Inmigración; la respuesta popular a la élite

por Thomas Sowell, 18 de julio de 2007

Con la Casa Blanca, los líderes de ambos partidos políticos, y los medios, todos sólidamente detrás de la ley 'de reforma integral' de la inmigración, ¿cómo pudo ser detenida en el Senado como lo fue la semana pasada?
 
El pueblo la detuvo. Eso es de lo que trata la democracia.
 
Cuando los miembros del Congreso empezaron a verse inundados de cartas, llamadas de teléfono y enfurecidos correos electrónicos de sus electores, supieron que el juego había terminado, y que sus carreras podrían acabarse si no prestaban atención a lo que decían los votantes.
 
Esta ley fue un insulto a la inteligencia de la gente de principio a fin, y las élites siguen insultando a la inteligencia de la gente tras salir ésta derrotada. A las argumentaciones fraudulentas les siguieron procedimientos fraudulentos para acometer esta ley a través del Senado sin deliberaciones, con restricciones al debate, y con los detalles de esta ley enorme difundidos en el Senado un momento antes, con el fin de que los Senadores votaran sobre algo que apenas tuvieron tiempo para leer.
           
Entre las argumentaciones fraudulentas estaba que los inmigrantes ilegales estaban ocupando “los trabajos que los americanos no hacen”. Lo que realmente querían decir es que cogían los bajos salarios que los americanos no quieren. Otro argumento fraudulento es que “No podemos encontrar y deportar a 12 millones de personas”.
           
Un problema mucho mayor que estos 12 millones de personas son las decenas de millones de inmigrantes más que está virtualmente garantizado que vendrán, legal o ilegalmente, si se extiende la amnistía. Después de todo, había solamente 3 millones de inmigrantes ilegales la vez última que una ley de amnistía fue aprobada,  allá por 1986. Así es como conseguimos 12 millones.
           
La investigación de la Heritage Foundation indica que puede esperarse que decenas de millones de personas más salten la frontera de México en los próximos años a menos que se haga algo para pararlos.
           
Estos diez de millones no solamente incluirían a mexicanos, sino también a personas de otros países que entran en los Estados Unidos desde México porque esa frontera está pobremente vigilada. Los terroristas encontrarían eso muy conveniente.
           
La 'reforma integral” de la inmigración no ofreció nada con posibilidades de detenerlos.
           
El ex Fiscal General Edwin Meese III evidenciaba lo poco que añadía esta ley a las leyes de seguridad fronteriza ya en vigor, en una columna el 7 de junio en el Wall Street Journal.
           
Ahora que han sido derrotados los elitistas que querían acometer la ley de inmigración a través de Congreso antes de que cualquiera pudiera examinar lo que había en ella, con gran condescendencia nos dicen lo absurdos que fuimos al dejar el problema sin resolver.
           
Ahora hay una continuación de “la amnistía silenciosa”, dicen. Inteligente, pero no cuela.
No hay ninguna insuficiencia en nuestras leyes de seguridad fronteriza en vigor que la nueva ley hubiera paliado. Pero no hay ley adecuada si no se hace cumplir. La no-aplicación de las leyes existentes por parte del gobierno federal y el sabotaje activo de estas leyes por parte de funcionarios estatales y locales que prohíben a la policía dar parte de inmigrantes ilegales a las autoridades sugieren que las leyes existentes podrían ser eficaces -- si se implementasen.
 
Cuando la nueva ley de inmigración da al gobierno apenas 24 horas para “investigar” a cada inmigrante ilegal antes de sellar el pasaporte a la legalidad, está claro que no había ninguna intención seria de investigar o de implementar la nueva ley.
           
No puede lograr que le aprueben la solicitud de una tarjeta de crédito en 24 horas. Pero el Congreso estaba dispuesto a abrir las fronteras de par en par a millones de personas en función de investigaciones de 24 horas.
           
Hablar de investigar a los inmigrantes ilegales fue solamente una maquillaje para engañar al público crédulo. Cuando el público resultó no ser tan crédulo como los políticos y las demás élites pensaban, la respuesta ha sido insultar algo más su inteligencia. Ahora las élites nos dicen que las protestas estaban generadas por programas conservadores de radio, y se da a entender que esto se debió a la xenofobia, por no decir racismo.
           
Cualquier persona que escuche realmente programas de radio conservadores o lea a aquellos que se opusieron a esta ley de inmigración se conocerán el percal. Los elitistas deberían por lo menos inventar algunas difamaciones nuevas, en vez de repetir los mismos viejos insultos manidos.

 
 
Thomas Sowell  es un prolífico escritor de gran variedad de temas desde economía clásica a derechos civiles, autor de una docena de libros y cientos de artículos, la mayor parte de sus escritos son considerados pioneros entre los académicos.  Ganador del prestigioso premio Francis Boyer presentado por el American Enterprise Institute, actualmente es especialista decano del Instituto Hoover y de la Fundación Rose and Milton Friedman
 
 
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