Guantánamo hoy

por Mark Steyn, 5 de octubre de 2006

(Publicado en Chicago Sun Time, 1 de octubre de 2006)

 

“Esto no es solamente una mala propuesta de ley', decía el Senador Patrick Leahy, Demócrata aspirante al Comité Judicial. 'Esto es una propuesta de ley verdaderamente peligrosa. También es 'inconstitucional' e ' inconsciente', y representa la pérdida de 'la brújula moral' de la nación'.

¡Wow! Eso es todo un montante para una modesta propuesta de ley sobre juicios militares para reos terroristas (vale, 'presuntos terroristas'). Pero el coloso izquierdista de Vermont no había terminado aún su crítica salvaje a la administración Bush. 'Ni siquiera pueden desechar las prácticas en Guantánamo como las acciones de unas cuantas malas personas', continuaba. 'Antes lo hicieron discretamente, y contra la ley, a cuenta de su propio porque yo lo digo, pero ahora obtienen licencia para practicar duras técnicas adicionales que el resto del mundo verá como abusivas, como crueles, como degradantes e incluso como tortura'.
 
Hmm. Yo puedo decir algo acerca de 'las prácticas en Guantánamo'. Es el caso que acabo de volver de Guantánamo. (Ese problema en mi tarjeta verde fue finalmente dilucidado). He visitado diversas prisiones en diversos países a largo de los años, y nunca he visto nada como ésta. Vale, la mayor parte de lo que sé acerca de campamentos de detenidos enemigos viene de lo que el Almirante Harry Harris, que gestiona Guantánamo, llama 'malas películas y peores programas de televisión', y desde cierta distancia muy poco parece haber cambiado: el aspecto básico -- alambrada de espino y torres de vigilancia -- sería reconocible para cualquier prisionero de guerra de la Segunda Guerra Mundial. Pero de cerca, todo lo demás se ha ido por el retrete de la historia. En la práctica, incluso los baños se han ido por el retrete de la historia: en interés de la sensibilidad cultural, las celdas de Guantánamo fueron dotadas de 'baños de estilo asiático' porque 'eso es lo que prefieren los internos'. Dado que gran parte de lo que debería terminar yendo por ahí termina siendo blandido contra los guardias, parece que esta sensibilidad sobre la elección de los arreglos en el baño no es siempre apreciada. Cuando visitantes como los nuestros se dejan caer de visita realmente, al campamento le gusta servirles la misma comida que reciben los presos. Siendo Ramadán, el Almirante Harris estaba particularmente orgulloso de las pastas tradicionales recién cocinadas que su equipo había hecho para el mes santo. Y estaba en lo cierto: el baklava estaba delicioso. Se dice que 'baklava' viene según algunos lingüistas del árabe para 'locos' -- y, en la práctica, en ese sentido, toda esta guerra puede parecer en ocasiones un baklava gigante. A comienzos de este año apareció una película llamada 'El camino a Guantánamo', y el cartel mostraba el preso cadavérico usual esposado contra una pared de mazmorra. Sin duda el actor en cuestión hizo el Robert De Niro entero y perdió 40 libras para obtener un aspecto así de cadavérico.
 
Si tienen algo así en marcha en el Guantánamo real, deben de estar haciéndolo tras el azúcar en polvo detrás de la alacena del jefe de repostería. Si usted espera oír acerca de la antigua silla de madera bajo una bombilla desnuda colgando de su cable, he aquí la realidad: los internos son interrogados o bien en una silla reclinable ergonómica, o en un sofá lujosamente forrado -- cubierta azul con apliques dorados.
 
En cuanto a estar cadavérico, es el único campamento de muerte de la historia donde las presuntas víctimas de tortura ganan peso. En contraste con la tribu malnutrida de la versión del cine, el peso medio ganado en Guantánamo es de 18 libras. Los presos afganos eran los afganos más delgados que visto nunca. Si alguna vez vuelven a casa, sus antiguos camaradas -- los aguerridos guerreros delgados del kush hindú -- se preguntarán porqué un atajo de jubilados de Florida se ha presentado súbitamente. Estos pushtuns realmente pesan una tonelada.
 
Y, si usted empieza a perder peso de pronto, no se preocupe, como explicaba un miembro del personal médico del campo, ofrecen pruebas de cáncer de colon gratuitas para jihadistas de más de 50 años. Si la Presidenta Hillary decide cambiar la medicina socializada en el 2009, hay lemas peores que 'Todo americano debería tener derecho al mismo plan sanitario que el terrorista sudanés que sacó su brazo para apuñalar a un guardia de la cárcel'.
 
Quizá esto es lo que el Senador Leahy quiere decir por 'abusiva', 'cruel', 'degradante' 'tortura'. Si usted está acostumbrado al sistema sanitario afgano, sin duda es profundamente ofensivo que se te ofrezcan colonoscopias gratuitas cada vez que te inclinas para utilizar la alfombra de oración. Sin embargo, ciertamente se necesita un genio perverso para crear el primer campamento de detención de terroristas en ofrecer repostería casera de Ramadán como sinónimo de horror y brutalidades. Si yo tuviera que resumir Guantánamo en una sola imagen, sería la de los nuevos coranes en cada celda vacía. Para garantizar a los reclusos que llegan que los asquerosos infieles no han tocado el libro sagrado con sus sucias manos, los coranes cuelgan de las paredes en prístinas máscaras quirúrgicas. Una cosa es que los musulmanes califiquen de sucios a los infieles, pero es difícil ver el motivo por el que ilustrarlo, y por tanto validar sus prejuicios, revierte en interés del gobierno de los Estados Unidos.
 
Cuando señalo esto al Almirante Harris, él contesta, 'Es una pregunta interesante', y dice que la decisión había sido tomada mucho antes de que él llegara. Explicaba que tenían un buen sistema en funcionamiento en el que cuando quiera que se hace necesario coger un Corán -- porque un arma o una comunicación no autorizada ha sido escondida en él -- un traductor musulmán es llamado a la celda para realizar la tarea. Pero yo no pensaba en ello en términos operativos tanto como psicológicos: ¿qué les dice acerca nuestro ese nivel de humillación frente a sus prejuicios? Amoldando eso desde que volví, iría más allá. Me parece que una señal de que esta guerra hubiera terminado es que los musulmanes no estén lo bastante crecidos como para volverse completamente locos de baklava contra los colegas que tocan sus coranes.
 
Por supuesto, para los sucedáneos de Senador Leahy, no es que la guerra esté lejos de terminar, es que ni siquiera ha empezado. Casi todo argumento de esta zona no trata 'acerca' de la guerra tanto como de si hay guerra siquiera. Como informaba el Washington Post, 'El Senado se unió a la Cámara para apoyar la opinión del Presidente Bush de que la batalla contra el terrorismo justifica la imposición de límites extraordinarios sobre los derechos tradicionales de los acusados en el tribunal'.
 
Bien, solamente son 'extraordinarios' si usted califica de 'acusados' tradicionales a estos hombres. Si usted los clasifica como detenidos tradicionales en tiempo de guerra -- en lugar de OJs con turbante -- el único aspecto 'extraordinario' de esto son los guantes de algodón con los que son tratados no solamente los coranes, sino también los propios jihadistas. Esta es la única guerra de la historia americana en la que se han liberado presos enemigos antes de terminar las hostilidades. De aquéllos liberados, se sabe que al menos 22 han vuelto al campo de batalla en Afganistán, Pakistán y demás. Los únicos que permanecen son hombres peligrosos, sin importar lo 'sensible' que usted sea. Desatornillaron las plataformas de estos baños de estilo asiático y las utilizaron como dagas para atacar a los guardias. Tras escuchar la contribución de Pat Leahy al debate, me pregunto si los expertos del decadente equipo médico de salud mental de Guantánamo no serían de mayor utilidad desplegados en el Senado de los Estados Unidos.


 

Mark Steyn es periodista canadiense, columnista y crítico literario natural de Toronto. Trabajó para la BBC presentando un programa desde Nueva York y haciendo diversos documentales. Comienza a escribir en 1992, cuando The Spectator le contrata como crítico de cine, Más tarde pasa a ser columnista de The Independent. Actualmente publica en The Daily Telegraph, The Chicago Sun-Times, The New York Sun, The Washington Times y el Orange County Register, además de The Western Standard, The Jerusalem Post o The Australian, entre otros.