Kosovo: Bush y Putin toman posiciones en torno a la cuestión de la independencia

por Stephen Schwartz, 29 de junio de 2007

(Publicado en The Weekly Standard, 11 de junio de 2007)

La intromisión rusa en el extranjero a título del nacionalismo pan-eslavo es utilizada por los autoritarios dictadores moscovitas para unificar a sus propios sujetos descontentos.
 
Hay algo alarmante en el modo en que el neo-estalinista ruso Vladimir Putin y su cohorte revelan su comportamiento obstructivo en el estatus de Kosovo. En la cumbre del G8, Rusia bloqueó un compromiso propuesto por los franceses (ninguna sorpresa) que habría pospuesto la votación de Naciones Unidas sobre la independencia del territorio a cambio del reconocimiento ruso de su inevitabilidad. Putin dijo, 'Tengo que decir que nuestras opiniones de este problema discurren en oposición a mis colegas del G8'.
 
Allá en la antigua URSS, los partidarios de Putin se lanzaron personalmente a un baile de victoria sin rubor. Rusia se decanta con cada vez más pompa en favor de Serbia, insistiendo en que Kosovo, con su 90% de mayoría albanesa, debe permanecer bajo control de Belgrado. Eso trae a la memoria los preocupantes ecos del desprecio visceral con el que el difunto Slobodan Milosevic trató los esfuerzos por pacificar la provincia en 1999 encabezados por los Estados Unidos. Todos recordamos dónde terminó eso.
 
Existe otro paralelo muy anterior que es más chocante, pero tan dramático como para ser excluido por los observadores más puristas - la incitación rusa similar de los argumentos serbios en los Balcanes que condujeron al asesinato de Sarajevo en 1914 y el estallido de la Primera Guerra Mundial.
 
Las consecuencias a duras penas podrán ser tan devastadoras hoy, pero la moraleja subyacente es la misma y lo viene siendo desde hace siglos. La intromisión rusa en el extranjero a título del nacionalismo pan-eslavo es utilizada por los autoritarios dictadores moscovitas para unificar a sus propios sujetos descontentos. Es el motivo de que Putin mine lo poco que queda de la anterior confianza que le fue extendida por el Presidente George W. Bush.
 
Bush, por su parte, adoptó una celebrada postura de firmeza en Kosovo, afirmando el 10 de junio, durante su concurrido recibimiento a Tirana, capital del territorio albanés, 'Antes o después tendréis que decir 'Basta -- Kosovo es independiente''. La víspera, en Italia, el presidente decía, 'Ahora es el momento a nuestro juicio de pasar al plan Ahtisaari'.
 
No es que lo segundo, producido por el diplomático finlandés ante la ONU Matti Ahtisaari, sea la mejor de todas las soluciones posibles. Como escribí en este rotativo este año, las propuestas de Ahtisaari dejarían a Kosovo con el nada más que una 'independencia supervisada', y aún en manos de la administración de la ONU. Los críticos kosovares señalan que este concepto viola la resolución 1514 del Consejo de Seguridad de la ONU de 1960, que afirmaba que 'La ausencia de preparación en los campos de la política, la economía, la sociedad o la educación no se podrá utilizar como pretexto para retrasar la independencia'.
 
La insistente retórica pro-Serbia de Rusia, por otra parte, instó naturalmente a la celebración por parte de políticos tan primitivos como Vojislav Kostunica, el agitado primer ministro de Serbia, y uno de la gran mayoría de 'progresistas' de Belgrado con un amplio historial como ultranacionalista. Las torpes intrigas por parte de 'expertos' de la sociedad civil americana instauraron en el poder a Kostunica -- cuya trayectoria personal incluye incitar a los extremistas serbios en Kosovo enarbolando armas automáticas en público.
A primera vista, eso es otra historia, pero como dejan claro los errores de nation-building en los Balcanes, se arremolinan amenazadoramente sobre el destino de Irak.
 
Mientras tanto, sin embargo, el sentimiento pro-americano entre los albaneses podría haber crecido en respuesta a la postura de Bush sobre Kosovo. Pero los albaneses ya nos adulan; el redactor del London Times Adam LeBor, con vistas a la visita de Bush a Tirana el 10 de junio, describía deshonestamente a Albania como 'el único país musulmán en el que los americanos son apreciados y reverenciados'.
 
En Kosovo, el descontento se dirige contra la ONU y su pusilánime respuesta a Putin. El llamamiento francés en la cumbre del G8 a un retraso más de la independencia fue percibido con desagrado, por decirlo diplomáticamente. El primer ministro en funciones de Kosovo Lutfi Haziri decía que una declaración unilateral de independencia sigue siendo plausible. El más inteligente de los musulmanes albano kosovares, el joven Albin Kurti, que encabeza el movimiento Vetevendosja (autodeterminación en albanés) afirmaba amargamente que sostener que Kosovo será libre por completo pronto es creer en Santa Claus. 'Algunos jugadores internacionales cuentan con que los albaneses esperarán a Santa Claus', destacaba ácidamente. Kurti era entrevistado en su residencia de Kosovo -- en un edificio rodeado por un cordón policial supervisado por la ONU, puesto que ahora vive bajo arresto domiciliario por organizar manifestaciones contra los abusos de Naciones Unidas.
 
Aún así, los kosovares celebraron los comentarios de Bush con un afecto casi tan grande como el extendido al presidente en Tirana. El rotativo Koha Ditore, publicado en Prístina, capital de Kosovo, anunciaba alegremente el lunes que Bush había utilizado su transparencia característica al tratar el tema. Baton Haxhiu, un destacado periodista kosovar, escribía en el periódico Pristina Daily Express que solamente un presidente americano se podría decantar en favor de la independencia de Kosovo desde el centro de Tirana.
 
El tema de Kosovo choca con diversas zonas delicadas para la administración Bush y para los intereses americanos. Mientras que Putin y sus camaradas serbios en pie de guerra siguen siendo un desafío inmediato, Kosovo también ofrece potencial para el éxito en la perspectiva global de democratización, con la cual el presidente sigue comprometido.
 
Pero apoyar la independencia de Kosovo tiene aún otras consecuencias importantes. Se ha sugerido que la independencia de Kosovo debería condicionarse a la partición del territorio, con la zona norte escindida y absorbida por el territorio de Serbia, y que la ONU aceptaría tal plan. La partición de Kosovo sería una garantía segura de más conflictos, no de menos.
 
La partición de facto de Bosnia-Herzegovina establecida por los Acuerdos de Dayton en 1995 y el reparto propuesto de Kosovo también podría animar a aquellos que creen erróneamente que una división del Irak liberado conducirá a la calma y la cooperación, cuando ciertamente traería más sufrimientos y baños de sangre. Los 'expertos' de Washington hablan con ligereza acerca de 'intercambios de población' o 'reubicación étnica voluntaria', pero ellos no pagarán el precio en sus propias carnes de tales decisiones. En Versalles, tras la Primera Guerra Mundial, y de nuevo en Potsdam tras la Segunda, diplomáticos en la distancia desplazaron fronteras en los mapas según lo que con frecuencia no parecen ser más que fracciones de una pulgada - y los resultados aún nos persiguen a todos.


 

Stephen Schwartz es Director Ejecutivo del Centro del Pluralismo Islámico de Washington y periodista autor (entre otros libros acerca del islam y sus subdivisiones y diferencias) del bestseller “Las dos caras del islam: fundamentalismo saudí y su papel en el terrorismo (Doubleday). Tras ser editor de opinión y columnista del San Francisco Chronicle durante 2 años y secretario del sindicato de periodistas de San Francisco, sus artículos han aparecido en The New York Times, The Wall Street Journal, el New York Post, el Los Angeles Times, el Toronto Globe and Mail y muchos otros. Como periodista destacó especialmente en la cobertura de la guerra de Kosovo, y desde entonces se ha convertido en uno de los principales especialistas en la región de los Balcanes y su relación con el islam.