Hacía dónde va la economía española en 2008

por Gerardo del Caz, 9 de enero de 2008

Un año que empieza mal
 
El nuevo año comienza con muchísimas incertidumbres económicas para la economía española tras unos primeros datos que no pueden ser más desalentadores. Sin pretender caer en el alarmismo, estamos ante una subida del desempleo sin precedentes en los últimos 10 años, una inflación descontrolada y por encima de la de cualquier país europeo y, por si fuera poco, los índices de confianza demuestran que las expectativas sobre nuestra economía son peores que nunca.

 
Fig. 1. Índices ICO de valoración de la situación actual, de expectativas y de confianza del consumidor (ICC).


 
Fuente: ICO

Tras estos datos, la cuestión clave que cabe preguntarse es cuál será el crecimiento de la economía española en 2008. Desde luego es muy difícil saber cómo será el año para la economía pero difícilmente nos equivocaremos si anticipamos que su evolución será mucho peor de lo que afirma y pretende el Gobierno.
 
Para empezar la previsión que se realizó desde el Ministerio de Economía, en la que se estimaba en un 3,3% el crecimiento en 2008, según la cual se elaboraron los Presupuestos Generales del Estado, ya ha quedado reducida a un 3,1% según el propio Ministerio. Pero esto no queda ahí, según datos oficiales del propio Gobierno, esta vez de la contabilidad nacional, la variación del PIB en el último trimestre fue del 0,7% lo que anualizado situaría el crecimiento en un 2,8% de mantenerse esta tendencia.
 
Probablemente sea incluso peor. La desaceleración se está agudizando y prueba de ello es el descenso de la actividad económica que se percibe en diferentes sectores como el de la construcción, que ha arrojado unas cifras de paro escalofriantes para el mes de diciembre y que sitúan a la población desempleada en España en 100.000 personas más que hace un año.
 
Y qué se puede decir de los precios. Los datos de inflación son de un 4,3% pero esta mera cifra estadística esconde que la subida de precios en determinados productos básicos es muy superior al 10% y que, por supuesto, la subida de precios está por encima del crecimiento económico y del incremento de salarios. Los consumidores cada vez tienen que destinar una mayor parte de su renta a satisfacer necesidades básicas como la alimentación o el vestido. Como ejemplo véase la leche o el pan, con subidas superiores al 15% o, si no, el calzado, que se ha apreciado un 12%.
 
Paralelamente se ha producido otro hecho que no conviene perder de vista y que es otro síntoma de la situación de riesgo de la economía española. Se trata de la pérdida del 60% del valor bursátil de Colonial, una de las mayores empresas inmobiliarias de España y del efecto arrastre que está teniendo en todo el sector inmobiliario y de la construcción. El fin de ciclo alcista de este sector junto a la menor liquidez en los mercados ha endurecido las condiciones de los créditos y esto afectará muy particularmente a las empresas de este sector que, conviene recordarlo, se estima que representa más del 25% del PIB español. Y lo cierto es que en este sector de la construcción se han dado casos singulares como el de empresas cuya capitalización bursátil es casi un tercio de su deuda financiera. ¿Qué pasaría si, de repente, por efecto dominó, tras los casos de Astroc o Colonial, varias empresas empezaran a declarar quiebra y los bancos, sin poder recuperar los préstamos, rebasaran los coeficientes de seguridad y obligaran al Banco de España a intervenir? Mejor no pensarlo.
 
Malas perspectivas internas
 
El panorama es bastante sombrío: paro creciente, inflación descontrolada, sector inmobiliario al final del ciclo y expectativas del consumidor cada vez más negativas. Para sopesar el impacto que esto pueda tener en el crecimiento económico es preciso tener en cuenta que, desde hace años, el sector de la construcción se ha convertido en uno de los más importantes contribuyentes al PIB español y que, además, el consumo interno es el principal factor de crecimiento económico. Sin duda esta demanda interna se verá afectada por dos variables principales: la inflación y la subida de tipos.
 
El repunte de la inflación es realmente preocupante. En primer lugar por sus causas ya que, entre ellas, destaca el alza del crudo y de los productos energéticos en general de los que nuestro país es extremadamente dependiente ya que un 90% de nuestra energía total tiene como origen el exterior. En segundo lugar por la incapacidad del Gobierno para hacer reformas que, en lo posible, disminuyan o atenúen esa inflación: introducir reformas en los mercados minoristas para favorecer la competencia o estableciendo políticas que busquen incrementar la productividad.
 
En todo caso el alza de precios no ha sido contenida, al contrario de lo que se predijo, y la tendencia no puede generar optimismo (Fig. 2).

 
Fig. 2. Evolución de la inflación 2007
 
Fuente: INE
 
 
Una mayor inflación reduce la renta disponible de los ciudadanos y por tanto tendrá un efecto, antes o después, sobre el consumo.
 
Respecto a la subida de los tipos de interés, el efecto será el mismo. Conviene recordar que la deuda hipotecaria española es en términos proporcionales (y absolutos) una de las más grandes del mundo y supera el 65% del valor del PIB. Con una situación de endeudamiento tan fuerte, el aumento de los tipos y la necesidad de liquidez de capitales van a penalizar este endeudamiento con la consecuencia de elevando la carga financiera de las familias y reduciendo, así, su capacidad de ahorro, inversión y gasto (Fig. 3)

 
Fig. 3: Coste hipotecario/renta disponible en España.
 
 
Fuente: Royal Bank of Scotland.
Thomson Datastream. Banco de España
 
 
Peores expectativas para el sector exterior
 
Si malo puede parecer el futuro en lo que respecta a las variables internas de la economía española, peor es el presente en lo relativo al sector exterior.
 
Debido tanto a la fortaleza del euro como a la falta de competitividad de España, el sector exterior resta actualmente algo más de dos puntos porcentuales al crecimiento económico y su evolución es netamente negativa en los últimos años.

Fig. 3: Evolución del déficit comercial español
 
 
Fuente: Banco de España. Informe de Coyuntura
 
 
Por si fuera poco, los flujos de inversión directa, que junto al turismo, eran los que financiaban el déficit comercial español, se resentirán ante una eventual coyuntura internacional que parece tender a empeorar y, además, ante una situación crisis de liquidez en los mercados de capitales, una falta de competitividad frente a otras economías y un euro cada vez más fuerte, habría que preocuparse de que no se produzca una salida de inversiones exteriores.. En este sentido, también hay que destacar la débil posición exterior que tiene España con una situación donde el pasivo proveniente del exterior es, en su mayoría créditos (Fig. 4).

 
Fig. 4. Activos netos frente al exterior (sociedades no financieras)
 
 
Fuente: Banco de España
 
 
¿Y qué hace el Gobierno?
 
Lo cierto es que más bien poco. Para empezar ha eludido cualquier tipo de responsabilidad amparándose en justificaciones extravagantes basadas en factores exógenos a la economía española como el precio del petróleo o de las materias primas. Esto es algo bastante sorprendente cuando, por ejemplo, Alemania ha creado 30.000 empleos en diciembre o países como Francia presentan un mayor índice de crecimiento.
 
Por supuesto no se ha hecho mención a la posibilidad de haber realizado unos presupuestos con menores impuestos y en los que el gasto público se hubiera reducido en beneficio de los contribuyentes, para que éstos dispusieran de mayor renta disponible.
 
En lugar de ello se han incrementado los compromisos de gasto en cuestiones llamadas “sociales” y que mejor haríamos en denominarlas “populistas”. Estas políticas han ido reduciendo así el margen de maniobra para futuras políticas fiscales y se han permitido frivolidades como la elevación del salario mínimo interprofesional que tendrá una consecuencia directa en la competitividad de la economía.
 
De hecho, el Gobierno sigue sin abordar el problema más grave que tiene nuestra economía que es precisamente la falta de competitividad. El mejor indicativo es el déficit por cuenta corriente, que sigue situándose por encima del 9% del PIB generando el mayor desequilibrio de toda la OCDE (Fig. 2).
 
Resulta que a dos meses de las elecciones, la economía española pasa por su peor momento en mucho tiempo y nos encontramos que, en estos cuatro años, no se ha hecho absolutamente nada. No se han implementado reformas, no se ha trabajado en sentar las bases para un crecimiento fundamentado en sectores con más innovación y valor añadido y, sobre todo, no se ha reducido la presión fiscal a familias y a empresas.
 
Lo peor no es la situación económica sino el hecho de que el actual equipo de Gobierno siga creyendo que puede solucionar esto. El mismo equipo que no ha hecho nada en estos cuatro años, excepto recoger los frutos de las reformas de Aznar, es el que ahora se postula a enderezar la economía cuando toda su política económica puede reducirse a más gasto público, más presupuesto “social” y a acabar con las “despensas”.
 
No será porque no se advirtió ni porque no se insistió en la necesidad de seguir liberalizando, de profundizar en las reformas para incrementar la competitividad. En aprovechar la bonanza económica para disminuir el gasto público y mejorar la eficiencia de la economía española en su conjunto. Ante ello, ¿qué es lo que se percibía desde el Gobierno?, triunfalismos, vaguedades o incluso ridiculeces como hablar de las propinas o de la carne de conejo.
 
Todo parece indicar que la nave de la economía española se adentra en aguas turbulentas. Lo ideal sería ir provistos de un buen barco, de un buen equipo de navegación y sobre todo, de un buen capitán. La realidad es que ante una posible tempestad contamos tan solo con un pequeño bote conducido por un grumete y del que no sabemos si lleva siquiera brújula.

 
 
Gerardo del Caz es Analista de Política Internacional, especialista en temas de seguridad y desarrollo en Asia.