Hugo Chavez. Llegó el hecho biológico

por GEES, 5 de marzo de 2013

 La izquierda nace con la mentira y muere con ella. Hugo Chávez, según su Gobierno, estaba recuperándose de sus operaciones, se encontraba en buenas condiciones para lo que había pasado, hablaba con sus familiares y había vuelto a Venezuela, y quien dijese lo contrario era un esbirro de la oligarquía y de la CIA. Y de pronto, el vicepresidente Nicolás Maduro, reunió a los ministros, cortó las transmisiones de las cadenas de televisión y radio y anunció al mundo que Chávez había fallecido.

El chavismo no es el bolchevismo soviético, por muchos motivos, no siendo el menor de ellos que la bolsa de Caracas sigue abierta, pero en muchos comportamientos ambas dictaduras se parecen como dos gotas de agua, y uno de ellos es el tratamiento dado por las autoridades a la enfermedad del líder supremo. La agonía de Chávez ha estado rodeada de secretos y mentiras, en lo que no deja de ser un desprecio del régimen a los venezolanos. La ausencia de Chávez, que en enero no pudo jurar su cargo de presidente, alimentó todas las especulaciones sobre él. Y Maduro, al afirmar que "los enemigos del país" le habían inoculado a Chávez el cáncer que le ha matado, ha legitimado todas las conspiranoias.
 
Según la Constitución de 1999, la misma que ha permitido a Chávez reelegirse dos veces, ahora corresponde la convocatoria de nuevas elecciones presidenciales en el plazo de treinta días. La primera pregunta que cabe hacerse después de que se haya producido el hecho biológico es si la dictadura respetará sus leyes, ya que parece que Maduro ocupará la presidencia interina cuando corresponde al presidente de la Asamblea; la segunda, a quién presentará a ellas. ¿Puede ser el canciller y anterior vicepresidente Elías Jaua, que cayó derrotado ante Henrique Capriles en diciembre pasado en las elecciones a gobernador de Miranda? ¿Adán Chávez, gobernador de Barinas? La división en el Partido Socialista Unido de Venezuela ¿es tal que le ha impedido tener un candidato preparado?
Quizás haya que esperar, como en la antigua URSS, a los desfiles del aniversario de la revolución o, en este caso, a los funerales del difunto para deducir por el protocolo quién ha sido designado dentro del partido para ser el camarada presidente.
 
La oposición, por el contrario, tiene a Capriles, que ha sido el candidato anti-Chávez más popular, con un 45% de los votos. Seamos realistas: su victoria es muy difícil, sobre todo porque la dictadura, aparte de que sigue conservando todos los poderes del Estado, va a emplear el sentimentalismo; pero debe empeñarse como si fuera posible.
 
Para acabar, destacamos dos grandes paradojas. La primera es que Chávez quería heredar a Fidel Castro, y éste, como ha hecho con tantos otros, desde Camilo Cienfuegos y el Che, le ha sobrevivido. Y la segunda, que la revolución bolivariana, como todo socialismo, no deja de ser una caricatura de la monarquía, con sus presidentes-reyes, sus coronaciones y sus herederos.