Iran se ha caído con todo el equipo

por Manuel Fernández Ordóñez, 10 de noviembre de 2011

(Publicado en la página web del autor, 8 noviembre de 2011)

Hace pocas horas que ha salido el último informe de la Junta de Gobernadores de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA) con respecto al programa nuclear de Irán. El documento no está aún en la web de la IAEA (al menos a la hora de escribir este artículo) y tiene categoría restringida (aunque esa categoría se la ponen a todos y luego los hacen públicos). El documento revela, de manera clara y unívoca, lo esfuerzos del gobierno iraní por desarrollar cabezas nucleares. La IAEA aporta muchos datos, de fuentes diferentes y que concuerdan. Es decir, probablemente los datos sean reales y no inventados, como clama Irán. De todos modos hay una cosa que está clara, Irán ha mantenido un programa nuclear oculto durante más de 20 años, no tienen ningún tipo de credibilidad y tendrá que demostrar muchas cosas en las próximas semanas.

La información que sirve de base para este documento de la IAEA proviene de una gran variedad de fuentes, de varios países estados miembros, del propio Irán y de investigaciones conducidas por la IAEA. Esta última califica la información como “creíble” y es consistente en términos temporales, de contenido técnico y en lo que se refiere a las organizaciones y las personas involucradas en el programa nuclear. La información indica, con preocupación, que Irán ha realizado esfuerzos en cuatro campos muy distintos y muy relevantes para la construcción de armas atómicas: 1) la obtención, por parte de instituciones militares, de equipos relacionados con actividades nucleares. 2) el desarrollo de materiales nucleares por medios ocultos a la IAEA. 3) la obtención de información y documentación relacionada con la construcción de armas nucleares en el mercado negro. 4) el desarrollo de un diseño autóctono de arma nuclear, incluyendo las pruebas de componentes.

La IAEA ha demostrado que Irán no ha desviado materiales de sus instalaciones nucleares declaradas hacia fines bélicos. Es decir, lo que sabemos que tienen lo están usando correctamente. Sin embargo, el Acuerdo de Salvaguardias firmado por Irán en 1992 requiere que la IAEA no sólo verifique que no se desvían materiales hacia usos militares desde las instalaciones declaradas, sino que también tiene que asegurar que no existan instalaciones sin declarar en el país. Sin embargo, dada la política de ocultación y falta de colaboración de Irán, la IAEA no puede asegurar la ausencia de materiales nucleares no declarados y no puede concluir, por tanto, que todo el programa nuclear de Irán tenga fines pacíficos. Recordemos que varias instalaciones destinadas al enriquecimiento de uranio (algunas de ellas subterráneas) fueron construidas de forma clandestina y declaradas a la IAEA una vez que la comunidad internacional supo de su existencia. Esto, junto con su historial de ocultación no invita a descartar que Irán no tenga más instalaciones secretas para actividades nucleares.

De acuerdo con la información esgrimida por la IAEA, Irán ha trabajado en un proyecto conocido como “Sal Verde” (también conocido como “Proyecto 5.13″) que era parte de un proyecto más amplio (“Proyecto 5″) destinado a suministrar el uranio necesario para un programa de enriquecimiento oculto. La nueva documentación aportada por la IAEA establece una conexión clara entre el “Proyecto 5″ y el “Proyecto 111″ dedicado al estudio de los misiles de largo alcance capaces de portar cabezas nucleares. Cuando se descubrió esta conexión, era la primera vez que se establecía claramente una relación entre el programa nuclear (supuestamente civil) y la esfera militar iraní.

Otro de los temas preocupantes es el que concierne al “Documento del Uranio Metálico”. Este documento llegó a Irán, previsiblemente, a través de la red clandestina de A.Q.Khan cuando les vendió los diseños de las centrifugadores pakistaníes P-1. Si bien en Irán únicamente se han encontrado unas pocas hojas de ese documento, se sabe que forman parte de un documento mayor que detalla los elementos de un diseño de cabeza nuclear. De hecho, cuando se destapó el programa nuclear libio en 2003, se encontró el mismo documento (completo) que incluía detalles sobre el diseño y construcción de los componentes necesarios para un dispositivo nuclear explosivo. Además, un país miembro de la IAEA (no sabemos cuál) ha proporcionado documentos incautados a la red clandestina que operaba en el mercado negro que coinciden con los documentos encontrados en Libia y que, obviamente, también tiene Irán. Por si fuera poco, la IAEA se entrevistó con uno de los miembros de dicha red clandestina (¿tal vez A.Q.Khan?) que les informó de que Irán, probablemente, tenga documentos actualizados más modernos que los que se encontraron en Libia.

Para que nos entendamos rápido, el concepto naif (en una frase) de una cabeza nuclear de implosión es una esfera de material que se pueda fisionar (como el uranio-235). Esa esfera se separa en dos mitades y, para hacerla explotar, se juntan las dos mitades simultáneamente y se comprimen por todos lados a la vez (implosión) con explosivos convencionales. El truco (y la dificultad) está en comprimir la esfera por todos sitios a la vez, de tal modo que no se pierda la geometría esférica. Para ello, se rodea la esfera de explosivos que tienen que hacer explosión de forma sincronizada, todos a la vez. Los documentos de la IAEA muestran que, en el periodo 2002-2003 Irán desarrolló unos dispositivos conocidos como “Exploding BridgeWire Detonators” (EBW) como alternativa al tipo de detonadores que se describían en los documentos encontrados en Libia. Además, se demuestra que Irán tuvo acceso a información sobre otro sistema de detonación multipunto que probó a gran escala en 2003 para detonar una carga explosiva de forma semiesférica. Por esas raras coincidencias de la vida, las dimensiones del dispositivo que explotaron eran consistentes con las dimensiones de carga de los misiles Shahab-3 del “Proyecto 111″ que comentamos más arriba. ¿Qué curioso, verdad? La cosa no acaba aquí, porque la IAEA tiene constancia de que todos estos trabajos fueron asistidos por un “trabajador extranjero” que trabajó la mayor parte de su carrera en el programa nuclear de su país de origen (probablemente Pakistán). La IAEA se reunió con este personaje que confirmó que vivió en Irán entre 1996 y 2002. Ante la insistencia de la IAEA, Irán no quiere contestar ninguna de las preguntas relacionadas con este tema.

Los documentos de la IAEA muestran también que Irán ha desarrollado “moldes” que simulan componentes de explosivos nucleares con wolframio para hacer pruebas. Del mismo modo, se muestra que Irán ha construido una gran vasija de detonaciones para hacer experimentos de hidrodinámica. En este punto conviene aclarar que, cuando una cabeza nuclear implosiona, las temperaturas y densidades alcanzadas convierten el material nuclear en un fluido y son las ecuaciones de la hidrodinámica las que describen el comportamiento del mismo. Supuestamente, la vasija para experimentar con las explosiones se habría instalado en el 2000 en el emplazamiento de Parchin. Las imágenes de satélite son compatibles con esta información, además el “trabajador extranjero” al que nos referimos anteriormente confirmó la fecha de construcción del cilindro y varios de sus datos técnicos.

El informe de la IAEA muestra mucho más indicios sospechosos que no merece la pena relatar porque el artículo resultaría muy largo y tedioso (aún más, me refiero). Las pruebas aportadas parecen consistentes, aunque Irán las niega rotundamente. A mi me resulta muy difícil creer que varios países (si bien no sabemos cuáles) se pongan de acuerdo para “fabricar” toda la información aparecida, datos, informes, esquemas, testimonios, etc. Creo que Irán se enfrenta a unas semanas difíciles donde tendrá que demostrar muchas cosas. Mientras tanto esperemos, y deseemos, que nadie se ponga nervioso antes de tiempo.