Fantasmas balcánicos

por Joseph Stove, 20 de octubre de 2010

 

He tomado prestado de Robert Kaplan el título para recordar una pesadilla que de vez en cuando asoma como si fuese un cobrador de deudas contumaz. El resultado de las elecciones del domingo 3 de Octubre trae al frontispicio de la actualidad nombres que nos hacen entrar en el túnel del tiempo. Izetbegovic, Dodik, Silajdzic... Un hijo del primero ha sido elegido para representante bosniaco de la presidencia colectiva. La vorágine de acontecimientos provoca que problemas a los que se les han aplicado soluciones improvisadas, hibernen en el desván de la reciente historia hasta que un acaso les despierte del letargo.
 
La mezcla de desconocimiento de la historia, ingeniería social, cortoplacismo, soberbia y atrevimiento dieron a luz los acuerdos de Dayton, que llevaron a la creación de la República de Bosnia desde el otro lado del Atlántico con el beneplácito de “Europa”. El parto, con fórceps, fue impuesto con la inestimable participación de la OTAN. Donde había cosechado la ONU uno de sus mayores fracasos, los Estados Unidos, con el apoyo de los aliados, constituyeron un placebo para el gran fracaso europeo de finales del siglo pasado: el drama yugoslavo.
 
Milosevic, Tudjman e Izetbegovic, todos ya fallecidos, fueron presionados para crear un estado autista con presidencia colectiva, a imagen del estado de Tito, con tres diferentes entidades independientes de base étnica, diferentes alfabetos, jurisdicciones etc. El embajador Holbrook y el General Wesley Clark formaron a martillazos la primera y engañosa pieza de nation building de la postGuerra Fría.
 
Quince años después de Dayton, con millones de euros invertidos, ocupación militar, esfuerzo por la UE para la integración y un largo etcétera, resulta que los resultados de las elecciones recrean casi el mismo escenario político de 1995.
 
Las prisas son malas consejeras, y Dayton es el epítome de ellas. El resultado sólo puede medirse en términos históricos y la Bosnia de 2010 sigue teniendo el mismo problema que la de 1995: que está dividida en comunidades políticas de base étnica como resultado de una guerra civil y que el modelo creado para solucionar el problema carece de sustento histórico, práctico y lógico. Las elecciones desde 1996, en las que se celebraron las primeras municipales, muestran que los serbios de República Srpska quieren reintegrarse a Serbia, que los croatas desean pertenecer a Zagreb y que los únicos que quieren englobar a los otros son los bosniacos.
 
En 2010, Bosnia es un país en que, paradójicamente, la mayoría de su población no cree en su existencia. En el plano socioeconómico soporta un desempleo del 43% y depende de la subvención internacional. Esas son pruebas de la artificiosidad del invento; se le llama Estado a lo que es un protectorado creado para salir al paso de la incapacidad europea de resolver sus propios asuntos y esa tara continúa. 
 
El problema de la partición, más temprano que tarde, volverá a presentarse y volverá a provocar el victimismo islamista en los Balcanes. Con una Europa en crisis, con nuevas integraciones en OTAN y UE cuestionadas (por decir algo), con una región lejos de la prosperidad, la probabilidad de que los fantasmas balcánicos vuelvan a arrastrar las cadenas hay que tenerla presente.
 
Pero ¡ojo!, el embajador Holbrooke está en Afganistán. Alguien debería prevenir a la Secretaria Clinton para el caso de que el diplomático se le ocurriese pedirle la Base Aérea de Dayton para alguna reunión internacional. Balcanizar el Indo Kush sería algo así como Avatar II.