Incertidumbre de doble filo

por Amir Taheri, 20 de noviembre de 2006

(Publicado en New York Post, 14 de noviembre de 2006)

La mayor parte de los comentaristas están seguros de que Irak fue el principal motivo del éxito de los Demócratas en las elecciones pasadas. Pero la incertidumbre acerca de las políticas de Estados Unidos también es el tema número uno de la política iraquí. Tenemos dos dilemas, unidos entre sí como gemelos siameses, alimentados por políticas bipartidistas.
           
La mayor parte de los iraquíes sabía poco o nada de América en 2003, cuando las fuerzas de la coalición encabezada por Estados Unidos entraron en Bagdad. Desde entonces, la mayor parte ha aprendido una cosa al menos acerca de Estados Unidos: al igual que un monarca caprichoso, podría despertarse una mañana y faltar a lo que quiera que se hubiera comprometido la víspera.
 
Ésta puede ser una percepción inocente de América, injusta incluso. Pero es sobre la que la mayor parte de los jugadores de la política iraquí ha levantado sus estrategias.
 
Los chi'íes, agradecidos como están a América por haberles ayudado a ganar el poder por primera vez, se sienten obligados a disponer de una política de seguridad para cuando los americanos salgan corriendo (no en caso de que lo hagan). Es el motivo por el que todos los prominentes políticos chi'íes iraquíes han estado en Teherán.
 
Esa póliza de seguro, sin embargo, conlleva un precio. Los dictadores de Irán insisten en que el nuevo Irak cierre los ojos a las actividades de las milicias chi'íes, creadas y armadas por Teherán con el apoyo de Hezbolá.
 
Y, dado que no están seguros del compromiso americano, los chi'íes están presionando en favor de una estructura federal que les conceda el 90% del petróleo de Irak sin importar lo que suceda a continuación. Eso, junto con las crecientes actividades de los escuadrones chi'íes de la muerte, enfurece a los árabes sunníes.
 
Estos sunníes saben que mientras haya una presencia militar norteamericana, los chi'íes no pueden entrar en provincias sunníes para solucionar el problema al estilo de Oriente Medio - es decir, mediante masacres a gran escala y limpieza étnica. ¿Pero qué pasa si los americanos se van antes de que Irak tenga un gobierno capaz de proteger a todas las comunidades?
 
La incertidumbre acerca de la fidelidad norteamericana también afecta a las políticas seguidas por los kurdos iraquíes. Asumiendo el peor escenario posible, también ellos han buscado un acuerdo con Teherán mientras intentan hacerse con tanto territorio iraquí como puedan antes de que los americanos se vayan. En efecto neto de eso es un debilitamiento del nuevo estado iraquí - cuya bandera está ausente en las tres provincias controladas por los kurdos.
 
Los incondicionales Saddamitas y al Qaeda también basan sus estrategias en la premisa de que los americanos abandonarán a sus aliados. Saben que no pueden ganar contra las fuerzas combinadas de la Coalición encabezada por Estados Unidos y las nuevas fuerzas de seguridad y el ejército iraquí. ¿Pero qué pasa si los americanos se van antes de que el nuevo gobierno iraquí sea capaz de proteger el país?
 
Los Saddamitas esperan que, en el caos derivado de una huída americana, puedan hacerse con Mosul y parte del área circundante. Al Qaeda espera establecer a toda costa un mini-emirato al borde del desierto occidental desde el que poder lanzar ataques contra cualquier parte del mundo.
 
La incertidumbre acerca de las intenciones americanas también afecta a las políticas de las potencias regionales. La mayor parte de los estados árabes han optado por esperar a ver. Han rechazado volver a abrir sus embajadas de Bagdad o invitar al nuevo Primer Ministro iraquí Nouri al Maliki en visitas oficiales.
 
Su postura, descrita para mí la semana pasada por un alto funcionario árabe, está clara: '¿por qué deberíamos jugarnos el tipo con el nuevo régimen [iraquí] cuando los americanos pueden abandonarlo en cualquier momento? ¿No sería mejor esperar a ver quién surge sobre Bagdad, o si hay un Irak o no, después de que los americanos se hayan ido?'
 
Esto no son cálculos gratuitos. Los árabes saben que Estados Unidos ha rehusado proporcionar al nuevo ejército iraquí sistemas de armamento creíbles. Este ejército está equipado con 72 tanques soviéticos antiguos, presentados por Hungría como un regalo único. La mayor parte de sus unidades tendrá que hacer autostop hasta el campo de batalla con los americanos porque virtualmente carecen de transporte propio.
 
No obstante, este nuevo ejército ha demostrado que, dado el liderazgo, puede luchar con valor y determinación. Pero un ejército del que se espera que luche contra algunos de los peores grupos terroristas que la historia, mas los restos de las fuerzas de élite de Sadam, casi con las manos vacías, es atacado de manera rutinaria por los medios norteamericanos como 'ineficaz', por no decir 'cobarde'. ¿No sería una sorpresa que este nuevo ejército decidiera no apostar todo a un mismo caballo que los americanos pueden abandonar en cualquier momento?
 
La incertidumbre acerca de la política americana en Irak se compone del torrente casi a diario de ideas barrocas, ridículas a menudo, difundidas por la élite política americana. (Senadores y críticos sugieren que Irak sea cincelado en tres o cinco mini estados, por ejemplo, mientras que se rumorea que la Iraq Study Commission va a estar a favor de una titularidad compartida irano-americana sobre Irak).
 
El miedo a la salida americana se extiende más allá del ejército y la élite política. Millones de iraquíes han decidido que lo prudente es sentarse a esperar, manteniendo abiertas tantas opciones como sea posible.
 
Culparles sería injusto. Mientras sopesan los sucesos de los últimos años, ven que América ha logrado todos los objetivos en Irak, derrotando el régimen de Sadam y desmantelando su maquinaria de guerra y represión. Los iraquíes han tenido la oportunidad de redactar su propia constitución, y celebrar referendos y elecciones libres a todos los niveles.
 
La aplastante mayoría de iraquíes ha cumplido su parte del contrato que cobró forma en el 2003, cuando la Coalición entró en Irak y el pueblo de Irak decidió no luchar por Sadam. Asumieron que América se quedaría junto a ellos hasta que fueran capaces de proteger su nuevo sistema.
 
A primera vista, lo que tenemos en Irak puede parecer un zugzwang - un caso de la teoría de probabilidades en el que un jugador no tiene una maniobra buena. La semana pasada, aparentemente la mayoría de los americanos votó en contra de mantener la presente política en Irak. Pero no votaron a favor de alguna alternativa - porque no se les ofreció ninguna.
 
De no haber habido incertidumbre en Irak, tampoco la habría habido en América, y viceversa. Es apremiante poner fin a una de las dos al menos.
 
Claramente la incertidumbre más fácil de zanjar es la concerniente a las políticas americanas. Con las elecciones terminadas, los Demócratas deberían ver Irak por lo que es: un éxito que es desafiado por enemigos poderosos, y apoyado de manera inadecuada por aliados y amigos que dudan del compromiso americano. La primera medida necesaria es despejar estas dudas.
 
Para los Demócratas, Irak fue un palo con el que golpear a Bush y obtener el control del Congreso. Pero trabajar para hacer de Irak un fracaso perjudicará los intereses estratégicos de Estados Unidos y sus aliados en Irak y por todo Oriente Medio.


 

 
Amir Taheri es periodista iraní formado en Teherán. Era el editor jefe del principal diario de Iran, el Kayhán, hasta la llegada de Jomeini en 1979. Después ha trabajado en Jeune Afrique, el London Sunday Times, el Times, el Daily Telegraph, The Guardian, Daily Mail, el International Herald Tribune, The Wall Street Journal, The New York Times, The Los Angeles Times, Newsday y el The Washington Post, entre otros. Actualmente trabaja en el semanario alemán Focus, ha publicado más de una veintena de libros traducidos a 20 idiomas, es miembro de Benador Associates y dirige la revista francesa Politique Internationale.