decisión de Hassan Hattab, jefe de la red europea de los GIA, de pasarse a una nueva organización, el Grupo Salafista de Predicación y Combate, fundado en mayo de 1998 (es decir unos meses antes de que se anunciara la creación del Frente Islámico Mundial). A  comienzos del año 2002 se es­timaba que el GSCP contaba con 1.800 hombres en Argelia, frente a unos 800 de los GIA (Gunaratna 2002: 137-139).
 
En España las células terroristas islámicas hasta ahora desarticuladas pare­cen estar vinculadas o bien directamente a Al Qaida o bien al GSPC. A con­tinuación se resumen las principales detenciones realizadas y los datos que de ellas pue­den deducirse.
 
10/5/1997. Desarticulación en Valencia de una célula de los GIA, encabe­zada por Noureddine Salim Adoumalou, alias Nourreddine de España.  Seis de sus miembros fueron condenados por la Audiencia Nacional en ju­nio de 2001. En julio de 2002 el Tribunal Supremo confirmó su condena por pertenencia a banda armada, pero redujo sus penas a 9 años (El País 20/7/2002). Participaban en ta­reas de apoyo a la lucha de los GIA en Ar­gelia y tenían relaciones con Afganis­tán.
 
22/6/2001. Detención en Alicante de Mohamed Bensakhria, supuesto diri­gente  del comando  Meliani del GSPC. Dicho comando preparaba un aten­tado en Es­trasburgo y fue desarticulado en Frankfurt en diciembre de 2000. Bensakhria ha sido extraditado a Francia. (Gunaratna 2002: 129)
 
26/9/2001. Desarticulación de una célula del Grupo Salafista de Predica­ción y Combate, dirigida por Mohamed Boualem Khouni, alias Abdallah. La integra­ban seis miembros, todos ellos argelinos, residentes en distintos lugares de Es­paña. Fueron detenidos en virtud de una comisión rogatoria de un tribunal de Bélgica, donde unos días antes había sido detenido  el tunecino Nizar Trabelsi, miembro del Takfir, con el que aparentemente es­taban en contacto (Gunaratna 2002: 118). Uno de los detenidos, Mohamed Belaziz, un inmigrante irregular que había sido anteriormente detenido por robo y  residía en Cascante, fue visi­tado por Trabelsi en el verano de 2001, y tenía una agenda en la que anotó su vocación de terrorista suicida.  Se ha supuesto que Mohamed Belaziz y Nizar Trabelsi estaban designados para un ataque suicida a la embajada norteameri­cana en París (El País 10/10/2002). La célula enviaba además material electró­nico y de alta tec­nología a Argelia y Chechenia. Por otra parte se supone que Ahmed Res­sam, un argelino probablemente implicado en los atentados de los GIA en París en 1995, que fue detenido en diciembre de 1999 cuando cruzaba la frontera entre Canadá y Estados Unidos con un automóvil cargado de ex­plosi­vos (Moniquet 336-337), se entrevistó con Abdallah durante una visita a España (El País 2/12/2001). Desde mayo de 2002 los seis presuntos sala­fistas se hallan en libertad provisional y recientemente la justicia belga ha anunciado que no solicitará su extradicción (13/2/2002).
 
13/11/2002. Desarticulación de una célula de Al Qaida integrada por Imad Edin Barakat Yarkas, alias Abu Dahdah, y otros diez miembros, nueve de ellos residentes en Madrid. Su origen está en la acción  del palestino Chej Salah, quien en 1994 fundó un grupo islamista que repartía propaganda de grupos armados islamistas a los fieles de la mezquita madrileña de Abu Baker, en el barrio de Tetuán, sin autorización del imán. Eran los años de la guerra de Bos­nia y uno de los principales cometidos del grupo era reclutar mujahidines para combatir allí (entre los enviados a Bosnia se hallaban cua­tro de los miembros de la célula detenidos en noviembre). En 1995 Chej Salah se trasladó a Pakistan para integrarse en la organización MAK, pre­cursora de Al Qaida, que se encar­gaba de encaminar a los voluntarios ex­tranjeros hacia Afganistán, pero perma­neció en contacto con la célula es­pañola, a cuyo frente quedó Abu Dahdah, un sirio nacionalizado español. Las actividades que realizaba la célula eran el reclu­tamiento de mujahidines (se estima que reclutó a veinte), el envío de dinero (que en parte fue obte­nido mediante la utilización fraudulenta de tarjetas de crédito), el apoyo logístico y la difusión de propaganda. Durante un tiempo el responsa­ble del reclutamiento fue Anwar Adnan Mohamed Saleh, luego jefe de un campo de entrenamiento en Afganistán. La importancia de Abu Dahdah dentro de Al Qaida se pone de manifiesto por sus numerosos viajes: más de veinte al  Reino Unido, donde contactó con el conocido ideólogo isla­mista Abu Qatada, y varios a Bélgica, Dinamarca, Suecia, Turquía, Jorda­nia, Malasia e Indonesia. Ciertas conversaciones telefónicas que mantuvo en agosto y septiembre, llenas de alusiones crípticas, hacen sospechar que recibió información previa de los atentados del 11 de septiembre. Uno de los miembros de la célula, el converso español, Yusuf Galán, siguió un curso de entrenamiento militar un campo de Indonesia durante el verano de 2001. (Valenzuela 2002)
 
20/1/2002. Detención en L’Hospitalet de dos presuntos miembros de Al Qaida: Najib Chaib Mohamed, español de origen marroquí, y  Atmane Re­sall, argelino.  (El País, 20/1/2002).
 
13/4/2002. Detención de Ahmed Brahim, argelino residente en Mallorca, pre­suntamente implicado en la financiación de la red de Al Qaida. Inge­niero y hombre de negocios de formación occidental, converso al funda­mentalismo, tenía residencia en España desde 1992.  Del 9 al 13 de sep­tiembre de 2001 alojó a Mamdouh Mahmud Salim, alias  Abu Hajer al Iraqi, uno de los organizadores de los atentados contra las embajadas USA en Kenya y Tanzania. (El País 15 y 16/4/2002).
 
23/4/2002. Detención en Madrid de Muhammed Galeb Kalaje Zouaydi, alias Abu Talha, ya detenido en noviembre de 2001 en la operación contra la célula de Bud Dahdah y luego puesto en libertad. Se le considera impli­cado en la fi­nanciación de Al Qaida. Al día siguiente fue detenido su socio Ghasoub Al Abrash Ghalyoun, luego puesto en libertad. (El País, 24 y 25/4/2002).
 
16 y 17/7/2002. Detención en Madrid y Castellón de cuatro presuntos miem­bros de la célula de Abu Dahdah. Un de ellos Ghasoub Al Abrash Ghalyoun, alias Abu Masub, de origen sirio, que había ya sido detenido en abril, grabó  en vídeo las Torres Gemelas y otros posibles objetivos en Es­tados Unidos en el ve­rano de 1997, quizá como preparativo para los aten­tados del 11S. (El País 20/7/2002).
 
26/12/2002. Detención en la localidad riojana de Tudelilla del argelino Abdel­krim Hammad, alias Abdelnasser, llegado a España en 2001, con ex­periencia de combate en su país, en Afganistán, en Bosnia y en Kosovo, re­clamado por homicidio por las autoridades argelinas. (El País 28/12/2002).
 
24/1/2003. Detención de 16 presuntos miembros del GSPC argelino en las pro­vincias de Barcelona y Girona. Se les incautó importante material elec­trónico y de telecomunicaciones. Estaban en relación con una célula desar­ticulada en di­ciembre en Francia (ABC 24/1/2003). Las sospechas de que habían elaborado  productos tóxicos están pendientes de comprobación mediante análisis quími­cos.
 
Estos datos sugieren dos comentarios:
 
·         En primer lugar se advierte que los presuntos terroristas islámicos de­teni­dos en España tienen dos orígenes geográficos principales. Por un lado hay un grupo de sirios, integrados en la célula de Abu Dahdah y vinculados directamente a al Qaida, y por otro lado nu­merosos argeli­nos, inicialmente vinculados al GIA y luego al GSPC. Pero debe recor­darse que las conexiones entre Al Qaida y el GSPC parecen ser muy es­trechas. Por lo demás, algunos de los detenidos eran recién llegados, mientras que otros llevaban largos años en Es­paña e incluso habían ad­quirido la nacionalidad española. Sólo uno de ellos era un converso de origen español.
 
·         En segundo lugar hay que destacar que no se han detectado en nin­gún caso planes específicos para cometer un atentado en España. Parece que se trataba esencialmente de células dedicadas a tareas de apoyo logístico a grupos que operaban en otros países. Por otra parte las visitas a España de miembros destacados de Al Qaida y otras organizaciones afines han sido frecuentes. Recordemos entre otras las de Mohamed Atta, supuesto jefe de los comandos suicidas del 11S, que viajó a España en enero y julio de 2001, y de su colabo­rador en Hamburgo Ramzi Bin al Shibh, quien vi­sitó España en vís­peras del 11S, visitas que hacen sospechar que el terri­torio español fue utilizado en los preparativos de los atentados de Nueva York y Washington  (El País 10/9/2002). En realidad la extrema movili­dad que manifiestan los miembros de la red de Al Qaida prueba que las fronteras nacionales tienen muy poco significado para ellos.
 
El factor iraquí.
 
Debemos plantearnos en qué medida una posible intervención militar en Irak incrementaría la amenaza de ataques terroristas en territorio europeo. De hecho la supuesta conexión entre el régimen de Saddam Hussein y Al Qaida ha sido uno de los argumentos que se han esgrimido en favor de di­cha intervención. Sin embargo las pruebas de que se dispone acerca de esa conexión son bastante te­nues, según han argumentado recientemente ex­pertos en la organización de Bin Laden como Peter Bergen (The Guardian 30/1/2003) y Rohan Gunaratna (The International Herald Tribune 19/2/2003). En realidad habría sido sorprendente que fuera de otra ma­nera, ya que el de Saddam Hussein es un típico ejemplo de los regímenes que los islamistas condenan como contrarios a la ley coránica y el propio Bin Laden se ofreció a participar en la defensa de Arabia Saudí contra un posible ataque iraquí tras la ocupación de Kuwait.
 
A pesar de ello no se puede ser optimista. Por un lado el régimen iraquí tiene una larga tradición de apoyo a grupos terroristas y por otro es indu­dable que Al Qaida y sus organizaciones afines considerarían cualquier ataque occidental a Irak como una nueva manifestación de la 'cruzada' supuestamente lanzada contra el mundo islámico. Recuérdese que Bin La­den lanzó la jihad contra Esta­dos Unidos a raíz del establecimiento de tro­pas norteamericanas en la península Arábiga.  El 11 de febrero la cadena Al Jazira difundió una cinta sonora en la que una voz que era aparentemente la de Bin Laden denunciaba 'los preparati­vos de los cruzados de invadir la tierra iraquí', recordaba 'el deber de todo mu­sulmán' de tomar las armas y subrayaba 'la importancia de los ataques suici­das'. Existe pues la posibili­dad de que la conexión finalmente se produzca, lo que evoca la inquietante posibilidad de que Saddam Hussein pudiera propor­cionar armas químicas o biológicas a Al Qaida.
 
En consecuencia cabe esperar un recrudecimiento de la amenaza terrorista si es que se produce la guerra contra Irak, una amenaza que afectará prefe­rente­mente a los países que participen en ella.
 

Conclusiones.
 
Después del 11 de septiembre los atentados perpetrados por grupos isla­mistas han venido sucediéndose a lo largo del planeta. Han tenido lugar en Túnez, en Kenya, en Israel, en las costas del Yemen, en Rusia, en Pakistán, en la India, en Filipinas y en Indonesia. Entre sus víctimas se cuentan, entre otros, alemanes, franceses, kenyatas, israelíes, rusos, pakistaníes, hindúes, filipinos y australia­nos. No ha habido atentados en el territorio de la Unión Europea, gracias en buena medida a la labor de nuestra justicia, nuestras fuerzas de seguridad y nuestros servicios de inteligencia, pero han muerto europeos en África y en Asia. Tampoco tiene mucha importancia establecer el grado de conexión con Al Qaida que tienen cada uno de los grupos que han perpetrado los atentados. Es­tamos ante una red difusa que protago­niza una lucha global, por lo que ciuda­danos residentes en España y origi­narios de distintos países están colaborando en la lucha terrorista que los chechenos libran contra el dominio ruso o los isla­mistas argelinos contra el régimen del FLN. Y pare al terrorismo islamista los enemigos son todos los infieles y los malos musulmanes, es decir todo el que se oponga a su sueño de establecer en todo el mundo musulmán una dominación teocrática.
 
Ante una amenaza de ese tipo las fronteras nacionales tienen poca impor­tancia. Puede haber un atentado islamista en España, como ya lo hubo en un restau­rante de Torrejón en 1985, con un balance de 18 muertos y un centenar de heri­dos. Puede haberlo igualmente en Italia, en Francia, en Gran Bretaña o en cual­quier otro país europeo. El territorio español puede ser utilizado para preparar atentados en Estados Unidos, en Rusia o en Argelia. Y turistas españoles pue­den ser víctimas del terrorismo islamista en cualquier centro de vacaciones, como ocurrió hace unos años en Marra­kech.
 
La amenaza es global y la respuesta también debe serlo. La colaboración inter­nacional resulta imprescindible e impedir atentados en otros países resulta por ello tan importante como impedirlos en el propio.
 

Referencias bibliográficas.
 
·     ARQUILLA, J., RONFELDT, D. y ZANINI, M. (1999): “Networks, netwar and information age terrorism”. En LESSER, Ian O. et al. : The new te­rrorism, Santa Monica, Rand, 153 págs.
·     GUNARATNA, Rohan (2002): Inside Al Qaeda: global network of terror. Lon­dres, Hurst, 272 págs.
·     HOOFMAN, Bruce (1998): Inside terrorism. Londres, Indigo, 301 págs. (Hay tra­ducción española).
·     KEPEL, Gilles (2000): Jihad: expansion et déclin de l’islamisme. París, Galli­mard, 708 págs. (Hay traducción española)
·     LAÏDI, Ali y SALAM, Ahmed (2002): Le jihad en Europe.París, Seuil.
·     MONIQUET, Claude (2002): La guerre sans visage, de Waddi Haddad à Ous­sama Ben Laden: les reseaux de la peur (1970-2002). París, Michel Lafon, 395 págs.
·     TUCKER, Jonathan B., ed. (2000): Toxic terror: assessing terrorist use of chemi­cal and biological weapons. Cambridge Mass., MIT Press. 303 págs.
·     VALENZUELA, Javier (2002): España en el punto de mira: la amenaza del inte­grismo islámico. Madrid, Temas de Hoy, 278 págs.
·     ZEIDAN, David (1999): “Radical Islam in Egypt: a comparison of two groups”, MERIA Journal, vol. 3, no. 3, en http://meria.idc.ac.il .
 
Publicaciones del autor en www.realinstitutoelcano.org
 
¿Es Al Qaida una amenaza para Europa? Documento de trabajo 2002/03. 15/7/2002.
 
Al Qaida y la matanza de Bali. Análisis del Real Instituto. 17/10/2002.
 
Nuevas amenazas de Al Qaida. Análisis del Real Instituto. 30/11/2002.