Juegos olímpicos. Algo más que deporte y una muestra más de la decadencia europea

por Lourdes López Nieto, 11 de septiembre de 2008

Cuando la mayoría de los dirigentes europeos o mejor dicho, administradores o responsables políticos porque dirigen poco, abjuran sistemáticamente de la defensa de los valores occidentales, en cuya cuna nacen, los ciudadanos contemplan con mucho interés, de acuerdo con las cifras de audiencia, la celebración de los Juegos Olímpicos de Pekín.
 
Una de las últimas manifestaciones del relativismo y la traición a los citados valores por parte de los representantes políticos europeos han sido las escasas cuando no tibias denuncias sobre la falta de libertad impuesta por el régimen comunista chino o las propuestas de apaciguamiento en relación a la invasión rusa de Georgia. Uno de los casos paradigmáticos de esta posición la representa el presidente Zapatero que en ambas cuestiones ha optado por el silencio y la inhibición.
 
Es pues significativo el contraste entre las citadas posturas, con el numeroso seguimiento del acontecimiento olímpico por los ciudadanos. ¿Qué hemos visto? Esencialmente a los principales actores, los más de 15.000 atletas que representan a muchos más deportistas, que compitiendo en representación de sus naciones, encarnan los valores occidentales y ponen de manifiesto su vigencia: trabajo incansable, esfuerzo,  superación, ambición, competitividad, responsabilidad. Otro valor Occidental relevante es el papel de las, nunca mejor dicho, reglas de juego y de sus jueces, los árbitros, como instrumentos básicos de funcionamiento en pie de igualdad de los deportistas. Estos las aceptan como también asumen los resultados: las victorias pero también las derrotas: el fracaso por imponderables físicos o sicológicos propios, los motivados por cuestiones técnicas o los vinculados a agentes naturales, incluso los errores arbitrales. El saludo entre los participantes al comienzo y final de las competiciones constituye una nueva manifestación del respeto al adversario, a las reglas y la asunción de la responsabilidad individual y del equipo. La paralela sanción a quienes incumplen estos valores y sus correspondientes prácticas (tirar una medalla, no saludar a los adversarios o doparse) son sancionados o recriminados como no puede ser de otra manera cuando se incumplen las reglas de juego.
 
Desgraciadamente estos principios no los ha practicado el gobierno español en los últimos cuatro años con mucha frecuencia y hoy se han extendido en la sociedad.
 
Otra de las aportaciones de los atletas es despertar el orgullo nacional latente de los ciudadanos. Si los Juegos Pan- helénicos de la Antigua Grecia sirvieron para unir a las ciudades - estado, la organización de los modernos juegos gira en torno a las actuales naciones, bajo cuyos respectivos símbolos participan (banderas, himnos). De esta forma se canalizan los mayoritarios sentimientos de identificación nacional de los ciudadanos: el 45,9% de los españoles se siente muy orgulloso de ser español y un 38,8% se siente bastante orgulloso[1] porcentajes similares de la serie. Algo similar ocurre en Europa, donde la mayoría se siente nacional y la doble identificación primero nacional como europeo[2]. Este sentimiento latente se “activa” con las competiciones deportivas, los campeonatos de fútbol y los Juegos Olímpicos.
 
Los respectivos comités olímpicos nacionales administran diversos aspectos como la selección, mantenimiento o la recompensa de los deportistas. Sin embargo, previamente los atletas han de competir en numerosas y duras competiciones de clasificación, criterios tan comunes entre los valores Occidentales. Aunque existen en casi todos los deportes participantes que utilizan la vía de acceso territorial, en representación de los Continentes, e incluso algunos invitados extraordinarios de países con pocos recursos.
 
El patrocinio empresarial es esencial para el desarrollo de estas celebraciones y constituyen unos actores esenciales también en el ámbito de los Juegos para que estos hayan alcanzado el éxito que han ido adquiriendo en todo el mundo. Algunos anuncios publicitarios de estos patrocinadores, como el Banesto o el de Nike con Nadal y Gasol respectivamente como protagonistas, sin duda reivindican también los principios antedichos.
 
Es evidente que no todo es oro lo que reluce, especialmente el funcionamiento de los comités olímpicos en cuanto a su constitución y sobre todo a la hora de reclutar a los atletas. En ocasiones aceptan o impulsan nacionalizaciones, incluso a última hora, lo que en ocasiones cuestionan ese factor de identificación nacional.
 
Todo ello ha permitido extender estos valores a otras naciones con valores distintos tal como muestra el medallero que sitúa a varios países orientales entre los primeros puestos: además de China como es lógico como país organizador, Japón y Corea, por encima de muchas naciones europeas. Del mundo Occidental merece destacarse el alto rendimiento de los países anglosajones (Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia), ¿quizá porque sigan vigentes con mayor fuerza los principios Occidentales?
 
Sería de agradecer que los “responsables” públicos españoles en el gobierno de la Nación a la vista del alto seguimiento e interés de los eventos deportivos recientes, dedicaran más esfuerzos al deporte y se olvidaran de tratar de imponer el relativismo desbordante de la llamada educación para al ciudadanía y en general del decadente sistema “educativo” socialista que ya está llegando a la Universidad.

 
 
Notas


[1] Pregunta 48 del estudio Post-electoral del CIS, nº 2757 marzo-mayo 2008,
[2] Eurobarómetro desde abril 1992 a abril 2004, preguntas EB 37.0 y EB 61. En total ambos grupos suponen cada uno como mínimo 40%