"Fitna": confrontar la verdad de la violencia jihadista

por Jeff Jacoby, 10 de abril de 2008

(Publicado en The Boston Globe, 2 de abril de 2008)

La jihad global es incómoda. En consecuencia, “Fitna”, la polémica nueva cinta sobre el Corán y la violencia jihadista producida por el parlamentario holandés Geert Wilders, es también incómoda. Partes de ella son gráficas y violentas, y la puede encontrar difícil de ver.
           
Pero verla debería (puede acceder a ella fácilmente en la red), aunque solo valga para recordarle dos cosas que los medios en general se sienten demasiado intimidados, o son demasiado políticamente correctos, para documentar: los jihadistas están emprendiendo una guerra sangrienta y bárbara, y la están emprendiendo con referencias explícitas a su religión.
 
La película de 16 minutos de Wilders entremezcla citas del Corán con escenas de atrocidades islamistas como los ataques de Al-Qaeda contra Nueva York y Madrid, la decapitación de Nick Berg, o “crímenes de honor” de mujeres. Para subrayar la idea de que tales horrores son cometidos en nombre del Islam por musulmanes fervientes, “Fitna” incluye grabaciones in situ de predicadores islámicos que exhortan a sus seguidores a machacar a los infieles y lograr para Alá el control del mundo. (“Las gargantas deben ser rebanadas y los cráneos aplastados”, insta uno. “Este es el camino a la victoria'). También hay secuencias que indican lo persuasivo que puede ser tal adoctrinamiento en el odio: En una escena difundida en el canal público saudí, una niña de 3 años repite lo que le han enseñado: que según el Corán, los judíos son mezcla de monos y cerdos.
 
Pero aun así, lo que ha sido polémico con “Fitna” no es el repugnante comportamiento que recoge, sino que Wilders relacione tal comportamiento con el Corán. Porqué debe ser eso tan notorio, no está claro -- después de todo, son los propios jihadistas los que citan enfáticamente el Corán para justificar su violencia.
 
Sin embargo, “Fitna” ha sido ampliamente condenada. El primer ministro holandés difundió declaraciones en holandés e inglés diciendo que la película 'no sirve a otro propósito que ofender'. El Secretario General de la ONU Ban Ki-moon lo declaraba 'ofensivamente anti islámico'. La presidencia eslovena de la Unión Europea lo criticaba por 'alimentar el odio'. El ministro australiano de exteriores Stephen Smith lo describía como 'una tentativa obvia de generar discordia entre comunidades religiosas'.
 
Hubo denuncias por doquier, por supuesto, también desde el mundo islámico. Reuters informaba que el ministerio de exteriores de Irán etiqueta a la película 'atroz, blasfema y anti-islámica”, mientras el gobierno de Indonesia la declaraba 'un insulto al Islam'. En Jordania, 53 miembros del parlamento exigían la expulsión del embajador holandés. La Organización de la Conferencia Islámica denunciaba “Fitna” como 'un deliberado acto de discriminación contra los musulmanes' concebido para 'provocar malestar e intolerancia'.
 
De acuerdo que no hay nada sutil en la película de Wilders. Cualquiera que la viera sin más pensaría tras verla que el Islam es insalvablemente violento, y que todos los musulmanes rezuman odio religioso. Nada más lejos de la realidad. 'Al igual que todas las grandes religiones', escribe el académico Daniel Pipes, 'el Islam está sujeto a un buen número de interpretaciones, desde la mística a la militante, desde la tranquila a la revolucionaria... la jihad terrorista contra Occidente es una lectura del Islam, pero no es la esencia eterna del Islam'. Los fanáticos que insisten en que el propio Islam es el enemigo nos condenan, en la práctica, a una guerra sin final. También traicionan a los moderados anti-islamistas del mundo musulmán, que son igual de rechazados por los fanáticos como los no-musulmanes.
 
No obstante, no parece que Wilders se haya inventado nada. La violencia que retrata “Fitna” es horriblemente real, y los fanáticos que la cometen están diciendo explícitamente que la cometen como musulmanes. ¿Dónde está la reacción del mundo islámico a eso? ¿Cuándo ha criticado alguna vez el ministerio de exteriores de Irán la decapitación de algún rehén, o el venenoso sermón de un imán jihadista, como 'atroz, blasfemo y anti-islámico'? ¿Con cuánta frecuencia manifiesta la Organización de la Conferencia Islámica su desaprobación al antisemitismo islamista o los 'crímenes de honor'? Cuando Theo van Gogh era asesinado en público, cuando los Talibanes convertían Afganistán en un estado represivo de terror, cuando se decretaban fatwas decretando el asesinato de los viñetistas daneses -- ¿dónde estaba 'entonces' el coro del agravio musulmán?
 
Al margen de sus fallos, “Fitna” no está igual de peligrosamente equivocada como la impaciencia con la que los gobiernos occidentales se apresuraban a denunciarla. Presas del pánico ante la perspectiva de violencia islamista, desesperados por apaciguar a los extremistas que responden a 'insultos' con multitudes y disturbios, deploraban pomposamente el ejercicio de la libertad de expresión de Wilders en lugar de defenderlo. Nunca habrían reaccionado de esa manera ante una película que criticara al cristianismo, a Estados Unidos o la tradición europea -- y los islamistas lo saben.
 
Ceder a los que intimidan no es la manera de defender la civilización occidental. Hay espacio para “Fitna” en el mercado de ideas. Que el cielo nos ayude si somos demasiado timoratos como para decirlo en alto.